He conocido un número indeterminado de hombres en mi vida, empezando por mi padre, pasando por mis maestros, mis amigos y otros que han fungido como pareja o simulacros de pareja. He conocido muchos hombres y poquísimos de ellos podrían ser calificados de bellos, o por que su belleza física no era especialmente sobresaliente o por que su espíritu y carácter eran minúsculos o por que no tenían ni lo uno, ni lo otro.
Un hombre bello, es bello desde su espíritu, es bello desde el alma y es bello en cada manifestación de su voluntad. Un hombre bello, es sin lugar a dudas un ser integral. Cuando un varón tiene la belleza en su esencia, la reflejará en cada momento de su vida, en cada acto público o privado, en cada palabra, en cada silencio, en su mirada, en sus decisiones, en su cuerpo, en sus triunfos y en sus derrotas, en su manera de amar y aún cuando no ame.
El hombre bello, como la mujer bella, es una construcción autodidacta y en permanente aprendizaje de su entorno, siempre inconclusa y dinámica, siempre en creación y recreación.
Un hombre pleno de belleza es aquel que se ama y que amándose ama a l@s demás. Es un hombre que cuida y respeta su cuerpo y su espíritu; es un hombre que cuida y respeta el cuerpo y espíritu de cada persona que atraviesa en su vida. Se ocupa con mesura de su imagen personal, no por ganarse el apelativo moderno de metrosexual, más bien sabiendo que ella refleja la integridad y entereza que posee como ser humano. Es una persona con oídos dispuestos para escuchar con tierno y dulce entendimiento, acaso con sincera inexperiencia e ingenuidad, con impotencia quizá, pero siempre con paciencia y loable entrega. Es generoso con sus palabras de amor, con las explicaciones, con las razones, con los consejos, el consuelo y la fortaleza. Es un soñador y un ingeniero construyendo maravillosas realidades. Un hombre bello, sabe proteger sin convertirse en padre eterno, sabe recibir protección sin acomodarse en carga ni en hijo perpetuo. Tiene a la verdad como su único idioma posible, no contamina sus labios con besos y promesas falsas, tampoco con mentiras convenientes. No despilfarra su cuerpo por aprovechar cualquier oportunidad tendida, no es víctima sujeta de su virilidad y también sabe negar su hombría. Sabe salir en silencio o por la puerta de atrás, no requiere ser protagonista siempre, le vasta con protagonizar con conciencia su propia historia. No necesita ser bendito entre las mujeres, le basta con llevar a la gloria a aquellas que ama. De igual manera valora a todas las mujeres, sabiéndolas humanas, iguales; por ello entiende, persigue y vive en su día a día la igualdad de género. Sabe compartir sus bienes sin convertirlos en instrumentos de sujeción o intercambio humano; tiene también la sabiduría precisa para identificar cuando lo que es apreciado en él es su poderío económico y por respeto a sí mismo y al otro u otra, no se vende a cambio de algunos favores eróticos o emocionales. Por demás está decir, que es leal, no traiciona, sabe agradecer y conoce perfectamente que los servicios y atenciones que recibe no son respuestas naturales a su existencia y que el mundo no gira en torno de sí; es cortés y gallardo aún cuando no persiga encuentros sexuales u otras dádivas y aún cuando las haya conseguido. Al hombre bello su belleza y su masculinidad no le cuelgan en medio de las piernas, están enraizadas en cada milímetro de su cuerpo y su ser entero. Y vuelvo por donde empecé, puesto que allí está la génesis de la belleza masculina, un hombre bello es aquel que se ama y que fruto de ello sabe amar a los otros hombres y a las mujeres.
Concluyo invitándonos de nuevo a reflexionar sobre las preferencias y gustos más íntimos y preguntando: si eres hombre, ¿Qué elementos físicos y espirituales integran tu belleza?, y si eres mujer, ¿Qué encuentras bello física y espiritualmente en un hombre?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Este es mi espacio de reflexión acerca de los disparates que pasan en las relaciones humanas y las relaciones disparatadas. Escribo aquí mi voz disertando sobre las ideas no estáticas y en constante evaluación y evolución, que tengo sobre la vida, las relaciones, el amor, el erotismo, el sexo, el ser mujer, los hombres, los debates de género e igualdad y otros temas que van surgiendo de conformidad con mi devenir.
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