lunes, 11 de octubre de 2010

La Confianza

Reiteradamente sostenía una polémica ideológica y axiológica con una persona; que en adelante llamaré T (para no dar lugar a confusiones, pues no falta quien piense que T, significa tonto, o, testarudo, terco, tarado, trucho, timorato; aclaro desde ya, que al efecto sólo es Traidor), en cuanto a, qué era la confianza, cuál su contenido, su valía y su medida.

T, sostenía que la confianza era un valor universal cuyo 100% está naturalmente en manos de cada ser human@, siendo ilegítimo mirar con recelo a quien no se conoce, dado que al no existir indicios ni a favor ni en contra debía presumirse su total confiabilidad, bajo la plena convicción de buena fe, en su buena fe, valga la redundancia. En consonancia alegaba T, que inclusive era lógico casi deseable dejar sendos elementos facilitadores de la traición en manos del(a) otr@) bajo el convencimiento de que no habrá transgresión a la confianza ni menoscabo de ningún derecho; bajo este enunciado se invitaría a un propietario a dejar su negocio abierto al público durante la noche y sin ninguna vigilancia, bajo el entendido de que quienes ingresen mirarán la mercadería, tomaron lo deseado dejando eso si el dinero correspondiente y que nadie hurtará nada.

A mi vez, sostenía (y casi siempre ese “sostenía” culminaba en una discusión airada y sentimental, como cuando se habla de religión o política), que la confianza en verdad es un valor universal cuyo 100% está naturalmente repartido en mitades entre quien confía y quien busca ser reconocido como confiable. Argüía yo, que cuando dos seres human@s se encuentran, cada un@ tiene un 50% de confianza frente al (a la) otr@ y el resto lo tiene la otra persona y que es en la interrelación que gradualmente esa confianza va liberándose y depositándose en el tercero, hasta que se puede llegar a afirmar sin lugar a dudas que es@ ser human@ es 100% confiable. Entiendo la confianza como una manifestación directa de la buena fe, pero no de la buena fe simple, sino de la buena fe creadora de derechos (mis colegas abogad@s saben con precisión de que hablo), donde no se confía ciegamente sino a partir de verdaderos elementos de juicio que permiten inferir lógicamente que hay razones para hacerlo. En mi concepto de confianza queda bien el refrán popular “Más vale la seguridad, que la policía”.

Ahora bien, la Real Academia Española, define la palabra confiar como: “Depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa. // Esperar con firmeza y seguridad” y la confianza como la: “Esperanza firme que se tiene de alguien o algo. // Pacto o convenio hecho oculta y reservadamente entre dos o más personas, particularmente si son tratantes o del comercio.”. Estas acepciones de las palabras en cita, me tranquilizan respecto a la propia, ya que identifico que no es descabellada, ni paranoica. Encuentro entonces que un equilibrio razonable para la confianza y el confiar está dado por la proporcionalidad entre la buena fe y la percepción que se va construyendo acerca de la persona en quien se depositará el bien valiosísimo de la confianza.

Es necesario confiar y atesorar con esperanza e inteligencia la confianza. Es necesario e inminente ser sagaces y perceptivos. La biblia lo erige con maestría en el evangelio de Mateo en el capítulo 10, versículo 16, donde invoca “Sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas”.

Mis debates irreconciliables con T, no pudieron continuar, pues terminó nuestra amistad. Tras nuestra accidentada o más bien muerta relación saqué dos importantes conclusiones: la primera, que es prudente de mi parte depositar a priori en el otro un valioso 50% de confianza y esperar para ir ofreciendo más a medida que avance la relación y con ella la credibilidad en cada un@; la segunda, que entregar a T un 50% de mi confianza fue excesivamente ingenuo y generoso con alguien que a priori era indigno de toda confianza.

Y pregunto: ¿Tienes la capacidad de confiar prudentemente en los demás?, ¿Alguien ha vulnerado la confianza que le depositaste?, ¿Puede otr@ ser human@ confiar en ti sin riesgo de equivocarse?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.



Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

2 comentarios:

  1. Que bonito articulo.Ojala todos depositáramos confianza y que esta fuera correspondida,otro mundo habría.

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  2. En mi manera de pensar, la “confianza” es un don natural compartido entre los seres humanos. Pero, es un don de dos facetas, o sea, la verdadera y sincera confianza como entre madre e hijos o entre dos personas que se aman mucho, o entonces aquella falsa confianza que hace parte de las personas que, de alguna forma poco se importan con las opiniones a su respeto.
    Confiar significa mucho, principalmente cuando se tratan de temas importantes, en dónde la reciprocidad es muy necesaria, para seguir adelante con determinada situación.
    Tener “confianza” en otra persona, es mirárla con los ojos del amor y, conocer desde el fondo del corazón, sus actitudes correctas para con la vida, con las personas amigas y con la propia sociedad.
    La “confianza” es un tema largo, porque se aplica a muchas otras situaciones, que no necesariamente entre dos personas, pero sí, en algo que está para suceder.
    Un persona merecedora de “confianza” por los demás, es aquella cumplidora de sus obligaciones ante la sociedad, de una manera responsable, honesta y hasta detallista.
    Por lo tanto, un magnífico artículo escrito por Verónyka, que pasa para nosotros la oportunidad de meditar y buscar conocer mejor, ese importante “don” que une o no a muchos seres humanos...

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