Si del cielo te caen limones aprende a hacer limonada
Rubén Blades
Queridas amigas y amigos, despidamos el año y recibamos confiad@s el nuevo ciclo de vida por venir. Deseemos tod@s que la alegría nos invada en un viaje real no alucinógeno, unamos como una llamarada la esperanza de que el universo nos impulse en un recorrido fantástico de crecimiento, logros, aprendizaje y hermandad. Creamos en los sueños y dejemos a la incredulidad clausurada en el pasado y condenada a no creer más en sus alarmas.
Es usual que por esta fecha se reflexione sobre el año que decae y es usual casi con equivalencia que el balance no sea muy bueno para muchas personas. Que quedé la desazón de las pérdidas, de haber creído en sueños que se rompieron sin dar tiempo siquiera de despertar, de las metas sin alcanzar, de enfrentar encontrarse igual o en condiciones menos favorables que un año atrás, de no saber con certeza que vendrá o ni siquiera sentir deseos o fuerzas de planear nada. Y si se mira alrededor a muchas otras personas les sucede lo mismo.
Como bien dice el refrán, “Mal de muchos consuelo de tontos”. Sólo una persona muy torpe siente alivio en su aflicción al saber que much@s otros la padecen. Ser participe del mal de otros como un mal comunal no remedia el propio. Así que antes que invitar a ver el panorama general y a resignarse a entender que el año 2010 pudo ser arduo y calamitoso a nivel global por la crisis económica, por las tragedias naturales, por cada desventura individual, etcétera. Quiero convocarnos a ver cada experiencia difícil trasegada como una antesala del bienestar.
La vida es una total universidad de la vida. Las clases empiezan el día en que se nace y culminan el día que nos graduamos muriendo. Cada cosa que el universo en su sabiduría nos imprime es porque nos corresponde, como lección, como karma, como premio, como reconstrucción del equilibrio y la justicia, como dosis necesaria de asombro ante lo milagroso, como ejemplo para otr@s seres human@s, como evidencia vital en el placer y en el dolor.
Por este motivo antes que lamentar lo que sin sabiduría puede tildarse de fracaso, abramos nuestra mente y veamos cada acontecimiento doloroso y/o frustrante como un periodo de aprendizaje, preparación, corrección, armonización de la existencia, abono del terreno que se es y siembra de prosperas cosechas. Que la adversidad sea nuestra jornada de verter semillas en y con nuestra alma fértil, para recoger en el tiempo perfecto los frutos bien merecidos.
Y no lo olvidemos. Si la vida es nuestra oportunidad de ser felices, esa debe ser también nuestra misión, serlo en la mayor medida posible, gozar, reir, disfrutar el universo y hacer a la felicidad para cada un@ y para quienes nos rodean.
Me despido dejándoles mi afecto y gratitud por leerme, comentar, polemizar y hasta censurar de buena y mala gana, de buena y mala forma mis letras. Y hasta el otro año. Hasta mañana!.
UN ENORME BESO PARA TODOS Y POR SUPUESTO PARA TODAS.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Este es mi espacio de reflexión acerca de los disparates que pasan en las relaciones humanas y las relaciones disparatadas. Escribo aquí mi voz disertando sobre las ideas no estáticas y en constante evaluación y evolución, que tengo sobre la vida, las relaciones, el amor, el erotismo, el sexo, el ser mujer, los hombres, los debates de género e igualdad y otros temas que van surgiendo de conformidad con mi devenir.
viernes, 31 de diciembre de 2010
Avulsiones
Si no me querés, te corto la cara con una cuchilla de esas de afeitar
Las Hermanitas Calle
-Oficial quiero ir a una estación de policía, pero por favor escúcheme primero.
-Todavía no amanece, no creo que a nadie le perjudique que haga esta ronda acompañado de una mujer bonita, a ver, contame que te pasa, tranquilizate.
-Es mi historia y mi fin. Nos conocimos hace más de la mitad de mi vida, yo tenía 14 y él 17, sus primeras palabras me enseñaron que era inteligente y tan aficionado al estudio y a las matemáticas como yo. Desde ese instante lo empecé a amar. En silencio por muchos años, no soy tímida pero si asustadiza y un poco torpe con los hombres. Entramos a la misma universidad, él a la facultad de ingeniería y yo a la de ciencias sociales y aunque pensé que allí afianzaríamos nuestra amistad, nos distanciamos por completo. Un mes antes de su grado nos reencontramos en el puente que cruza la avenida colindante con la universidad, un par de minutos de diálogo humedecidos por un café reconstruyeron mi certeza de quererlo y de que algo similar sentía él por mí.
A la segunda cita me pidió un beso, se lo di en la tercera que terminó en medio de caricias en mi casa gracias a un corte de luz. Nos hicimos novios y me sentí muy feliz, estaba por fin con el niño bueno que siempre había querido para mí. Un mes después llegó a su visita del sábado, me informó que me quería como amiga pero no como novia, que estaba cansado de venir 40 minutos en colectivo cada sábado a verme y que prefería dejar así, pero que me apreciaba mucho, deseaba conservar mi amistad y seguir visitándome, que si no me molestaba quisiera venir el sábado siguiente. Qué se dice en esos casos?, “Está bien, te entiendo, y claro podemos ser amigos, ven cuando quieras”, aunque pensaba en lo absurdo de no querer visitar a una novia por vivir lejos, pero si a una amiga. Era bastante estúpido.
Siguió visitándome un par de horas cada sábado, hasta hicimos un curso de masajes eróticos, nos encantaban las prácticas en casa y él decía que con nadie había gozado tanto como conmigo, que mi pasión era desbordante y que le fascinaba, no podía estar ante mí sin querer hacerme el amor. Me sentía una Diosa cuando me decía esto. Remataba diciendo que por ello no podía quererme porque tanta lujuria le indicaba que yo ya tenía mucha experiencia y facilidad para acostarme con cualquiera, si hasta lo hacía con él, que sólo era mi amigo. Me mandó al infierno a partir de ahí. Estuvimos así por un año, yo muriendo de amor y él matándome con su desamor. El dúo perfecto. Le rogué, le insistí muchas veces que fuéramos novios, que hiciéramos las cosas bien, que dejará de salir con otras, que se permitiera quererme y sentir mi amor. Él seguía teniendo sexo conmigo cada sábado antes de hacer una llamada e irse a la cita con sus amigas en curso de novias, ésto para dejarme muy en claro “Que no había compromiso entre nosotros, que no podía quererme como yo a él y que no debía ilusionarme, aunque valoraba mi ternura”. Con similares palabras terminaba cada encuentro o cada llamada que me hacía para indagarme si estaba saliendo o acostándome con alguien más.
Yo no sé si es que lo amaba demasiado a él, o que no me amaba nada a mí misma, pero sólo encontraba paz y una desesperada felicidad en nuestro encuentro sabatino o al romperse la espera de su llamada semanal. Me deprimí con tanta intensidad como lo adoraba. Pasé muchos meses sin dormir, acepté a regañadientes ir al psiquiatra y vivir un tiempo con la amiga que me obligó a ir al médico, para que me ayudara a cuidar del suicidio. Resignada empecé a tomar píldoras para dormir, para estar en calma, para poder ir cada día a mi oficina, para terminar mi tesis y graduarme y en un nivel más práctico, para intentar torpemente un día suicidarme con un coctel de varias dosis de rivotril y champagne blanco. Fue duro despertar después de dos días de sueño, con el dolor recrudecido oscilando entre mi alma y mi cabeza, y la certeza de seguir con mi maldita vida. En todo ese tiempo mi maravilloso encuentro de los sábados sólo se vio alterado en un par de ocasiones en que la cita se pasó al domingo. Durante esas horas sonreía y me mostraba encantadora, me hermoseaba y lucía al máximo mi cuerpo con 23 kilos menos, que rebajé a la fuerza, creyendo que si era más flaca y presuntamente más sexy, lograría convencerlo. Nunca perdía la esperanza de que descubriera lo feliz que podíamos ser juntos y que se decidiera a renunciar a nuestra relación de amantes para volver a estar de novios, que entendiera que el cariño que decía sentir por mí, podía ser amor. Él, inclemente enfurecía ante cada uno de mis intentos y amenazaba con suspender las visitas si yo seguía sin entender que no podía quererme y pretendiendo algo más que sexo y obsequios tiernos ocasionales. Lo entendí del todo un día de humillación máxima, opté por continuar viéndonos entre tanto lograba expulsarlo de mis sentimientos, sabía que sacarlo de golpe sería anticiparme un buen suicidio, preferí seguir caminando golpeada hasta salir poco a poco del rin.
Mi ineptitud para el suicidio sumada a la contundencia de su crueldad y mi impotencia ante su falta de amor, me llevaron a decidirme a levantarme de la depresión. Abandoné al psiquiatra y lancé por el sanitario mi gran bolsa de fármacos diarios, traté de cubrir las horas de mayor angustia, empecé a correr por el parque de madrugada, me metí en cuanto curso encontraba entre seis y diez de la noche, aprendí danza árabe, más masajes eróticos, poesía y cine, terminé mi tesis y en una de mis acomodadas actividades conocí a un joven sin muchas ocupaciones que tranquilamente y con abnegación me ayudaba sin saberlo a ocupar las horas que faltaban por cubrir en mi agenda depresiva. Con él pasaba largas horas de té, iba al cine y me levantaba el ánimo con su devoción y detalles amorosos permanentes, sonreí un par de veces, hasta que la risa volvió a serme natural. En una relación directamente proporcional mi nuevo amigo y yo nos fuimos enamorando y mi amigo amante se fue enamorando de mí. Me incliné por el amor del segundo que milagrosamente me pidió que fuéramos novios, me presentó a su intocable familia y hasta empezó a hablarme de matrimonio. Pero la línea estaba trazada. Embelesada con el tierno amor y la menesterosa insistencia de mi naciente amigo, mucho cavilé y decidí terminar mi ansiado y fugaz noviazgo e iniciar otro lleno de ilusión y efervescente alegría, que sacaban el dolor de lo más hondo de mi ser. Por varios meses rompía en llanto en cada orgasmo que tenía, mi nuevo novio reconfortándome me abrazaba en silencio mientras yacía aún sobre él, comprendía que un dolor terrible estaba abandonando mi cuerpo que se abría plenamente cuando acabábamos.
La angustia desertó de mi humanidad y en su lugar empezó a crecer mi hijo, ya habían pasado casi dos años de convivencia y el amor ahora crecía en mi vientre con nombre y apellido. Dos años más tarde mi vida en pareja llegó a su fin con una serie de incomprensiones y un muy bien simulado triángulo amoroso-amistoso de una gran amiga, mi gran esposo y yo en el papel de la gran idiota. Me dolió, siempre duele la traición y en este caso era doble, para mi fortuna la era del suicidio estaba superada. Durante los casi cinco años que viví con mi esposo, mi ex amante siempre estuvo presente. El primer año como un desesperado que llamaba una y otra vez a pedirme perdón y a suplicarme que regresáramos, decía que no podía vivir sin mí y que estaba enloqueciendo de sufrimiento, tanto o más que el que yo había sufrido por él. El segundo con llamadas espaciadas y aún lastimeras. El tercero y antes de que apareciera mi hijo, como un augurio sosegado, comunicándome que por alguna razón tenía la certeza de que estábamos hechos el uno para el otro, que mi relación actual terminaría, ambos aprenderíamos la lección y estaríamos unidos de nuevo. El cuarto año, ya a sabiendas de la existencia de mi niño, como un dejo de resignación por el amor perdido, como una promesa de imposible amor eterno. El quinto y ante los indicios de mi inminente separación, como el anhelo esperado, el sueño reencontrado. Nunca nos vimos en esos largos años. Nunca pude expulsarlo de mi mente. Siempre conservé el ansia de su cuerpo y su deseo. Siempre supe que ese amor jamás me abandonaría.
El día que tomé la decisión de divorciarme, nos vimos en un bar y pese a tantos años parecía que la conexión entre nosotros permanecía intacta. Días después nos citamos de nuevo, para despedirnos. No obstante sus promesas de guardar incondicionalmente su amor por mí, ya ahora libre de mi esposo me enteré de sus reparos con mi hijo y su proyecto de salir conmigo pero sólo ocasionalmente como tantos años atrás. Decidí trasladarme a este país. Nos habíamos encontrado y desencontrado de nuevo y era el momento del fin. Lloré ante él como tantas otras veces por perderlo de nuevo, por saber que me marchaba y que él no haría absolutamente nada por impedirlo. Me reprochó que le abandonara ahora que estaba libre y que no aceptara su amor gradualmente. No me dio más certeza sobre nosotros que su deseo intacto. Fuimos a un hotel cualquiera, hicimos el amor con la intensidad de siempre, devolviéndonos los cuerpos que nos pertenecían. Dormí entre lágrimas y desperté con su actitud tosca y humillante de años atrás, su fastidio y prisa por abandonarme para volver a su vida de perfectas medidas matemáticas. Una semana más tarde viajé dispuesta a olvidar mis tragedias amorosas y a empezar nuevos caminos.
Hace un par de meses ya en esta ciudad, renacía en la paz de la renuncia cuando me escribió notificándome su desespero por mí, su necesidad de verme, su ansiedad por amarme, su reaparecido amor eterno. Prometió venir a buscarme. No le creí tras tantas ilusiones rotas y promesas emocionales fallidas. El martes pasado me llamó a casa desde un hotel en el centro de la ciudad, me dijo que él tenía palabra y que venía a estar conmigo. Estaba estupefacta y alerta, pero dejé a mi hijo con una amiga y acudí al instante a su encuentro. Si venía a buscarme es porque en verdad me amaba. Pasamos la primera noche, yo escuchando sus reproches por haberle abandonado, por haberme casado, por haber parido un hijo que no era suyo, él volcando su ira y fortalecida soberbia, lanzándome a la cara mi fracaso y su convicción de que podíamos ser amantes siempre y cuando yo asumiera mi error, perdonara a mi esposo y reconstruyera mi hogar. A años de sus peores humillaciones no discutí en demasía pero le dejé claro que ya me había separado y que no había punto de retorno con o sin él, que no necesitaba su amor ocasional, aunque le amaría hasta el último de sus días.
Así estuvimos dos días más, entre su arrogancia y mi silencio. Su frustración por la realidad de nuestras vidas y su furia porque yo no respondiera a sus dolorosas provocaciones. Me buscó de principio a fin con sus manos tentando mis pechos y aunque me había prometido no ceder, no pude contener mi deseo y ayer en la mañana tuvimos sexo con mi amor y su desamor de siempre. Al terminar me echó de su hotel, dejando claro que era lo único que yo podía inspirarle. Me marché y descendiendo en el ascensor sabía que lo buscaría horas más tarde para despedirnos de una vez por todas. Caminé varias manzanas pensando en nuestro perfecto fallido idilio, fui a mi casa, dejé mi equipaje y una vez en la calle le llamé y le pedí vernos. Tal y como lo esperaba me contestó sereno y complacido de verme doblegada como era costumbre. Le dije que no quería regresar a su hotel donde me habían visto salir como un perro y lo cité en otro en el que tomé una habitación con un documento que encontré algún día en un taxi. Él se sonrió burlándose de mí, pero aceptó vernos donde le indiqué, con la promesa y amenaza de hacerme el amor nuevamente y como nunca antes. Esperé por él tan sexy como me fue posible y como sabía que le gustaba verme, medias negras y una falda cortísima del mismo color, estos tacones y los delicados guantes de charol que compré pensando en él.
Tan pronto cruzó la puerta, le ofrecí un té especial para calmarnos el ánimo. Bebimos nuestras tazas en silencio, mirándonos, deseándonos, perdonándonos, despidiéndonos. Al terminar le dije que lo amaba y que mi amor si era perenne y hasta la muerte. Él me dijo que no fuera cursi y que no me pusiera dramática. Al instante empezó a sentir una punzada intestinal que se hizo insoportable como su impulso de vomitar, fue al baño y antes de alcanzarlo dejé sonando un álbum de AC-DC a buen volumen para recordar viejos tiempos. Cerré la puerta con llave. Sostuve su cabeza y contemplé la sangre de sus arcadas salpicando la pared, sus espasmos, su cuerpo de rodillas vencido por los calambres, su desesperada respiración agitada, sus ojos suplicantes brillantes por las lágrimas congeladas en ellos. Me arrodillé a su lado, lo abracé y besé su frente tratando de colmarme, le dije una y otra vez que lo amaba, que lo amaba, que lo amaba, que moría sin su amor, que no podía vivir más con su desamor. Abracé sus convulsiones hasta que su respiración dejó de trepidar y sus ojos vidriosos dejaron de mirarme. Viví su muerte completamente en calma, pero no podía borrar la imagen de ese rostro amadísimo de mi mente. Fui a la cocina, tomé un cuchillo y arranqué cuanto trozo de piel fue posible de su cara, para romper esa imagen que saturaba el infierno de mi anhelo, metí un trozo en mi boca y lo comí, luego otro y otro, hasta que su imagen sólo era una masa sanguinolenta distante de mi amor que no me producía nada. Mi ser amado ya no existía más. Lo arranqué de mí.
Tengo nuestras ropas ensangrentadas y sus documentos en esta bolsa. Lléveme a la estación.
-Señorita ya escuché todo lo que necesitaba. Vaya a casa, queme esa bolsa y su contenido. Guárdese bien esa historia. Hoy cinco de diciembre habrá un N.N. más y usted seguirá con su nueva vida al lado de su hijo.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Las Hermanitas Calle
-Oficial quiero ir a una estación de policía, pero por favor escúcheme primero.
-Todavía no amanece, no creo que a nadie le perjudique que haga esta ronda acompañado de una mujer bonita, a ver, contame que te pasa, tranquilizate.
-Es mi historia y mi fin. Nos conocimos hace más de la mitad de mi vida, yo tenía 14 y él 17, sus primeras palabras me enseñaron que era inteligente y tan aficionado al estudio y a las matemáticas como yo. Desde ese instante lo empecé a amar. En silencio por muchos años, no soy tímida pero si asustadiza y un poco torpe con los hombres. Entramos a la misma universidad, él a la facultad de ingeniería y yo a la de ciencias sociales y aunque pensé que allí afianzaríamos nuestra amistad, nos distanciamos por completo. Un mes antes de su grado nos reencontramos en el puente que cruza la avenida colindante con la universidad, un par de minutos de diálogo humedecidos por un café reconstruyeron mi certeza de quererlo y de que algo similar sentía él por mí.
A la segunda cita me pidió un beso, se lo di en la tercera que terminó en medio de caricias en mi casa gracias a un corte de luz. Nos hicimos novios y me sentí muy feliz, estaba por fin con el niño bueno que siempre había querido para mí. Un mes después llegó a su visita del sábado, me informó que me quería como amiga pero no como novia, que estaba cansado de venir 40 minutos en colectivo cada sábado a verme y que prefería dejar así, pero que me apreciaba mucho, deseaba conservar mi amistad y seguir visitándome, que si no me molestaba quisiera venir el sábado siguiente. Qué se dice en esos casos?, “Está bien, te entiendo, y claro podemos ser amigos, ven cuando quieras”, aunque pensaba en lo absurdo de no querer visitar a una novia por vivir lejos, pero si a una amiga. Era bastante estúpido.
Siguió visitándome un par de horas cada sábado, hasta hicimos un curso de masajes eróticos, nos encantaban las prácticas en casa y él decía que con nadie había gozado tanto como conmigo, que mi pasión era desbordante y que le fascinaba, no podía estar ante mí sin querer hacerme el amor. Me sentía una Diosa cuando me decía esto. Remataba diciendo que por ello no podía quererme porque tanta lujuria le indicaba que yo ya tenía mucha experiencia y facilidad para acostarme con cualquiera, si hasta lo hacía con él, que sólo era mi amigo. Me mandó al infierno a partir de ahí. Estuvimos así por un año, yo muriendo de amor y él matándome con su desamor. El dúo perfecto. Le rogué, le insistí muchas veces que fuéramos novios, que hiciéramos las cosas bien, que dejará de salir con otras, que se permitiera quererme y sentir mi amor. Él seguía teniendo sexo conmigo cada sábado antes de hacer una llamada e irse a la cita con sus amigas en curso de novias, ésto para dejarme muy en claro “Que no había compromiso entre nosotros, que no podía quererme como yo a él y que no debía ilusionarme, aunque valoraba mi ternura”. Con similares palabras terminaba cada encuentro o cada llamada que me hacía para indagarme si estaba saliendo o acostándome con alguien más.
Yo no sé si es que lo amaba demasiado a él, o que no me amaba nada a mí misma, pero sólo encontraba paz y una desesperada felicidad en nuestro encuentro sabatino o al romperse la espera de su llamada semanal. Me deprimí con tanta intensidad como lo adoraba. Pasé muchos meses sin dormir, acepté a regañadientes ir al psiquiatra y vivir un tiempo con la amiga que me obligó a ir al médico, para que me ayudara a cuidar del suicidio. Resignada empecé a tomar píldoras para dormir, para estar en calma, para poder ir cada día a mi oficina, para terminar mi tesis y graduarme y en un nivel más práctico, para intentar torpemente un día suicidarme con un coctel de varias dosis de rivotril y champagne blanco. Fue duro despertar después de dos días de sueño, con el dolor recrudecido oscilando entre mi alma y mi cabeza, y la certeza de seguir con mi maldita vida. En todo ese tiempo mi maravilloso encuentro de los sábados sólo se vio alterado en un par de ocasiones en que la cita se pasó al domingo. Durante esas horas sonreía y me mostraba encantadora, me hermoseaba y lucía al máximo mi cuerpo con 23 kilos menos, que rebajé a la fuerza, creyendo que si era más flaca y presuntamente más sexy, lograría convencerlo. Nunca perdía la esperanza de que descubriera lo feliz que podíamos ser juntos y que se decidiera a renunciar a nuestra relación de amantes para volver a estar de novios, que entendiera que el cariño que decía sentir por mí, podía ser amor. Él, inclemente enfurecía ante cada uno de mis intentos y amenazaba con suspender las visitas si yo seguía sin entender que no podía quererme y pretendiendo algo más que sexo y obsequios tiernos ocasionales. Lo entendí del todo un día de humillación máxima, opté por continuar viéndonos entre tanto lograba expulsarlo de mis sentimientos, sabía que sacarlo de golpe sería anticiparme un buen suicidio, preferí seguir caminando golpeada hasta salir poco a poco del rin.
Mi ineptitud para el suicidio sumada a la contundencia de su crueldad y mi impotencia ante su falta de amor, me llevaron a decidirme a levantarme de la depresión. Abandoné al psiquiatra y lancé por el sanitario mi gran bolsa de fármacos diarios, traté de cubrir las horas de mayor angustia, empecé a correr por el parque de madrugada, me metí en cuanto curso encontraba entre seis y diez de la noche, aprendí danza árabe, más masajes eróticos, poesía y cine, terminé mi tesis y en una de mis acomodadas actividades conocí a un joven sin muchas ocupaciones que tranquilamente y con abnegación me ayudaba sin saberlo a ocupar las horas que faltaban por cubrir en mi agenda depresiva. Con él pasaba largas horas de té, iba al cine y me levantaba el ánimo con su devoción y detalles amorosos permanentes, sonreí un par de veces, hasta que la risa volvió a serme natural. En una relación directamente proporcional mi nuevo amigo y yo nos fuimos enamorando y mi amigo amante se fue enamorando de mí. Me incliné por el amor del segundo que milagrosamente me pidió que fuéramos novios, me presentó a su intocable familia y hasta empezó a hablarme de matrimonio. Pero la línea estaba trazada. Embelesada con el tierno amor y la menesterosa insistencia de mi naciente amigo, mucho cavilé y decidí terminar mi ansiado y fugaz noviazgo e iniciar otro lleno de ilusión y efervescente alegría, que sacaban el dolor de lo más hondo de mi ser. Por varios meses rompía en llanto en cada orgasmo que tenía, mi nuevo novio reconfortándome me abrazaba en silencio mientras yacía aún sobre él, comprendía que un dolor terrible estaba abandonando mi cuerpo que se abría plenamente cuando acabábamos.
La angustia desertó de mi humanidad y en su lugar empezó a crecer mi hijo, ya habían pasado casi dos años de convivencia y el amor ahora crecía en mi vientre con nombre y apellido. Dos años más tarde mi vida en pareja llegó a su fin con una serie de incomprensiones y un muy bien simulado triángulo amoroso-amistoso de una gran amiga, mi gran esposo y yo en el papel de la gran idiota. Me dolió, siempre duele la traición y en este caso era doble, para mi fortuna la era del suicidio estaba superada. Durante los casi cinco años que viví con mi esposo, mi ex amante siempre estuvo presente. El primer año como un desesperado que llamaba una y otra vez a pedirme perdón y a suplicarme que regresáramos, decía que no podía vivir sin mí y que estaba enloqueciendo de sufrimiento, tanto o más que el que yo había sufrido por él. El segundo con llamadas espaciadas y aún lastimeras. El tercero y antes de que apareciera mi hijo, como un augurio sosegado, comunicándome que por alguna razón tenía la certeza de que estábamos hechos el uno para el otro, que mi relación actual terminaría, ambos aprenderíamos la lección y estaríamos unidos de nuevo. El cuarto año, ya a sabiendas de la existencia de mi niño, como un dejo de resignación por el amor perdido, como una promesa de imposible amor eterno. El quinto y ante los indicios de mi inminente separación, como el anhelo esperado, el sueño reencontrado. Nunca nos vimos en esos largos años. Nunca pude expulsarlo de mi mente. Siempre conservé el ansia de su cuerpo y su deseo. Siempre supe que ese amor jamás me abandonaría.
El día que tomé la decisión de divorciarme, nos vimos en un bar y pese a tantos años parecía que la conexión entre nosotros permanecía intacta. Días después nos citamos de nuevo, para despedirnos. No obstante sus promesas de guardar incondicionalmente su amor por mí, ya ahora libre de mi esposo me enteré de sus reparos con mi hijo y su proyecto de salir conmigo pero sólo ocasionalmente como tantos años atrás. Decidí trasladarme a este país. Nos habíamos encontrado y desencontrado de nuevo y era el momento del fin. Lloré ante él como tantas otras veces por perderlo de nuevo, por saber que me marchaba y que él no haría absolutamente nada por impedirlo. Me reprochó que le abandonara ahora que estaba libre y que no aceptara su amor gradualmente. No me dio más certeza sobre nosotros que su deseo intacto. Fuimos a un hotel cualquiera, hicimos el amor con la intensidad de siempre, devolviéndonos los cuerpos que nos pertenecían. Dormí entre lágrimas y desperté con su actitud tosca y humillante de años atrás, su fastidio y prisa por abandonarme para volver a su vida de perfectas medidas matemáticas. Una semana más tarde viajé dispuesta a olvidar mis tragedias amorosas y a empezar nuevos caminos.
Hace un par de meses ya en esta ciudad, renacía en la paz de la renuncia cuando me escribió notificándome su desespero por mí, su necesidad de verme, su ansiedad por amarme, su reaparecido amor eterno. Prometió venir a buscarme. No le creí tras tantas ilusiones rotas y promesas emocionales fallidas. El martes pasado me llamó a casa desde un hotel en el centro de la ciudad, me dijo que él tenía palabra y que venía a estar conmigo. Estaba estupefacta y alerta, pero dejé a mi hijo con una amiga y acudí al instante a su encuentro. Si venía a buscarme es porque en verdad me amaba. Pasamos la primera noche, yo escuchando sus reproches por haberle abandonado, por haberme casado, por haber parido un hijo que no era suyo, él volcando su ira y fortalecida soberbia, lanzándome a la cara mi fracaso y su convicción de que podíamos ser amantes siempre y cuando yo asumiera mi error, perdonara a mi esposo y reconstruyera mi hogar. A años de sus peores humillaciones no discutí en demasía pero le dejé claro que ya me había separado y que no había punto de retorno con o sin él, que no necesitaba su amor ocasional, aunque le amaría hasta el último de sus días.
Así estuvimos dos días más, entre su arrogancia y mi silencio. Su frustración por la realidad de nuestras vidas y su furia porque yo no respondiera a sus dolorosas provocaciones. Me buscó de principio a fin con sus manos tentando mis pechos y aunque me había prometido no ceder, no pude contener mi deseo y ayer en la mañana tuvimos sexo con mi amor y su desamor de siempre. Al terminar me echó de su hotel, dejando claro que era lo único que yo podía inspirarle. Me marché y descendiendo en el ascensor sabía que lo buscaría horas más tarde para despedirnos de una vez por todas. Caminé varias manzanas pensando en nuestro perfecto fallido idilio, fui a mi casa, dejé mi equipaje y una vez en la calle le llamé y le pedí vernos. Tal y como lo esperaba me contestó sereno y complacido de verme doblegada como era costumbre. Le dije que no quería regresar a su hotel donde me habían visto salir como un perro y lo cité en otro en el que tomé una habitación con un documento que encontré algún día en un taxi. Él se sonrió burlándose de mí, pero aceptó vernos donde le indiqué, con la promesa y amenaza de hacerme el amor nuevamente y como nunca antes. Esperé por él tan sexy como me fue posible y como sabía que le gustaba verme, medias negras y una falda cortísima del mismo color, estos tacones y los delicados guantes de charol que compré pensando en él.
Tan pronto cruzó la puerta, le ofrecí un té especial para calmarnos el ánimo. Bebimos nuestras tazas en silencio, mirándonos, deseándonos, perdonándonos, despidiéndonos. Al terminar le dije que lo amaba y que mi amor si era perenne y hasta la muerte. Él me dijo que no fuera cursi y que no me pusiera dramática. Al instante empezó a sentir una punzada intestinal que se hizo insoportable como su impulso de vomitar, fue al baño y antes de alcanzarlo dejé sonando un álbum de AC-DC a buen volumen para recordar viejos tiempos. Cerré la puerta con llave. Sostuve su cabeza y contemplé la sangre de sus arcadas salpicando la pared, sus espasmos, su cuerpo de rodillas vencido por los calambres, su desesperada respiración agitada, sus ojos suplicantes brillantes por las lágrimas congeladas en ellos. Me arrodillé a su lado, lo abracé y besé su frente tratando de colmarme, le dije una y otra vez que lo amaba, que lo amaba, que lo amaba, que moría sin su amor, que no podía vivir más con su desamor. Abracé sus convulsiones hasta que su respiración dejó de trepidar y sus ojos vidriosos dejaron de mirarme. Viví su muerte completamente en calma, pero no podía borrar la imagen de ese rostro amadísimo de mi mente. Fui a la cocina, tomé un cuchillo y arranqué cuanto trozo de piel fue posible de su cara, para romper esa imagen que saturaba el infierno de mi anhelo, metí un trozo en mi boca y lo comí, luego otro y otro, hasta que su imagen sólo era una masa sanguinolenta distante de mi amor que no me producía nada. Mi ser amado ya no existía más. Lo arranqué de mí.
Tengo nuestras ropas ensangrentadas y sus documentos en esta bolsa. Lléveme a la estación.
-Señorita ya escuché todo lo que necesitaba. Vaya a casa, queme esa bolsa y su contenido. Guárdese bien esa historia. Hoy cinco de diciembre habrá un N.N. más y usted seguirá con su nueva vida al lado de su hijo.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Cuan Linda Era Mientras Dormía
Me haces tanto bien
Amistades Peligrosas
¿Sirah o cabernet?, ¿Blanco o tinto?, mi cabeza estaba demasiado ocupada para dedicarse a elegir una bebida. Ya en el ascensor viendo de reojo un indicio de su lencería negra, con la emoción incierta de saberla por fin en mi departamento y a la espera de alguno de sus comentarios aplacadores de todo atisbo pasional, conservaba la esperanza de una magnífica velada resignándome inclusive a no tenerla.
En la cocina champagne rosado conjugando su ternura y su autodenominado disfraz rosa de cocinera. A su espalda yo, perdido en el aroma de su pelo, bailando por su abdomen con mis dedos. Ella, profética y repentina como siempre giró sobre su cintura dejando los alimentos, para abrir sus labios, recibirme en su boca y saciarse, su cabeza atrás, un brillo de ardiente inquietud en sus ojos de miel, sus dientes clavándose lenta y violentamente en su labio inferior conteniendo sin éxito sus impulsos, una risa pícara y sádica rompiendo el silencio de nuestra incipiente respiración densa.
-He decidido que no quiero cocinar. Quiero más champagne, cigarros y que me abraces mientras miro las luces navideñas por la ventana. Vamos, ayúdame a quitar la ropa, o sea, el delantal, jajaja.
Mis manos sobre las suyas sacando de su torso la prenda mientras dibujaban su figura centímetro a centímetro, lo suficientemente cerca para sentir el ansia en sus senos que se posaron rígidos sobre mi pecho al estrecharla como antes no había tenido el arrojo de hacerlo. Se desplazó llevándome de su mano para retomar el abrazo tras de sí y mis besos en sus cabellos, acompañando una copa más, un cigarro y la vista abierta de la ciudad en la ventana. El champagne fluyendo en nuestra sangre hirviendo y esos besos que empezaron en las hebras negras de sus sienes, fueron cayendo por su cuello hasta encontrar de nuevo sus labios y su lengua deleitada con la mía. Minutos después contados entre cigarros y besos alicorados cada vez más intensos en su mejilla, en mis ojos, en sus brazos, en mi cuello, acerté a encontrar con mis labios el camino que abrimos entre su ropa a sus pezones vibrantes, mis manos recorriendo cada ruta posible en su espalda, en sus hombros, en sus caderas que ligeras parecían arrojarme al abismo de sus piernas firmes.
Una copa más sentada en el living, yo a sus pies arrodillado venerando su desnudez en la obligada tranquilidad de mi cigarro, y el humo del suyo brotando de su garganta en gemidos suaves, lentos, cada vez más frecuentes, me animaba a seguir caminando con las yemas de mis dedos por sus tobillos, sus pantorrillas, incisivamente sus rodillas, antes de volver a sus labios y a besar y lacerar suavemente con mis dientes sus pechos, una de mis manos atrayéndola con fuerza hacia mí y la otra explorando sus muslos en el camino de incursionar con obstinación en la generosa humedad de su vértice. Pequeños gemidos desvanecían sus palabras, y sus manos enredadas en mis cabellos decididamente deslizaron mi rostro a través de su vientre hasta sus tibias entrañas, donde me perdí en su elixir, degustando la pulpa de sus jugosos labios rojos por largo rato al compas de los espasmos esporádicos de su cuerpo, sus facciones trasfiguradas por el dolor del placer que convulsionaba su ser. Ya en pie, a punto de posarme en ella, me detuvo suave pero con firmeza, arrancando con esfuerzo las palabras aprisionadas en su garganta.
-Espera, espera, quiero probarte, quiero probarte también.
Y narrándome con su mirada su deseo que continuaba en ascenso, se dejó caer de rodillas ante mí para entregarse a recorrer con mesura mi entrepierna con su lengua para segundos más tarde devorarme ansiosamente, una y otra vez, con fuerza, con desespero, suavemente, más fuerte, ahogando conmigo los pequeños gritos de su primer júbilo. Tras lo cual calmó mi ansiedad y nuestra respiración dejándome sentir mi sabor en su boca en un largo beso lento y profundo, antes de abrirse y permitirme hundirme en ella danzando rítmica y frenéticamente en su urgente cuerpo trémulo, haciéndonos un solo ser en el sublime éxtasis del hallazgo de la paz de nuestros cuerpos y espíritus.
Aún temblando se refugió en mis brazos besándome con renovada dulzura, antes de girar de nuevo sobre su cintura y dejar su espalda en mi pecho. La abrigué en un abrazo acompañándola a sumergirse en su sueño satisfecho y contemplé su rostro apacible y sereno, su respiración muy lenta que por momentos se sobresaltaba haciendo palpitar levemente sus labios entreabiertos dejando escapar suaves murmullos, inaudibles gemidos, como si sus orgasmos siguieran brotando desde sus entrañas, pasando por su garganta dispuesta. Y era bella mientras la acariciaba, era eterna en su entrega, era plena en su saciedad. Cuan linda era mientras dormía.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Amistades Peligrosas
¿Sirah o cabernet?, ¿Blanco o tinto?, mi cabeza estaba demasiado ocupada para dedicarse a elegir una bebida. Ya en el ascensor viendo de reojo un indicio de su lencería negra, con la emoción incierta de saberla por fin en mi departamento y a la espera de alguno de sus comentarios aplacadores de todo atisbo pasional, conservaba la esperanza de una magnífica velada resignándome inclusive a no tenerla.
En la cocina champagne rosado conjugando su ternura y su autodenominado disfraz rosa de cocinera. A su espalda yo, perdido en el aroma de su pelo, bailando por su abdomen con mis dedos. Ella, profética y repentina como siempre giró sobre su cintura dejando los alimentos, para abrir sus labios, recibirme en su boca y saciarse, su cabeza atrás, un brillo de ardiente inquietud en sus ojos de miel, sus dientes clavándose lenta y violentamente en su labio inferior conteniendo sin éxito sus impulsos, una risa pícara y sádica rompiendo el silencio de nuestra incipiente respiración densa.
-He decidido que no quiero cocinar. Quiero más champagne, cigarros y que me abraces mientras miro las luces navideñas por la ventana. Vamos, ayúdame a quitar la ropa, o sea, el delantal, jajaja.
Mis manos sobre las suyas sacando de su torso la prenda mientras dibujaban su figura centímetro a centímetro, lo suficientemente cerca para sentir el ansia en sus senos que se posaron rígidos sobre mi pecho al estrecharla como antes no había tenido el arrojo de hacerlo. Se desplazó llevándome de su mano para retomar el abrazo tras de sí y mis besos en sus cabellos, acompañando una copa más, un cigarro y la vista abierta de la ciudad en la ventana. El champagne fluyendo en nuestra sangre hirviendo y esos besos que empezaron en las hebras negras de sus sienes, fueron cayendo por su cuello hasta encontrar de nuevo sus labios y su lengua deleitada con la mía. Minutos después contados entre cigarros y besos alicorados cada vez más intensos en su mejilla, en mis ojos, en sus brazos, en mi cuello, acerté a encontrar con mis labios el camino que abrimos entre su ropa a sus pezones vibrantes, mis manos recorriendo cada ruta posible en su espalda, en sus hombros, en sus caderas que ligeras parecían arrojarme al abismo de sus piernas firmes.
Una copa más sentada en el living, yo a sus pies arrodillado venerando su desnudez en la obligada tranquilidad de mi cigarro, y el humo del suyo brotando de su garganta en gemidos suaves, lentos, cada vez más frecuentes, me animaba a seguir caminando con las yemas de mis dedos por sus tobillos, sus pantorrillas, incisivamente sus rodillas, antes de volver a sus labios y a besar y lacerar suavemente con mis dientes sus pechos, una de mis manos atrayéndola con fuerza hacia mí y la otra explorando sus muslos en el camino de incursionar con obstinación en la generosa humedad de su vértice. Pequeños gemidos desvanecían sus palabras, y sus manos enredadas en mis cabellos decididamente deslizaron mi rostro a través de su vientre hasta sus tibias entrañas, donde me perdí en su elixir, degustando la pulpa de sus jugosos labios rojos por largo rato al compas de los espasmos esporádicos de su cuerpo, sus facciones trasfiguradas por el dolor del placer que convulsionaba su ser. Ya en pie, a punto de posarme en ella, me detuvo suave pero con firmeza, arrancando con esfuerzo las palabras aprisionadas en su garganta.
-Espera, espera, quiero probarte, quiero probarte también.
Y narrándome con su mirada su deseo que continuaba en ascenso, se dejó caer de rodillas ante mí para entregarse a recorrer con mesura mi entrepierna con su lengua para segundos más tarde devorarme ansiosamente, una y otra vez, con fuerza, con desespero, suavemente, más fuerte, ahogando conmigo los pequeños gritos de su primer júbilo. Tras lo cual calmó mi ansiedad y nuestra respiración dejándome sentir mi sabor en su boca en un largo beso lento y profundo, antes de abrirse y permitirme hundirme en ella danzando rítmica y frenéticamente en su urgente cuerpo trémulo, haciéndonos un solo ser en el sublime éxtasis del hallazgo de la paz de nuestros cuerpos y espíritus.
Aún temblando se refugió en mis brazos besándome con renovada dulzura, antes de girar de nuevo sobre su cintura y dejar su espalda en mi pecho. La abrigué en un abrazo acompañándola a sumergirse en su sueño satisfecho y contemplé su rostro apacible y sereno, su respiración muy lenta que por momentos se sobresaltaba haciendo palpitar levemente sus labios entreabiertos dejando escapar suaves murmullos, inaudibles gemidos, como si sus orgasmos siguieran brotando desde sus entrañas, pasando por su garganta dispuesta. Y era bella mientras la acariciaba, era eterna en su entrega, era plena en su saciedad. Cuan linda era mientras dormía.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Historias Navideñas
Antonio
"El Que Planta Cara a sus Adversarios"
Cuantas cosas quedaron prendidas hasta dentro del fondo de mi alma... Que Te Vaya Bonito / José Alfredo Jiménez
-Hola nenita, usted tan linda como siempre, toda elegante la universitaria. Venga le doy un abrazo...
La sonrisa tierna y picara de un chico dulce enfrentando la ruina de saberse un desposeído más en un mundo de pobres sin lugar para don nadies, infestado de don nadies por doquier, la sonrisa coqueta, el sueño silencioso de alcanzar en un abrazo lo que se aprecia inalcanzable. Un abrazo compartido para la novia de la noche y la novia que se quisiera tener aunque sea una noche. Una noche de cervezas baratas y reggae, el dinero escaso acomodado perfecto con el descaro de querer hacer vacas para comprar más chorro, reunir miserias entre tod@s para otra botella de Ron Jamaica. -Vamos a hacer la vaca, -Hágale parcero, yo voy con ustedes, -Hágale, pa' las que sea, cuanto pone?, -Yo le pongo $50*, -No me crea marica, respete. /Y ese respete acentuado con una patada en los glúteos. -Ya, todo bien, yo me abro, -Nada marica, respete. /Y esta vez más marcado a empujones. El borracho iniciador de la vaca, en el suelo tras un empujón somero en respuesta de su patada, su valiente empujón y varios hijueputazos de mero macho. -¿Qué le pasó a mi hermanito? ¿Quién le pegó? ¿Dónde está ese H.P. pa' darle?, ¿Fue usted?. Un par de puños y al suelo junto a su hermano, también gracias a sus tragos, -¿Qué se hizo el que le pegó a mi hermano, fue ese?”, -No peleen más, por favor, vámonos a bailar niños. El rival inicial fuera del escenario, más puños a un grupo cualquiera de los grupos diversos apostados en la plaza de la fiesta callejera de los fines de semana, punks, metaleros, artesanos hippies, grotescos ñeros y un@ que otr@ gomel@ paseando por el bajo mundo de la divertida y económica informalidad de beber en la plaza, fumar unos pases de marihuana, tararear y bailar canciones acompañadas con quena y guitarra y quizá después ligar con alguien en un bar también barato.
Golpes a los punk por parte de los dos hermanos y la ebria pareja al suelo. Golpes a los metaleros y la misma historia, las amigas del grupo rogando que cese la búsqueda de pelea pues los peores golpes se los están llevando ellos. Golpes a cualquier grupo que miró y que podría ser el de quien golpeo al hermano que empezó emocionado la vaca, ya que la embriaguez desdibujó el rostro del presunto agresor y lo encuentran en todos los presentes. Más golpes contra el suelo por la paliza que el trago ya venía dando a sus cuerpos. Un par de botellas de vino rotas contra el pavimento para reemplazar sus puños ineptos y enfrentar a otro grupo por si ahí estaba el que mandó primero al piso al inflamable hermano, esta vez un grupo de ñeros, chicos de clase cero, violencia diez y vida a mil, a sabiendas de que puede acabar en cualquier momento entre robos y riñas con el que quiera. El contrincante elegido para buscarle pelea decidió no resignarse a recibir puñitos de los hermanos borrachos, decidió darles una buena lección y sacó su pata de cabra (una navaja pequeña y bastante eficiente), con la mesura suficiente para no apuñalar a la chica interponiéndose en la riña y asestar preciso una punzada en la región escapular del hermano defensor. Gotas de sangre empezando a poblar la plaza que se despobló en segundos, gente desapareciendo a las carreras entre esos el hermano que no quería pasar por marica por aceptar sumas ínfimas para la vaca. La sana chica intelectual corriendo de tienda en tienda rogando que alguien llame una ambulancia, rejas cerrándose a toda prisa y la plaza precozmente vacía en esa temprana noche de viernes.
Ni ambulancia, ni amig@s, ni gente, ni hermanos, sí una ruta de gotas de sangre para seguir el rastro al herido y alcanzarlo cuatro cuadras abajo, sentado en un andén jadeando, abrazarlo, orar por él y tratar de conseguir un taxi para llevarlo a un hospital. Un par de policías de moto, como pocas veces, oportunos, para obligar a un taxista a trasladar al joven apuñalado y su combo de inadaptados. La universitaria sobria con él en el miserable centro asistencial, horas eternas de frío y súplicas para que lo atiendan así no tenga cobertura paga en salud, la suerte de encontrar un médico amigo que se hizo cargo de los gastos. El hermano más ebrio gritando en la calle que atiendan a su hermanito y este a su vez, desnudo en una silla de ruedas con el pecho vendado abrazado por las oraciones de la estudiante que por si acaso ora nuevamente por él y le dice al oído que se encomiende a Dios y que todo estará bien. Por fin lo trasladaron a un hospital donde sí podían operar su pulmón perforado. Él en el quirófano y su padre incrédulo a la desgracia, indignado esperando a que se recupere y que aparezca su otro hijo borracho en algún lugar de la ciudad para darles una buena reprimenda.
En la clínica inicial la cándida universitaria saliendo de prisa al despuntar el alba con una gran bolsa roja de material contaminado, conteniendo la ropa empapada en sangre de Antonio, "El Que Planta Cara a sus Adversarios", un trayecto en extremo peligroso por un barrio marginado hasta su casa y su bañera para lavar esa ropa y devolverla a su dueño cuando salga del hospital y le diga: -oeh nena, usted tiene mi ropa y mi manilla de cuero. Dos horas de agua sangre, una ducha para quitar el sueño y la angustia de esa noche terrible de dos de diciembre, cuando su amigo médico le contó para que nunca lo olvidara, que empezaba el mes más alegre y con él una gran ola de muertes violentas.
Una llamada justo al salir del baño. -Hola nena, habla el hermano de Antonio. Nena mi hermanito se murió, le dio un paro cardiaco en la sala de recuperación. ¿Nena qué pasó?, ¿Quién apuñaló a mi hermano?, ¿Cierto que fue porque un tipo le pidió $50* y él no tenía para regalarle?, ¿Yo no tuve la culpa nena, cierto?, -Si, no te preocupes, tu no tuviste la culpa.
*A la fecha el equivalente a la veinteava parte de un dolar américano.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
"El Que Planta Cara a sus Adversarios"
Cuantas cosas quedaron prendidas hasta dentro del fondo de mi alma... Que Te Vaya Bonito / José Alfredo Jiménez
-Hola nenita, usted tan linda como siempre, toda elegante la universitaria. Venga le doy un abrazo...
La sonrisa tierna y picara de un chico dulce enfrentando la ruina de saberse un desposeído más en un mundo de pobres sin lugar para don nadies, infestado de don nadies por doquier, la sonrisa coqueta, el sueño silencioso de alcanzar en un abrazo lo que se aprecia inalcanzable. Un abrazo compartido para la novia de la noche y la novia que se quisiera tener aunque sea una noche. Una noche de cervezas baratas y reggae, el dinero escaso acomodado perfecto con el descaro de querer hacer vacas para comprar más chorro, reunir miserias entre tod@s para otra botella de Ron Jamaica. -Vamos a hacer la vaca, -Hágale parcero, yo voy con ustedes, -Hágale, pa' las que sea, cuanto pone?, -Yo le pongo $50*, -No me crea marica, respete. /Y ese respete acentuado con una patada en los glúteos. -Ya, todo bien, yo me abro, -Nada marica, respete. /Y esta vez más marcado a empujones. El borracho iniciador de la vaca, en el suelo tras un empujón somero en respuesta de su patada, su valiente empujón y varios hijueputazos de mero macho. -¿Qué le pasó a mi hermanito? ¿Quién le pegó? ¿Dónde está ese H.P. pa' darle?, ¿Fue usted?. Un par de puños y al suelo junto a su hermano, también gracias a sus tragos, -¿Qué se hizo el que le pegó a mi hermano, fue ese?”, -No peleen más, por favor, vámonos a bailar niños. El rival inicial fuera del escenario, más puños a un grupo cualquiera de los grupos diversos apostados en la plaza de la fiesta callejera de los fines de semana, punks, metaleros, artesanos hippies, grotescos ñeros y un@ que otr@ gomel@ paseando por el bajo mundo de la divertida y económica informalidad de beber en la plaza, fumar unos pases de marihuana, tararear y bailar canciones acompañadas con quena y guitarra y quizá después ligar con alguien en un bar también barato.
Golpes a los punk por parte de los dos hermanos y la ebria pareja al suelo. Golpes a los metaleros y la misma historia, las amigas del grupo rogando que cese la búsqueda de pelea pues los peores golpes se los están llevando ellos. Golpes a cualquier grupo que miró y que podría ser el de quien golpeo al hermano que empezó emocionado la vaca, ya que la embriaguez desdibujó el rostro del presunto agresor y lo encuentran en todos los presentes. Más golpes contra el suelo por la paliza que el trago ya venía dando a sus cuerpos. Un par de botellas de vino rotas contra el pavimento para reemplazar sus puños ineptos y enfrentar a otro grupo por si ahí estaba el que mandó primero al piso al inflamable hermano, esta vez un grupo de ñeros, chicos de clase cero, violencia diez y vida a mil, a sabiendas de que puede acabar en cualquier momento entre robos y riñas con el que quiera. El contrincante elegido para buscarle pelea decidió no resignarse a recibir puñitos de los hermanos borrachos, decidió darles una buena lección y sacó su pata de cabra (una navaja pequeña y bastante eficiente), con la mesura suficiente para no apuñalar a la chica interponiéndose en la riña y asestar preciso una punzada en la región escapular del hermano defensor. Gotas de sangre empezando a poblar la plaza que se despobló en segundos, gente desapareciendo a las carreras entre esos el hermano que no quería pasar por marica por aceptar sumas ínfimas para la vaca. La sana chica intelectual corriendo de tienda en tienda rogando que alguien llame una ambulancia, rejas cerrándose a toda prisa y la plaza precozmente vacía en esa temprana noche de viernes.
Ni ambulancia, ni amig@s, ni gente, ni hermanos, sí una ruta de gotas de sangre para seguir el rastro al herido y alcanzarlo cuatro cuadras abajo, sentado en un andén jadeando, abrazarlo, orar por él y tratar de conseguir un taxi para llevarlo a un hospital. Un par de policías de moto, como pocas veces, oportunos, para obligar a un taxista a trasladar al joven apuñalado y su combo de inadaptados. La universitaria sobria con él en el miserable centro asistencial, horas eternas de frío y súplicas para que lo atiendan así no tenga cobertura paga en salud, la suerte de encontrar un médico amigo que se hizo cargo de los gastos. El hermano más ebrio gritando en la calle que atiendan a su hermanito y este a su vez, desnudo en una silla de ruedas con el pecho vendado abrazado por las oraciones de la estudiante que por si acaso ora nuevamente por él y le dice al oído que se encomiende a Dios y que todo estará bien. Por fin lo trasladaron a un hospital donde sí podían operar su pulmón perforado. Él en el quirófano y su padre incrédulo a la desgracia, indignado esperando a que se recupere y que aparezca su otro hijo borracho en algún lugar de la ciudad para darles una buena reprimenda.
En la clínica inicial la cándida universitaria saliendo de prisa al despuntar el alba con una gran bolsa roja de material contaminado, conteniendo la ropa empapada en sangre de Antonio, "El Que Planta Cara a sus Adversarios", un trayecto en extremo peligroso por un barrio marginado hasta su casa y su bañera para lavar esa ropa y devolverla a su dueño cuando salga del hospital y le diga: -oeh nena, usted tiene mi ropa y mi manilla de cuero. Dos horas de agua sangre, una ducha para quitar el sueño y la angustia de esa noche terrible de dos de diciembre, cuando su amigo médico le contó para que nunca lo olvidara, que empezaba el mes más alegre y con él una gran ola de muertes violentas.
Una llamada justo al salir del baño. -Hola nena, habla el hermano de Antonio. Nena mi hermanito se murió, le dio un paro cardiaco en la sala de recuperación. ¿Nena qué pasó?, ¿Quién apuñaló a mi hermano?, ¿Cierto que fue porque un tipo le pidió $50* y él no tenía para regalarle?, ¿Yo no tuve la culpa nena, cierto?, -Si, no te preocupes, tu no tuviste la culpa.
*A la fecha el equivalente a la veinteava parte de un dolar américano.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
jueves, 2 de diciembre de 2010
L@s Histeric@s
Imposible concluir el tema del mes de noviembre sin destinar un espacio a l@s histéric@s, esto por cuanto recibí el llamado de atención de dos lectores de mi blog que exigían hacer mención de esta clase de seres human@s que flirtean de una manera singular y particularmente tortuosa para sus incautas víctimas. Se trata de hombres y mujeres, aunque más las segundas, afirman ellos, y cada vez más de los primeros apelan ellas, que manejan este asunto del cortejo con un casi sádico y muy conveniente tire y afloje que mantiene al otr@ en vilo sin saber que pasa allí, si hay o no interés, si debe avanzar o retirarse, si es proyectado como algo más que una amistad o si debe quedarse de amig@ y con la boca hecha agua, y que finalmente no ayudan a concretar nada.
Desde que llegué a vivir en este bello país he escuchado a muchos hombres renegar de que las mujeres argentinas son histéricas y a un par de chicas referir lo mismo de los varones. En principio preferí no entrar en detalles pues lo que entendía por histeria solo atendía al desorden psicológico de somatización que describe a un (a) paciente angustiad@ por el presunto padecimiento de afecciones físicas o psíquicas, pero conforme seguí escuchando la misma queja decidí empezar a preguntar a que aludían cuando hablaban de histéric@s. Las primeras en responder fueron algunas chicas que dirigieron su concepto a los hombres que un día son muy especiales con una chica y luego desaparecen por un par de semanas sin dejar rastro hasta que inesperadamente regresan del más allá (de quien sabe donde) con un escueto mensaje de texto, una invitación a cualquier lado y tras ello una noche de coqueteos, besitos y lo que más se pueda antes de huir de nuevo a su otra dimensión, o que sin desaparecer oscilan entre mostrarse súper interesados y desesperantemente indiferentes, hombres que no dejan claro que quieren exactamente en cuanto a los términos de la relación; ya entrada en la investigación somera de lo que aquí catalogan de histeria me aventuré con ellos, quienes fueron más amplios y hasta sufridos con su explicación, me dieron varias definiciones no excluyentes; por ejemplo que las histéricas eran minas (o sea chicas o mujeres) que aparecían de repente en cualquier lugar público y empezaban a coquetear con cierto descaro rayano en una invitación silenciosa a lo que se quiera, pero que al ser abordadas se mostraban sorprendidas casi ofendidas, o, chicas que favorecían la generación de altas expectativas respecto a una inminente relación, pero que ya en terreno parecían no haber hablado nunca del tema con el susodicho. En ambos casos parte esencial del comportamiento histérico se consolida por la muestra de contundentes indicadores de que hay química, física y todas las posibilidades de encaminarse a una relación y luego un despojo sorpresivo de todos esos indicadores y por ende del (de la) escurridiz@ histéric@.
Olvidaré al efecto mi dilema sobre si es apropiado o válido calificar con un nombre clínico a estos comportamientos que si bien podrían denotar anomalías mentales y psíquicas, científicamente no soportan un diagnóstico de histeria y me permitiré compartir con vosotr@s mi opinión sobre l@s “histéric@s” y sus presas reales o potenciales, para quienes intentaré un consejo.
Mi opinión general es que quienes actúan de esta manera son personas con un pobre nivel de madurez o sea infantiles, que se sienten inseguros de su capacidad y valía para ser amados por alguien, por ello deciden hacer cosas que llamen la atención de alguien y que quizá lo ilusionen para garantizarse no sólo ser observados permanentemente como si fueran el centro de atención, sino además ser cuidados y anhelados, dicho de otra forma, ser reafirmados en su pequeña autoimagen, autoestima y autovalía. Este tipo de personas se vuelven expertas en dar medidas justas de cariño que impiden que el amor del (de la) otr@ muera, pero muy raras veces se permiten entregar de si con generosidad y abundancia, siempre prodigan un amor mísero para generar precisamente una especie de carencia en el otro ser humano. Adicional a ello muchas veces no solamente aplican su técnica con una víctima, sino que tienen varias a la vez, ya que su carencia de amor y seguridad en si mismo es tal que requieren ser querid@s, pretendid@s y reivindicados en su valía, simultáneamente por vari@s prospectos de pareja aunque muchas veces no consideren a ningún@ en especial para este fin.
En cualquier tipo de relación no se debe permitir que otra persona sea el centro del propio universo, la existencia no puede girar en torno de alguien ni estar en suspenso y a la espera de que alguien más decida, invite, elija, etc. Uno de los grandes problemas que se tiene en las relaciones es consentir que la vida misma sea el o la otra y que se vayan anulando las demás personas y cosas que integran el todo de alguien. Y para el tema puntual, si alguien pretende poner a otr@ en una montaña rusa emocional y subirle y bajarle el ánimo a partir de cariños e indiferencia, veo tres opciones: 1- Decidirse a hablar directamente del tema. 2- Tomarse la situación sin mayor trascendencia y esperar sin angustia a ver qué pasa, ya sin esperar nada en especial, simplemente abiertos a las posibilidades múltiples que pueden existir, o 3- Echar al olvido sin drama a quien pretende jugar con las expectativas y sentimientos. Esto suele aplicar más para las mujeres y yo me permito decirles “Chicas no se atormenten ni pierdan tiempo escudriñando y tratando de adivinar que piensa o que hará su pareja o posible pareja, dejen que las cosas pasen y si no pasan, relax, detrás de un@ viene otr@, así que sin dramas, ánimo muchachas que nada se ha perdido, el indicado, con toda seguridad no se dejará perder”.
Y en cuanto a ellos, mi consejo se alindera por uno de sus lados flacos “Caballeros, no sean tan evidentes, no permitan que sus ojos se peguen de un escote o unas piernas…eso es mostrar sus ya conocidas debilidades y dar lugar a que a nosotras nos den ganas de jugar un poco con ese talón de Aquiles, con pequeños coqueteos llamados no más que a hacerlos desconcentrar y verlos actuar de esa manera tan divertida cuando parece que no se hallan, como que perdieron el equilibrio, el cable a tierra y por favor no miren más de lo que hay, si una chica les dice “me caes bien” es eso y ya, no hay siempre hay invitaciones implícitas ni bajas pasiones, piensen a partir de la evidencia, no de lo que les gustaría que hubiese; y si corren con la desgracia de encontrarse con una desconsiderada histérica, apliquen el consejo que le doy a las chicas, aborden el tema y pongan los puntos sobre las ies, denle tiempo al tiempo o de plano manden a volar a esa infeliz…en todo caso sea hombre o mujer la presunta histérica al ver que la van a mandar a la luna, es muy posible que se decida y deje de lado su exasperante jueguito”
Mi consejo principal, láncense al juego amoroso del flirteo sin estrategias, no jueguen con la vida, sentimientos y expectativas de l@s demás y llegado el momento prudente atrévanse a hablar de sus sentimientos y emociones con otr@s y en especial con es@ otr@ que suscita esas pasiones, al hacerlo no sólo liberarán tensión, sino que abrirán espacios de diálogo que pueden ser bastante fructíferos y facilitadores, ya sea para avanzar en el camino a una relación o para entender que no hay nada por delante, en cuyo caso es mejor saber que se jugó la última carta de la baraja y no que se quedó para siempre con un magnífico as bajo la manga.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Desde que llegué a vivir en este bello país he escuchado a muchos hombres renegar de que las mujeres argentinas son histéricas y a un par de chicas referir lo mismo de los varones. En principio preferí no entrar en detalles pues lo que entendía por histeria solo atendía al desorden psicológico de somatización que describe a un (a) paciente angustiad@ por el presunto padecimiento de afecciones físicas o psíquicas, pero conforme seguí escuchando la misma queja decidí empezar a preguntar a que aludían cuando hablaban de histéric@s. Las primeras en responder fueron algunas chicas que dirigieron su concepto a los hombres que un día son muy especiales con una chica y luego desaparecen por un par de semanas sin dejar rastro hasta que inesperadamente regresan del más allá (de quien sabe donde) con un escueto mensaje de texto, una invitación a cualquier lado y tras ello una noche de coqueteos, besitos y lo que más se pueda antes de huir de nuevo a su otra dimensión, o que sin desaparecer oscilan entre mostrarse súper interesados y desesperantemente indiferentes, hombres que no dejan claro que quieren exactamente en cuanto a los términos de la relación; ya entrada en la investigación somera de lo que aquí catalogan de histeria me aventuré con ellos, quienes fueron más amplios y hasta sufridos con su explicación, me dieron varias definiciones no excluyentes; por ejemplo que las histéricas eran minas (o sea chicas o mujeres) que aparecían de repente en cualquier lugar público y empezaban a coquetear con cierto descaro rayano en una invitación silenciosa a lo que se quiera, pero que al ser abordadas se mostraban sorprendidas casi ofendidas, o, chicas que favorecían la generación de altas expectativas respecto a una inminente relación, pero que ya en terreno parecían no haber hablado nunca del tema con el susodicho. En ambos casos parte esencial del comportamiento histérico se consolida por la muestra de contundentes indicadores de que hay química, física y todas las posibilidades de encaminarse a una relación y luego un despojo sorpresivo de todos esos indicadores y por ende del (de la) escurridiz@ histéric@.
Olvidaré al efecto mi dilema sobre si es apropiado o válido calificar con un nombre clínico a estos comportamientos que si bien podrían denotar anomalías mentales y psíquicas, científicamente no soportan un diagnóstico de histeria y me permitiré compartir con vosotr@s mi opinión sobre l@s “histéric@s” y sus presas reales o potenciales, para quienes intentaré un consejo.
Mi opinión general es que quienes actúan de esta manera son personas con un pobre nivel de madurez o sea infantiles, que se sienten inseguros de su capacidad y valía para ser amados por alguien, por ello deciden hacer cosas que llamen la atención de alguien y que quizá lo ilusionen para garantizarse no sólo ser observados permanentemente como si fueran el centro de atención, sino además ser cuidados y anhelados, dicho de otra forma, ser reafirmados en su pequeña autoimagen, autoestima y autovalía. Este tipo de personas se vuelven expertas en dar medidas justas de cariño que impiden que el amor del (de la) otr@ muera, pero muy raras veces se permiten entregar de si con generosidad y abundancia, siempre prodigan un amor mísero para generar precisamente una especie de carencia en el otro ser humano. Adicional a ello muchas veces no solamente aplican su técnica con una víctima, sino que tienen varias a la vez, ya que su carencia de amor y seguridad en si mismo es tal que requieren ser querid@s, pretendid@s y reivindicados en su valía, simultáneamente por vari@s prospectos de pareja aunque muchas veces no consideren a ningún@ en especial para este fin.
En cualquier tipo de relación no se debe permitir que otra persona sea el centro del propio universo, la existencia no puede girar en torno de alguien ni estar en suspenso y a la espera de que alguien más decida, invite, elija, etc. Uno de los grandes problemas que se tiene en las relaciones es consentir que la vida misma sea el o la otra y que se vayan anulando las demás personas y cosas que integran el todo de alguien. Y para el tema puntual, si alguien pretende poner a otr@ en una montaña rusa emocional y subirle y bajarle el ánimo a partir de cariños e indiferencia, veo tres opciones: 1- Decidirse a hablar directamente del tema. 2- Tomarse la situación sin mayor trascendencia y esperar sin angustia a ver qué pasa, ya sin esperar nada en especial, simplemente abiertos a las posibilidades múltiples que pueden existir, o 3- Echar al olvido sin drama a quien pretende jugar con las expectativas y sentimientos. Esto suele aplicar más para las mujeres y yo me permito decirles “Chicas no se atormenten ni pierdan tiempo escudriñando y tratando de adivinar que piensa o que hará su pareja o posible pareja, dejen que las cosas pasen y si no pasan, relax, detrás de un@ viene otr@, así que sin dramas, ánimo muchachas que nada se ha perdido, el indicado, con toda seguridad no se dejará perder”.
Y en cuanto a ellos, mi consejo se alindera por uno de sus lados flacos “Caballeros, no sean tan evidentes, no permitan que sus ojos se peguen de un escote o unas piernas…eso es mostrar sus ya conocidas debilidades y dar lugar a que a nosotras nos den ganas de jugar un poco con ese talón de Aquiles, con pequeños coqueteos llamados no más que a hacerlos desconcentrar y verlos actuar de esa manera tan divertida cuando parece que no se hallan, como que perdieron el equilibrio, el cable a tierra y por favor no miren más de lo que hay, si una chica les dice “me caes bien” es eso y ya, no hay siempre hay invitaciones implícitas ni bajas pasiones, piensen a partir de la evidencia, no de lo que les gustaría que hubiese; y si corren con la desgracia de encontrarse con una desconsiderada histérica, apliquen el consejo que le doy a las chicas, aborden el tema y pongan los puntos sobre las ies, denle tiempo al tiempo o de plano manden a volar a esa infeliz…en todo caso sea hombre o mujer la presunta histérica al ver que la van a mandar a la luna, es muy posible que se decida y deje de lado su exasperante jueguito”
Mi consejo principal, láncense al juego amoroso del flirteo sin estrategias, no jueguen con la vida, sentimientos y expectativas de l@s demás y llegado el momento prudente atrévanse a hablar de sus sentimientos y emociones con otr@s y en especial con es@ otr@ que suscita esas pasiones, al hacerlo no sólo liberarán tensión, sino que abrirán espacios de diálogo que pueden ser bastante fructíferos y facilitadores, ya sea para avanzar en el camino a una relación o para entender que no hay nada por delante, en cuyo caso es mejor saber que se jugó la última carta de la baraja y no que se quedó para siempre con un magnífico as bajo la manga.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
viernes, 26 de noviembre de 2010
¡Milagro!
María está angustiada. María cree en milagros, pero hace mucho que el amor y sus milagros no ocurren en su vida.
Pudo reconocer el milagro a los pocos minutos, cuando enfrentó a ese nuevo prospecto de amigo que se le apareció en una tarde de chat. Cree en milagros pero no cree en el amor a primera vista, sabe bien que cuando la han amado a primera vista ese amor se ha esfumado tras la temprana primera o segunda desvestida.
Ese, su milagro, es casi un santo. Una luz tenue acompañándolo, la dulzura inocente en la mirada, un irresistible aire pueril brotando con su sonrisa, las manos inexpertas y una boca llena de placenteras promesas. Su voz la eleva hasta el regocijo cual brisa tibia de verano, la escasez de sus caricias la siembran de ilusión y júbilo, piensa que eso ya lo hace distinto y que él la ve distinta. No obstante sabe también aunque prefiere disimularlo, que gran parte de esos encantos han sido maquillados, pero no se inmuta, conserva la certeza sin perder la razón, se esperanza, se emociona, reconoce que sin los adornos extras sigue estando bien, maravillosamente bien.
María tiene miedo. Es que es tan perfecto. Sólo él, a quien ella sabe enloquecido de deseo, cuyas manos irracionales padecen su mesura, sólo él, ha sabido castigar el éxtasis de sus pensamientos, para encontrarla en la profundidad de sus curvas, husmear bajo la cadencia de sus aromas, espiar tras la pasión de sus ojos. Sólo él se ha permitido desvestir de sexo su cuerpo, encontrarla mujer sin carne, mujer humana.
Está aterrada. Teme que él descubra, si no descubrió ya, que lo único virginal y sacro en ella es el nombre, sustantivo que su padre decidió y su madre obedeció, el nombre de una mujer menos curiosa y lúdica que ella, ese nombre que ilustra en ella con perfecta equivalencia, un antónimo lírico – corpóreo.
No se arrepiente de sus credos, ni sus peregrinaciones nocturnas, ni de las muchas ocasiones en que se arrodilló ante sus pasados falsos santos, no quiere expiar sus culpas, ni redimir sus caídas que otros llaman “pecados”; pero siente taquicardia mientras mira ininterrumpidamente la pantalla de su notebook, presiente que él la mandó de golpe al infierno de la bandeja de spam, con todo y sus piernas vestidas de red, con el incienso aromático de sus pechos, con el cáliz de sus labios.
Han pasado 30 inmisericordes horas desde que él la dejó, sí, la dejó, con un suave, casi miserable “Chau”. Y él, quien ella sospecha tiene su habitación en todo el centro del ciberespacio, mantiene su ventana cerrada y figura eternamente desconectado.
El corazón virginal de María llora y ella imagina que está llorando lágrimas de sangre. Le duele terriblemente, parece que también en esta ocasión la coronaron, por primera vez primero de espinas.
Toma un trago de resignación y se lanza con todo a sus oraciones para purgar el abandono. Se cuestiona si pecó nuevamente por andar calificando de milagro a ese cretino, inmaduro, prejuicioso, cobarde, miserable que no le dio ni por limosna un beso…
Es arrancada de su rezo non sancto, por el tum tum de un mensaje instantáneo.
-Hola Divina! ¿Estás?
-……¡Dios Mío! ¡Milagro!
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Pudo reconocer el milagro a los pocos minutos, cuando enfrentó a ese nuevo prospecto de amigo que se le apareció en una tarde de chat. Cree en milagros pero no cree en el amor a primera vista, sabe bien que cuando la han amado a primera vista ese amor se ha esfumado tras la temprana primera o segunda desvestida.
Ese, su milagro, es casi un santo. Una luz tenue acompañándolo, la dulzura inocente en la mirada, un irresistible aire pueril brotando con su sonrisa, las manos inexpertas y una boca llena de placenteras promesas. Su voz la eleva hasta el regocijo cual brisa tibia de verano, la escasez de sus caricias la siembran de ilusión y júbilo, piensa que eso ya lo hace distinto y que él la ve distinta. No obstante sabe también aunque prefiere disimularlo, que gran parte de esos encantos han sido maquillados, pero no se inmuta, conserva la certeza sin perder la razón, se esperanza, se emociona, reconoce que sin los adornos extras sigue estando bien, maravillosamente bien.
María tiene miedo. Es que es tan perfecto. Sólo él, a quien ella sabe enloquecido de deseo, cuyas manos irracionales padecen su mesura, sólo él, ha sabido castigar el éxtasis de sus pensamientos, para encontrarla en la profundidad de sus curvas, husmear bajo la cadencia de sus aromas, espiar tras la pasión de sus ojos. Sólo él se ha permitido desvestir de sexo su cuerpo, encontrarla mujer sin carne, mujer humana.
Está aterrada. Teme que él descubra, si no descubrió ya, que lo único virginal y sacro en ella es el nombre, sustantivo que su padre decidió y su madre obedeció, el nombre de una mujer menos curiosa y lúdica que ella, ese nombre que ilustra en ella con perfecta equivalencia, un antónimo lírico – corpóreo.
No se arrepiente de sus credos, ni sus peregrinaciones nocturnas, ni de las muchas ocasiones en que se arrodilló ante sus pasados falsos santos, no quiere expiar sus culpas, ni redimir sus caídas que otros llaman “pecados”; pero siente taquicardia mientras mira ininterrumpidamente la pantalla de su notebook, presiente que él la mandó de golpe al infierno de la bandeja de spam, con todo y sus piernas vestidas de red, con el incienso aromático de sus pechos, con el cáliz de sus labios.
Han pasado 30 inmisericordes horas desde que él la dejó, sí, la dejó, con un suave, casi miserable “Chau”. Y él, quien ella sospecha tiene su habitación en todo el centro del ciberespacio, mantiene su ventana cerrada y figura eternamente desconectado.
El corazón virginal de María llora y ella imagina que está llorando lágrimas de sangre. Le duele terriblemente, parece que también en esta ocasión la coronaron, por primera vez primero de espinas.
Toma un trago de resignación y se lanza con todo a sus oraciones para purgar el abandono. Se cuestiona si pecó nuevamente por andar calificando de milagro a ese cretino, inmaduro, prejuicioso, cobarde, miserable que no le dio ni por limosna un beso…
Es arrancada de su rezo non sancto, por el tum tum de un mensaje instantáneo.
-Hola Divina! ¿Estás?
-……¡Dios Mío! ¡Milagro!
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
jueves, 25 de noviembre de 2010
¿Qué Pasaría con los Detalles?
¿Qué pasaría si él y ella decidieran compartir una larga comunión?, larga como la espera del amante, de tal magnitud que abra una dimensión a la intimidad, esa intimidad que no está garantizada por un coito, pero que admite y casi presagia inagotables coitos.
Y ¿Qué pasaría si a ese candidato, o concursante, o aprendiz de compañero le gustara, tal y como gusta cualquier cosa, comer sus platos recargados de ajo?; y si, cómo respondiendo a los malos augurios, ¿A esa candidata, o concursante o aprendiz de compañera, le disgustara, tal y como disgusta cualquier cosa, el más mínimo asomo de aroma a ajo?.
¿Qué pasaría tras sus cenas picantes de ajo y sus cuerpos ardientes?; cuando él sintiéndose picado por el sazón de las texturas de ella, la buscara y en efecto la encontrara, como siempre, lista, provocativa y provocada. Y, ¿Qué pasaría si al condensarse su encuentro, esa cortina de ajo dejará heladas y sin tacto sus inminentes cenas?.
¿Qué pasaría?, ¿Terminarían por cesar sus suculentas comidas después de la cena?, ¿Serían sacrificados el ajo o sus besos y penetrantes caricias?, ¿Serían quizás esa nariz y paladar femeninos l@s sacrificad@s?, ¿Podría él, pasar sobre el ajo para satisfacción de ella?, ¿Podría ella, pasar sobre el peculiar aroma y casi olvidar su desazón, para satisfacción de él?, ¿Podrían ellos cocinar la receta amorosa precisa para no sacrificar a nada, ni a nadie y continuar disfrutándose?. Podría pasar cualquier cosa, todo depende de lo que esos estudiantes del amor íntimo eligieran cursar.
Los grandes amores eternos y hasta los efímeros amores de verano (que no siempre son efímeros), se ganan o echan a perder por los detalles, eso que se hace u omite hacer, lo que se dice, lo que se calla, lo que se mira, lo que se obvia, lo que se atiende, lo que se ignora, lo que se cuida, lo que se descuida, lo que se procura, lo que se da por hecho. Lo que siendo minúsculo es intrínsecamente garrafal.
Son los detalles los culpables o los salvadores, los que nos hacen ganar, perder o librarnos. Ni modo.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Y ¿Qué pasaría si a ese candidato, o concursante, o aprendiz de compañero le gustara, tal y como gusta cualquier cosa, comer sus platos recargados de ajo?; y si, cómo respondiendo a los malos augurios, ¿A esa candidata, o concursante o aprendiz de compañera, le disgustara, tal y como disgusta cualquier cosa, el más mínimo asomo de aroma a ajo?.
¿Qué pasaría tras sus cenas picantes de ajo y sus cuerpos ardientes?; cuando él sintiéndose picado por el sazón de las texturas de ella, la buscara y en efecto la encontrara, como siempre, lista, provocativa y provocada. Y, ¿Qué pasaría si al condensarse su encuentro, esa cortina de ajo dejará heladas y sin tacto sus inminentes cenas?.
¿Qué pasaría?, ¿Terminarían por cesar sus suculentas comidas después de la cena?, ¿Serían sacrificados el ajo o sus besos y penetrantes caricias?, ¿Serían quizás esa nariz y paladar femeninos l@s sacrificad@s?, ¿Podría él, pasar sobre el ajo para satisfacción de ella?, ¿Podría ella, pasar sobre el peculiar aroma y casi olvidar su desazón, para satisfacción de él?, ¿Podrían ellos cocinar la receta amorosa precisa para no sacrificar a nada, ni a nadie y continuar disfrutándose?. Podría pasar cualquier cosa, todo depende de lo que esos estudiantes del amor íntimo eligieran cursar.
Los grandes amores eternos y hasta los efímeros amores de verano (que no siempre son efímeros), se ganan o echan a perder por los detalles, eso que se hace u omite hacer, lo que se dice, lo que se calla, lo que se mira, lo que se obvia, lo que se atiende, lo que se ignora, lo que se cuida, lo que se descuida, lo que se procura, lo que se da por hecho. Lo que siendo minúsculo es intrínsecamente garrafal.
Son los detalles los culpables o los salvadores, los que nos hacen ganar, perder o librarnos. Ni modo.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
martes, 23 de noviembre de 2010
El Flirteo "Cursos de Verano y Escuelas de Altos Estudios"
Entiendo como flirteo la etapa en que una pareja que se atrae sentimental y/o sexualmente van acercándose, conociéndose y comunicándose directa o indirectamente su mutuo agrado a través de sus comportamientos, detalles, miradas, elogios, entre otras muestras de cariño e interés, llamadas a ir abriendo camino para que el dúo se encuentre y termine concretando un encuentro permanente o transitorio, aunque no siempre se llegue a tal fin.
Desde hace varias décadas nuestra vida gira y se estructura cada vez más en torno a una cultura de lo inmediato, de lo instantáneo y de lo light; esto permea todas las áreas de la vida y se filtra en cada espacio que se habita, desde la cocina hasta la iglesia, comemos sopas que están listas en tres minutos y asistimos a misa en pijama desde el sofá de casa y al término de presionar el canal de T.V. correspondiente. Las relaciones por supuesto no están al margen de la feria ligera que transitamos y en consecuencia es muy fácil llegar a hacer parejas, tríos y hasta comunidades amorosas y eróticas sin mucho preámbulo, conocimiento de los participantes o inversiones de ningún tipo. “Hola, puedo darte un beso? Si; que tal si vamos a un sitio más íntimo?… Somos novios… Tengo pareja… Ahora somos cuatro: ella , nuestras sucursales, y yo… Terminamos… Volvimos… Estoy probando con otr@... Me enamoré otra vez…Ya me desenamoré…Quien sigue?”.
He estado meditando sobre que ha pasado con el flirteo, si ha variado en sus formas, se extinguió o sigue vigente aunque pasado de moda y operando como algo apto sólo para chapad@s a la antigua; y he concluido que dependiendo los involucrados cualquier respuesta es acertada, hay quienes flirtean con formas tradicionales, quienes obvian tal paso y van directo a una relación de pareja y quienes lo hacen con unas formas impensadas para generaciones pasadas.
No obstante pienso que se le ha restado trascendencia a la gran oportunidad que representa el conocimiento previo a una relación de pareja. No es común encontrar a alguien en quien se identifique a un buen prospecto de pareja sólida. Es sencillo encontrar seres humanos atractivos o interesantes, o virtuosos, etc., pero alguien íntegro, es menos común y cuando aparece o se cree que apareció tampoco es fácil controlar el impulso de dejar fluir los sentimientos y deseos para acceder cuanto antes a una relación; pero es útil y más que eso necesario permitirse encontrar más de es@ otr@ antes de decidirse por iniciar una relación.
No existe una manera correcta de cortejarse, pero si existen claramente muchas maneras incorrectas; estimo que el flirteo es la oportunidad de lanzarse a descubrir los bemoles del hallazgo de otr@ ser human@, de conocer quién es el (la) otr@ concentrando la atención o procurando concentrarla en su carácter y personalidad, sin el obstáculo de tener el cuerpo y la mente aplicados a lo sexual. En eso consiste la oportunidad de cortejarse, de coquetear, en poder descubrir quién es alguien, cómo reacciona, que piensa, que siente, cuáles son sus valores, sus criterios, cuál es su cosmovisión, sus preferencias, sus gustos y disgustos, aspectos que suelen pasar a un segundo plano o desplazarse hasta una oportunidad indeterminada cuando se ha pasado a conocer primero los talentos eróticos que tiene el o la candidata a pareja.
El flirteo es la clave para edificar una relación con cimientos sólidos o una miserable casita desechable; decidirse a vivirlo cómo una etapa tranquila que avanza sin carreras es entrenarse para mucho más que un cursito de verano que culmina con la estación, es comprometerse con un@ mism@ y con la otra persona a estar en permanente aprendizaje de su mundo y de la manera más propicia para construir un universo en común, en un estudio largo y maravillosamente sin fecha de graduación, un curso sin fin.
Y pregunto: ¿Cómo crees que funciona el flirteo hoy en día, existe tal cosa o es algo que quedó en el pasado?, ¿Cómo flirteas con alguien que despierta tu interés?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Desde hace varias décadas nuestra vida gira y se estructura cada vez más en torno a una cultura de lo inmediato, de lo instantáneo y de lo light; esto permea todas las áreas de la vida y se filtra en cada espacio que se habita, desde la cocina hasta la iglesia, comemos sopas que están listas en tres minutos y asistimos a misa en pijama desde el sofá de casa y al término de presionar el canal de T.V. correspondiente. Las relaciones por supuesto no están al margen de la feria ligera que transitamos y en consecuencia es muy fácil llegar a hacer parejas, tríos y hasta comunidades amorosas y eróticas sin mucho preámbulo, conocimiento de los participantes o inversiones de ningún tipo. “Hola, puedo darte un beso? Si; que tal si vamos a un sitio más íntimo?… Somos novios… Tengo pareja… Ahora somos cuatro: ella , nuestras sucursales, y yo… Terminamos… Volvimos… Estoy probando con otr@... Me enamoré otra vez…Ya me desenamoré…Quien sigue?”.
He estado meditando sobre que ha pasado con el flirteo, si ha variado en sus formas, se extinguió o sigue vigente aunque pasado de moda y operando como algo apto sólo para chapad@s a la antigua; y he concluido que dependiendo los involucrados cualquier respuesta es acertada, hay quienes flirtean con formas tradicionales, quienes obvian tal paso y van directo a una relación de pareja y quienes lo hacen con unas formas impensadas para generaciones pasadas.
No obstante pienso que se le ha restado trascendencia a la gran oportunidad que representa el conocimiento previo a una relación de pareja. No es común encontrar a alguien en quien se identifique a un buen prospecto de pareja sólida. Es sencillo encontrar seres humanos atractivos o interesantes, o virtuosos, etc., pero alguien íntegro, es menos común y cuando aparece o se cree que apareció tampoco es fácil controlar el impulso de dejar fluir los sentimientos y deseos para acceder cuanto antes a una relación; pero es útil y más que eso necesario permitirse encontrar más de es@ otr@ antes de decidirse por iniciar una relación.
No existe una manera correcta de cortejarse, pero si existen claramente muchas maneras incorrectas; estimo que el flirteo es la oportunidad de lanzarse a descubrir los bemoles del hallazgo de otr@ ser human@, de conocer quién es el (la) otr@ concentrando la atención o procurando concentrarla en su carácter y personalidad, sin el obstáculo de tener el cuerpo y la mente aplicados a lo sexual. En eso consiste la oportunidad de cortejarse, de coquetear, en poder descubrir quién es alguien, cómo reacciona, que piensa, que siente, cuáles son sus valores, sus criterios, cuál es su cosmovisión, sus preferencias, sus gustos y disgustos, aspectos que suelen pasar a un segundo plano o desplazarse hasta una oportunidad indeterminada cuando se ha pasado a conocer primero los talentos eróticos que tiene el o la candidata a pareja.
El flirteo es la clave para edificar una relación con cimientos sólidos o una miserable casita desechable; decidirse a vivirlo cómo una etapa tranquila que avanza sin carreras es entrenarse para mucho más que un cursito de verano que culmina con la estación, es comprometerse con un@ mism@ y con la otra persona a estar en permanente aprendizaje de su mundo y de la manera más propicia para construir un universo en común, en un estudio largo y maravillosamente sin fecha de graduación, un curso sin fin.
Y pregunto: ¿Cómo crees que funciona el flirteo hoy en día, existe tal cosa o es algo que quedó en el pasado?, ¿Cómo flirteas con alguien que despierta tu interés?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
viernes, 12 de noviembre de 2010
Volver a Creer
Llena el corazón ver la capacidad de creer que tienen l@s niñ@s; aceptan las historias como ciertas sin poner en duda la existencia y los poderes mágicos de hadas y duendes; confían en promesas y acuerdos; temen males inverosímiles como que se los llevará el coco (diablo) o el cuco (personaje argentino para asustar a l@s más chic@s); cualquier cosa que se les diga como cierta, es naturalmente aceptada por ell@s sin recelos, sin análisis profundos, sin evaluaciones detalladas ni de la verdad, ni de su emisor. Creen con su bendita inocencia, con sus ojos transparentes, con sus oídos castos, con su piel nueva, con su espíritu puro y su alma intacta.
Lastima contemplar la incredulidad que va sepultando a cada infant@ y descubriendo al ser adult@, evolucionado a muchos niveles e involucionado, desdibujado en su facultad de creer, de asombrarse y emocionarse ante una promesa, ante un sueño, ante una esperanza. El gran hombre y la gran mujer asustad@s y con minúsculas creencias potenciales; aferrados con avaricia a lo seguro, temerosos de lo nuevo, de lo distinto, desechando lo ideal por lo tangible, lo bueno por conocer por lo malo conocido. Es triste ver a hombres y mujeres cautivos de un cuerpo miedoso y sujetos de un alma cobarde que a golpes mutó su naturaleza crédula en deforme boceto angustiado de lo cierto.
Pisar la cabeza de la tragedia inesperada, ahuyentar la voz estridente del engaño, borrar los colores del horror y enterrar el cadáver de los sueños destruidos, cuando no, resucitarlos; no es fácil. Cuando se ha sufrido menoscabos el ser se cierra al daño externo por acción del instinto de conservación, se bloquea el sonido promisorio, se expulsan desde la distancia las caricias, se matan los sueños al nacer o ni siquiera se conciben; el espacio que por antonomasia ocupaba la confianza, se colma con el hedor de la desconfianza y se congela en la eterna duda.
Es ahí cuando la valentía debe restaurar la integridad y aflorar el potencial personal para rehacer los caminos, para iniciar nuevamente el curso con un paso. Duele ver los sueños convertidos en pesadillas, pero duele más vivir sin soñar. Aterra perder el amor, pero es espantoso resignarse al desamor. Continuar con vida evidencia una fuerza mayor a la adversidad y esa fuerza es el sustrato necesario para insistir en ser felices, en alcanzar la victoria sin temor al fracaso, ya que éste es sólo una estación que puede atravesarse y dejarse atrás, es una valiosa parte de la vida que enseña, fortalece y prepara para encarar los triunfos, ser mejores seres human@s. Lo importante no es no equivocarse sino asumir los yerros, aprehender las lecciones y estructurarse cada vez mejor para encarar la vida y apreciar su mejor faceta; en gran medida esto no depende de cómo trate la vida a cada cual, sino de cómo se decide vivir; cómo víctimas o como conquistadoras(es), que música se decide danzar, una hecha de lamentos o una compuesta de notas alegres y vibrantes. El momento exacto para empezar o volver a creer es éste.
Y pregunto: ¿Estás dispuest@ a volver a creer en la vida?, ¿Estás dispuest@ a retomar la creencia en los demás y en ti mism@?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Lastima contemplar la incredulidad que va sepultando a cada infant@ y descubriendo al ser adult@, evolucionado a muchos niveles e involucionado, desdibujado en su facultad de creer, de asombrarse y emocionarse ante una promesa, ante un sueño, ante una esperanza. El gran hombre y la gran mujer asustad@s y con minúsculas creencias potenciales; aferrados con avaricia a lo seguro, temerosos de lo nuevo, de lo distinto, desechando lo ideal por lo tangible, lo bueno por conocer por lo malo conocido. Es triste ver a hombres y mujeres cautivos de un cuerpo miedoso y sujetos de un alma cobarde que a golpes mutó su naturaleza crédula en deforme boceto angustiado de lo cierto.
Pisar la cabeza de la tragedia inesperada, ahuyentar la voz estridente del engaño, borrar los colores del horror y enterrar el cadáver de los sueños destruidos, cuando no, resucitarlos; no es fácil. Cuando se ha sufrido menoscabos el ser se cierra al daño externo por acción del instinto de conservación, se bloquea el sonido promisorio, se expulsan desde la distancia las caricias, se matan los sueños al nacer o ni siquiera se conciben; el espacio que por antonomasia ocupaba la confianza, se colma con el hedor de la desconfianza y se congela en la eterna duda.
Es ahí cuando la valentía debe restaurar la integridad y aflorar el potencial personal para rehacer los caminos, para iniciar nuevamente el curso con un paso. Duele ver los sueños convertidos en pesadillas, pero duele más vivir sin soñar. Aterra perder el amor, pero es espantoso resignarse al desamor. Continuar con vida evidencia una fuerza mayor a la adversidad y esa fuerza es el sustrato necesario para insistir en ser felices, en alcanzar la victoria sin temor al fracaso, ya que éste es sólo una estación que puede atravesarse y dejarse atrás, es una valiosa parte de la vida que enseña, fortalece y prepara para encarar los triunfos, ser mejores seres human@s. Lo importante no es no equivocarse sino asumir los yerros, aprehender las lecciones y estructurarse cada vez mejor para encarar la vida y apreciar su mejor faceta; en gran medida esto no depende de cómo trate la vida a cada cual, sino de cómo se decide vivir; cómo víctimas o como conquistadoras(es), que música se decide danzar, una hecha de lamentos o una compuesta de notas alegres y vibrantes. El momento exacto para empezar o volver a creer es éste.
Y pregunto: ¿Estás dispuest@ a volver a creer en la vida?, ¿Estás dispuest@ a retomar la creencia en los demás y en ti mism@?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
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domingo, 7 de noviembre de 2010
La Incredulidad
Uno de los grandes obstáculos que presenta la religión y la capacidad humana para creer en Dios es la existencia del dolor como una realidad permanente en el mundo. Es difícil creer que exista un ser divino y todo poderoso que ame al ser human@ y que al mismo tiempo permita pese a su gran poder que existan condiciones injustas, trágicas y devastadoras. Sobran las explicaciones para esta realidad, desde el hecho de que Dios nos ha dado albedrío y que en consecuencia el dolor es un resultado de los hechos humanos, hasta que son pruebas que Dios permite que atraviese el ser human@ para moldear su carácter y perfeccionarlo, pasando por la simpleza de que Dios en su grandeza se ocupa de las cosas macro y deja el sufrimiento de cada cual en manos de cada cual como un hecho minúsculo que no ocupa su atención. Diversas respuestas y ninguna satisfactoria, menos aún para quien vive el dolor en carne propia, llámese desamor, enfermedad, abandono, muerte y un lastimero etcétera.
La vida de algunas personas pareciera estar marcada por la fatalidad. Hay quienes han nacido en condiciones extremas de marginalidad, recibidos en el mundo por el rechazo y la carencia de afecto, van transitando siempre entre tropiezos, luchando como modus operandi para subsistir, viviendo y menos que eso sobreviviendo, enfrentando fracasos, obstáculos como destinados de contera a la zozobra de cualquier mal inesperado, o peor aún esperando siempre un nuevo revés. Otras personas si bien no han visto sus vidas marcadas por las situaciones permanentes deplorables, de repente se ven sorprendidas por algún evento que les trastorna por completo, la pérdida de un ser querido por ejemplo. Ésto que menciono por supuesto no es exhaustivo en cuanto a lo que puede ser el dolor y lejos está de acercarse a la magnitud de ese sentimiento o de las situaciones que pueden desatarlo, sencillamente apunta al hecho de que el dolor es determinante en muchas ocasiones respecto a cómo se encara la vida y qué puede paralizar o aniquilar la esperanza en el porvenir.
Los hombres y mujeres cuyas vidas han sido pisoteadas por la tragedia y el sufrimiento a veces se soportan en ello para avanzar, para incrementar su valentía y fortaleza, y con coraje continúan caminando aferrándose a la creencia íntima de que como dice la canción "cuando más oscurece es por que va a amanecer", a pesar de que el infortunio les siga acompañando como perro faldero; estas personas, silenciosamente son testimonio y fuente de esperanza para otras, inclusive a veces con su forma optimista de caminar motivan a otras a creer y a esforzarse por lograr la bienaventuranza; otras veces, las personas heridas por la desventura se dejan caer en ella por inercia y antes que aferrarse a ninguna ilusión, deciden o aceptan dejarse llevar por lo catastrófico y en ese sentido anticipándose a que ninguna puerta se abre para ell@s o a que el éxito no les fue destinado, se llenan de malos sentimientos y permiten que éstos florezcan perjudicándoles aún más o convirtiéndose en fuentes de desaliento y hasta daño para su entorno. Seres human@s que en algunas culturas o inculturas son llamadas y tratadas como desechables, personas que no han tenido oportunidades y que gradualmente son más desafortunad@s, más lastimad@s, más víctimas, en algunos casos también más victimarios; y en lo más íntimo de su ser lo que requieren como salvación es amor, vertido en abrazos, en caricias, en sonrisas, en oportunidades, en palabras, en satisfacción de sus necesidades, en consecución de sus ideales; pero en este mundo materialista en el que vivimos, en el cual cada un@ lleva su paso acelerado y ajeno a las necesidades del (de la) otr@, no es fácil hallar respuestas, por el contrario se encuentra la negación y carencia de entrega a l@s demás, por ende el panorama tiene una gran faceta gris; aunque definitivamente hay esperanza y empieza por cada un@ de nosotr@s como responsables de ser amor para cada ser human@ que encontremos en la vida.
Cierro y procuro dar forma al título de esta entrada haciendo énfasis en que la desgracia afecta las raíces de la credulidad, pero no sólo en Dios o en lo divino, atenta contra la capacidad de creer en si mism@s, en l@s otr@s, en la fortuna, en el amor, en los sueños y en las bellas realidades, pero que el camino no termina ahí, hay nuevos horizontes de buenas promesas, de alegrías, y es nuestro deber humano retornar a la confianza, buscar esos escenarios, construirlos y contribuir para que otras personas puedan conocerlos y vivirlos, ya que la vida tiene sentido si somos bendición para nosotr@s mism@s y para quienes nos rodean.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
La vida de algunas personas pareciera estar marcada por la fatalidad. Hay quienes han nacido en condiciones extremas de marginalidad, recibidos en el mundo por el rechazo y la carencia de afecto, van transitando siempre entre tropiezos, luchando como modus operandi para subsistir, viviendo y menos que eso sobreviviendo, enfrentando fracasos, obstáculos como destinados de contera a la zozobra de cualquier mal inesperado, o peor aún esperando siempre un nuevo revés. Otras personas si bien no han visto sus vidas marcadas por las situaciones permanentes deplorables, de repente se ven sorprendidas por algún evento que les trastorna por completo, la pérdida de un ser querido por ejemplo. Ésto que menciono por supuesto no es exhaustivo en cuanto a lo que puede ser el dolor y lejos está de acercarse a la magnitud de ese sentimiento o de las situaciones que pueden desatarlo, sencillamente apunta al hecho de que el dolor es determinante en muchas ocasiones respecto a cómo se encara la vida y qué puede paralizar o aniquilar la esperanza en el porvenir.
Los hombres y mujeres cuyas vidas han sido pisoteadas por la tragedia y el sufrimiento a veces se soportan en ello para avanzar, para incrementar su valentía y fortaleza, y con coraje continúan caminando aferrándose a la creencia íntima de que como dice la canción "cuando más oscurece es por que va a amanecer", a pesar de que el infortunio les siga acompañando como perro faldero; estas personas, silenciosamente son testimonio y fuente de esperanza para otras, inclusive a veces con su forma optimista de caminar motivan a otras a creer y a esforzarse por lograr la bienaventuranza; otras veces, las personas heridas por la desventura se dejan caer en ella por inercia y antes que aferrarse a ninguna ilusión, deciden o aceptan dejarse llevar por lo catastrófico y en ese sentido anticipándose a que ninguna puerta se abre para ell@s o a que el éxito no les fue destinado, se llenan de malos sentimientos y permiten que éstos florezcan perjudicándoles aún más o convirtiéndose en fuentes de desaliento y hasta daño para su entorno. Seres human@s que en algunas culturas o inculturas son llamadas y tratadas como desechables, personas que no han tenido oportunidades y que gradualmente son más desafortunad@s, más lastimad@s, más víctimas, en algunos casos también más victimarios; y en lo más íntimo de su ser lo que requieren como salvación es amor, vertido en abrazos, en caricias, en sonrisas, en oportunidades, en palabras, en satisfacción de sus necesidades, en consecución de sus ideales; pero en este mundo materialista en el que vivimos, en el cual cada un@ lleva su paso acelerado y ajeno a las necesidades del (de la) otr@, no es fácil hallar respuestas, por el contrario se encuentra la negación y carencia de entrega a l@s demás, por ende el panorama tiene una gran faceta gris; aunque definitivamente hay esperanza y empieza por cada un@ de nosotr@s como responsables de ser amor para cada ser human@ que encontremos en la vida.
Cierro y procuro dar forma al título de esta entrada haciendo énfasis en que la desgracia afecta las raíces de la credulidad, pero no sólo en Dios o en lo divino, atenta contra la capacidad de creer en si mism@s, en l@s otr@s, en la fortuna, en el amor, en los sueños y en las bellas realidades, pero que el camino no termina ahí, hay nuevos horizontes de buenas promesas, de alegrías, y es nuestro deber humano retornar a la confianza, buscar esos escenarios, construirlos y contribuir para que otras personas puedan conocerlos y vivirlos, ya que la vida tiene sentido si somos bendición para nosotr@s mism@s y para quienes nos rodean.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
domingo, 17 de octubre de 2010
La Desconfianza
Me gusta escribir por muchas razones, una de ellas y quizá es la que da origen a mi blog, es que me facilita aclarar mis propias ideas sobre los diferentes temas de la vida, acercarme a lo que pienso y a partir de ello poder determinar caminos a seguir. Sucede que a veces ante una situación determinada en el cerebro se aglomeran una gran serie de ideas y al momento de decidir pareciera que todas salen en estampida y por más que se haya meditado en esa área una y otra vez, en ese instante ocurre un bloqueo y con ello la probabilidad de que se tome una vía no acorde con las verdaderas convicciones que se tienen. Esta simple reflexión motiva muchas veces la elección de mi tema del mes, encontrarme en alguna encrucijada y urgirme encontrar un trayecto posible; en esta ocasión la vida me ha puesto en frente la oportunidad o el desafío de confiar y lo primero que sentí fue una gran ola de pánico, deseo de correr sin mirar atrás o de regresar corriendo y abrazar esa oportunidad, miedo, alegría, tristeza, necesidad de escribir para acercarme a mi verdad.
Hace unos días escribí sobre la confianza y entre otras fuentes de inspiración tome lo que dice la Real Academia de la Lengua Española; en esta oportunidad para hablar de su opuesto, la desconfianza, quise hacer lo mismo y para mi sorpresa lo único que dice el magno diccionario es que la desconfianza, es la falta de confianza; En principio esto no me dijo mucho pero a la postre me ha dirigido a encontrar mi propia idea de la desconfianza.
Si la confianza consiste en entregar algo de si al otro atendiendo a una buena fe inicial y a la opinión que se ha construido y se continúa construyendo del tercero, o como lo esbocé yo, si es entregar una primera gran porción de un 50% de credibilidad e ir liberando gradualmente la otra mitad a medida que se avanza en la relación; la desconfianza entonces, denota una afectación de la capacidad de entregarse al (a la) otr@ o a lo desconocido, surgida como resultado de la poca confiabilidad que han demostrado l@s tercer@s; es decir que mientras que en la confianza el camino empieza desde cada cual, es un acto transparente de buena fe que se alimenta de la buena fe del (de la) otr@, en la desconfianza, el camino se invierte y empieza con la exigencia de que el otro u otra demuestre que es confiable, es decir que haga méritos para lograr su 50%, antes de empezar a recibir votos de confianza. En la primero se parte de la inocencia de creer en la bondad externa; en la segunda se parte del terror de que la confianza sea denigrada.
Cuando la confianza ha sido lastimada es difícil extender la buena fe propia, entregarse sin más y esperar lo mejor; contrario a esto, la desconfianza sepulta la buena fe, disminuye la capacidad de entrega y hace temer lo peor. Quienes traicionan quizá nunca dimensionan el gran daño espiritual que causan, si lo hicieran de seguro habría menos trasgresiones; eso me lleva a reflexionar en un segundo aspecto, y es que, muchas veces quien traiciona lo hace sin meditar en lo que está haciendo, lo hace y ya, y después ve con sorpresa la catástrofe que causó y en esos casos muchas veces termina siendo víctima de su propia traición, uno, por que pierde la confianza de la otra persona y dos, por que pierde la confianza en si mismo, en su valía como ser confiable, pienso que es posible que quien ha traicionado también quede marcado con un inmenso terror a buscar la confianza de alguien por el temor a traicionar nuevamente; puede estatuirse en sí una profunda auto desconfianza en la capacidad de corresponder a la confianza, por miedo a reincidir en la traición.
Lo dicho hasta aquí, me lleva a una tercera idea y es que siendo la traición algo tan nocivo, puede extraerse de ella importantes lecciones; para quien la recibe, en la medida en que pule su forma de confiar y entregarse, otorgándole mayor prudencia y astucia; para quien la ha cometido; siempre que quiera aprehenderlo; enseñándole a ser cauteloso y delicado con los sentimientos ajenos y detallista con los propios y con los pequeños actos que silenciosamente pueden conducir a una traición. A las dos partes puede enseñarles que es bueno y factible superar la traición sufrida o cometida, y que vale la pena volver a confiar y arriesgarse a ser feliz.
Y pregunto: ¿Quieres asumir el desafío de confiar en l@s demás y simultáneamente ser dign@ de confianza?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Hace unos días escribí sobre la confianza y entre otras fuentes de inspiración tome lo que dice la Real Academia de la Lengua Española; en esta oportunidad para hablar de su opuesto, la desconfianza, quise hacer lo mismo y para mi sorpresa lo único que dice el magno diccionario es que la desconfianza, es la falta de confianza; En principio esto no me dijo mucho pero a la postre me ha dirigido a encontrar mi propia idea de la desconfianza.
Si la confianza consiste en entregar algo de si al otro atendiendo a una buena fe inicial y a la opinión que se ha construido y se continúa construyendo del tercero, o como lo esbocé yo, si es entregar una primera gran porción de un 50% de credibilidad e ir liberando gradualmente la otra mitad a medida que se avanza en la relación; la desconfianza entonces, denota una afectación de la capacidad de entregarse al (a la) otr@ o a lo desconocido, surgida como resultado de la poca confiabilidad que han demostrado l@s tercer@s; es decir que mientras que en la confianza el camino empieza desde cada cual, es un acto transparente de buena fe que se alimenta de la buena fe del (de la) otr@, en la desconfianza, el camino se invierte y empieza con la exigencia de que el otro u otra demuestre que es confiable, es decir que haga méritos para lograr su 50%, antes de empezar a recibir votos de confianza. En la primero se parte de la inocencia de creer en la bondad externa; en la segunda se parte del terror de que la confianza sea denigrada.
Cuando la confianza ha sido lastimada es difícil extender la buena fe propia, entregarse sin más y esperar lo mejor; contrario a esto, la desconfianza sepulta la buena fe, disminuye la capacidad de entrega y hace temer lo peor. Quienes traicionan quizá nunca dimensionan el gran daño espiritual que causan, si lo hicieran de seguro habría menos trasgresiones; eso me lleva a reflexionar en un segundo aspecto, y es que, muchas veces quien traiciona lo hace sin meditar en lo que está haciendo, lo hace y ya, y después ve con sorpresa la catástrofe que causó y en esos casos muchas veces termina siendo víctima de su propia traición, uno, por que pierde la confianza de la otra persona y dos, por que pierde la confianza en si mismo, en su valía como ser confiable, pienso que es posible que quien ha traicionado también quede marcado con un inmenso terror a buscar la confianza de alguien por el temor a traicionar nuevamente; puede estatuirse en sí una profunda auto desconfianza en la capacidad de corresponder a la confianza, por miedo a reincidir en la traición.
Lo dicho hasta aquí, me lleva a una tercera idea y es que siendo la traición algo tan nocivo, puede extraerse de ella importantes lecciones; para quien la recibe, en la medida en que pule su forma de confiar y entregarse, otorgándole mayor prudencia y astucia; para quien la ha cometido; siempre que quiera aprehenderlo; enseñándole a ser cauteloso y delicado con los sentimientos ajenos y detallista con los propios y con los pequeños actos que silenciosamente pueden conducir a una traición. A las dos partes puede enseñarles que es bueno y factible superar la traición sufrida o cometida, y que vale la pena volver a confiar y arriesgarse a ser feliz.
Y pregunto: ¿Quieres asumir el desafío de confiar en l@s demás y simultáneamente ser dign@ de confianza?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
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lunes, 11 de octubre de 2010
La Confianza
Reiteradamente sostenía una polémica ideológica y axiológica con una persona; que en adelante llamaré T (para no dar lugar a confusiones, pues no falta quien piense que T, significa tonto, o, testarudo, terco, tarado, trucho, timorato; aclaro desde ya, que al efecto sólo es Traidor), en cuanto a, qué era la confianza, cuál su contenido, su valía y su medida.
T, sostenía que la confianza era un valor universal cuyo 100% está naturalmente en manos de cada ser human@, siendo ilegítimo mirar con recelo a quien no se conoce, dado que al no existir indicios ni a favor ni en contra debía presumirse su total confiabilidad, bajo la plena convicción de buena fe, en su buena fe, valga la redundancia. En consonancia alegaba T, que inclusive era lógico casi deseable dejar sendos elementos facilitadores de la traición en manos del(a) otr@) bajo el convencimiento de que no habrá transgresión a la confianza ni menoscabo de ningún derecho; bajo este enunciado se invitaría a un propietario a dejar su negocio abierto al público durante la noche y sin ninguna vigilancia, bajo el entendido de que quienes ingresen mirarán la mercadería, tomaron lo deseado dejando eso si el dinero correspondiente y que nadie hurtará nada.
A mi vez, sostenía (y casi siempre ese “sostenía” culminaba en una discusión airada y sentimental, como cuando se habla de religión o política), que la confianza en verdad es un valor universal cuyo 100% está naturalmente repartido en mitades entre quien confía y quien busca ser reconocido como confiable. Argüía yo, que cuando dos seres human@s se encuentran, cada un@ tiene un 50% de confianza frente al (a la) otr@ y el resto lo tiene la otra persona y que es en la interrelación que gradualmente esa confianza va liberándose y depositándose en el tercero, hasta que se puede llegar a afirmar sin lugar a dudas que es@ ser human@ es 100% confiable. Entiendo la confianza como una manifestación directa de la buena fe, pero no de la buena fe simple, sino de la buena fe creadora de derechos (mis colegas abogad@s saben con precisión de que hablo), donde no se confía ciegamente sino a partir de verdaderos elementos de juicio que permiten inferir lógicamente que hay razones para hacerlo. En mi concepto de confianza queda bien el refrán popular “Más vale la seguridad, que la policía”.
Ahora bien, la Real Academia Española, define la palabra confiar como: “Depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa. // Esperar con firmeza y seguridad” y la confianza como la: “Esperanza firme que se tiene de alguien o algo. // Pacto o convenio hecho oculta y reservadamente entre dos o más personas, particularmente si son tratantes o del comercio.”. Estas acepciones de las palabras en cita, me tranquilizan respecto a la propia, ya que identifico que no es descabellada, ni paranoica. Encuentro entonces que un equilibrio razonable para la confianza y el confiar está dado por la proporcionalidad entre la buena fe y la percepción que se va construyendo acerca de la persona en quien se depositará el bien valiosísimo de la confianza.
Es necesario confiar y atesorar con esperanza e inteligencia la confianza. Es necesario e inminente ser sagaces y perceptivos. La biblia lo erige con maestría en el evangelio de Mateo en el capítulo 10, versículo 16, donde invoca “Sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas”.
Mis debates irreconciliables con T, no pudieron continuar, pues terminó nuestra amistad. Tras nuestra accidentada o más bien muerta relación saqué dos importantes conclusiones: la primera, que es prudente de mi parte depositar a priori en el otro un valioso 50% de confianza y esperar para ir ofreciendo más a medida que avance la relación y con ella la credibilidad en cada un@; la segunda, que entregar a T un 50% de mi confianza fue excesivamente ingenuo y generoso con alguien que a priori era indigno de toda confianza.
Y pregunto: ¿Tienes la capacidad de confiar prudentemente en los demás?, ¿Alguien ha vulnerado la confianza que le depositaste?, ¿Puede otr@ ser human@ confiar en ti sin riesgo de equivocarse?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
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T, sostenía que la confianza era un valor universal cuyo 100% está naturalmente en manos de cada ser human@, siendo ilegítimo mirar con recelo a quien no se conoce, dado que al no existir indicios ni a favor ni en contra debía presumirse su total confiabilidad, bajo la plena convicción de buena fe, en su buena fe, valga la redundancia. En consonancia alegaba T, que inclusive era lógico casi deseable dejar sendos elementos facilitadores de la traición en manos del(a) otr@) bajo el convencimiento de que no habrá transgresión a la confianza ni menoscabo de ningún derecho; bajo este enunciado se invitaría a un propietario a dejar su negocio abierto al público durante la noche y sin ninguna vigilancia, bajo el entendido de que quienes ingresen mirarán la mercadería, tomaron lo deseado dejando eso si el dinero correspondiente y que nadie hurtará nada.
A mi vez, sostenía (y casi siempre ese “sostenía” culminaba en una discusión airada y sentimental, como cuando se habla de religión o política), que la confianza en verdad es un valor universal cuyo 100% está naturalmente repartido en mitades entre quien confía y quien busca ser reconocido como confiable. Argüía yo, que cuando dos seres human@s se encuentran, cada un@ tiene un 50% de confianza frente al (a la) otr@ y el resto lo tiene la otra persona y que es en la interrelación que gradualmente esa confianza va liberándose y depositándose en el tercero, hasta que se puede llegar a afirmar sin lugar a dudas que es@ ser human@ es 100% confiable. Entiendo la confianza como una manifestación directa de la buena fe, pero no de la buena fe simple, sino de la buena fe creadora de derechos (mis colegas abogad@s saben con precisión de que hablo), donde no se confía ciegamente sino a partir de verdaderos elementos de juicio que permiten inferir lógicamente que hay razones para hacerlo. En mi concepto de confianza queda bien el refrán popular “Más vale la seguridad, que la policía”.
Ahora bien, la Real Academia Española, define la palabra confiar como: “Depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa. // Esperar con firmeza y seguridad” y la confianza como la: “Esperanza firme que se tiene de alguien o algo. // Pacto o convenio hecho oculta y reservadamente entre dos o más personas, particularmente si son tratantes o del comercio.”. Estas acepciones de las palabras en cita, me tranquilizan respecto a la propia, ya que identifico que no es descabellada, ni paranoica. Encuentro entonces que un equilibrio razonable para la confianza y el confiar está dado por la proporcionalidad entre la buena fe y la percepción que se va construyendo acerca de la persona en quien se depositará el bien valiosísimo de la confianza.
Es necesario confiar y atesorar con esperanza e inteligencia la confianza. Es necesario e inminente ser sagaces y perceptivos. La biblia lo erige con maestría en el evangelio de Mateo en el capítulo 10, versículo 16, donde invoca “Sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas”.
Mis debates irreconciliables con T, no pudieron continuar, pues terminó nuestra amistad. Tras nuestra accidentada o más bien muerta relación saqué dos importantes conclusiones: la primera, que es prudente de mi parte depositar a priori en el otro un valioso 50% de confianza y esperar para ir ofreciendo más a medida que avance la relación y con ella la credibilidad en cada un@; la segunda, que entregar a T un 50% de mi confianza fue excesivamente ingenuo y generoso con alguien que a priori era indigno de toda confianza.
Y pregunto: ¿Tienes la capacidad de confiar prudentemente en los demás?, ¿Alguien ha vulnerado la confianza que le depositaste?, ¿Puede otr@ ser human@ confiar en ti sin riesgo de equivocarse?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
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jueves, 30 de septiembre de 2010
Hoy Seré Más Bell@
Hablar de la belleza insisto puedo resultarle vano a muchas personas y a otras un poco pueril y tonto; es algo curioso si observamos que gran parte o toda nuestra existencia gira en torno de la belleza y que reconociéndolo o no, cada un@ estamos en continua persecución de alcanzarla y hasta poseerla como parte de nuestra vida y entorno.
¿Es posible incrementar la belleza, ser más bell@s?, ¿Es positivo perseguir ser más bell@s? yo pienso que si, pero debo volver a lo dicho al hablar de las mujeres bellas, para marcar nuevamente que la base fundamental en este tema tan personal y tan social simultáneamente, es primero, partir del hecho de que no existe una forma única de belleza, no son hermos@s los hombres y mujeres de X o Y características, sino que la belleza es plural, diversa, imposible de contener en estereotipos limitados y que en consecuencia el que es bell@ tiene una respuesta enorme e ilimitada circunscrita a los gustos de cada cual; y segundo, arriesgarse amorosamente a encontrar la propia belleza, avanzar en ese camino sinuoso que ha marcado nuestra sociedad y cultura de consumo, ir desvistiendo ese(a) ser human@ que somos y encontrar en la desnudez de nuestro ser, en esa ausencia de ornamentos la propia hermosura, con las limitaciones y fortalezas, con los detallitos que nos gustan y no, con esos aspectos que nos hacen deseables e indeseables, reencontrarnos como ese(a) ser bell@ que creo el universo, con sus características únicas y su gran capacidad de ser mejor día a día.
Antes de avanzar necesito complementar el tema de este mes refiriendo dos características que estimo intrínsecas a las personas bellas, éstas son, la entrega a l@s otr@s y la tolerancia. Una persona hermosa necesariamente se preocupa y ocupa de l@s otr@s seres human@s; se interesa y trabaja por mejorar el mundo en su vida cotidiana; ayuda desde su área particular a que l@s otr@s sean más felices. Es por supuesto también, una persona de mente amplia y abierta a las diferencias; con capacidad suficiente para amar y aceptarse a sí misma y a l@s demás con las virtudes y falencias que tengan; un ser human@ que se entrega y comparte con l@s otr@s superando las distancias reales o creadas, como las clases sociales, los niveles culturales, la raza, el género, el sexo, la edad, las religiones, las inclinaciones filosóficas y políticas, las cualidades y defectos que integran a cada persona en su condición humana.
Y retomando el tema de hoy, advierto que si se mira el interior de cada un@ con sinceridad se podrá encontrar permanentemente aspectos que son susceptibles de mejorar y que trabajando en ellos se construirá, potenciará y fortalecerá la belleza que se tiene. Estoy convencida de que es válido totalmente, perseguir y aspirar a poseer un grado mayor de hermosura cada día. Para ello es inminente dedicarse al autoconocimiento y el autocuidado; atender cada día el cuerpo que alberga nuestro espíritu, hacer deporte, comer bien, proporcionarle generosos placeres y diversiones; destinar tiempo a leer y formar el espíritu y el intelecto, no sólo con textos académicos, también con otros que se suponen fuera de esta categoría pero que arrancan risas y lágrimas, mientras forman sin necesidad de presentar pesadas teorías; tomar con conciencia tiempo para compartir con los otr@s, para enseñar y aprender en la interacción, para dar y recibir, prodigar y aceptar el amor. Es válido y necesario mirar quien se es y trabajar con entusiasmo y consagración en ser mejor, y salir cada día anunciando con confianza y certeza en cada paso: “Aquí va un(a) hermos@ ser human@, desfila plácidamente, luciendo su mejor versión de sí mism@”.
Concluyo invitándonos a disfrutar y potenciar la belleza. Pregunto: ¿Qué aspectos físicos y espirituales quieres y/o necesitas mejorar para ser más bell@?, y nos dejo el reto de dedicarnos cada día a trabajar en ello para ser más bell@s cada día.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
¿Es posible incrementar la belleza, ser más bell@s?, ¿Es positivo perseguir ser más bell@s? yo pienso que si, pero debo volver a lo dicho al hablar de las mujeres bellas, para marcar nuevamente que la base fundamental en este tema tan personal y tan social simultáneamente, es primero, partir del hecho de que no existe una forma única de belleza, no son hermos@s los hombres y mujeres de X o Y características, sino que la belleza es plural, diversa, imposible de contener en estereotipos limitados y que en consecuencia el que es bell@ tiene una respuesta enorme e ilimitada circunscrita a los gustos de cada cual; y segundo, arriesgarse amorosamente a encontrar la propia belleza, avanzar en ese camino sinuoso que ha marcado nuestra sociedad y cultura de consumo, ir desvistiendo ese(a) ser human@ que somos y encontrar en la desnudez de nuestro ser, en esa ausencia de ornamentos la propia hermosura, con las limitaciones y fortalezas, con los detallitos que nos gustan y no, con esos aspectos que nos hacen deseables e indeseables, reencontrarnos como ese(a) ser bell@ que creo el universo, con sus características únicas y su gran capacidad de ser mejor día a día.
Antes de avanzar necesito complementar el tema de este mes refiriendo dos características que estimo intrínsecas a las personas bellas, éstas son, la entrega a l@s otr@s y la tolerancia. Una persona hermosa necesariamente se preocupa y ocupa de l@s otr@s seres human@s; se interesa y trabaja por mejorar el mundo en su vida cotidiana; ayuda desde su área particular a que l@s otr@s sean más felices. Es por supuesto también, una persona de mente amplia y abierta a las diferencias; con capacidad suficiente para amar y aceptarse a sí misma y a l@s demás con las virtudes y falencias que tengan; un ser human@ que se entrega y comparte con l@s otr@s superando las distancias reales o creadas, como las clases sociales, los niveles culturales, la raza, el género, el sexo, la edad, las religiones, las inclinaciones filosóficas y políticas, las cualidades y defectos que integran a cada persona en su condición humana.
Y retomando el tema de hoy, advierto que si se mira el interior de cada un@ con sinceridad se podrá encontrar permanentemente aspectos que son susceptibles de mejorar y que trabajando en ellos se construirá, potenciará y fortalecerá la belleza que se tiene. Estoy convencida de que es válido totalmente, perseguir y aspirar a poseer un grado mayor de hermosura cada día. Para ello es inminente dedicarse al autoconocimiento y el autocuidado; atender cada día el cuerpo que alberga nuestro espíritu, hacer deporte, comer bien, proporcionarle generosos placeres y diversiones; destinar tiempo a leer y formar el espíritu y el intelecto, no sólo con textos académicos, también con otros que se suponen fuera de esta categoría pero que arrancan risas y lágrimas, mientras forman sin necesidad de presentar pesadas teorías; tomar con conciencia tiempo para compartir con los otr@s, para enseñar y aprender en la interacción, para dar y recibir, prodigar y aceptar el amor. Es válido y necesario mirar quien se es y trabajar con entusiasmo y consagración en ser mejor, y salir cada día anunciando con confianza y certeza en cada paso: “Aquí va un(a) hermos@ ser human@, desfila plácidamente, luciendo su mejor versión de sí mism@”.
Concluyo invitándonos a disfrutar y potenciar la belleza. Pregunto: ¿Qué aspectos físicos y espirituales quieres y/o necesitas mejorar para ser más bell@?, y nos dejo el reto de dedicarnos cada día a trabajar en ello para ser más bell@s cada día.
Verónyka Santamaría
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martes, 28 de septiembre de 2010
La Belleza Masculina
He conocido un número indeterminado de hombres en mi vida, empezando por mi padre, pasando por mis maestros, mis amigos y otros que han fungido como pareja o simulacros de pareja. He conocido muchos hombres y poquísimos de ellos podrían ser calificados de bellos, o por que su belleza física no era especialmente sobresaliente o por que su espíritu y carácter eran minúsculos o por que no tenían ni lo uno, ni lo otro.
Un hombre bello, es bello desde su espíritu, es bello desde el alma y es bello en cada manifestación de su voluntad. Un hombre bello, es sin lugar a dudas un ser integral. Cuando un varón tiene la belleza en su esencia, la reflejará en cada momento de su vida, en cada acto público o privado, en cada palabra, en cada silencio, en su mirada, en sus decisiones, en su cuerpo, en sus triunfos y en sus derrotas, en su manera de amar y aún cuando no ame.
El hombre bello, como la mujer bella, es una construcción autodidacta y en permanente aprendizaje de su entorno, siempre inconclusa y dinámica, siempre en creación y recreación.
Un hombre pleno de belleza es aquel que se ama y que amándose ama a l@s demás. Es un hombre que cuida y respeta su cuerpo y su espíritu; es un hombre que cuida y respeta el cuerpo y espíritu de cada persona que atraviesa en su vida. Se ocupa con mesura de su imagen personal, no por ganarse el apelativo moderno de metrosexual, más bien sabiendo que ella refleja la integridad y entereza que posee como ser humano. Es una persona con oídos dispuestos para escuchar con tierno y dulce entendimiento, acaso con sincera inexperiencia e ingenuidad, con impotencia quizá, pero siempre con paciencia y loable entrega. Es generoso con sus palabras de amor, con las explicaciones, con las razones, con los consejos, el consuelo y la fortaleza. Es un soñador y un ingeniero construyendo maravillosas realidades. Un hombre bello, sabe proteger sin convertirse en padre eterno, sabe recibir protección sin acomodarse en carga ni en hijo perpetuo. Tiene a la verdad como su único idioma posible, no contamina sus labios con besos y promesas falsas, tampoco con mentiras convenientes. No despilfarra su cuerpo por aprovechar cualquier oportunidad tendida, no es víctima sujeta de su virilidad y también sabe negar su hombría. Sabe salir en silencio o por la puerta de atrás, no requiere ser protagonista siempre, le vasta con protagonizar con conciencia su propia historia. No necesita ser bendito entre las mujeres, le basta con llevar a la gloria a aquellas que ama. De igual manera valora a todas las mujeres, sabiéndolas humanas, iguales; por ello entiende, persigue y vive en su día a día la igualdad de género. Sabe compartir sus bienes sin convertirlos en instrumentos de sujeción o intercambio humano; tiene también la sabiduría precisa para identificar cuando lo que es apreciado en él es su poderío económico y por respeto a sí mismo y al otro u otra, no se vende a cambio de algunos favores eróticos o emocionales. Por demás está decir, que es leal, no traiciona, sabe agradecer y conoce perfectamente que los servicios y atenciones que recibe no son respuestas naturales a su existencia y que el mundo no gira en torno de sí; es cortés y gallardo aún cuando no persiga encuentros sexuales u otras dádivas y aún cuando las haya conseguido. Al hombre bello su belleza y su masculinidad no le cuelgan en medio de las piernas, están enraizadas en cada milímetro de su cuerpo y su ser entero. Y vuelvo por donde empecé, puesto que allí está la génesis de la belleza masculina, un hombre bello es aquel que se ama y que fruto de ello sabe amar a los otros hombres y a las mujeres.
Concluyo invitándonos de nuevo a reflexionar sobre las preferencias y gustos más íntimos y preguntando: si eres hombre, ¿Qué elementos físicos y espirituales integran tu belleza?, y si eres mujer, ¿Qué encuentras bello física y espiritualmente en un hombre?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Un hombre bello, es bello desde su espíritu, es bello desde el alma y es bello en cada manifestación de su voluntad. Un hombre bello, es sin lugar a dudas un ser integral. Cuando un varón tiene la belleza en su esencia, la reflejará en cada momento de su vida, en cada acto público o privado, en cada palabra, en cada silencio, en su mirada, en sus decisiones, en su cuerpo, en sus triunfos y en sus derrotas, en su manera de amar y aún cuando no ame.
El hombre bello, como la mujer bella, es una construcción autodidacta y en permanente aprendizaje de su entorno, siempre inconclusa y dinámica, siempre en creación y recreación.
Un hombre pleno de belleza es aquel que se ama y que amándose ama a l@s demás. Es un hombre que cuida y respeta su cuerpo y su espíritu; es un hombre que cuida y respeta el cuerpo y espíritu de cada persona que atraviesa en su vida. Se ocupa con mesura de su imagen personal, no por ganarse el apelativo moderno de metrosexual, más bien sabiendo que ella refleja la integridad y entereza que posee como ser humano. Es una persona con oídos dispuestos para escuchar con tierno y dulce entendimiento, acaso con sincera inexperiencia e ingenuidad, con impotencia quizá, pero siempre con paciencia y loable entrega. Es generoso con sus palabras de amor, con las explicaciones, con las razones, con los consejos, el consuelo y la fortaleza. Es un soñador y un ingeniero construyendo maravillosas realidades. Un hombre bello, sabe proteger sin convertirse en padre eterno, sabe recibir protección sin acomodarse en carga ni en hijo perpetuo. Tiene a la verdad como su único idioma posible, no contamina sus labios con besos y promesas falsas, tampoco con mentiras convenientes. No despilfarra su cuerpo por aprovechar cualquier oportunidad tendida, no es víctima sujeta de su virilidad y también sabe negar su hombría. Sabe salir en silencio o por la puerta de atrás, no requiere ser protagonista siempre, le vasta con protagonizar con conciencia su propia historia. No necesita ser bendito entre las mujeres, le basta con llevar a la gloria a aquellas que ama. De igual manera valora a todas las mujeres, sabiéndolas humanas, iguales; por ello entiende, persigue y vive en su día a día la igualdad de género. Sabe compartir sus bienes sin convertirlos en instrumentos de sujeción o intercambio humano; tiene también la sabiduría precisa para identificar cuando lo que es apreciado en él es su poderío económico y por respeto a sí mismo y al otro u otra, no se vende a cambio de algunos favores eróticos o emocionales. Por demás está decir, que es leal, no traiciona, sabe agradecer y conoce perfectamente que los servicios y atenciones que recibe no son respuestas naturales a su existencia y que el mundo no gira en torno de sí; es cortés y gallardo aún cuando no persiga encuentros sexuales u otras dádivas y aún cuando las haya conseguido. Al hombre bello su belleza y su masculinidad no le cuelgan en medio de las piernas, están enraizadas en cada milímetro de su cuerpo y su ser entero. Y vuelvo por donde empecé, puesto que allí está la génesis de la belleza masculina, un hombre bello es aquel que se ama y que fruto de ello sabe amar a los otros hombres y a las mujeres.
Concluyo invitándonos de nuevo a reflexionar sobre las preferencias y gustos más íntimos y preguntando: si eres hombre, ¿Qué elementos físicos y espirituales integran tu belleza?, y si eres mujer, ¿Qué encuentras bello física y espiritualmente en un hombre?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Una Mujer Bella
Su cabello es negro, castaño oscuro para ser más precisa; un poco rizado como aquellos que no pueden ser catalogados ni de crespos ni de lacios, no cae en perfectos y definidos bucles, cae simplemente por efecto de la gravedad y el peso de su extensión, hasta la altura de su pecho; es hermoso, sedoso y brillante. Su piel es blanquísima, tan suave y delicada como la porcelana más exquisita. En vastas zonas de su anatomía se pueden encontrar tramos perfectamente cubiertos de largos bellos, en sus piernas, en sus brazos; no siempre se depila, uno, por que no es esclava del glamour y los preceptos estéticos que obligan a una mujer a limitar sus pelos a la cabeza, las pestañas y las cejas, y dos, por que así la moda diga que los vellos en las mujeres son feos, a ella silenciosamente no le disgustan, es más disfruta acariciarlos y sentir la suavidad en sus manos al recorrerlos. Su cuerpo se inclina a ser delgado, pero yo diría que es mediano, no tiene profundas curvas pronunciadas, ni nada en él que sea especialmente voluptuoso, y aunque he disfrutado contemplando su desnudez jamás la he visto lucir a la vista una prenda que resalte o insinúe siquiera algo sensual o sexual en su figura, más bien, siempre luce discreta, sin escotes, altos estiletes, ni telas ceñidas. Su rostro es de forma redondeada, su sonrisa y sus ojos oscuros tienen un brillo inocente aniñado que parece que estará en ellos indefinidamente pues persiste aunque ella ya no es una niña inocente. No tiene la nariz, ni la boca perfecta y usa lentes todo el tiempo, no por que sea fashion, los usa para sobrellevar sus deficiencias visuales. Su carácter es dulce y suave, no llama la atención en demasía, no habla en exceso, no dice los mejores chistes aunque si disfruta y ríe sin mesura con las ocurrencias de l@s otr@s. No es la mujer más brillante, ni la más sobresaliente, pero su inteligencia y sabiduría son sus grandes talentos intrínsecos, sin descontar esa natural capacidad que tiene de amar y acompañar a quienes ama. Esta es su descripción general, no me iré a esos detalles más íntimos como decir que posee unos bonitos pechos medianos con forma de pera, coronados por sublimes pezones rosados, y terminaré diciendo que es una maravillosa amiga, atesorada en mi país Colombia y que me hace extrañar esa tierra y desear de tanto en tanto regresar para dejar de perderme su invaluable y reconfortante amistad. Es una mujer bella, bella como pocas, bella más que muchas.
Cómo es una mujer bella? he estado meditando en esto desde la última entrada del blog y se agolpan en mi cabeza pedazos de respuesta que quieren quedar aquí plasmados, quiero ser imparcial al intentar definir la belleza femenina, pero de entrada debo admitir que mi entendimiento con seguridad está viciado por lo que cultural y socialmente me han vendido como parámetros de belleza y por lo que mi fuero interno encuentra atractivo.
En particular me causa repugnancia que los medios de comunicación sigan vendiendo la idea de que la mujer y el hombre bell@s son de una determinada forma y que den prevalencia a la raza blanca, los ojos claros, la estatura alta, los cuerpos delgados, la sonrisa clouse up y el look ultra moderno, siempre a la vanguardia de la moda. El hecho de que existan esos protocolos de belleza resulta absurdo cuando lo cierto es que l@s seres human@s somos tan divers@s; aunque lo más absurdo es que sigamos comprando estos figurines de la estética, no sólo por lo ilógico sino por que son devastadoras las consecuencias de tales falacias que se pretenden imponer como verdades.
Y en general y en contra sentido pienso que cada grupo racial tiene caracteres que lo hacen bello y singular, que lo hacen diferente y especial; y que por ende es un desatino pretender medir la belleza de cualquier mujer con los insanos estándares de calidad que impuso la industria de la moda y la cosmética, como puede juzgarse la belleza de una mujer indígena, o una oriental o una mestiza, si la tabla de medidas se diseñó pensando en la belleza de una mujer de raza blanca.
No iré más lejos en cuanto a lo físico, sólo les cuento que a partir de mucho lidiar y sufrir en carne propia los estándares de belleza, desde hace unos años he decidido ampliar mi mirada y para ello empecé por contemplar largamente mi imagen en el espejo procurando encontrar mi respuesta íntima sobre mi propia belleza, para responderme, si con mis centímetros de más y mis centímetros de menos soy hermosa o no, afortunadamente la respuesta poco a poco se ha ido alejando cada vez más de lo que se supone que yo debería ser para ser bella y en consecuencia gradualmente es más y más satisfactoria, antes le gustaba a muchos y muchas (por supuesto a otr@s no), pero ahora además de gustarle a otr@s, cada vez me gusto más, antes no me gustaba.
Simultáneamente me he dado a la tarea de contemplar a mujeres de diferentes características y me sorprende ver día a día a mujeres que antes ciegamente hubiese catalogado sin más de feas, mujeres morenas, gordas, flacas, nadadoras (nada por delante y nada por detrás), y muchas más, y me he dado cuenta por un lado, que en efecto la belleza es diversa por naturaleza así como los gustos son diversos y por otro, que es inminente la necesidad de que renunciemos y nos opongamos a la belleza de catálogo para que admiremos y disfrutemos la belleza en su espléndida pluralidad, esto lo digo por que sucede que la gente no sólo se niega a ver la belleza que no encaja en lo que se supone bello, sino que se siente avergonzada de no ser de esa manera o de gustar de otras cosas.
Para terminar, otro tema súper importante o más importante hablando de la belleza de las mujeres y que por supuesto en mi calidad de feminista no puedo dejar fuera es lo que se considera bello a nivel de género en una mujer. El ser hombre y el ser mujer se ha construido sobre una serie de preceptos también culturales que determinan como natural cosas que no siempre lo son. Hablando de mujeres a las chicas se les ha predeterminado una serie de cosas muy dulces, como la ternura, la delicadeza, la entrega, la bondad y otras cosas igualmente cándidas, así mismo otras de dudosa procedencia como la necesidad de protección, la indecisión, la tendencia al chisme o a los embustes, la vocación al sacrificio, el instinto maternal (que invento tan mal intencionado y cruel), entre otras.
Se supone que una mujer será más bella cuantas más y más marcadas tenga estas “cualidades” y lo será menos, entre menos tenga todos esos aditamentos que integran y construyen el ser femenina, el ser mujer; y esto lo que propicia es que muchas mujeres procuren llenar la medida que se espera de ellas y que se nieguen a ser simplemente la persona humana que son, con atributos desprovistos de género, y que al mismo tiempo sea juzgada erróneamente la belleza femenina, dándose por bello lo que simplemente es un estándar cultural y por desagradable lo que se sale de esos patrones.
Concluyo invitándonos a reflexionar sobre las preferencias y gustos más íntimos y preguntando: si eres mujer, ¿Qué elementos físicos y espirituales integran tu belleza?, y si eres hombre, ¿Qué encuentras bello física y espiritualmente en una mujer?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
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Cómo es una mujer bella? he estado meditando en esto desde la última entrada del blog y se agolpan en mi cabeza pedazos de respuesta que quieren quedar aquí plasmados, quiero ser imparcial al intentar definir la belleza femenina, pero de entrada debo admitir que mi entendimiento con seguridad está viciado por lo que cultural y socialmente me han vendido como parámetros de belleza y por lo que mi fuero interno encuentra atractivo.
En particular me causa repugnancia que los medios de comunicación sigan vendiendo la idea de que la mujer y el hombre bell@s son de una determinada forma y que den prevalencia a la raza blanca, los ojos claros, la estatura alta, los cuerpos delgados, la sonrisa clouse up y el look ultra moderno, siempre a la vanguardia de la moda. El hecho de que existan esos protocolos de belleza resulta absurdo cuando lo cierto es que l@s seres human@s somos tan divers@s; aunque lo más absurdo es que sigamos comprando estos figurines de la estética, no sólo por lo ilógico sino por que son devastadoras las consecuencias de tales falacias que se pretenden imponer como verdades.
Y en general y en contra sentido pienso que cada grupo racial tiene caracteres que lo hacen bello y singular, que lo hacen diferente y especial; y que por ende es un desatino pretender medir la belleza de cualquier mujer con los insanos estándares de calidad que impuso la industria de la moda y la cosmética, como puede juzgarse la belleza de una mujer indígena, o una oriental o una mestiza, si la tabla de medidas se diseñó pensando en la belleza de una mujer de raza blanca.
No iré más lejos en cuanto a lo físico, sólo les cuento que a partir de mucho lidiar y sufrir en carne propia los estándares de belleza, desde hace unos años he decidido ampliar mi mirada y para ello empecé por contemplar largamente mi imagen en el espejo procurando encontrar mi respuesta íntima sobre mi propia belleza, para responderme, si con mis centímetros de más y mis centímetros de menos soy hermosa o no, afortunadamente la respuesta poco a poco se ha ido alejando cada vez más de lo que se supone que yo debería ser para ser bella y en consecuencia gradualmente es más y más satisfactoria, antes le gustaba a muchos y muchas (por supuesto a otr@s no), pero ahora además de gustarle a otr@s, cada vez me gusto más, antes no me gustaba.
Simultáneamente me he dado a la tarea de contemplar a mujeres de diferentes características y me sorprende ver día a día a mujeres que antes ciegamente hubiese catalogado sin más de feas, mujeres morenas, gordas, flacas, nadadoras (nada por delante y nada por detrás), y muchas más, y me he dado cuenta por un lado, que en efecto la belleza es diversa por naturaleza así como los gustos son diversos y por otro, que es inminente la necesidad de que renunciemos y nos opongamos a la belleza de catálogo para que admiremos y disfrutemos la belleza en su espléndida pluralidad, esto lo digo por que sucede que la gente no sólo se niega a ver la belleza que no encaja en lo que se supone bello, sino que se siente avergonzada de no ser de esa manera o de gustar de otras cosas.
Para terminar, otro tema súper importante o más importante hablando de la belleza de las mujeres y que por supuesto en mi calidad de feminista no puedo dejar fuera es lo que se considera bello a nivel de género en una mujer. El ser hombre y el ser mujer se ha construido sobre una serie de preceptos también culturales que determinan como natural cosas que no siempre lo son. Hablando de mujeres a las chicas se les ha predeterminado una serie de cosas muy dulces, como la ternura, la delicadeza, la entrega, la bondad y otras cosas igualmente cándidas, así mismo otras de dudosa procedencia como la necesidad de protección, la indecisión, la tendencia al chisme o a los embustes, la vocación al sacrificio, el instinto maternal (que invento tan mal intencionado y cruel), entre otras.
Se supone que una mujer será más bella cuantas más y más marcadas tenga estas “cualidades” y lo será menos, entre menos tenga todos esos aditamentos que integran y construyen el ser femenina, el ser mujer; y esto lo que propicia es que muchas mujeres procuren llenar la medida que se espera de ellas y que se nieguen a ser simplemente la persona humana que son, con atributos desprovistos de género, y que al mismo tiempo sea juzgada erróneamente la belleza femenina, dándose por bello lo que simplemente es un estándar cultural y por desagradable lo que se sale de esos patrones.
Concluyo invitándonos a reflexionar sobre las preferencias y gustos más íntimos y preguntando: si eres mujer, ¿Qué elementos físicos y espirituales integran tu belleza?, y si eres hombre, ¿Qué encuentras bello física y espiritualmente en una mujer?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
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jueves, 9 de septiembre de 2010
La Belleza
Qué es la belleza? Lo definiría simplemente como la característica que en esencia tienen algunas cosas, situaciones o personas, que hace que causen una impresión positiva en el espíritu de l@s otr@s. Es ese toque especial descriptible o indescriptible que determina que algo sea atrayente para la percepción externa.
Este intento por definir en pocas palabras la belleza deja una franca puerta abierta a muchas cosas para ser catalogadas de bellas y es precisamente en ese sentido que se dirige mi definición de dicho atributo. El qué es bello? Tiene de por si una respuesta inmensa, difícilmente podría darse una respuesta univoca que determine que lo es o que no lo es, puesto que pareciera de hecho existir una conexión estética, simbólica, intrínseca entre el objeto juzgado en su hermosura y quien juzga en particular, pero no siempre así respecto de otr@s observador@s, de tal suerte que lo que es bello para alguien, para otra persona puede no serlo.
Sin embargo aunque nadie puede ni podrá afirmar sin riesgo a equivocarse o sin encontrar al instante opositores que es exactamente la belleza, o qué cosas, situaciones o personas son bellas, este tema es uno de los que más sufrimientos y desazones puede causar a quienes quieren ser bell@s o encontrar una pareja bella.
Empero ser dicha cualidad tan etérea y volátil, tan ambigua e indeterminada, y por ende imposible de catalogar con valores cerrados, negada de por si a las categorías absolutas; en nuestra cultura que de hecho es impositiva y arbitraria, dada a establecer conceptos puntuales, indiscutibles y definitivos sobre cada tema por personal e íntimo que sea, se ha dado lugar a que algun@s se permitan “enseñarnos” que es bello y que es carente de belleza, a que un@s poc@s maestr@s de la estética nos impartan su visión limitadísima sobre el tema y que sin mayores razonamientos o argumentos lógicos nos indiquen cuales son los parámetros válidos para medir (si es que es posible medir) el valor estético de algo o alguien.
Es necesario advertir que detrás del tema de la belleza hay muchos más de marketing que de emociones humanas naturales y por regla general los prototipos que se difunden como contenedores de alto valor estético poseen por encima de ese valor, un altísimo poder comercial, donde lo que importa no es la buena impresión que algo o alguien puede causar en quien aprecia sino qué es lo que se quiere vender; es decir que el foco de atención silenciosa e imperceptiblemente deja de orientarse al contenido de belleza y se centra antinaturalmente en un producto o servicio que se quiere promocionar, frente al cual la pretendida definición de belleza se acomoda utilitariamente y al gusto del vendedor.
Corolario de lo anterior, vivimos en una sociedad donde quienes venden nos amaestran en cuanto a que es lo debe ser deseable, de acuerdo a lo que previamente sus estrategias comerciales nos han enseñado desde nuestra más tierna infancia como lo que es hermoso y apetecible; dándose por descontado cualquier intento emancipatorio de contravenir dichas categorías, al ver bello lo que ya deberíamos tener interiorizado como feo o simplemente desprovisto de hermosura; inocuo, cuando no ofensivo estéticamente.
Es lacerante ser concientes de que no son pocas las ocasiones en que nuestro ser palpita al encontrarse con algo o alguien, debido a la belleza innombrable que le encontramos, y que muchas veces eso que nos hace palpitar no coincide o simplemente no está inmerso en lo que se supone tod@s sabemos que es bello, y que frente a esta evidencia de que la belleza no es, o no se limita a ser lo que nos han dicho que es en exclusiva, antes que cuestionar dichas verdades ricas en torpeza, sigamos el juego y cuestionemos que será lo que le vimos a eso tan feo o que será lo que está pasando con nuestro sentido del gusto que empieza a ver hermosura donde sólo se encuentra su ausencia. Es tan fuerte el poder del mercado y sus agrandes aliados los medios de comunicación, que a diario y minuto a minuto, cuestionamos la belleza propia y ajena, nuestro autónomo y personal sentido de la estética, pero nunca a ellos que son quienes abusivamente se han permitido limitar y encarcelar estás categorías naturalmente ilimitadas.
Si se quiere tener claridad sobre que es lo universalmente considerado bello, se puede atender como borregos autómatas a la elocuente voz comercial de las programadoras de televisión, a las cadenas de radio, a la mayoría de diseñador@s y en general a tod@ aquel(la) que quiera vendernos cualquier cosa para lograr la belleza y la aceptación social, desde cremas antiarrugas, hasta autos y celulares de última generación, desde diseños de sonrisa, hasta cirugías de clítoris o penes.
Yo por mi parte, prefiero invitarnos a tener presente y vivir una frase cuyo autor o autora desconozco, que reza que “La Belleza está en los Ojos de Quien Mira”. Entender que la belleza es un valor que ante todo está entrañado en cada un@ y una de las formas en que se evidencia es en la forma en que se aprecia lo que hay fuera de sí. Entrenarnos día a día en ver lo bello desde la esencial percepción de cada un@. Permitirnos abrir la razón y el entendimiento a nosotr@s mism@s, a nuestros sentidos, escuchar que dice nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu respecto a que es y que no es hermoso, donde hay belleza y donde no la hay; que nos permitamos también sorprendernos con la particular visión estética que tenemos como seres singulares inmersos en la universalidad. Que nos atrevamos a cuestionar la belleza ideal que nos impone la cultura y sus difusor@s permanentes que conciente o inconcientemente somos tod@s. Y, que defendiendo nuestro derecho a la libertad nos permitamos descubrir para sí y para el mundo nuestra personal definición de la belleza, la que está en nosotr@s y la que está fuera.
Se que para much@s es en extremo superfluo dedicar una columna a hablar de algo relacionado con la estética y la belleza, sin embargo estoy convencida de que es un tema en demasía importante, ya que lo bello es algo que reconociéndolo o no, perseguimos y queremos ser siempre; por ello no le dedicaré una sola columna al tema, sino que me permito destinarle las cuatro de este mes de septiembre, para hablar de la belleza femenina, la belleza masculina y algunas claves para potenciar lo que cada un@ tiene en esa área.
Para empezar pregunto: Para tí, ¿Qué es la belleza?, ¿Qué es bello y qué no lo es?, ¿Cómo es un hombre o una mujer bella?, ¿Eres bell@)?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
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Este intento por definir en pocas palabras la belleza deja una franca puerta abierta a muchas cosas para ser catalogadas de bellas y es precisamente en ese sentido que se dirige mi definición de dicho atributo. El qué es bello? Tiene de por si una respuesta inmensa, difícilmente podría darse una respuesta univoca que determine que lo es o que no lo es, puesto que pareciera de hecho existir una conexión estética, simbólica, intrínseca entre el objeto juzgado en su hermosura y quien juzga en particular, pero no siempre así respecto de otr@s observador@s, de tal suerte que lo que es bello para alguien, para otra persona puede no serlo.
Sin embargo aunque nadie puede ni podrá afirmar sin riesgo a equivocarse o sin encontrar al instante opositores que es exactamente la belleza, o qué cosas, situaciones o personas son bellas, este tema es uno de los que más sufrimientos y desazones puede causar a quienes quieren ser bell@s o encontrar una pareja bella.
Empero ser dicha cualidad tan etérea y volátil, tan ambigua e indeterminada, y por ende imposible de catalogar con valores cerrados, negada de por si a las categorías absolutas; en nuestra cultura que de hecho es impositiva y arbitraria, dada a establecer conceptos puntuales, indiscutibles y definitivos sobre cada tema por personal e íntimo que sea, se ha dado lugar a que algun@s se permitan “enseñarnos” que es bello y que es carente de belleza, a que un@s poc@s maestr@s de la estética nos impartan su visión limitadísima sobre el tema y que sin mayores razonamientos o argumentos lógicos nos indiquen cuales son los parámetros válidos para medir (si es que es posible medir) el valor estético de algo o alguien.
Es necesario advertir que detrás del tema de la belleza hay muchos más de marketing que de emociones humanas naturales y por regla general los prototipos que se difunden como contenedores de alto valor estético poseen por encima de ese valor, un altísimo poder comercial, donde lo que importa no es la buena impresión que algo o alguien puede causar en quien aprecia sino qué es lo que se quiere vender; es decir que el foco de atención silenciosa e imperceptiblemente deja de orientarse al contenido de belleza y se centra antinaturalmente en un producto o servicio que se quiere promocionar, frente al cual la pretendida definición de belleza se acomoda utilitariamente y al gusto del vendedor.
Corolario de lo anterior, vivimos en una sociedad donde quienes venden nos amaestran en cuanto a que es lo debe ser deseable, de acuerdo a lo que previamente sus estrategias comerciales nos han enseñado desde nuestra más tierna infancia como lo que es hermoso y apetecible; dándose por descontado cualquier intento emancipatorio de contravenir dichas categorías, al ver bello lo que ya deberíamos tener interiorizado como feo o simplemente desprovisto de hermosura; inocuo, cuando no ofensivo estéticamente.
Es lacerante ser concientes de que no son pocas las ocasiones en que nuestro ser palpita al encontrarse con algo o alguien, debido a la belleza innombrable que le encontramos, y que muchas veces eso que nos hace palpitar no coincide o simplemente no está inmerso en lo que se supone tod@s sabemos que es bello, y que frente a esta evidencia de que la belleza no es, o no se limita a ser lo que nos han dicho que es en exclusiva, antes que cuestionar dichas verdades ricas en torpeza, sigamos el juego y cuestionemos que será lo que le vimos a eso tan feo o que será lo que está pasando con nuestro sentido del gusto que empieza a ver hermosura donde sólo se encuentra su ausencia. Es tan fuerte el poder del mercado y sus agrandes aliados los medios de comunicación, que a diario y minuto a minuto, cuestionamos la belleza propia y ajena, nuestro autónomo y personal sentido de la estética, pero nunca a ellos que son quienes abusivamente se han permitido limitar y encarcelar estás categorías naturalmente ilimitadas.
Si se quiere tener claridad sobre que es lo universalmente considerado bello, se puede atender como borregos autómatas a la elocuente voz comercial de las programadoras de televisión, a las cadenas de radio, a la mayoría de diseñador@s y en general a tod@ aquel(la) que quiera vendernos cualquier cosa para lograr la belleza y la aceptación social, desde cremas antiarrugas, hasta autos y celulares de última generación, desde diseños de sonrisa, hasta cirugías de clítoris o penes.
Yo por mi parte, prefiero invitarnos a tener presente y vivir una frase cuyo autor o autora desconozco, que reza que “La Belleza está en los Ojos de Quien Mira”. Entender que la belleza es un valor que ante todo está entrañado en cada un@ y una de las formas en que se evidencia es en la forma en que se aprecia lo que hay fuera de sí. Entrenarnos día a día en ver lo bello desde la esencial percepción de cada un@. Permitirnos abrir la razón y el entendimiento a nosotr@s mism@s, a nuestros sentidos, escuchar que dice nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu respecto a que es y que no es hermoso, donde hay belleza y donde no la hay; que nos permitamos también sorprendernos con la particular visión estética que tenemos como seres singulares inmersos en la universalidad. Que nos atrevamos a cuestionar la belleza ideal que nos impone la cultura y sus difusor@s permanentes que conciente o inconcientemente somos tod@s. Y, que defendiendo nuestro derecho a la libertad nos permitamos descubrir para sí y para el mundo nuestra personal definición de la belleza, la que está en nosotr@s y la que está fuera.
Se que para much@s es en extremo superfluo dedicar una columna a hablar de algo relacionado con la estética y la belleza, sin embargo estoy convencida de que es un tema en demasía importante, ya que lo bello es algo que reconociéndolo o no, perseguimos y queremos ser siempre; por ello no le dedicaré una sola columna al tema, sino que me permito destinarle las cuatro de este mes de septiembre, para hablar de la belleza femenina, la belleza masculina y algunas claves para potenciar lo que cada un@ tiene en esa área.
Para empezar pregunto: Para tí, ¿Qué es la belleza?, ¿Qué es bello y qué no lo es?, ¿Cómo es un hombre o una mujer bella?, ¿Eres bell@)?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
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martes, 31 de agosto de 2010
Las Mentiras Matemáticas: ¿Qué número ocupo en tu lista?
En toda relación llega el momento crucial de la rendición de cuentas sexuales y/o afectivas que anteceden a la misma. Muy posiblemente todos y todas nos hemos visto avocados a responder y dar cuentas sobre nuestro pasado erótico sentimental o a negarnos a darlas. Seguramente much@s de nosotr@s hemos solicitado con esperanza y angustia el pormenorizado informe. ¿Con cuantas personas estuviste antes de mí?.
Ya está, la gran pregunta; pero no hay que ilusionarse, el examen apenas empieza, ya que a esta primera cuestión le siguen otras no menos peligrosas, pues óigase bien, jamás son preguntas inocentes y desprevenidas: Y, ¿Te acostaste con tod@s ell@s?, ¿Con cuál has disfrutado más?, ¿Disfrutas más con el/ella o conmigo?, ¿Los has querido a tod@s?, ¿A cuál has querido más?, ¿Lo quieres más a el/ella o a mí?, ¿Todavía lo quieres?, ¿Te gustaría repetir?, ¿ah! Pero aún te acuerdas de él/ella?.
Y con cada pregunta que avanzan, l@s interlocutor@s se van adentrando más y más en un envolvente terreno de arenas movedizas. Quien pregunta, por que entre más respuestas obtiene más sorprendido y desilusionado se encuentra, o, más aturdido por la creciente duda respecto a la veracidad de sus recientes hallazgos; atención de nuevo, no existe una respuesta correcta, con todas se pierde, así quien escuche tenga dibujada una lánguida sonrisa en el rostro. Quien responde, a su vez, por que se encuentra enfrentando una interminable prueba numérica cuyas preguntas tienen única respuesta, respuestas de análisis de relación, múltiples respuestas, y/o todas a la vez; donde sabe, que muy probablemente (es más, casi con toda seguridad), reprobará.
Qué será mejor: Responder con la verdad al desnudo?, Responder con la verdad bien vestida y maquillada según la ocasión? Dejar a la verdad guardada en el closet y advertir que de allí no va a salir y punto?, o, En ejercicio del auténtico derecho a la defensa, mentir e inventar la versión que nos anticipamos quiere escuchar el juez ad hoc?; yo me decidí por dos respuestas que uso al gusto, como la sal: la primera es mi versión de una conocida frase “las damas y los caballeros no tenemos memoria, las damas y los caballeros no tenemos pasado” y un gran punto final; o, la segunda, “mira, la última vez que hice esa cuenta iba como en cien y me perdí, así que decidí dejar una cifra cerrada en 100, tu vienes a ser el 101…o el 102?...” y unos dubitativos puntos suspensivos al cierre.
Por qué, si existen formas tan interesantes y divertidas, es precisamente de esta manera que hacemos florecer nuestros apetitos sadomasoquistas?, no termino de entender por que nos gusta torturarnos preguntando lo que nuestra cultura nos ha enseñado a no aceptar, y en consecuencia lo que es mejor no saber, lo que no nos incumbe, lo que no traerá nada de edificante a la actual relación y lo que, insisto, gracias a las malas mañas que hemos recibido de nuestra lacerante cultura, se convertirá en el talón de Aquiles de la pareja.
Definitivamente si este tema nos resulta tan difícil de accesar es por la forma en que culturalmente se ha construido el deber ser de las relaciones de pareja. Lo ideal sería que pudiésemos asumir esta información con absoluta tranquilidad, que hasta sintiéramos gratitud con el enorme listado de parejas previas que tuvo nuestra pareja; por las cosas que le ayudaron a moldear, por los talentos que le contribuyeron a desarrollar, por tolerarle cosas que afortunadamente ya no tendremos que tolerar, por enseñarle a ser mejor amig@, mejor amante, mejor persona, por el amor y la dicha que le hayan propiciado, por haberle dejado libre para que tengamos la oportunidad de amarle; entendiendo que debemos amar en cualquier tipo de relación. A propósito, cada día pienso más, que el amor no siempre debe tener cajones exclusivos llamados relación X o Y (amig@s, novi@s, espos@s, etc.), otra opción puede ser que tod@s seamos amantes y nos amemos un@s a otr@s…como Dios manda; pero de eso escribiré otro día.
Retomando el camino, pienso que sería bueno que nos tomáramos con total tranquilidad la verdad más simple y lógica, que es el hecho de que tod@s tenemos un pasado que nos ha construido y formado (a algun@s los ha deformado…y/o, ya venían deformes de fábrica), que ese pasado está repleto de historias, vivencias y personas, de amores y desamores, de fuerzas y falencias, de pasiones y recuerdos; pero lo cierto, es que nuestra cultura nos ha inculcado el desvalor de la inseguridad, nos ha metido la falacia de que tenemos que ser únic@s (referido aquí, en el sentido de ser la única persona importante en la vida del otr@) y ocupar el primer lugar en su vida para que podamos sentirnos valios@s, lo que a la inversa se traduce, en que valemos menos o nada, si nuestra pareja a amado intensamente a otras personas, o, si antes de nosotr@s hay muchas más historias escritas, o, si estando con nosotr@s ama a alguien más; nuestra cultura nos dice que sólo vale realmente, quien llega a blanquear el terreno de raíz e implantarse sólo, en la vida de su pareja, quien logra arrasar con el pasado y empezar de cero una historia nueva con una vida, que de hecho nos es ajena, la vida del otr@. Todo ésto, imposible de contera.
Pienso que es necesario, replantearnos la concepción de pareja que tenemos, qué es lo que realmente nos hace valios@s como pareja de alguien, aprender a aceptar el pasado sin sufrir por el, no pretender anularlo, no desesperarnos por indagarlo; aceptar también que el amor es una fuerza que por su naturaleza no se concentra en una sola persona, que de repente puede adoptar variantes, facetas, pero inclusive a veces y más veces de las que públicamente se reconoce, puede destinarse con proporcional intensidad a varias personas; el amor no es excluyente, por el contrario es integrador, liberador, amplio y seguro; el amor verdadero no exige exclusividad (aunque puede pactarse, y de hacerse pactos de exclusividad deben cumplirse, o mejor, no hacerlos y aceptar que cosas como la fidelidad nos las inventamos por conveniencia), no arrasa, construye y edifica, siembra y cosecha alegrías. El amor no es un contrato, ni un sentimiento intangible, es un sentimiento materializado en conductas destinadas a hacer el bien a sí mism@ y al otr@.
Yo estoy comprometida en aprender una nueva forma de amar que transgreda la castrante manera que me enseñó esta cultura en la que nací. Quiero ser libre en y a través del amor. Sueño con un amor tranquilo y desprovisto de la ansiedad que genera el ánimo de posesión. Me esperanzo con un amor emancipador, que no sea más sinónimo de sufrimiento. Y tu, ¿Estás de acuerdo con la forma de amar que nos ha inculcado nuestro sistema de valores?, ¿Quisieras darle la opción a nuevas formas de amar y concebir la pareja?, ¿Estás dispuest@ a renunciar a los juicios sobre la vida de tu pareja antes de que lo fueran?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Ser deseantes es ser human@s, ser sexuales es ser human@s. ¡Que viva y goce nuestra humanidad sexual!
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Ya está, la gran pregunta; pero no hay que ilusionarse, el examen apenas empieza, ya que a esta primera cuestión le siguen otras no menos peligrosas, pues óigase bien, jamás son preguntas inocentes y desprevenidas: Y, ¿Te acostaste con tod@s ell@s?, ¿Con cuál has disfrutado más?, ¿Disfrutas más con el/ella o conmigo?, ¿Los has querido a tod@s?, ¿A cuál has querido más?, ¿Lo quieres más a el/ella o a mí?, ¿Todavía lo quieres?, ¿Te gustaría repetir?, ¿ah! Pero aún te acuerdas de él/ella?.
Y con cada pregunta que avanzan, l@s interlocutor@s se van adentrando más y más en un envolvente terreno de arenas movedizas. Quien pregunta, por que entre más respuestas obtiene más sorprendido y desilusionado se encuentra, o, más aturdido por la creciente duda respecto a la veracidad de sus recientes hallazgos; atención de nuevo, no existe una respuesta correcta, con todas se pierde, así quien escuche tenga dibujada una lánguida sonrisa en el rostro. Quien responde, a su vez, por que se encuentra enfrentando una interminable prueba numérica cuyas preguntas tienen única respuesta, respuestas de análisis de relación, múltiples respuestas, y/o todas a la vez; donde sabe, que muy probablemente (es más, casi con toda seguridad), reprobará.
Qué será mejor: Responder con la verdad al desnudo?, Responder con la verdad bien vestida y maquillada según la ocasión? Dejar a la verdad guardada en el closet y advertir que de allí no va a salir y punto?, o, En ejercicio del auténtico derecho a la defensa, mentir e inventar la versión que nos anticipamos quiere escuchar el juez ad hoc?; yo me decidí por dos respuestas que uso al gusto, como la sal: la primera es mi versión de una conocida frase “las damas y los caballeros no tenemos memoria, las damas y los caballeros no tenemos pasado” y un gran punto final; o, la segunda, “mira, la última vez que hice esa cuenta iba como en cien y me perdí, así que decidí dejar una cifra cerrada en 100, tu vienes a ser el 101…o el 102?...” y unos dubitativos puntos suspensivos al cierre.
Por qué, si existen formas tan interesantes y divertidas, es precisamente de esta manera que hacemos florecer nuestros apetitos sadomasoquistas?, no termino de entender por que nos gusta torturarnos preguntando lo que nuestra cultura nos ha enseñado a no aceptar, y en consecuencia lo que es mejor no saber, lo que no nos incumbe, lo que no traerá nada de edificante a la actual relación y lo que, insisto, gracias a las malas mañas que hemos recibido de nuestra lacerante cultura, se convertirá en el talón de Aquiles de la pareja.
Definitivamente si este tema nos resulta tan difícil de accesar es por la forma en que culturalmente se ha construido el deber ser de las relaciones de pareja. Lo ideal sería que pudiésemos asumir esta información con absoluta tranquilidad, que hasta sintiéramos gratitud con el enorme listado de parejas previas que tuvo nuestra pareja; por las cosas que le ayudaron a moldear, por los talentos que le contribuyeron a desarrollar, por tolerarle cosas que afortunadamente ya no tendremos que tolerar, por enseñarle a ser mejor amig@, mejor amante, mejor persona, por el amor y la dicha que le hayan propiciado, por haberle dejado libre para que tengamos la oportunidad de amarle; entendiendo que debemos amar en cualquier tipo de relación. A propósito, cada día pienso más, que el amor no siempre debe tener cajones exclusivos llamados relación X o Y (amig@s, novi@s, espos@s, etc.), otra opción puede ser que tod@s seamos amantes y nos amemos un@s a otr@s…como Dios manda; pero de eso escribiré otro día.
Retomando el camino, pienso que sería bueno que nos tomáramos con total tranquilidad la verdad más simple y lógica, que es el hecho de que tod@s tenemos un pasado que nos ha construido y formado (a algun@s los ha deformado…y/o, ya venían deformes de fábrica), que ese pasado está repleto de historias, vivencias y personas, de amores y desamores, de fuerzas y falencias, de pasiones y recuerdos; pero lo cierto, es que nuestra cultura nos ha inculcado el desvalor de la inseguridad, nos ha metido la falacia de que tenemos que ser únic@s (referido aquí, en el sentido de ser la única persona importante en la vida del otr@) y ocupar el primer lugar en su vida para que podamos sentirnos valios@s, lo que a la inversa se traduce, en que valemos menos o nada, si nuestra pareja a amado intensamente a otras personas, o, si antes de nosotr@s hay muchas más historias escritas, o, si estando con nosotr@s ama a alguien más; nuestra cultura nos dice que sólo vale realmente, quien llega a blanquear el terreno de raíz e implantarse sólo, en la vida de su pareja, quien logra arrasar con el pasado y empezar de cero una historia nueva con una vida, que de hecho nos es ajena, la vida del otr@. Todo ésto, imposible de contera.
Pienso que es necesario, replantearnos la concepción de pareja que tenemos, qué es lo que realmente nos hace valios@s como pareja de alguien, aprender a aceptar el pasado sin sufrir por el, no pretender anularlo, no desesperarnos por indagarlo; aceptar también que el amor es una fuerza que por su naturaleza no se concentra en una sola persona, que de repente puede adoptar variantes, facetas, pero inclusive a veces y más veces de las que públicamente se reconoce, puede destinarse con proporcional intensidad a varias personas; el amor no es excluyente, por el contrario es integrador, liberador, amplio y seguro; el amor verdadero no exige exclusividad (aunque puede pactarse, y de hacerse pactos de exclusividad deben cumplirse, o mejor, no hacerlos y aceptar que cosas como la fidelidad nos las inventamos por conveniencia), no arrasa, construye y edifica, siembra y cosecha alegrías. El amor no es un contrato, ni un sentimiento intangible, es un sentimiento materializado en conductas destinadas a hacer el bien a sí mism@ y al otr@.
Yo estoy comprometida en aprender una nueva forma de amar que transgreda la castrante manera que me enseñó esta cultura en la que nací. Quiero ser libre en y a través del amor. Sueño con un amor tranquilo y desprovisto de la ansiedad que genera el ánimo de posesión. Me esperanzo con un amor emancipador, que no sea más sinónimo de sufrimiento. Y tu, ¿Estás de acuerdo con la forma de amar que nos ha inculcado nuestro sistema de valores?, ¿Quisieras darle la opción a nuevas formas de amar y concebir la pareja?, ¿Estás dispuest@ a renunciar a los juicios sobre la vida de tu pareja antes de que lo fueran?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Ser deseantes es ser human@s, ser sexuales es ser human@s. ¡Que viva y goce nuestra humanidad sexual!
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
martes, 24 de agosto de 2010
Las Mentiras de Ellas: La Prueba de Amor
La entrega anterior estuvo dedicada a las mentirillas masculinas; vamos ahora con la otra cara de la moneda, las mentiras de ellas relacionadas con lo que nuestra cultura alguna vez llamó “La Prueba de Amor”.
Sin darle vueltas innecesarias al tema y sin eufemismos, diré que la mentira de muchas mujeres en este tema, consiste en negarse (y por ende cohibirse) de tener sexo pronto con el sujeto con quien salen, para que el susodicho quede convencido de que ella no es una chica fácil, que consecuentemente es una buena mujer, que es valiosa y que como resultado de ello decida quedarse a su lado mediando una relación sentimental formal.
No es un secreto, más bien es muy conocido que en nuestra sociedad es un importante parámetro para medir el valor de una mujer, el número de citas que antecedan a su primer encuentro sexual con quien está saliendo. Y partiendo de esta patética verdad, muchas mujeres son verdaderamente astutas en el manejo de estas cifras.
Pocos consejos son tan frecuentes entre amigas, como el llamado imperativo a “hacerse la difícil” para que el chico no piense mal de ella y la valore en verdad; así como la explicación más frecuente sobre el desinterés de un hombre cuando la pretendida relación termina recién iniciada, es que: “Se acostó muy rápido con él, él logró lo que quería y se escabulló pues ya no encuentra encanto alguno para pretender, además de que debe estar convencido de que la chica es una cualquiera”, en conclusión, la gran falla es de ella, que no supo seguir el guión preestablecido de hacerse rogar antes de dar un si sexual.
He conocido a un incontable número de mujeres que mintiendo respecto a su deseo se abstienen estratégicamente de acostarse con un hombre, con el único fin de que el sujeto se las tome en serio y lograr no una noche de intensa pasión, sino una relación de noviazgo ya que es mejor visto ser “la novia” que simplemente ser “la acompañante de una noche”; ser abandonada, tras una burla a su ingenuidad, que serlo, tras haber gozado franca y llanamente, sin prejuicios morales. Mujeres que dejan de tener sexo, no por falta de deseo, sino para lograr construir en el imaginario de su pareja la idea de que ella es una mujer virtuosa. Mujeres que se niegan a compartir el placer erótico, no por que estén esperando a que surja en sí mismas el amor por el otro, sino, por que quieren conseguirse una compañía permanente garantizada por la abnegación que puede lograr la imagen de una casta mujer.
Lo peor de esta tonta mentira, es que es una mentira con efecto dañino en múltiples sentidos; es una mentira que puede dar en el blanco esperado y simultáneamente o poco después sacar el tiro por la culata. Por un lado puede resultar bastante efectiva para que el candidato a novio se crea el cuento de que esa falsa inapetente sexual es digna de cortejo y muy llena de gracia (como la virgen maría) y dignidad como para ser novia; por otro lado y en contra sentido, muchas mujeres se auto engañan (igual que los hombres con su lado de la historia), creyendo que si se hacen rogar, o se hacen las difíciles, etc., el sujeto quedará prendado de ellas y no las dejará por lo menos en mucho tiempo, ya que no querrá quedarse sin tan santa mujer; en pocas palabras tenemos que muchas mujeres que usan esta estrategia, se creen que en verdad resultará efectivo el jueguito para retener a un varón y conseguir que se abstenga de sustituir a una chica por otra; y por otro lado también auto engañándose, están las chicas que tras haber decidido tener sexo con un sujeto y evidenciar que la relación no llegó a serlo, se lanzan a auto flagelarse y culparse por no haber hecho las cosas como se esperaba que las hicieran y por el contrario haber sido ligeritas.
Mentiras, mis amadas mujeres, podrán acostarse con alguien en la primera cita o en la número cien, y tengan por seguro que en verdad esa diferencia carecerá de peso al momento en que aparezca otra mujer que despierte el interés de un hombre y que este se deje llevar por una nueva pasión. Inicialmente es cierto que el caballero podrá comerse el cuento de que la chica es casta y eso podrá impulsarlo a querer estar con esa mujer como novia, pero el día que aparezca una tercera que le llame la atención, muchos de ellos olvidarán sin mucho problema a la novia pura y buena, y se irán tras las novedosas piernas, así su dueña carezca de pureza y bondad. Cuando un hombre quiere mandar a volar a una mujer, lo hace, así sea la viva imagen de su santa madre, así sea la madre de sus hij@s, así sea lo que sea. Así que renuncien de una vez por todas a convalidar la desfachatez de que midan nuestra valía personal con base en el manejo de nuestro deseo y nuestro cuerpo. Y si un hombre las desprecia por haberse acostado pronto con él, den gracias al cielo, que las ha librado de un minusválido mental que se presume normal.
En la entrada anterior afirmé no saber cuál es el momento indicado para tener sexo con alguien, ahora quiero reconsiderar esta afirmación para aclarar que si se cuál es ese momento ideal; el momento perfecto para ir a la cama (o al sofá, o a la alfombra, o a la cocina, o donde sea.) con alguien, es simple y llanamente el momento en que cada cuál se sienta comod@ haciéndolo; para algun@s será la primera cita, para otr@s la cita numero diez, para otr@s la número cien, y para otr@s nunca; con cada persona ese camino se podrá transitar con mayor o menor velocidad, sin reglas preestablecidas, sin libretos, sin estrategias. Pero por favor, que esa distancia temporal esté marcada por el respeto al ser human@ integr@, a los sentimientos, a la satisfacción y comodidad del cuerpo, el alma y el espíritu; por el encanto de crear una ardiente expectativa mutua, por la tranquilidad de conocer primero a ese otr@ con quien se compartirá la intimidad; pero no, para condicionar su pensamiento, no para demostrar pureza y menos aún falsa pureza, no para retener a alguien, pues una compañía forzada más que sosiego traerá angustia y permanente inminencia de pérdida.
Estimad@s amig@s, es imperativo que desmitifiquemos nuestro cuerpo, que rescatemos nuestro deseo per se, de calificativos positivos y negativos, que nos abstengamos de evaluarnos negativamente por ser libres deseantes, que le quitemos la exclusividad convalidante a determinados lugares y circunstancias para desear y dar libertad a nuestros deseos. Usemos nuestro cuerpo como instrumento de amor, gozo, felicidad, armonía, paz y emancipación, no como estrategia, ni como instrumento de mentira, no como un as bajo la manga, no lo convirtamos en arma, podemos herir y resultar heridos. ¡Respetémonos!, ¡Amémonos!
Ser deseantes es ser human@s, ser sexuales es ser human@s. ¡Que viva y goce nuestra humanidad sexual!
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Sin darle vueltas innecesarias al tema y sin eufemismos, diré que la mentira de muchas mujeres en este tema, consiste en negarse (y por ende cohibirse) de tener sexo pronto con el sujeto con quien salen, para que el susodicho quede convencido de que ella no es una chica fácil, que consecuentemente es una buena mujer, que es valiosa y que como resultado de ello decida quedarse a su lado mediando una relación sentimental formal.
No es un secreto, más bien es muy conocido que en nuestra sociedad es un importante parámetro para medir el valor de una mujer, el número de citas que antecedan a su primer encuentro sexual con quien está saliendo. Y partiendo de esta patética verdad, muchas mujeres son verdaderamente astutas en el manejo de estas cifras.
Pocos consejos son tan frecuentes entre amigas, como el llamado imperativo a “hacerse la difícil” para que el chico no piense mal de ella y la valore en verdad; así como la explicación más frecuente sobre el desinterés de un hombre cuando la pretendida relación termina recién iniciada, es que: “Se acostó muy rápido con él, él logró lo que quería y se escabulló pues ya no encuentra encanto alguno para pretender, además de que debe estar convencido de que la chica es una cualquiera”, en conclusión, la gran falla es de ella, que no supo seguir el guión preestablecido de hacerse rogar antes de dar un si sexual.
He conocido a un incontable número de mujeres que mintiendo respecto a su deseo se abstienen estratégicamente de acostarse con un hombre, con el único fin de que el sujeto se las tome en serio y lograr no una noche de intensa pasión, sino una relación de noviazgo ya que es mejor visto ser “la novia” que simplemente ser “la acompañante de una noche”; ser abandonada, tras una burla a su ingenuidad, que serlo, tras haber gozado franca y llanamente, sin prejuicios morales. Mujeres que dejan de tener sexo, no por falta de deseo, sino para lograr construir en el imaginario de su pareja la idea de que ella es una mujer virtuosa. Mujeres que se niegan a compartir el placer erótico, no por que estén esperando a que surja en sí mismas el amor por el otro, sino, por que quieren conseguirse una compañía permanente garantizada por la abnegación que puede lograr la imagen de una casta mujer.
Lo peor de esta tonta mentira, es que es una mentira con efecto dañino en múltiples sentidos; es una mentira que puede dar en el blanco esperado y simultáneamente o poco después sacar el tiro por la culata. Por un lado puede resultar bastante efectiva para que el candidato a novio se crea el cuento de que esa falsa inapetente sexual es digna de cortejo y muy llena de gracia (como la virgen maría) y dignidad como para ser novia; por otro lado y en contra sentido, muchas mujeres se auto engañan (igual que los hombres con su lado de la historia), creyendo que si se hacen rogar, o se hacen las difíciles, etc., el sujeto quedará prendado de ellas y no las dejará por lo menos en mucho tiempo, ya que no querrá quedarse sin tan santa mujer; en pocas palabras tenemos que muchas mujeres que usan esta estrategia, se creen que en verdad resultará efectivo el jueguito para retener a un varón y conseguir que se abstenga de sustituir a una chica por otra; y por otro lado también auto engañándose, están las chicas que tras haber decidido tener sexo con un sujeto y evidenciar que la relación no llegó a serlo, se lanzan a auto flagelarse y culparse por no haber hecho las cosas como se esperaba que las hicieran y por el contrario haber sido ligeritas.
Mentiras, mis amadas mujeres, podrán acostarse con alguien en la primera cita o en la número cien, y tengan por seguro que en verdad esa diferencia carecerá de peso al momento en que aparezca otra mujer que despierte el interés de un hombre y que este se deje llevar por una nueva pasión. Inicialmente es cierto que el caballero podrá comerse el cuento de que la chica es casta y eso podrá impulsarlo a querer estar con esa mujer como novia, pero el día que aparezca una tercera que le llame la atención, muchos de ellos olvidarán sin mucho problema a la novia pura y buena, y se irán tras las novedosas piernas, así su dueña carezca de pureza y bondad. Cuando un hombre quiere mandar a volar a una mujer, lo hace, así sea la viva imagen de su santa madre, así sea la madre de sus hij@s, así sea lo que sea. Así que renuncien de una vez por todas a convalidar la desfachatez de que midan nuestra valía personal con base en el manejo de nuestro deseo y nuestro cuerpo. Y si un hombre las desprecia por haberse acostado pronto con él, den gracias al cielo, que las ha librado de un minusválido mental que se presume normal.
En la entrada anterior afirmé no saber cuál es el momento indicado para tener sexo con alguien, ahora quiero reconsiderar esta afirmación para aclarar que si se cuál es ese momento ideal; el momento perfecto para ir a la cama (o al sofá, o a la alfombra, o a la cocina, o donde sea.) con alguien, es simple y llanamente el momento en que cada cuál se sienta comod@ haciéndolo; para algun@s será la primera cita, para otr@s la cita numero diez, para otr@s la número cien, y para otr@s nunca; con cada persona ese camino se podrá transitar con mayor o menor velocidad, sin reglas preestablecidas, sin libretos, sin estrategias. Pero por favor, que esa distancia temporal esté marcada por el respeto al ser human@ integr@, a los sentimientos, a la satisfacción y comodidad del cuerpo, el alma y el espíritu; por el encanto de crear una ardiente expectativa mutua, por la tranquilidad de conocer primero a ese otr@ con quien se compartirá la intimidad; pero no, para condicionar su pensamiento, no para demostrar pureza y menos aún falsa pureza, no para retener a alguien, pues una compañía forzada más que sosiego traerá angustia y permanente inminencia de pérdida.
Estimad@s amig@s, es imperativo que desmitifiquemos nuestro cuerpo, que rescatemos nuestro deseo per se, de calificativos positivos y negativos, que nos abstengamos de evaluarnos negativamente por ser libres deseantes, que le quitemos la exclusividad convalidante a determinados lugares y circunstancias para desear y dar libertad a nuestros deseos. Usemos nuestro cuerpo como instrumento de amor, gozo, felicidad, armonía, paz y emancipación, no como estrategia, ni como instrumento de mentira, no como un as bajo la manga, no lo convirtamos en arma, podemos herir y resultar heridos. ¡Respetémonos!, ¡Amémonos!
Ser deseantes es ser human@s, ser sexuales es ser human@s. ¡Que viva y goce nuestra humanidad sexual!
Verónyka Santamaría
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