Amaneció sintiéndose chueca, un poco torcida, como si a su pierna derecha le sobraran centímetros o a su izquierda le faltaran. Probó flexionarlas, estirarlas, aflojarlas, levantarse, estirarse entera desde la punta de sus pies, pasando por su pelvis, su columna, su garganta hasta el centro más alto de su coronilla, apostó a centrar su cintura sobre sus caderas. Nada funcionó. Se percató que al cortar con su ¿amigo? ¿Novio? con su amigovio la noche anterior, se había auto mutilado y ahora caminaba así, como descuartizada.
El problema empezó meses atrás. Meses después de encontrarlo por azar y astucia, cuando se dejó abandonada a su suerte y lo hizo parte de su vida, olvidando que tan sólo era un juvenil accesorio que encontró por suerte, buena o mala.
Decir que ella lo cortó no es exacto, tampoco es falso. Ella estaba cansada de la inseguridad de esa relación. Estaba segura de que entrelazarse de vez en cuando con él, era muy rico y si antes o después había vino y un trozo de pizza, ese rico era también estupendo, de eso y de que sentía con él una afinidad encantadora, estaba segura. El no estaba seguro de querer estar con ella. No estaba seguro si era el elegido o el que apareció por casualidad. No estaba seguro sobre que era lo que sentía tres días después de no verla, cuando algo agudo, casi doloroso se le clavaba en el pecho. Ella decidió cortarlo y empezó a hacerlo en su cabeza un martes. Para su encuentro del viernes, él ya pendía de un hilo, ese hilo brillante de su mirada dulce y tímida, ese hilo silencioso, que a ella le fascinaba sentir en el ascensor cuando se miraban y sonreían y bajaban la mirada, antes de mirarse y sonreír de nuevo. Ella no hallaba la forma de cortar ese hilo tenue, no quería encontrarla.
Él, sin mucho meditarlo la cortó. Y él, si la cortó del todo, con exactitud y en pocas horas. Si hubiese habido más tiempo hasta la hubiera cortado en trozos literalmente. Casi la desbarata a punto de argumentos furiosos y pueriles destinados a que ella entendiera que él no la quería y que sabía que ella se moría por estar con él y que se atragantaba por no decírselo, que sabía también y sin lugar a dudas que era mentira que ella no lo quisiera, cosa que ella nunca había dicho, pero que él creía afirmaba con su fingido desprendimiento y renuncia voluntaria a los nexos puntuales. Casi la desbarata en su cama penetrándola con su ira y su desasosiego. La echó de su casa con la cabeza y las entrañas revueltas. La eliminó de sus amig@s. No le habló nunca más. Ella hubiese querido hablarle aunque sea una vez más, para agradecerle todo, tratarlo mal y plantarle una buena bofetada, dejando así todas las obligaciones saldadas.
Antes de ir a lo que fuera su último desencuentro y durante un buen tiempo más, ella no se explicaba, no comprendía por qué él consumía su paciencia, la de ambos, construyendo barreras que a ella no le interesaban ni mirar de lejos, pero no por él, no por ella, o por lo que eran ell@s cuando estaban junt@s, sencillamente porque su cabeza y sus fuerzas estaban destinadas a otras lides menos quisquillosas que el amor meticuloso y elegía en vez de éste, el amor sin medidas que se podían destinar en su libre entrega.
Cuando empezó a cortarlo y antes de que él se abocara ese derecho cortándola al ras, ella sospechó que la necesidad de fronteras que él presumía, no era más que un anhelo incontenible de que ella las violara. Intuyó que él necesitaba verla traspasar los límites y acercarse todo lo que no le pediría nunca que se acercara por el exclusivo temor a que ella se mantuviera inamovible lejos de él, pero con todo y sus intuiciones y sospechas, no lograba entenderlo y no logró explicarle que las barreras no eran necesarias ni para mantenerla lejos ni para acercarla, ella estaba bien y quería que él estuviera bien, así, ni cerca, ni lejos, sólo juntos en espléndidos instantes que les pertenecían sin necesidad de bautismos trascendentales de amig@s, novi@s o amigovi@s, sin más rituales que esos que celebraban en el living cuando su encuentro era fresco y espontáneo, tranquilo y sin promesas, sin respuestas exactas y con los muchos puntos suspensivos que los dejaban en ascuas y con ganas de seguir indagándose.
No fue sino hasta un tiempo después, que ella aceptó sin más suspicacias sus propias razones, que su cuerpo recuperó su andar cómodo y solitario, sin la espera de una respuesta exacta en la boca de su desaparecido amigo. Tan sólo con la certeza de sus autónomas seguridades, ya libre de las inseguridades que él tenía y que sólo a él le pertenecían, esas que eran su entero problema y titubeo, su prisión y sus reservas. Su braveza para lanzarla sola a la noche fría. Su cobardía para pedirle que se quedara para siempre a darle calor a todos sus días.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Este es mi espacio de reflexión acerca de los disparates que pasan en las relaciones humanas y las relaciones disparatadas. Escribo aquí mi voz disertando sobre las ideas no estáticas y en constante evaluación y evolución, que tengo sobre la vida, las relaciones, el amor, el erotismo, el sexo, el ser mujer, los hombres, los debates de género e igualdad y otros temas que van surgiendo de conformidad con mi devenir.
viernes, 30 de diciembre de 2011
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Miserables
Mi vida no tiene sentido…le llevaré un mercadito a l@s pobres.
Por gracia y por desgracia la humildad no es sinónima de la pobreza. Por desgracia la mayoritaria humanidad sumida en las diferentes clases de miseria rara vez es humilde. Por gracia, algún@s que distan de la miseria ostentan entre sus variados bienes un espíritu humilde, “No hay que creer en brujas pero que las hay, las hay”. Es un burdo eufemismo llamar humilde a un pobre, el pobre es pobre y ya, y así debería llamársele, pero la palabra “pobre” es fea, tal vez porque la pobreza tiene muchas caras miserables y si se miran con detenimiento, sin dificultad, alguna de ellas puede ser un espejo del propio rostro y llamarse pobre a sí mismo o reconocerse como tal es más desagradable que adornar la pobreza de alguien, confiriéndole el título seudo nobiliario de humildad y no mover un pelo para superar la inequidad social.
Hay formas de reparar la pobreza en sus amplias variantes, la económica podría aminorarse si se devolviera al ser human@ su lugar de distinción y preponderancia ante el capital, la del alma, apagando tanta tecnología y frenesí que inunda la vida moderna para armarse de una suave luz de vela y visitarse por ratos a solas consigo mismo o inclusive a otr@, para conocerse, reflexionarse, corregirse y proyectarse, pero es más fácil tener 1000 amigos en facebook que amistarse con un@ mism@ o con otra persona sin la cobarde comodidad protectora de una pantalla inerte. La miseria tiene solución, habitamos un planeta colmado de riquezas naturales que superan cualquier precio, el espíritu humano tiene la mayor capacidad de amor y odio conocida.
Pero por más fea que sea la palabra pobre y la pobreza, la pobreza gusta, porque otorga estatus, el ala rica de una familia no lo sería sin el ala pobre, los del norte no serían de avanzada si los del sur no se hubiesen quedado detenidos en el tiempo solucionando sus necesidades básicas, la mejor vestida de la fiesta no lo sería si la pobre que pudo colarse no hubiese llevado su vestido prestado o remendado, el niño rico de la escuela no podría evidenciar su riqueza en su profusa lonchera, si todos, incluyendo el niño pobre, tuviesen acceso a una ración de comida.
La miseria es muy útil como ya se ha visto, pues es el punto que equilibra en perfecto polo opuesto la riqueza, visto así, los más pudientes deberían mostrar su entera gratitud con los desposeídos, pues su existencia colmada de carencias les permite día a día mantener su holgada posición y brillar, no sólo por que se han apropiado de lo que en justicia sería de todos, sino porque tras despojar a la mayoría de cualquier bien, las carencias de esta mayoría permiten que sea visible la mucha fortuna de los apropiadores.
Pero antes que mostrar gratitud, los afortunados usan la pobreza en todas las formas posibles para su bienestar. Una de las variantes más rigurosas se da cuando los pobres son utilizados mediante obras de caridad, por ejemplo cuando con un poco de mercado les enredan los estómagos vacíos, para saciar simbólicamente los espíritus también vacios de los falsos misericordiosos. Con mercados, sonrisas plásticas para la foto, abrazos con distancia, así reparan los inhuman@s sus miserias. Y se sienten bien. Satisfecha su necesidad de hacer algo que les permita encajar en el título de “ser human@” con diplomacia y distinción. Ante todo el buen gusto y la etiqueta pensarían ell@s mientras abrazan al pobre con cuidado de no untarse demasiado y sonríen para la foto de su álbum social. ¡Whisky!
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Por gracia y por desgracia la humildad no es sinónima de la pobreza. Por desgracia la mayoritaria humanidad sumida en las diferentes clases de miseria rara vez es humilde. Por gracia, algún@s que distan de la miseria ostentan entre sus variados bienes un espíritu humilde, “No hay que creer en brujas pero que las hay, las hay”. Es un burdo eufemismo llamar humilde a un pobre, el pobre es pobre y ya, y así debería llamársele, pero la palabra “pobre” es fea, tal vez porque la pobreza tiene muchas caras miserables y si se miran con detenimiento, sin dificultad, alguna de ellas puede ser un espejo del propio rostro y llamarse pobre a sí mismo o reconocerse como tal es más desagradable que adornar la pobreza de alguien, confiriéndole el título seudo nobiliario de humildad y no mover un pelo para superar la inequidad social.
Hay formas de reparar la pobreza en sus amplias variantes, la económica podría aminorarse si se devolviera al ser human@ su lugar de distinción y preponderancia ante el capital, la del alma, apagando tanta tecnología y frenesí que inunda la vida moderna para armarse de una suave luz de vela y visitarse por ratos a solas consigo mismo o inclusive a otr@, para conocerse, reflexionarse, corregirse y proyectarse, pero es más fácil tener 1000 amigos en facebook que amistarse con un@ mism@ o con otra persona sin la cobarde comodidad protectora de una pantalla inerte. La miseria tiene solución, habitamos un planeta colmado de riquezas naturales que superan cualquier precio, el espíritu humano tiene la mayor capacidad de amor y odio conocida.
Pero por más fea que sea la palabra pobre y la pobreza, la pobreza gusta, porque otorga estatus, el ala rica de una familia no lo sería sin el ala pobre, los del norte no serían de avanzada si los del sur no se hubiesen quedado detenidos en el tiempo solucionando sus necesidades básicas, la mejor vestida de la fiesta no lo sería si la pobre que pudo colarse no hubiese llevado su vestido prestado o remendado, el niño rico de la escuela no podría evidenciar su riqueza en su profusa lonchera, si todos, incluyendo el niño pobre, tuviesen acceso a una ración de comida.
La miseria es muy útil como ya se ha visto, pues es el punto que equilibra en perfecto polo opuesto la riqueza, visto así, los más pudientes deberían mostrar su entera gratitud con los desposeídos, pues su existencia colmada de carencias les permite día a día mantener su holgada posición y brillar, no sólo por que se han apropiado de lo que en justicia sería de todos, sino porque tras despojar a la mayoría de cualquier bien, las carencias de esta mayoría permiten que sea visible la mucha fortuna de los apropiadores.
Pero antes que mostrar gratitud, los afortunados usan la pobreza en todas las formas posibles para su bienestar. Una de las variantes más rigurosas se da cuando los pobres son utilizados mediante obras de caridad, por ejemplo cuando con un poco de mercado les enredan los estómagos vacíos, para saciar simbólicamente los espíritus también vacios de los falsos misericordiosos. Con mercados, sonrisas plásticas para la foto, abrazos con distancia, así reparan los inhuman@s sus miserias. Y se sienten bien. Satisfecha su necesidad de hacer algo que les permita encajar en el título de “ser human@” con diplomacia y distinción. Ante todo el buen gusto y la etiqueta pensarían ell@s mientras abrazan al pobre con cuidado de no untarse demasiado y sonríen para la foto de su álbum social. ¡Whisky!
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
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miércoles, 16 de noviembre de 2011
De Amores y Duraznos
A los días felices de andar desnuda por la casa
Era tan buena haciendo el amor; sí, era más que buena en ello y lo disfrutaba tanto, como buena era haciéndolo. Era tan buena cocinando duraznos; sí, era más que buena en ello y lo disfrutaba tanto, como buena era haciéndolo. Eran esos sus grandes talentos indescifrables y por ello los hizo su manera de vida.
Se dedicaba en los juegos de alcoba con la misma gustosa devoción con que se dedicaba a preparar maravillas en su cocina. Los veranos bañados de almíbares frutales, de todas las variedades deliciosas de duraznos, albaricoques, pelones, damascos, melocotones, completaban su cuadro amoroso y era en esta refulgente estación donde se avivaban sus talentos en su máxima llama. Bajo el sol ardiente, hamacándose en una silla vieja en su jardín, conjugaba la ensoñación que la envolvía mientras maceraba duraznos recién arrancados del huerto con la remembranza del aroma de una piel masculina. Mezclaba en su nariz ambos aromas, combinaba en su paladar todos los sabores, los de los muchos duraznos y la de los muchos amantes de la estación. Para ella todos tenían un aroma similar sólo satinado por la esencia de cada cual, como los duraznos que le encantaban y que siempre olían igual pero con los matices particulares de cada cosecha, siempre el mismo aroma que quedaba en los recuerdos salpicados con los aromas únicos que vinieron y se fueron con la temporada.
Se extasiaba enterrando su uñas en la piel de ellos, duraznos y varones, marcando sus curvas, apretando sus hombros, delineando su espalda y cada uno de sus recovecos, mordiendo sus labios, su jugosa pulpa, desgarrando con fiereza pero sin dolor hasta ver finos rastros de sangre, finos rastros de néctar. En estos recuerdos se inspiraba mientras zumbaba una suave canción junto a las hornallas de su cocina o aplicada sobre su amante. Se debatía entre los recuerdos de sus manos triturando apasionadamente duraznos, rememorando su carne desbaratada entre sus dedos o sus dedos insaciables estrujando y empujando hacia sí las nalgas de su hombre para meterlo más en ella, con furia, con ansias, con urgencia.
En algún momento y cuando aún no cerraba la puerta de su adolescencia descubrió sin asombro, pena, ni desgana, que debía encontrar una forma lucrativa de vivir. Con maestría, se dedicó entonces a hacer el amor y postres, dos actividades que le fascinaban y ambas también muy rentables, cuando a la vocación se le sabe adicionar un buen escarchado mercantil en el punto preciso de cocción. Que mejor forma de realizarse en la vida, pensó y lo hizo. Y trabajó sin descanso y sin cansarse todos los días que eran laborables y los que no, también.
Así llenó cada día de sus eróticos días, hasta el último, donde ya sepultado entre arrugas su cuerpo, se estremeció mordiendo un carnoso durazno, mientras se sumergía para siempre rememorando caricias, manos inquietas, inseguras, buscando entre su piel el aroma afrutado, el orgasmo escabulléndose, huyendo y jugueteando hasta dejarse alcanzar en un perfecto postre final.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
lunes, 31 de octubre de 2011
Harry Putto
Conocí a Putto gracias a un puto Gato Gris que quería entregar en adopción. El maligno apego destinó que no diera en adopción al felino y terminara adoptando no otra mascota, pero si un perro traicionero que acompañaría mi vida durante varios años.
Putto fue dulce al principio, manejaba bien la palabra y mejor la lengua, talentos que fueron capital suficiente para conmoverme en muchas formas. No sobresalía por su inteligencia, tampoco era muy diestro para obedecer directrices, nunca logré amaestrarlo, aunque finalmente pude constatar que en sus tesoros clandestinos tenía importantes divisas, era bastante sagaz y meticuloso, calculador y frió. Un gran zorro, el perro aquel.
Cuando llegó a mi vida, justo otro can comía de mi plato, y él, muy astuto como ya dije que era, lo quitó hábilmente del medio para poder terminar con un trabajo impecable. Lo que Dios no debía unir, lo unieron un seminario desesperado, un gatito, una crisis depresiva y muchas hormonas. Pero así pasó y el pasado no puede cambiarse, si mirarse desde otros puntos y hasta reinventarse en una versión tragicómica.
Antes de que permitiera que Putto cruzara el umbral de mi existencia, él era un perro callejero, comía en cualquier basurero, cualquier hueso poroso que se dejará ruñir por sus muelas le venía bien, de tal suerte que al probar lo que se comía en mi casa quedó más que embelesado y fue esa la principal razón para que se acomodara y que luego a mí misma me resultara casi imposible echarlo. Por suerte para ambos un tiempo después él mismo tomó la iniciativa de ayudarme a abrirle la puerta. Las viejas costumbres son muy difíciles de olvidar y casi imposibles de abandonar aunque se quiera. Putto gradualmente empezó a echar de menos la basura que solía comer, la añoranza por sus perros amigos del basurero lo carcomía, ya no lo dejaba en paz la idea de que si todos esos chandosos y él mismo disfrutaban comiendo basura, era porque seguramente esa comida era mejor que la exclusiva que ahora comía habitualmente.
Empezó a saborear el recuerdo, a mirar a escondidas por la ventana el reflejo de los basureros cercanos, cuando estaba solo en casa maullaba en dirección a las canecas rebozadas de la esquina. Un buen día se preguntó ¿Qué de malo tenía acercarse y oler un poco los pútridos desperdicios?, y se respondió entregándose a la hazaña de rondar de nuevo por los muladares que en su vieja vida frecuentaba para entretener sus molares. Tras un primer éxito en su aventura clandestina, asumió como diversión continua ir a este basurero un día, luego a aquel, luego a otro y comer cuanta basura y desperdicio sobraba de las bolsas entreabiertas. Y le fascinaba, más quizá, que la comida que sin ninguna emoción en especial podía comer en casa, sin la zozobra de la noche, sin esquivar el moho de un costado en particular, sin restos de fluidos dejados por otros perros, sin ese sabor delicioso que él encontraba en comer la porquería que todos los perros miserables también comían.
Su inapetencia en casa me hizo dudar sobre lo bien que lo trataba, muchas veces contemplé durante largas horas su plato intacto y esperé en vano a que se decidiera a comerlo, me entristecía no poder satisfacer su apetito, no poder reconocerlo. Claro está, ahora sé que el cambio era suyo, mi comida era tan rica como siempre. Finalmente me atreví a aceptar que sencillamente Putto había regresado a su vida andariega y andrajosa. Pensé que un día cualquiera no volvería a casa, pero retornaba siempre, sucio, mal oliente y con cara de haber estado en una cloaca. Lo eché finalmente. Su amor enfermizo por las viandas inmundas era incompatible con el cariño que aún le destinaba.
Maulló a mi puerta durante varias noches hasta que comprendió desde su naturaleza animal que ya no había reverso. Tímido al principio, cauteloso después y al fin, como pulpo en su tinta retomó su vida de vertedero en vertedero. Come basura cada vez que puede y sin importar si otros cuantos perros ya la han mordido y hecho su desperdicio también, creo que cuando su presa ha sido presa de muchos él la encuentra más gustosa. Él ha vuelto a ser feliz. Yo también.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
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Putto fue dulce al principio, manejaba bien la palabra y mejor la lengua, talentos que fueron capital suficiente para conmoverme en muchas formas. No sobresalía por su inteligencia, tampoco era muy diestro para obedecer directrices, nunca logré amaestrarlo, aunque finalmente pude constatar que en sus tesoros clandestinos tenía importantes divisas, era bastante sagaz y meticuloso, calculador y frió. Un gran zorro, el perro aquel.
Cuando llegó a mi vida, justo otro can comía de mi plato, y él, muy astuto como ya dije que era, lo quitó hábilmente del medio para poder terminar con un trabajo impecable. Lo que Dios no debía unir, lo unieron un seminario desesperado, un gatito, una crisis depresiva y muchas hormonas. Pero así pasó y el pasado no puede cambiarse, si mirarse desde otros puntos y hasta reinventarse en una versión tragicómica.
Antes de que permitiera que Putto cruzara el umbral de mi existencia, él era un perro callejero, comía en cualquier basurero, cualquier hueso poroso que se dejará ruñir por sus muelas le venía bien, de tal suerte que al probar lo que se comía en mi casa quedó más que embelesado y fue esa la principal razón para que se acomodara y que luego a mí misma me resultara casi imposible echarlo. Por suerte para ambos un tiempo después él mismo tomó la iniciativa de ayudarme a abrirle la puerta. Las viejas costumbres son muy difíciles de olvidar y casi imposibles de abandonar aunque se quiera. Putto gradualmente empezó a echar de menos la basura que solía comer, la añoranza por sus perros amigos del basurero lo carcomía, ya no lo dejaba en paz la idea de que si todos esos chandosos y él mismo disfrutaban comiendo basura, era porque seguramente esa comida era mejor que la exclusiva que ahora comía habitualmente.
Empezó a saborear el recuerdo, a mirar a escondidas por la ventana el reflejo de los basureros cercanos, cuando estaba solo en casa maullaba en dirección a las canecas rebozadas de la esquina. Un buen día se preguntó ¿Qué de malo tenía acercarse y oler un poco los pútridos desperdicios?, y se respondió entregándose a la hazaña de rondar de nuevo por los muladares que en su vieja vida frecuentaba para entretener sus molares. Tras un primer éxito en su aventura clandestina, asumió como diversión continua ir a este basurero un día, luego a aquel, luego a otro y comer cuanta basura y desperdicio sobraba de las bolsas entreabiertas. Y le fascinaba, más quizá, que la comida que sin ninguna emoción en especial podía comer en casa, sin la zozobra de la noche, sin esquivar el moho de un costado en particular, sin restos de fluidos dejados por otros perros, sin ese sabor delicioso que él encontraba en comer la porquería que todos los perros miserables también comían.
Su inapetencia en casa me hizo dudar sobre lo bien que lo trataba, muchas veces contemplé durante largas horas su plato intacto y esperé en vano a que se decidiera a comerlo, me entristecía no poder satisfacer su apetito, no poder reconocerlo. Claro está, ahora sé que el cambio era suyo, mi comida era tan rica como siempre. Finalmente me atreví a aceptar que sencillamente Putto había regresado a su vida andariega y andrajosa. Pensé que un día cualquiera no volvería a casa, pero retornaba siempre, sucio, mal oliente y con cara de haber estado en una cloaca. Lo eché finalmente. Su amor enfermizo por las viandas inmundas era incompatible con el cariño que aún le destinaba.
Maulló a mi puerta durante varias noches hasta que comprendió desde su naturaleza animal que ya no había reverso. Tímido al principio, cauteloso después y al fin, como pulpo en su tinta retomó su vida de vertedero en vertedero. Come basura cada vez que puede y sin importar si otros cuantos perros ya la han mordido y hecho su desperdicio también, creo que cuando su presa ha sido presa de muchos él la encuentra más gustosa. Él ha vuelto a ser feliz. Yo también.
Verónyka Santamaría
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viernes, 14 de octubre de 2011
El Genio de la Manzana
El pasado 5 de octubre falleció Steve Jobs, creador de Apple Inc. Algunos medios de comunicación con su tradicional tonó cliché refirieron el suceso como su batalla perdida ante el cáncer. No obstante, el mismo no leía la muerte como una tragedia, mucho menos como una derrota, “…la muerte es posiblemente el mejor invento de la vida. Es el agente de cambio de la vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.” declaró al referirse al tema cinco años atrás en su célebre discurso en la Universidad de Stanford. Desde su aguda creatividad y visión artística la asumía como el incentivo preciso para vivir intensamente la propia vida y colmarla permanentemente de desafíos construidos a partir de los pensamientos y opiniones personales, con la conciencia plena de que la muerte llegará y que más que temer su llegada es preciso ejecutar la vida de la mejor manera posible hasta que al fin llegue el último día.
Steve Jobs fue y sigue siendo un personaje amado y odiado por much@s. Apple Inc. el fruto visible de su cosmovisión también es objeto de admiración, reproches, envidias y repudios. Al morir este visionario, millones de voces anónimas y de grandes personalidades aparecieron lamentando la gran pérdida para la humanidad. Sin superarse aún la conmoción que genera un fallecimiento, nítido aún el dolor de su desaparición física, se escucharon palabras contundentes en contra de la persona de Jobs y de su organización comercial y tecnológica. Se elogia desde innumerables espacios su entusiasmo laborioso e inagotable en la construcción de un nuevo lenguaje empresarial que amistaba la tecnología y el mundo cotidiano sin olvidar jamás el encanto de los sentidos mediante el arte. Se reprocha lo que para muchos es una visión netamente mercantilista, egoísta y deshumanizante, en la esencia de Apple Inc. y que constituiría su impronta categórica en el trato interno y externo de su empresa y de ella hacia la competencia y l@s usuari@s, ésto en particular por las características exactas de sus artículos que se han orientado desde siempre a que la compañía conserve indefinidamente el control total sobre cada producto fabricado, lo que impone a sus adquisidor@s la necesidad de fidelidad hacia la empresa, mientras descarta o aspira descartar la mezcla con/y los productos de otras.
Tanto los fanáticos de Steve Jobs y Apple Inc y sus detractores tienen un trozo de verdad. Jobs, supo acariciar una manzana con su mente maravillosa y hacer que de ella brotara un árbol fuertemente cimentado y prospero que cumplió más allá de la saciedad sus sueños y que aún en su ausencia seguirá produciendo sus preciados frutos indefinidamente. Fue capaz de soñar con realidades que aún las mentes más sofisticadas y potentes de los ingenier@s y empresari@s de su época no vislumbraron ni de lejos, descontando con innegables salvedades a Bill Gates y su emporio. Logró impregnar de arte las semillas de ciencia y riqueza que iba plantando en el garaje de su casa en el Valle del Silicio. Surcó la barrera que distanciaba a l@s no iniciad@s en tecnología, de los usos tecnológicos. Consiguió junto a los otros agentes del ramo, que una inabarcable porción de la riqueza de la humanidad llenara y continúe llenando sus cuentas insaciables. Facilitó y casi determinó la esclavitud que millones de personas tienen frente a sus aparatos, que comunican all time y aíslan del mundo, que acercan los puntos más distantes de la tierra en un segundo y estrangulan la capacidad de comunicación entre seres human@s de carne y hueso. Libero y esclavizó. Esta persona extraordinaria deja para siempre su ejemplo inspirador para soñar y realizar prodigios. Continuará despojando minuto a minuto a cada ser human@ rehén de sus tecnologías, de la invaluable facultad natural de “ser” con independencia de un dispositivo ajeno a su corporalidad.
Para algunos murió el genio de la manzana. Para algunos murió el genio de la manzana podrida. Murió un ser humano imperfecto, pero sin lugar a dudas un ser humano genial.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Steve Jobs fue y sigue siendo un personaje amado y odiado por much@s. Apple Inc. el fruto visible de su cosmovisión también es objeto de admiración, reproches, envidias y repudios. Al morir este visionario, millones de voces anónimas y de grandes personalidades aparecieron lamentando la gran pérdida para la humanidad. Sin superarse aún la conmoción que genera un fallecimiento, nítido aún el dolor de su desaparición física, se escucharon palabras contundentes en contra de la persona de Jobs y de su organización comercial y tecnológica. Se elogia desde innumerables espacios su entusiasmo laborioso e inagotable en la construcción de un nuevo lenguaje empresarial que amistaba la tecnología y el mundo cotidiano sin olvidar jamás el encanto de los sentidos mediante el arte. Se reprocha lo que para muchos es una visión netamente mercantilista, egoísta y deshumanizante, en la esencia de Apple Inc. y que constituiría su impronta categórica en el trato interno y externo de su empresa y de ella hacia la competencia y l@s usuari@s, ésto en particular por las características exactas de sus artículos que se han orientado desde siempre a que la compañía conserve indefinidamente el control total sobre cada producto fabricado, lo que impone a sus adquisidor@s la necesidad de fidelidad hacia la empresa, mientras descarta o aspira descartar la mezcla con/y los productos de otras.
Tanto los fanáticos de Steve Jobs y Apple Inc y sus detractores tienen un trozo de verdad. Jobs, supo acariciar una manzana con su mente maravillosa y hacer que de ella brotara un árbol fuertemente cimentado y prospero que cumplió más allá de la saciedad sus sueños y que aún en su ausencia seguirá produciendo sus preciados frutos indefinidamente. Fue capaz de soñar con realidades que aún las mentes más sofisticadas y potentes de los ingenier@s y empresari@s de su época no vislumbraron ni de lejos, descontando con innegables salvedades a Bill Gates y su emporio. Logró impregnar de arte las semillas de ciencia y riqueza que iba plantando en el garaje de su casa en el Valle del Silicio. Surcó la barrera que distanciaba a l@s no iniciad@s en tecnología, de los usos tecnológicos. Consiguió junto a los otros agentes del ramo, que una inabarcable porción de la riqueza de la humanidad llenara y continúe llenando sus cuentas insaciables. Facilitó y casi determinó la esclavitud que millones de personas tienen frente a sus aparatos, que comunican all time y aíslan del mundo, que acercan los puntos más distantes de la tierra en un segundo y estrangulan la capacidad de comunicación entre seres human@s de carne y hueso. Libero y esclavizó. Esta persona extraordinaria deja para siempre su ejemplo inspirador para soñar y realizar prodigios. Continuará despojando minuto a minuto a cada ser human@ rehén de sus tecnologías, de la invaluable facultad natural de “ser” con independencia de un dispositivo ajeno a su corporalidad.
Para algunos murió el genio de la manzana. Para algunos murió el genio de la manzana podrida. Murió un ser humano imperfecto, pero sin lugar a dudas un ser humano genial.
Verónyka Santamaría
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viernes, 30 de septiembre de 2011
Primavera Epiléptica
ἐπιλαμβάνειν, ēpilambáneim
La primavera llegaba para inaugurar de colores la tierra. El invierno seguía sin despedirse aferrado en un abrazo gélido al aire. Nací diminuta y helada, y aunque mi cuerpo supo crecer y hasta más de la cuenta, jamás ha encontrado la manera autónoma de abandonar el frío que parece ir desde sus entrañas hasta el exterior y desde el exterior hasta sus entrañas. Sufro el invierno más que cualquier otra de las cuatro épocas del año, mi piel es atormentada con diminutas agujas que me inyectan lo que pareciera ser un segundo manto escarchado. Mis senos son lacerados invisiblemente por pequeñas navajas que como dientes infantiles en el pezón materno, se clavan en ellos en los días más crudos de cada temporada invernal, algo igual de doloroso frena el engranaje de mis articulaciones, haciendo que dar cada paso, levantar los brazos, abrir o cerrar cada dedo de manos y pies represente un suplicio impuesto por las heladas.
Era el primer día de la nueva estación, los rostros deambulando por la calle vestían una incipiente sonrisa de despedida al frío, cosa absurda pues no obstante revelarse en el calendario el inicio de la cálida etapa floreciente, la temperatura sólo empieza a subir lentamente hasta unos días o semanas después. Llegué a mi clase de danza y verifiqué que mi sensación de frío no era psicosomática, cada poro de mi epidermis estaba levantado rígido y podían sentirse como un tenue relieve bajo la delicada tela de mi malla y mis panty medias. La clase estaba casi desierta, poc@s osaban desafiar su frío con el baile.
Los pasos de cada frase ayudaban a calentarnos con la misma lentitud de la música, no obstante en algo compensaban la ausencia de calefacción. Ese día estrenábamos profesora y como pasa en ocasiones con lo que se estrena, nos quedaba grande, estábamos muy bien mal acostumbrad@s a nuestro profesor de rutinas aptas para todo tipo de público y esta nueva instructora nos estaba llevando a niveles más altos de exigencia y de satisfactorio dolor. Cuando llegó el turno de flexionar las piernas e inclinar nuestro torso hacia atrás desde el coxis, yo estaba plena, sin frío y con el ardor punzante que me encanta sentir cuando trabajo algún músculo. Hice mi primer gran esfuerzo por inclinar mi espalda hasta la altura de mi cintura y aunque no puedo precisar que tan bajo logré llegar, si se con precisión que de repente mi visión se nubló y mi cara se cubrió de un cosquilleo intenso que fue desapareciendo lentamente mientras el aire iba llenando de nuevo mis pulmones, recuerdo haberme quedado muy quieta, disfrutando ese plácido calor picante y esperando a que mis ojos vieran de nuevo. La misma experiencia se repitió al ejecutar un par de veces más el ejercicio, veía borroso, sentía como si todo transcurriera en cámara lenta y empezaba a tener escalofrío debido a un helado sudor que ahora bajaba por mi cuerpo desde mi frente. La profesora anunció que haríamos una última vez esa torsión y como me había abstenido de realizar las últimas por el intenso mareo que me estremecía, decidí hacerla lo mejor posible esta vez, obligando a mi torso a alcanzar su mayor ángulo inverso, tenía un poco de miedo, lo confieso, porque en cada serie perdía la luz de mis ojos y la noción del entorno, pero estaba ansiosa también, porque al volver la claridad sentía mi cuerpo regresar de un profundo éxtasis que superaba cualquier zozobra previa.
Tomé cuanto aire cabía en mis pulmones e inicié el descenso, agarrando entre tanto la barra frente a mí con fuerza, cuando llegué lo suficientemente bajo para ver mi rostro reflejado en el espejo trasero, no pude ver nada más, no se cuanto tiempo después vi varias piernas paradas a mi alrededor y confundida trataba de recordar preguntándome que ejercicio estábamos haciendo sentadas en el suelo, el bullicio generalizado me impedía concentrarme, una indagaba si estaba bien, otra que si me había golpeado demasiado fuerte la cabeza al caer, la otra acariciaba mis brazos, la otra me frotaba las piernas, me ofrecían agua y alguien más levantaba la barra caída junto a mí. Aún sin comprender me puse en pie como un bólido abandonando esa posición de centro de atracción, recibí un poco de agua, sentía un escalofrío más penetrante que los anteriores, percibía un ligero temblor recorriéndome y me dolía la cabeza con mayor intensidad que nunca, la sentía apretada, comprimida y muy en el fondo de mi oído escuchaba un sonido agudo, intermitente, molesto, respiraba pesadamente como si el aire hubiese tomado una textura cremosa, pero conservaba también una ola placentera inundándome por completo. Traté de tranquilizarlas, les dije que estaba bien, que me sentía estupenda, que lo que fuera que me hubiese ocurrido había sido magnífico, lo que era cierto. Algunas voces preocupadas me acallaban más inquietas afirmando que yo había convulsionado repetidas veces “Te pusiste rígida, el rostro blanco, los labios morados, tenías los ojos dilatados y temblabas sin conciencia, como desconectada” y debía consultar a un doctor de inmediato. Fui al hospital, me hicieron un masaje en la columna y me lanzaron de vuelta a mis ensayos; una semana más tarde y luego la otra y la otra y otra más, hasta que perdí la cuenta estuve regresando al médico de vuelta tras mi rutina de baile y convulsiones. Años atrás en un fluir de mis dotes de rebelde acróbata había roto mi cráneo al caer de un auto y como si fuese un broche de oro para mis grandes piruetas, había convulsionado por varios días en el sanatorio donde pasé mi inconsciencia, desde entonces me había sido anunciado el posible retorno de los espasmos clínicos cualquier día, algún día.
Me tomé lo del médico como una parte más de mi secuencia de danzas, las convulsiones ocurrían en mi cuerpo pero en nada me afectaban, por el contrario el placer que experimentaba de golpe al abandonarme las imágenes circundantes y que continuaba al sumergirse mi cabeza pesadamente en un mar denso, hirviente, que expulsaba cualquier sonido, todo dolor, toda conciencia, desbordaba cada una de mis células temblorosas; es verdad que en cada crisis mi rostro quedaba más lívido, mis labios más azulados y rígidos, mi cuerpo se sacudía con más potencia y que al recobrar la conciencia, cada vez habían pasado más segundos, minutos, cada vez mi ropa estaba más húmeda por el sudor frío bañándome, cada vez el dolor apaleaba mis extremidades con mayor inclemencia, aunque toda yo regresara satisfecha de un viaje desconocido y sublime, indescriptible, intensamente trémulo, desbordante como desbordante eran los temblores sacudiéndome. No me angustian estas experiencias, he leído de bailes rituales que parten de tránsitos alucinantes de sus intérpretes logrados al girar frenéticamente sus cabezas en contraposición al torso, para superar los movimientos de la carne y alcanzar las danzas del espíritu.
Me diagnosticaron epilepsia la semana en que culminó la primavera. Me prohibieron bailar. Debieron prohibirme respirar. Cancelaron mi matrícula en la academia. Me condenaron a la tortura del reposo. Pasé tres estaciones recluida en casa, inmóvil viendo la vida pasarme de lado. Antes de que mi cerebro estallara y priorizando mi salud mental, abandoné a mis padres. Cambié de ciudad. Ya no cargo con mi historia enfermiza. Bailo cada vez como si fuera mi último acto.
La primavera pasada despertó en mi vida un capullo de epilepsia, espero anhelante que en esta nueva edición florezcan para mí todos sus ataques.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
La primavera llegaba para inaugurar de colores la tierra. El invierno seguía sin despedirse aferrado en un abrazo gélido al aire. Nací diminuta y helada, y aunque mi cuerpo supo crecer y hasta más de la cuenta, jamás ha encontrado la manera autónoma de abandonar el frío que parece ir desde sus entrañas hasta el exterior y desde el exterior hasta sus entrañas. Sufro el invierno más que cualquier otra de las cuatro épocas del año, mi piel es atormentada con diminutas agujas que me inyectan lo que pareciera ser un segundo manto escarchado. Mis senos son lacerados invisiblemente por pequeñas navajas que como dientes infantiles en el pezón materno, se clavan en ellos en los días más crudos de cada temporada invernal, algo igual de doloroso frena el engranaje de mis articulaciones, haciendo que dar cada paso, levantar los brazos, abrir o cerrar cada dedo de manos y pies represente un suplicio impuesto por las heladas.
Era el primer día de la nueva estación, los rostros deambulando por la calle vestían una incipiente sonrisa de despedida al frío, cosa absurda pues no obstante revelarse en el calendario el inicio de la cálida etapa floreciente, la temperatura sólo empieza a subir lentamente hasta unos días o semanas después. Llegué a mi clase de danza y verifiqué que mi sensación de frío no era psicosomática, cada poro de mi epidermis estaba levantado rígido y podían sentirse como un tenue relieve bajo la delicada tela de mi malla y mis panty medias. La clase estaba casi desierta, poc@s osaban desafiar su frío con el baile.
Los pasos de cada frase ayudaban a calentarnos con la misma lentitud de la música, no obstante en algo compensaban la ausencia de calefacción. Ese día estrenábamos profesora y como pasa en ocasiones con lo que se estrena, nos quedaba grande, estábamos muy bien mal acostumbrad@s a nuestro profesor de rutinas aptas para todo tipo de público y esta nueva instructora nos estaba llevando a niveles más altos de exigencia y de satisfactorio dolor. Cuando llegó el turno de flexionar las piernas e inclinar nuestro torso hacia atrás desde el coxis, yo estaba plena, sin frío y con el ardor punzante que me encanta sentir cuando trabajo algún músculo. Hice mi primer gran esfuerzo por inclinar mi espalda hasta la altura de mi cintura y aunque no puedo precisar que tan bajo logré llegar, si se con precisión que de repente mi visión se nubló y mi cara se cubrió de un cosquilleo intenso que fue desapareciendo lentamente mientras el aire iba llenando de nuevo mis pulmones, recuerdo haberme quedado muy quieta, disfrutando ese plácido calor picante y esperando a que mis ojos vieran de nuevo. La misma experiencia se repitió al ejecutar un par de veces más el ejercicio, veía borroso, sentía como si todo transcurriera en cámara lenta y empezaba a tener escalofrío debido a un helado sudor que ahora bajaba por mi cuerpo desde mi frente. La profesora anunció que haríamos una última vez esa torsión y como me había abstenido de realizar las últimas por el intenso mareo que me estremecía, decidí hacerla lo mejor posible esta vez, obligando a mi torso a alcanzar su mayor ángulo inverso, tenía un poco de miedo, lo confieso, porque en cada serie perdía la luz de mis ojos y la noción del entorno, pero estaba ansiosa también, porque al volver la claridad sentía mi cuerpo regresar de un profundo éxtasis que superaba cualquier zozobra previa.
Tomé cuanto aire cabía en mis pulmones e inicié el descenso, agarrando entre tanto la barra frente a mí con fuerza, cuando llegué lo suficientemente bajo para ver mi rostro reflejado en el espejo trasero, no pude ver nada más, no se cuanto tiempo después vi varias piernas paradas a mi alrededor y confundida trataba de recordar preguntándome que ejercicio estábamos haciendo sentadas en el suelo, el bullicio generalizado me impedía concentrarme, una indagaba si estaba bien, otra que si me había golpeado demasiado fuerte la cabeza al caer, la otra acariciaba mis brazos, la otra me frotaba las piernas, me ofrecían agua y alguien más levantaba la barra caída junto a mí. Aún sin comprender me puse en pie como un bólido abandonando esa posición de centro de atracción, recibí un poco de agua, sentía un escalofrío más penetrante que los anteriores, percibía un ligero temblor recorriéndome y me dolía la cabeza con mayor intensidad que nunca, la sentía apretada, comprimida y muy en el fondo de mi oído escuchaba un sonido agudo, intermitente, molesto, respiraba pesadamente como si el aire hubiese tomado una textura cremosa, pero conservaba también una ola placentera inundándome por completo. Traté de tranquilizarlas, les dije que estaba bien, que me sentía estupenda, que lo que fuera que me hubiese ocurrido había sido magnífico, lo que era cierto. Algunas voces preocupadas me acallaban más inquietas afirmando que yo había convulsionado repetidas veces “Te pusiste rígida, el rostro blanco, los labios morados, tenías los ojos dilatados y temblabas sin conciencia, como desconectada” y debía consultar a un doctor de inmediato. Fui al hospital, me hicieron un masaje en la columna y me lanzaron de vuelta a mis ensayos; una semana más tarde y luego la otra y la otra y otra más, hasta que perdí la cuenta estuve regresando al médico de vuelta tras mi rutina de baile y convulsiones. Años atrás en un fluir de mis dotes de rebelde acróbata había roto mi cráneo al caer de un auto y como si fuese un broche de oro para mis grandes piruetas, había convulsionado por varios días en el sanatorio donde pasé mi inconsciencia, desde entonces me había sido anunciado el posible retorno de los espasmos clínicos cualquier día, algún día.
Me tomé lo del médico como una parte más de mi secuencia de danzas, las convulsiones ocurrían en mi cuerpo pero en nada me afectaban, por el contrario el placer que experimentaba de golpe al abandonarme las imágenes circundantes y que continuaba al sumergirse mi cabeza pesadamente en un mar denso, hirviente, que expulsaba cualquier sonido, todo dolor, toda conciencia, desbordaba cada una de mis células temblorosas; es verdad que en cada crisis mi rostro quedaba más lívido, mis labios más azulados y rígidos, mi cuerpo se sacudía con más potencia y que al recobrar la conciencia, cada vez habían pasado más segundos, minutos, cada vez mi ropa estaba más húmeda por el sudor frío bañándome, cada vez el dolor apaleaba mis extremidades con mayor inclemencia, aunque toda yo regresara satisfecha de un viaje desconocido y sublime, indescriptible, intensamente trémulo, desbordante como desbordante eran los temblores sacudiéndome. No me angustian estas experiencias, he leído de bailes rituales que parten de tránsitos alucinantes de sus intérpretes logrados al girar frenéticamente sus cabezas en contraposición al torso, para superar los movimientos de la carne y alcanzar las danzas del espíritu.
Me diagnosticaron epilepsia la semana en que culminó la primavera. Me prohibieron bailar. Debieron prohibirme respirar. Cancelaron mi matrícula en la academia. Me condenaron a la tortura del reposo. Pasé tres estaciones recluida en casa, inmóvil viendo la vida pasarme de lado. Antes de que mi cerebro estallara y priorizando mi salud mental, abandoné a mis padres. Cambié de ciudad. Ya no cargo con mi historia enfermiza. Bailo cada vez como si fuera mi último acto.
La primavera pasada despertó en mi vida un capullo de epilepsia, espero anhelante que en esta nueva edición florezcan para mí todos sus ataques.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
viernes, 9 de septiembre de 2011
Yo también Soy Una Indignada
Los locos como yo no logramos entender muchas normas locas que se inventaron los cuerdos para sustentar su mundo miserable.
España es sacudida por miles de jóvenes que se han declarado l@s indignad@s, hombres y mujeres que se cansaron de esperar a que l@s polític@s de turno en quienes han confiado el porvenir social hagan algo por su sociedad y les ofrezcan las respuestas que requieren en su trasegar diario, no respuestas políticamente correctas, sino comida en sus mesas y alacenas, diversión para corromper sus rutinas de asalariados de sueldos paupérrimos en el mejor de los casos o desocupados en los casos cada vez más comunes, de no corrupción, de salud y principalmente, de dignidad. Personas que quieren cambios y que entendieron por fin que hay un@s poc@s que son los grandes beneficiarios del statu quo, l@s poderos@s del mundo que tienen en sus sucias manos la posibilidad de mejorar la vida para tod@s pero que no lo harán, pues su único fin es seguir acumulando toda clase de bienes que alimenten su insaciable y vulgar codicia.
La inconformidad de est@s maravillos@s indignados es entendible desde cualquier latitud, lo que resulta incomprensible es que siendo el mundo un caldo de desposeídos con un@s poc@s miserables controlando todo a su estricto favor, no haya una protesta generalizada de l@s indignad@s que silenciosamente somos tod@s. Por qué, por ejemplo l@s hij@s de la madre patria (mala madre ella desde siempre) no nos hemos levantado en contra de nuestros políticos criollos tan corruptos como los de la madre?, va la madre; Por qué nos adaptamos a vivir en la miseria, con sueldos de hambre, sin mayores posibilidades de diversión que el paseo de vacaciones, sin tiempo para el descanso, para ver crecer a nuestr@s hij@s y no tener simplemente que evidenciarlo porque la ropa ya les queda pequeña y hay que comprarles nuevamente, estirando acrobáticamente el importe salarial mensual?; Por qué aceptamos que los “inteligentes” empresarios decidan pagar nuestra fuerzas, el desgaste máximo de nuestro cuerpo con el salario mínimo?, y el inteligente va entre comillas pues convertirse en una ave de rapiña consumidora de human@s con todo y sus ilusiones podrá ser lucrativo pero da pocas muestras de inteligente humanidad.
Cambiar el mundo y romper las reglas absurdas que lo sostienen parece una impensable utopía. Ya sabemos que las opiniones y los pensamientos diversos suelen ser pagados con la exclusión social, inclusive de quienes piensan lo mismo pero no se atreven a manifestarlo y optan por caminar como vacas al matadero, y hasta con un tiro en la nuca, pues quienes matan ilusiones, saben matar también. Sin embargo un buen comienzo es reflexionar, pensar las reglas y enfrentar la irracionalidad, entender que lo que es, no tiene que ser así indefinidamente, que todo es un resultado, y que entre tod@s, desde lo íntimo y personal pueden alterarse los factores. Podemos empezar por vomitar de una vez por todas, toda la basura que nos hacen tragar a diario en pequeñas cápsulas normativas, que nos dictan la moral que se debe respetar y seguir, el deber ser social, lo que es correcto, lo que es debido.
Recientemente me preguntaba que era mejor, enseñarle a mi hija a seguir las reglas o enseñarle a romperlas con criterio?. Mi hija seguirá construyendo tras de mí un futuro más ético, así que no le haré el terrible mal de enseñarle a ser borreg@ de cerviz baja. Sembraré en ella la inconformidad permanente que arda desde sus entrañas y eleve en alto su frente.
Y pregunto: ¿Qué harás tú con tu indignación, te la tragarás entera? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
España es sacudida por miles de jóvenes que se han declarado l@s indignad@s, hombres y mujeres que se cansaron de esperar a que l@s polític@s de turno en quienes han confiado el porvenir social hagan algo por su sociedad y les ofrezcan las respuestas que requieren en su trasegar diario, no respuestas políticamente correctas, sino comida en sus mesas y alacenas, diversión para corromper sus rutinas de asalariados de sueldos paupérrimos en el mejor de los casos o desocupados en los casos cada vez más comunes, de no corrupción, de salud y principalmente, de dignidad. Personas que quieren cambios y que entendieron por fin que hay un@s poc@s que son los grandes beneficiarios del statu quo, l@s poderos@s del mundo que tienen en sus sucias manos la posibilidad de mejorar la vida para tod@s pero que no lo harán, pues su único fin es seguir acumulando toda clase de bienes que alimenten su insaciable y vulgar codicia.
La inconformidad de est@s maravillos@s indignados es entendible desde cualquier latitud, lo que resulta incomprensible es que siendo el mundo un caldo de desposeídos con un@s poc@s miserables controlando todo a su estricto favor, no haya una protesta generalizada de l@s indignad@s que silenciosamente somos tod@s. Por qué, por ejemplo l@s hij@s de la madre patria (mala madre ella desde siempre) no nos hemos levantado en contra de nuestros políticos criollos tan corruptos como los de la madre?, va la madre; Por qué nos adaptamos a vivir en la miseria, con sueldos de hambre, sin mayores posibilidades de diversión que el paseo de vacaciones, sin tiempo para el descanso, para ver crecer a nuestr@s hij@s y no tener simplemente que evidenciarlo porque la ropa ya les queda pequeña y hay que comprarles nuevamente, estirando acrobáticamente el importe salarial mensual?; Por qué aceptamos que los “inteligentes” empresarios decidan pagar nuestra fuerzas, el desgaste máximo de nuestro cuerpo con el salario mínimo?, y el inteligente va entre comillas pues convertirse en una ave de rapiña consumidora de human@s con todo y sus ilusiones podrá ser lucrativo pero da pocas muestras de inteligente humanidad.
Cambiar el mundo y romper las reglas absurdas que lo sostienen parece una impensable utopía. Ya sabemos que las opiniones y los pensamientos diversos suelen ser pagados con la exclusión social, inclusive de quienes piensan lo mismo pero no se atreven a manifestarlo y optan por caminar como vacas al matadero, y hasta con un tiro en la nuca, pues quienes matan ilusiones, saben matar también. Sin embargo un buen comienzo es reflexionar, pensar las reglas y enfrentar la irracionalidad, entender que lo que es, no tiene que ser así indefinidamente, que todo es un resultado, y que entre tod@s, desde lo íntimo y personal pueden alterarse los factores. Podemos empezar por vomitar de una vez por todas, toda la basura que nos hacen tragar a diario en pequeñas cápsulas normativas, que nos dictan la moral que se debe respetar y seguir, el deber ser social, lo que es correcto, lo que es debido.
Recientemente me preguntaba que era mejor, enseñarle a mi hija a seguir las reglas o enseñarle a romperlas con criterio?. Mi hija seguirá construyendo tras de mí un futuro más ético, así que no le haré el terrible mal de enseñarle a ser borreg@ de cerviz baja. Sembraré en ella la inconformidad permanente que arda desde sus entrañas y eleve en alto su frente.
Y pregunto: ¿Qué harás tú con tu indignación, te la tragarás entera? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
jueves, 23 de junio de 2011
Nudos Desnudos
Está jugando con su vida. Y qué? Con algo hay que jugar.
La Vida en Rosa
Y de pronto sentía que mi mano era un pájaro tembloroso, agonizante, que requería plasmar su dolor, su caos, su angustia, su elixir vital, en el picotear del teclado. Los sentimientos refulgían en mi abdomen, en medio de mis pechos, en mi caja torácica, inquietaban mis nalgas y empezaba a moverme de aquí para allá sin levantarme de la silla, pensaba sin descanso en un cigarro, en un vaso de agua para apagar toda la violencia caliente de mi espíritu o una copa de frío champagne para brindar sola y pasarme mis tragos amargos, mis desazones, la soledad, la desesperanza, la inconformidad, el grito callado renegando de las realidades de los que no quieren golpes de fortuna sino reconocimiento como seres totales, los que no quieren misericordia sino sensibilidad a su ser, a su existencia, que no por accidentada es indigna, aunque todo alrededor quiera reducirlos a la indignidad. Y el absurdo orden de la vida se me atragantaba en la garganta, no podía pasarlo, sigo sin podérmelo pasar, es indigerible aceptar que las cosas tienen que ser como son y que el orden no deba subvertirse para diseñar visiones particulares del mundo, realidades alternativas, formas privadas, personales de concebirlo, de vivirlo, de reproducirlo, de gozarlo y sufrirlo.
La vida tiene que ser cuerda. Y por qué no tomar esa cuerda vida y amarrarla una y otra vez, enredarla, desenredarla, amarrarla de nuevo y permitirse en medio del enredo, enlazarse con otras locuras, la de l@s otr@s, la propia, la del laberinto existencial, hasta que el caos total amarre el espíritu y muestre otras formas de salir de la maraña en la que se está, porque ahí se llegó en suma parte porque hasta ahí impulsó la corriente su marea, en sumisa manera, porque hasta ahí se dejó adormecer la voluntad, imponiéndola tan sólo en pequeños virajes con los que se aspira imponer el sello personal, la protesta a lo establecido, a lo irreparable, a lo inoponible, a lo que es y que se logra corromper con gritos agudos en medio del silencio, gritos placenteros, gritos amargos, gemidos que confunden la alegría y el dolor más hondo, la cópula accidentada entre lo que se quiere ser, lo que se es, lo que ha tocado ser. Por qué ser cuerdos si es la locura la fuente creadora y recreadora de la vida? Por qué renunciar a la locura íntima y aceptar en cambio la tediosa locura manifiesta de quienes se han avocado el derecho a trazar los límites de la normalidad?
Y encontré en mi desnudez, la de mi cuerpo sin ropas, la de mi espíritu sin normas, la ausencia de prebendas, de diseños meticulosos, las curvas simples, exuberantes, ligeras, las curvas trasgresoras, ajenas a las proporciones adecuadas, inadecuadas todas ellas, irreverentes, exageradas en sus sonrisas, menesterosas en sus tristezas, demasiado grandes, demasiado pequeñas, pero felices en sus desproporciones. Encontré en mis rincones salidas y entradas hasta ahora desconocidas, para avistar mi esencia o por lo menos algunos de sus aromas, para olfatear los caminos trazados por otr@s seres, los caminos para llegar a nosotr@s y amarnos. Amarnos sin nombres, sin formas, sin reglas, sin tiempos, sin plenitudes ni ausencias, sin pagos ni contra pagos, sin deudas ni carencias, simplemente en libertad.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
La Vida en Rosa
Y de pronto sentía que mi mano era un pájaro tembloroso, agonizante, que requería plasmar su dolor, su caos, su angustia, su elixir vital, en el picotear del teclado. Los sentimientos refulgían en mi abdomen, en medio de mis pechos, en mi caja torácica, inquietaban mis nalgas y empezaba a moverme de aquí para allá sin levantarme de la silla, pensaba sin descanso en un cigarro, en un vaso de agua para apagar toda la violencia caliente de mi espíritu o una copa de frío champagne para brindar sola y pasarme mis tragos amargos, mis desazones, la soledad, la desesperanza, la inconformidad, el grito callado renegando de las realidades de los que no quieren golpes de fortuna sino reconocimiento como seres totales, los que no quieren misericordia sino sensibilidad a su ser, a su existencia, que no por accidentada es indigna, aunque todo alrededor quiera reducirlos a la indignidad. Y el absurdo orden de la vida se me atragantaba en la garganta, no podía pasarlo, sigo sin podérmelo pasar, es indigerible aceptar que las cosas tienen que ser como son y que el orden no deba subvertirse para diseñar visiones particulares del mundo, realidades alternativas, formas privadas, personales de concebirlo, de vivirlo, de reproducirlo, de gozarlo y sufrirlo.
La vida tiene que ser cuerda. Y por qué no tomar esa cuerda vida y amarrarla una y otra vez, enredarla, desenredarla, amarrarla de nuevo y permitirse en medio del enredo, enlazarse con otras locuras, la de l@s otr@s, la propia, la del laberinto existencial, hasta que el caos total amarre el espíritu y muestre otras formas de salir de la maraña en la que se está, porque ahí se llegó en suma parte porque hasta ahí impulsó la corriente su marea, en sumisa manera, porque hasta ahí se dejó adormecer la voluntad, imponiéndola tan sólo en pequeños virajes con los que se aspira imponer el sello personal, la protesta a lo establecido, a lo irreparable, a lo inoponible, a lo que es y que se logra corromper con gritos agudos en medio del silencio, gritos placenteros, gritos amargos, gemidos que confunden la alegría y el dolor más hondo, la cópula accidentada entre lo que se quiere ser, lo que se es, lo que ha tocado ser. Por qué ser cuerdos si es la locura la fuente creadora y recreadora de la vida? Por qué renunciar a la locura íntima y aceptar en cambio la tediosa locura manifiesta de quienes se han avocado el derecho a trazar los límites de la normalidad?
Y encontré en mi desnudez, la de mi cuerpo sin ropas, la de mi espíritu sin normas, la ausencia de prebendas, de diseños meticulosos, las curvas simples, exuberantes, ligeras, las curvas trasgresoras, ajenas a las proporciones adecuadas, inadecuadas todas ellas, irreverentes, exageradas en sus sonrisas, menesterosas en sus tristezas, demasiado grandes, demasiado pequeñas, pero felices en sus desproporciones. Encontré en mis rincones salidas y entradas hasta ahora desconocidas, para avistar mi esencia o por lo menos algunos de sus aromas, para olfatear los caminos trazados por otr@s seres, los caminos para llegar a nosotr@s y amarnos. Amarnos sin nombres, sin formas, sin reglas, sin tiempos, sin plenitudes ni ausencias, sin pagos ni contra pagos, sin deudas ni carencias, simplemente en libertad.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
miércoles, 8 de junio de 2011
Separadas, No Desesperadas
Cuando una mujer se separa y/o divorcia posiblemente no tenga la certeza de como es la pareja que querrá encontrar a futuro, o, si tras la experiencia está dispuesta a ser reincidente y beberse dos veces la misma copa. Una vez que baja la marea dramática que trae consigo el divorcio, quedan en la arena buenas certezas, por ejemplo saber que desaparecido el ex, hay multitud de prospectos dispuestos a reemplazarlo, saber bien que hay hombres a la vuelta de la esquina y antes de que uno desocupe la plaza, ya hay varios haciendo fila para ocuparla. Ya no está esa angustia adolescente por gustarle a alguien y tener una relación, ambas cosas se saben perfectamente posibles y no indispensables. Otra certeza, y éste es quizá el capital asegurado más valioso, es saber, qué, no se quiere encontrar, que clase de sujetos no se volverían a admitir ni para cubrir una emergencia.
No obstante, como esos nuevos saberes ocupan el fuero interno, hacia afuera, el estigma de desgraciad@ permanece sobre quien se ha separado. Quizá a ello obedezca que las mujeres separadas se vean abocadas a lidiar con algunos especímenes masculinos que se presumen ideales para acompañarlas. Sapos de pantano que una renovada soltera inteligente no besará jamás. Desarmemos un par de estos subtipos.
En un polo están los viejos verdes que sienten ser el mesías esperado por una separada, y más aún, si ésta tiene hij@s de su pasada relación. Se acercan con una sonrisa que denota una mezcla fermentada de amabilidad y lujuria, casi convencidos de que su actitud urgida representará un halago. Si están a la vista l@s hij@s, estos fastidiosos galanes no ahorran en palabras lisonjeras y mimos tratando de conquistar a la madre. Convencidos de su innato sex-appeal, no tienen reparos en lanzar piropos y propuestas directas con la intención de parecer valientes y portadores de ofertas dignas de publicar. Empalagosos, asfixiantes, casi repulsivos. Éstos susodichos tienen la torpe idea de que una mujer separada por serlo estará casi agradecida de que alguien se fije en ella con un presunto fin serio que incluya un papá de repuesto para sus hij@s.
La segunda clase, son los chicos que vacilan sin decidirse a abandonar la adolescencia y pisar la adultez, a la que le huyen creyéndola sinónimo de vejez. Si la separada tiene hij@s querrán instalarse en la camada como un(a) pequeñ@ caprichos@ y mimad@ más. Éstos hombres-niños en algún lapsus imaginativo se convencieron que más que un novio, amante o pareja, lo que quiere o requiere una mujer separada es una especie de hijito con servicios eróticos y que una mujer por estar divorciada estará dispuesta a decirle, si, a cualquiera y que cualquier cosa le brindará satisfacción.
Nada hay en contra de un suculento cincuentón o de un precoz tiernito y bien preparado, siempre y cuando no se crean que una mujer al abandonar o perder el proyecto de pareja que tenía, perdió también la capacidad de mirar el menú y elegir exactamente lo que desea o que su cuerpo es una casa de puertas siempre abiertas.
No hace falta decir, que en efecto, existen mujeres divorciadas que están a la espera o búsqueda desesperada de ofertas como las previamente descritas, lo que no debería condenar a todas las demás. Unas que anhelan encontrarse con algún madurito que a cambio de afecto y sexo pueda retribuirles seguridad económica y un cuasi hogar paterno para sus hij@s, otras que le dicen sí a cualquier oferta amorosa y/o sexual, ya sea por que están sumidas en la angustia de haber pasado muchos años envueltas en una relación infructuosa y quieren recuperar el tiempo que sienten haber desperdiciado y las oportunidades perdidas; porque pretenden quemar los cartuchos que les quedan y disfrutar desenfrenadamente todo lo que sea posible para reivindicar su derecho a ser sexuales y evidenciarlo para sí o para terceros; o porque han descubierto una etapa y faceta distinta de su vidas donde experimentar, tener amplias dosis de libertad sexual y probar múltiples sabores es válido y definitivamente atractivo.
En todo caso, es bueno mantenerse en perspectiva y entender que una mujer divorciada, se separó de su ex pareja, más no se fraccionó. Está completa. Eventualmente dispuesta a compartir con otr@ pero no urgida. Sin un hombre plantado al lado, pero no por eso sumida en la soledad o la indefensión. Con sus pies allanando nuevos caminos, esquivando baches para no estrellarse.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
No obstante, como esos nuevos saberes ocupan el fuero interno, hacia afuera, el estigma de desgraciad@ permanece sobre quien se ha separado. Quizá a ello obedezca que las mujeres separadas se vean abocadas a lidiar con algunos especímenes masculinos que se presumen ideales para acompañarlas. Sapos de pantano que una renovada soltera inteligente no besará jamás. Desarmemos un par de estos subtipos.
En un polo están los viejos verdes que sienten ser el mesías esperado por una separada, y más aún, si ésta tiene hij@s de su pasada relación. Se acercan con una sonrisa que denota una mezcla fermentada de amabilidad y lujuria, casi convencidos de que su actitud urgida representará un halago. Si están a la vista l@s hij@s, estos fastidiosos galanes no ahorran en palabras lisonjeras y mimos tratando de conquistar a la madre. Convencidos de su innato sex-appeal, no tienen reparos en lanzar piropos y propuestas directas con la intención de parecer valientes y portadores de ofertas dignas de publicar. Empalagosos, asfixiantes, casi repulsivos. Éstos susodichos tienen la torpe idea de que una mujer separada por serlo estará casi agradecida de que alguien se fije en ella con un presunto fin serio que incluya un papá de repuesto para sus hij@s.
La segunda clase, son los chicos que vacilan sin decidirse a abandonar la adolescencia y pisar la adultez, a la que le huyen creyéndola sinónimo de vejez. Si la separada tiene hij@s querrán instalarse en la camada como un(a) pequeñ@ caprichos@ y mimad@ más. Éstos hombres-niños en algún lapsus imaginativo se convencieron que más que un novio, amante o pareja, lo que quiere o requiere una mujer separada es una especie de hijito con servicios eróticos y que una mujer por estar divorciada estará dispuesta a decirle, si, a cualquiera y que cualquier cosa le brindará satisfacción.
Nada hay en contra de un suculento cincuentón o de un precoz tiernito y bien preparado, siempre y cuando no se crean que una mujer al abandonar o perder el proyecto de pareja que tenía, perdió también la capacidad de mirar el menú y elegir exactamente lo que desea o que su cuerpo es una casa de puertas siempre abiertas.
No hace falta decir, que en efecto, existen mujeres divorciadas que están a la espera o búsqueda desesperada de ofertas como las previamente descritas, lo que no debería condenar a todas las demás. Unas que anhelan encontrarse con algún madurito que a cambio de afecto y sexo pueda retribuirles seguridad económica y un cuasi hogar paterno para sus hij@s, otras que le dicen sí a cualquier oferta amorosa y/o sexual, ya sea por que están sumidas en la angustia de haber pasado muchos años envueltas en una relación infructuosa y quieren recuperar el tiempo que sienten haber desperdiciado y las oportunidades perdidas; porque pretenden quemar los cartuchos que les quedan y disfrutar desenfrenadamente todo lo que sea posible para reivindicar su derecho a ser sexuales y evidenciarlo para sí o para terceros; o porque han descubierto una etapa y faceta distinta de su vidas donde experimentar, tener amplias dosis de libertad sexual y probar múltiples sabores es válido y definitivamente atractivo.
En todo caso, es bueno mantenerse en perspectiva y entender que una mujer divorciada, se separó de su ex pareja, más no se fraccionó. Está completa. Eventualmente dispuesta a compartir con otr@ pero no urgida. Sin un hombre plantado al lado, pero no por eso sumida en la soledad o la indefensión. Con sus pies allanando nuevos caminos, esquivando baches para no estrellarse.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
martes, 31 de mayo de 2011
Cara de Víctima
Uno de los papelones más aburridos de presenciar es el de alguien muy cómod@ en el rol de víctima, empeñad@ en maximizar el drama de su situación y/o condición, para hacer más que evidente su terrible e injusto sufrimiento. Una persona en esa tónica conmueve al principio, da lástima en una segunda instancia y genera fastidio y rechazo en adelante. Es desagradable una víctima insufrible, quejándose a cada instante y rememorando en cada frase los tantos golpes que la vida, las personas, el destino y todo le han propinado.
La posición de una víctima auténtica también tiene una imagen que es chocante a nivel social, pese a que el dolor y la injusticia para con los demás se tolera como una realidad lamentable pero inevitable frente a la que pocas veces se puede actuar de manera directa para modificarla. No es apetecible mirar de frente el dolor evidente del otro u otra, enfrentar el rostro de su pobreza, su soledad, la violencia que ha padecido, el hambre, etc. Son dramas que están pero que no se quieren ver en lo cotidiano, resulta perfecto que se limiten a las lejanas crónicas rojas de los diarios. Al dolor es más práctico darle la espalda.
Es diferente hacerse la víctima y ser víctima, aunque sea deseable dejar de ocupar cualquiera de esos dos escaños, en el primer caso abandonarlo está ligado con buscar otras formas de reconocimiento sujetas a la valía personal y no a la conmiseración externa. En el segundo caso, el dejar de ser víctima se inicia con profundizar en esa calidad que se ostenta. Es fundamental enfrentar el contexto que se vive, y registrar cuando se está padeciendo o se ha padecido un trato desafortunado. Está bien reconocerse como víctima de algo o alguien, este es el primer paso para dejar de serlo. El camino de liberación de una realidad nefasta se va construyendo al evidenciar para sí, el daño recibido, y se continúa su tránsito con la manifestación pública de inconformidad frente a ello; todo lo cual es benéfico, como una forma de protesta, de negación a resignarse con un presente hostil, y como un fundamento que motiva y propicia el cambio de esa actualidad desagradable. Ahí el dejar de ser víctima opera desde el reconocimiento de algo o alguien que victimiza, la condición antinatural de víctima en que fue puesta la persona y la inminente necesidad de alterar ese statu quo agreste para poner un alto a aquello que lastima. Inclusive cuando el evento nocivo que victimiza haya cesado, es imperioso aceptar que se fue víctima, para poder avanzar hacia la recuperación emocional y física del daño padecido. Pasar por alto el ser o haber sido víctima, o el silenciar esa vivencia no es sano y retrasa su superación.
Y pregunto: ¿Puedes reconocerte como víctima de una situación o persona? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
La posición de una víctima auténtica también tiene una imagen que es chocante a nivel social, pese a que el dolor y la injusticia para con los demás se tolera como una realidad lamentable pero inevitable frente a la que pocas veces se puede actuar de manera directa para modificarla. No es apetecible mirar de frente el dolor evidente del otro u otra, enfrentar el rostro de su pobreza, su soledad, la violencia que ha padecido, el hambre, etc. Son dramas que están pero que no se quieren ver en lo cotidiano, resulta perfecto que se limiten a las lejanas crónicas rojas de los diarios. Al dolor es más práctico darle la espalda.
Es diferente hacerse la víctima y ser víctima, aunque sea deseable dejar de ocupar cualquiera de esos dos escaños, en el primer caso abandonarlo está ligado con buscar otras formas de reconocimiento sujetas a la valía personal y no a la conmiseración externa. En el segundo caso, el dejar de ser víctima se inicia con profundizar en esa calidad que se ostenta. Es fundamental enfrentar el contexto que se vive, y registrar cuando se está padeciendo o se ha padecido un trato desafortunado. Está bien reconocerse como víctima de algo o alguien, este es el primer paso para dejar de serlo. El camino de liberación de una realidad nefasta se va construyendo al evidenciar para sí, el daño recibido, y se continúa su tránsito con la manifestación pública de inconformidad frente a ello; todo lo cual es benéfico, como una forma de protesta, de negación a resignarse con un presente hostil, y como un fundamento que motiva y propicia el cambio de esa actualidad desagradable. Ahí el dejar de ser víctima opera desde el reconocimiento de algo o alguien que victimiza, la condición antinatural de víctima en que fue puesta la persona y la inminente necesidad de alterar ese statu quo agreste para poner un alto a aquello que lastima. Inclusive cuando el evento nocivo que victimiza haya cesado, es imperioso aceptar que se fue víctima, para poder avanzar hacia la recuperación emocional y física del daño padecido. Pasar por alto el ser o haber sido víctima, o el silenciar esa vivencia no es sano y retrasa su superación.
Y pregunto: ¿Puedes reconocerte como víctima de una situación o persona? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
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jueves, 19 de mayo de 2011
Soñar No Cuesta Nada
¡Soñar no cuesta nada! Esta frase es falsa de principio a fin. Soñar es un ejercicio que demanda un gran esfuerzo espiritual que sólo conocen aquellos seres que se han atrevido a trasgredir su realidad para imaginarla y ambicionarla diferente. Soñar implica en su génesis tener conciencia de la existencia vital, del aquí y el ahora, de las fortalezas y más aún de las debilidades, de las posesiones y de las carencias. Soñar está determinado por saberse en un punto y en una realidad limitada por lo que se ha construido, por lo que se ha destruido, por lo que las circunstancias han contribuido a dejar en pie o a derrumbar.
Soñar es esculcar el espíritu y el alma, escudriñar en el fondo que es lo que se quiere en la vida, que se pretende obtener, a donde se quiere llegar, que estandartes se quiere lanzar por tierra y cuales se quiere izar en algún momento. Soñar implica tener el valor de oponerse al presente con lo que se aspira alcanzar a futuro. Soñar tiene un gran precio de coraje y visión, lo que eventualmente puede no costar demasiado es abandonar los sueños, no esforzarse por hacerlos realidad y dejarlos sumidos en el abandono del olvido o en el baúl de las cobardes utopías, pero inclusive ésto, puede representar un alto costo, por que los sueños una vez concebidos siempre aparecerán una y otra vez como una vocecilla que demanda hacerlos ver la luz, hacerlos tangibles, materializarlos.
Much@s valientes que han traspasado sus presentes ideando el futuro a su medida, que han creído en sus proyectos, que han puesto sus fuerzas encaminadas a conseguir sus aspiraciones, terminan alcanzando el galardón que buscan; much@s otr@s, pese a todo el capital humano y físico invertido se encuentran de frente con el fracaso, con caminos sin salida, con obstáculos infranqueables, con sueños irrealizables o realizados pero desvanecidos inesperadamente. Ést@s últim@s se quedan con tres contundentes certezas, soñar cuesta, mutar sueños por realidades cuesta mucho más, recobrar el valor para volver a soñar pese a los sueños perdidos, cuesta más que todo lo anterior.
La vida gira vertiginosamente y como human@s es imposible saber a dónde conducirán cada uno de estos giros incontrolables. Es bueno recordar que el universo opera sobre reglas imperceptibles de equilibrio y armonía, y que aunque soñar es maravilloso, los sueños reflejan la percepción restringida que se tiene sobre que es lo bueno y que no, que se estima como fuente de felicidad o desasosiego; los sueños no solamente se encuentran alinderados por nuestra intima conciencia, sino que además pueden ser errados y no contener necesariamente una línea paralela con lo que realmente es benéfico para cada cual, lo que determina en algunas coyunturas que deban reestructurarse o renunciar a ellos para encontrar nuevos horizontes posibles.
Entender esta realidad hace más fácil aceptar la no realización de los sueños o su ruptura, hace comprender y confiar en que cuando las expectativas más ansiadas se ven truncadas, esto no necesariamente es malo, ya que si se van cerrando al paso todas las puertas que se golpean o todos los caminos que se quieren transitar, es posible que ocurra por que la vida en su sabiduría innata está obligando a continuar buscando, llamando, caminando, hasta avizorar en el momento justo lo que realmente se compagina con el mejor fin que el universo tiene para cada un@. Y entonces soñar tiene más sentido, puesto que se alcanzan las fuerzas para hacerlo y oponerse a cualquier barrera, inclusive a la de los sueños rotos.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
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Soñar es esculcar el espíritu y el alma, escudriñar en el fondo que es lo que se quiere en la vida, que se pretende obtener, a donde se quiere llegar, que estandartes se quiere lanzar por tierra y cuales se quiere izar en algún momento. Soñar implica tener el valor de oponerse al presente con lo que se aspira alcanzar a futuro. Soñar tiene un gran precio de coraje y visión, lo que eventualmente puede no costar demasiado es abandonar los sueños, no esforzarse por hacerlos realidad y dejarlos sumidos en el abandono del olvido o en el baúl de las cobardes utopías, pero inclusive ésto, puede representar un alto costo, por que los sueños una vez concebidos siempre aparecerán una y otra vez como una vocecilla que demanda hacerlos ver la luz, hacerlos tangibles, materializarlos.
Much@s valientes que han traspasado sus presentes ideando el futuro a su medida, que han creído en sus proyectos, que han puesto sus fuerzas encaminadas a conseguir sus aspiraciones, terminan alcanzando el galardón que buscan; much@s otr@s, pese a todo el capital humano y físico invertido se encuentran de frente con el fracaso, con caminos sin salida, con obstáculos infranqueables, con sueños irrealizables o realizados pero desvanecidos inesperadamente. Ést@s últim@s se quedan con tres contundentes certezas, soñar cuesta, mutar sueños por realidades cuesta mucho más, recobrar el valor para volver a soñar pese a los sueños perdidos, cuesta más que todo lo anterior.
La vida gira vertiginosamente y como human@s es imposible saber a dónde conducirán cada uno de estos giros incontrolables. Es bueno recordar que el universo opera sobre reglas imperceptibles de equilibrio y armonía, y que aunque soñar es maravilloso, los sueños reflejan la percepción restringida que se tiene sobre que es lo bueno y que no, que se estima como fuente de felicidad o desasosiego; los sueños no solamente se encuentran alinderados por nuestra intima conciencia, sino que además pueden ser errados y no contener necesariamente una línea paralela con lo que realmente es benéfico para cada cual, lo que determina en algunas coyunturas que deban reestructurarse o renunciar a ellos para encontrar nuevos horizontes posibles.
Entender esta realidad hace más fácil aceptar la no realización de los sueños o su ruptura, hace comprender y confiar en que cuando las expectativas más ansiadas se ven truncadas, esto no necesariamente es malo, ya que si se van cerrando al paso todas las puertas que se golpean o todos los caminos que se quieren transitar, es posible que ocurra por que la vida en su sabiduría innata está obligando a continuar buscando, llamando, caminando, hasta avizorar en el momento justo lo que realmente se compagina con el mejor fin que el universo tiene para cada un@. Y entonces soñar tiene más sentido, puesto que se alcanzan las fuerzas para hacerlo y oponerse a cualquier barrera, inclusive a la de los sueños rotos.
Verónyka Santamaría
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jueves, 31 de marzo de 2011
Just in Time
Vas en el paso “Te hago reír, mientras camino por tus costillas”
Aventuras de la Vaquita de San Antonio
Se preguntaba, ¿ciertamente, dónde estaba el centro de su tragedia?, ¿Si en su corazón, porque allí estaban sus ilusiones rotas?, o, ¿En sus entrañas, porque allí seguían danzando como locas las mariposas que el infeliz aquél no sintió el menor interés en ir a apaciguar? Se preguntó también, si el ausente ¿Sería homosexual o simplemente tarado? Con lo primero no tenía problema alguno, porque si ese cuerpo suculento era disfrutado por alguien, aunque no fuera ella, por lo menos no había desperdicio. Con lo segundo tenía los sentimientos encontrados, en muy bien medido equilibrio, de compasión, rabia y desprecio.
Meditaba el abandono, preguntándose ésto y aquello, ¿Por qué? y ¿Para qué? lanzaba, rebuscaba, inventaba respuestas de diversos calibres, respuestas pequeñas, medianas y grandes, pero ninguna se equiparaba con tacto preciso al dolor atravesado en su pecho, al ruego aprisionado en su garganta, a la pasión marchitándose en su pelvis. Arrullaba por toda la Avenida de Mayo su desasosiego, que estaba cumpliendo un mes de nacido, ese dolor monogámico de querer y entregarse plenamente a uno, pero resultarle insuficiente, casi defectuosa. El vidrio caliente de la ventana del colectivo golpeando su cabeza ilusa a cada salto en el asfalto. Una vez que la avenida se fundió en la calle Rivadavia un poco después de cruzar Paraná o Sáenz Peña, un golpe, un buen golpe de sucio ventanal le trajo la respuesta, no la perfecta para sus interrogantes, pero si la que necesitaba para los efectos colaterales de su endémico y persistente mal de amores. ¡Just in Time!
El niño, ese menor tres años que ella, ese que sabe formular por escrito propuestas indecorosas, con el decoro perfecto de un galeno. Marihuana, sexo, vino blanco y cerveza. No importa el orden, mientras se goce el desorden. ¡Just in time!. Claro que si, ella necesitaba un médico para su odiosa dolencia o por lo menos para darles un stop de ultimátum a la plaga de maripositas bailarinas de su panza y él una paciente para calmar su impaciencia y curarse mutuamente. ¿Cuándo? ¿Esta noche? ¡Espérame a las nueve! ¡Just in Time!.
Que elixir mágico el que se bebieron, ¿Cuál fue el ingrediente que le dio el toque secreto al remedio?, ¿La música alucinante?, ¿La hierba sagrada?, ¿La penumbra de esas velas que no eran románticas según él?, ¿Las manos luchando por mantener con ropa el cuerpo que se ansiaba desnudo?, ¿Qué querés tomar, vino o cerveza? Quiero tomar-te.
Vino, cerveza, un cóctel sin nombre pero delicioso, música telepática para viajar junt@s sin juntarse, manos, pies, caderas, pelos bailando frente al espejo, las horas brincando a toda prisa en el reloj y ella preguntándose just in time, ¿Terminará esta noche sin poder tomar-te? Ok., la noche ha estado plena y quedará genial en el recuerdo de esta nueva ausencia, aunque no haya broche de oro, aunque todos los broches queden inamovibles en su lugar. ¡Ah! que bueno, un revés cósmico y el sueño ayudó a manosear el deseo, un giro, dos, tres, una nota sobre esta cuerda, un toque más bajo en aquella, un esplendido acto final, que baje el telón. Ahora las mariposas están muertas de risa.
Oye linda, que quede claro, que no te invité a mi departamento para terminar acostándome con vos!. ¡Ah, sí! Si es el momento de las aclaraciones niño, que te quede bien claro, que vine a tu departamento con el único fin de acostarme contigo!. Hoy si te vi conectada, hoy si te vi de verdad!. Ella responde con una risa ligera en la superficie y en el fondo de su silencio ¿Podrías entonces ayudarme a descifrar si mi nombre aún es mi nombre o si esta noche mi nombre es “viaje” y mi apellido “orgásmico”? Gracias querido, la pasé muy bien, ponte un 10 o anota que te lo puse yo. ¡Just in time!.
Aquel día la ciencia avanzó un gran paso, el científico y su conejilla de indias descubrieron a dos cuerpos un novedoso y altamente efectivo remedio para las penas de amor: fumárselas suave, bebérselas frías y acompañarlas de orgasmos. ¡Just in Time!.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
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Aventuras de la Vaquita de San Antonio
Se preguntaba, ¿ciertamente, dónde estaba el centro de su tragedia?, ¿Si en su corazón, porque allí estaban sus ilusiones rotas?, o, ¿En sus entrañas, porque allí seguían danzando como locas las mariposas que el infeliz aquél no sintió el menor interés en ir a apaciguar? Se preguntó también, si el ausente ¿Sería homosexual o simplemente tarado? Con lo primero no tenía problema alguno, porque si ese cuerpo suculento era disfrutado por alguien, aunque no fuera ella, por lo menos no había desperdicio. Con lo segundo tenía los sentimientos encontrados, en muy bien medido equilibrio, de compasión, rabia y desprecio.
Meditaba el abandono, preguntándose ésto y aquello, ¿Por qué? y ¿Para qué? lanzaba, rebuscaba, inventaba respuestas de diversos calibres, respuestas pequeñas, medianas y grandes, pero ninguna se equiparaba con tacto preciso al dolor atravesado en su pecho, al ruego aprisionado en su garganta, a la pasión marchitándose en su pelvis. Arrullaba por toda la Avenida de Mayo su desasosiego, que estaba cumpliendo un mes de nacido, ese dolor monogámico de querer y entregarse plenamente a uno, pero resultarle insuficiente, casi defectuosa. El vidrio caliente de la ventana del colectivo golpeando su cabeza ilusa a cada salto en el asfalto. Una vez que la avenida se fundió en la calle Rivadavia un poco después de cruzar Paraná o Sáenz Peña, un golpe, un buen golpe de sucio ventanal le trajo la respuesta, no la perfecta para sus interrogantes, pero si la que necesitaba para los efectos colaterales de su endémico y persistente mal de amores. ¡Just in Time!
El niño, ese menor tres años que ella, ese que sabe formular por escrito propuestas indecorosas, con el decoro perfecto de un galeno. Marihuana, sexo, vino blanco y cerveza. No importa el orden, mientras se goce el desorden. ¡Just in time!. Claro que si, ella necesitaba un médico para su odiosa dolencia o por lo menos para darles un stop de ultimátum a la plaga de maripositas bailarinas de su panza y él una paciente para calmar su impaciencia y curarse mutuamente. ¿Cuándo? ¿Esta noche? ¡Espérame a las nueve! ¡Just in Time!.
Que elixir mágico el que se bebieron, ¿Cuál fue el ingrediente que le dio el toque secreto al remedio?, ¿La música alucinante?, ¿La hierba sagrada?, ¿La penumbra de esas velas que no eran románticas según él?, ¿Las manos luchando por mantener con ropa el cuerpo que se ansiaba desnudo?, ¿Qué querés tomar, vino o cerveza? Quiero tomar-te.
Vino, cerveza, un cóctel sin nombre pero delicioso, música telepática para viajar junt@s sin juntarse, manos, pies, caderas, pelos bailando frente al espejo, las horas brincando a toda prisa en el reloj y ella preguntándose just in time, ¿Terminará esta noche sin poder tomar-te? Ok., la noche ha estado plena y quedará genial en el recuerdo de esta nueva ausencia, aunque no haya broche de oro, aunque todos los broches queden inamovibles en su lugar. ¡Ah! que bueno, un revés cósmico y el sueño ayudó a manosear el deseo, un giro, dos, tres, una nota sobre esta cuerda, un toque más bajo en aquella, un esplendido acto final, que baje el telón. Ahora las mariposas están muertas de risa.
Oye linda, que quede claro, que no te invité a mi departamento para terminar acostándome con vos!. ¡Ah, sí! Si es el momento de las aclaraciones niño, que te quede bien claro, que vine a tu departamento con el único fin de acostarme contigo!. Hoy si te vi conectada, hoy si te vi de verdad!. Ella responde con una risa ligera en la superficie y en el fondo de su silencio ¿Podrías entonces ayudarme a descifrar si mi nombre aún es mi nombre o si esta noche mi nombre es “viaje” y mi apellido “orgásmico”? Gracias querido, la pasé muy bien, ponte un 10 o anota que te lo puse yo. ¡Just in time!.
Aquel día la ciencia avanzó un gran paso, el científico y su conejilla de indias descubrieron a dos cuerpos un novedoso y altamente efectivo remedio para las penas de amor: fumárselas suave, bebérselas frías y acompañarlas de orgasmos. ¡Just in Time!.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Citas por Internet
La tecnología fecundó la vida humana a todo nivel. La internet, que empezó como una herramienta para optimizar las comunicaciones en tiempos de guerra, es hoy en día un instrumento útil en todas las esferas sin restringirse a los límites de lo profesional y lo laboral. Estos importantes avances al tiempo que benefician al ser human@, van generando transformaciones en las formas de representarse la existencia como seres individuales y seres de relación. Mientras que hasta hace pocas décadas las comunicaciones a largas distancias dentro de una misma región constituían privilegios restringidos a muy pocas personas y a cuestiones de trabajo o de familia, hoy en día, han pasado a ser un bien de acceso común (ésto sin perder de vista, que las diferencias económicas mundiales son abismales y que siguen existiendo millones de seres human@s para quienes las tecnologías son recursos desconocidos y absolutamente inasequibles), siendo posible comunicarse a la tardanza de un click, con cualquier persona y en cualquier lugar del planeta.
Esto fomenta con fuerza que muchas relaciones no se generen tras la conexión cara a cara, que el grupo de amig@s se construya con personas de los lugares más recónditos y sin que las diferencias sociales, económicas, culturales, etc., sean una barrera infranqueable. Ello aplica también en la conformación de relaciones de pareja (u otras sentimentales y/o físicas). Ya no es extraño, escuchar historias de parejas que se conocieron a través de internet, en una sala de conversaciones on line, en un chat cualquiera, en una página de citas, en una red social u otras. Y también es más frecuente que muchas personas identifiquen mayores ventajas en este medio y que debido a ello lo seleccionen como su canal de búsqueda de pareja, concertando citas por internet.
Fraguar una cita con una persona X que apareció en la web es auto prepararse un regalo sorpresa y es este el elemento diferenciador de este tipo de encuentros. Cuando se está frente a la expectativa de descubrir lo que esconde esa caja cubierta de papel de brillantes colores que es el ciberespacio, se espera lo mejor, de acuerdo a lo que el cerebro tiene almacenado como deseable, es decir, que quien va interactuando con un personaje anónimo, lo va construyendo en su realidad mental, de conformidad con sus propias imágenes positivas registradas, de tal suerte que en muchas ocasiones el ser human@ de carne y hueso que se encuentra cuando se avanza a una cita personal, se queda corto o es antagónico a lo que se esperaba encontrar.
La persona que decide buscar una cita o una relación por internet, tiene la ventaja de poder construir meticulosamente la imagen que quiere vender, maquillarse a nivel físico, emocional, económico e intelectualmente con sus palabras, o simplemente dar a conocer esas facetas suyas que en otros encuentros no logra explotar satisfactoriamente. Puede optar por la franqueza o por la farsa cobijada en eufemismos, decir directamente cuales son sus pretensiones o disfrazarlas y darles la apariencia más conveniente de acuerdo a sus ideas o a lo más aceptado socialmente. Inclusive, cuenta con el comodín de dar por concluido un acercamiento en el instante en que lo decida y sin dar mayores explicaciones y hasta desaparecer repentinamente. Ahora bien, todas estas opciones constituyen un arma de doble filo, ya que de igual manera están en manos de quien está del otro lado, quien puede jugar con las mismas cartas y escoger su mismo método u otro inesperado. Apostarle a la autenticidad o a las caretas.
Y pregunto: ¿Te aventuras a concertar citas por internet? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Esto fomenta con fuerza que muchas relaciones no se generen tras la conexión cara a cara, que el grupo de amig@s se construya con personas de los lugares más recónditos y sin que las diferencias sociales, económicas, culturales, etc., sean una barrera infranqueable. Ello aplica también en la conformación de relaciones de pareja (u otras sentimentales y/o físicas). Ya no es extraño, escuchar historias de parejas que se conocieron a través de internet, en una sala de conversaciones on line, en un chat cualquiera, en una página de citas, en una red social u otras. Y también es más frecuente que muchas personas identifiquen mayores ventajas en este medio y que debido a ello lo seleccionen como su canal de búsqueda de pareja, concertando citas por internet.
Fraguar una cita con una persona X que apareció en la web es auto prepararse un regalo sorpresa y es este el elemento diferenciador de este tipo de encuentros. Cuando se está frente a la expectativa de descubrir lo que esconde esa caja cubierta de papel de brillantes colores que es el ciberespacio, se espera lo mejor, de acuerdo a lo que el cerebro tiene almacenado como deseable, es decir, que quien va interactuando con un personaje anónimo, lo va construyendo en su realidad mental, de conformidad con sus propias imágenes positivas registradas, de tal suerte que en muchas ocasiones el ser human@ de carne y hueso que se encuentra cuando se avanza a una cita personal, se queda corto o es antagónico a lo que se esperaba encontrar.
La persona que decide buscar una cita o una relación por internet, tiene la ventaja de poder construir meticulosamente la imagen que quiere vender, maquillarse a nivel físico, emocional, económico e intelectualmente con sus palabras, o simplemente dar a conocer esas facetas suyas que en otros encuentros no logra explotar satisfactoriamente. Puede optar por la franqueza o por la farsa cobijada en eufemismos, decir directamente cuales son sus pretensiones o disfrazarlas y darles la apariencia más conveniente de acuerdo a sus ideas o a lo más aceptado socialmente. Inclusive, cuenta con el comodín de dar por concluido un acercamiento en el instante en que lo decida y sin dar mayores explicaciones y hasta desaparecer repentinamente. Ahora bien, todas estas opciones constituyen un arma de doble filo, ya que de igual manera están en manos de quien está del otro lado, quien puede jugar con las mismas cartas y escoger su mismo método u otro inesperado. Apostarle a la autenticidad o a las caretas.
Y pregunto: ¿Te aventuras a concertar citas por internet? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
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martes, 29 de marzo de 2011
L@s Referid@s
A la hora de encontrar compañía, pareciera que el instinto de conservación impulsa a buscar en el territorio conocido y aunque la tarea consiste en salir de caza, no es lo mismo hacerlo en el bosque conocido que en una selva virgen, por ello la búsqueda suele empezar en los grupos que se frecuentan por estudio, trabajo, vida social, etc, y desde ese centro gradualmente va abriéndose a la periferia. Hay quienes hacen su búsqueda en un silencio sepulcral y prefieren que su hallazgo sorprenda por lo inesperado, hay otr@s que lo revelan a los cuatro vientos y pese a la imagen de urgencia que puede quedar fija en los demás, se lanzan públicamente a la aventura de hallar un parterner. De una u otra forma, no es extraño que por un motivo u otro quede a la vista la soltería, la falta de pareja y la necesidad real o presunta de que aparezca un tercer@ para imprimirle más sabor a esa parte del camino. Es curioso pero la soltería no gusta, si eres solter@ no faltarán quienes te quieran persuadir de las maravillas que trae consigo el amor, pero si estás buscándolo, las críticas te envolverán por aquella mojigata razón, de que el amor y otros deliciosos placeres no deben buscarse sino apenas disfrutarse cuando la fortuna los traiga. Que gran absurdo. El gozo en sus múltiples caras debe aprovecharse y propiciarse cada vez que sea posible. Ser human@s es encarnar el placer en la piel y sentir la piel viva a cada instante.
Es justo ahí cuando de boca de algún(a) querid@ amig@ surge una de las frases más sospechosas que inventó la humanidad: “Conozco a la persona perfecta para ti, l@s voy a presentar”. Esa oración tan llena de buenos propósitos, es una bomba de tiempo cuya mecha queda encendida hasta detonar, para bien o para mal. Casi siempre lo último. Como en una evidencia más de las nunca bien ponderadas Leyes de Murphy, es casi regla general que si alguien conoce a la persona perfecta para un@, justamente esa persona, es también la última persona con la que un@ saldría. L@s amig@s tienen un don especial para encontrar l@s perfect@s imperfect@s, identifican con precisión lo que te gusta y lo deforman con maestría, quieres un discreto intelectual toma el nerd más aburrido del mundo; que te inclinas por una chica descomplicada y sencilla, te presentan un@ que con suerte se baña; quieres una persona generosa, ell@s te dan una despilfarradora arruinada y lista para arruinarte; un@ amoros@, ten un chicle empalagoso, alguien hogareñ@, te va un@ cuarentón o cuarentona que vive bajo las enaguas de mamá. Si señor@s l@s amig@s tienen ese talento infalible para darte diez cucharadas amargas de la medicina, que imaginan necesitas.
Pero toda regla tiene su excepción y aunque es bastante estresante dirigirse a una cita con la persona perfecta para un@, sabiendo que por obra y gracia de la bondad ajena ya casi se tiene un compromiso, que el(a) amig@, ahora cómplice y casi confidente, espera que se selle el pacto de su muy dudosa acertada elección por encargo no acordado, hay que ponerle buena cara a la situación, tomársela como una ocasión para divertirse y hasta darle una oportunidad a la escena de que florezca y traiga consigo, si no al perfecto elemento, por lo menos si a alguien propicio para compartir una velada y quizá muchas más. Sin embargo si de entrada se identifica la incompatibilidad absoluta, si desde la hora cero, se sabe que con es@ fulan@ no se llegará a ningún lado, en esos patéticos casos la fórmula perfecta tiene tres elementos: respeto, diplomacia y punto final. Si no hay química, no la hay y ya, así el corazón roto sea el del(de la) bienintencionad@ amig@.
Y pregunto: ¿Cómo te enfrentas a una cita inminente con la persona perfecta para ti, “según tu amig@”?, ¿Te gusta presentar a tus amig@s vacantes entre sí? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Es justo ahí cuando de boca de algún(a) querid@ amig@ surge una de las frases más sospechosas que inventó la humanidad: “Conozco a la persona perfecta para ti, l@s voy a presentar”. Esa oración tan llena de buenos propósitos, es una bomba de tiempo cuya mecha queda encendida hasta detonar, para bien o para mal. Casi siempre lo último. Como en una evidencia más de las nunca bien ponderadas Leyes de Murphy, es casi regla general que si alguien conoce a la persona perfecta para un@, justamente esa persona, es también la última persona con la que un@ saldría. L@s amig@s tienen un don especial para encontrar l@s perfect@s imperfect@s, identifican con precisión lo que te gusta y lo deforman con maestría, quieres un discreto intelectual toma el nerd más aburrido del mundo; que te inclinas por una chica descomplicada y sencilla, te presentan un@ que con suerte se baña; quieres una persona generosa, ell@s te dan una despilfarradora arruinada y lista para arruinarte; un@ amoros@, ten un chicle empalagoso, alguien hogareñ@, te va un@ cuarentón o cuarentona que vive bajo las enaguas de mamá. Si señor@s l@s amig@s tienen ese talento infalible para darte diez cucharadas amargas de la medicina, que imaginan necesitas.
Pero toda regla tiene su excepción y aunque es bastante estresante dirigirse a una cita con la persona perfecta para un@, sabiendo que por obra y gracia de la bondad ajena ya casi se tiene un compromiso, que el(a) amig@, ahora cómplice y casi confidente, espera que se selle el pacto de su muy dudosa acertada elección por encargo no acordado, hay que ponerle buena cara a la situación, tomársela como una ocasión para divertirse y hasta darle una oportunidad a la escena de que florezca y traiga consigo, si no al perfecto elemento, por lo menos si a alguien propicio para compartir una velada y quizá muchas más. Sin embargo si de entrada se identifica la incompatibilidad absoluta, si desde la hora cero, se sabe que con es@ fulan@ no se llegará a ningún lado, en esos patéticos casos la fórmula perfecta tiene tres elementos: respeto, diplomacia y punto final. Si no hay química, no la hay y ya, así el corazón roto sea el del(de la) bienintencionad@ amig@.
Y pregunto: ¿Cómo te enfrentas a una cita inminente con la persona perfecta para ti, “según tu amig@”?, ¿Te gusta presentar a tus amig@s vacantes entre sí? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
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martes, 22 de marzo de 2011
Salir de Caza
Cómo se ve a diario y aunque no se publicite en demasía, existen diversas formas de relacionarse sentimental y sexualmente. Todas ellas implican elección, decisión, desafíos y conductas. Todas tienen sus más y sus menos, por eso cada un@ debe enfrentarse a si mism@ y elegir con respeto y amor, de tal forma que al relacionarse potencie su ser, sin restarse, ni restar a otr@s dignidad.
Cuando se sabe con cercanía que es lo que se quiere emprender, no siempre es fácil acertar con quien compartir el proyecto, sea cual sea. Iniciar una relación algunas veces no es un asunto sencillo, para algunos su personalidad es un imán que atrae a los demás, pero inclusive teniendo un carácter agradable, en algunas circunstancias encontrar a alguien es complicado.
Es frecuente escuchar la proclama de los sabios de siempre “Eso no hay que buscarlo, entre más lo busque, menos va a encontrar, llega cuando tiene que llegar, cuando un@ menos se lo espera”. Verdaderamente una posibilidad de relación puede avistarse repentinamente en un momento inesperado, llegar y sorprender, en ese caso, esa oportunidad debe aprovecharse con buena actitud, pues la mala onda espanta hasta las moscas, pero y cuando no aparece nada y se quiere estar en algún tipo de relación amorosa o erótica, ¿Por qué sentarse a esperar?.
Si buscamos dinero, buscamos trabajo, buscamos donde vivir, alimentos, vestido y hasta cosas inútiles, ¿Por qué no buscar a alguien para compartir una relación de noviazgo o lo que se quiera? No hay ninguna razón que valide quedarse de brazos cruzados y resignarse a que alguna conjunción astronómica especial nos ponga justo frente a la persona indicada sin mover un dedo para ello. Por el contrario es absolutamente válido decidirse a encontrarla y hacer lo que sea preciso para lograrlo. Eso nada tiene que ver con salir en actitud desesperada a regalarse en una feria de variedades. Que se quiera encontrar, no significa que se ignore el propio valor y que paralelamente se busque llegar a alguien equiparable a quien se es.
No todos los momentos son buenos para estar acompañado, a veces estar a solas consigo mism@ es lo más prudente, darse tiempo para la reflexión, para aprender de las experiencias recientes, para conocerse, para disfrutar los grandes planes que se hacen cuando no hay lazos a la vista, y cuando no es ese el momento es excelente abrirse a nuevas posibilidades que llegan o generarlas cuando no llegan.
Ese es el tema de este mes, ¿Qué hacer para encontrar pareja?, aunque las reflexiones son aplicables también cuando se buscan otro tipo de encuentros. Y pregunto: ¿Qué haces para encontrar pareja o relaciones?, ¿Te gusta buscar o que te encuentren? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
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Cuando se sabe con cercanía que es lo que se quiere emprender, no siempre es fácil acertar con quien compartir el proyecto, sea cual sea. Iniciar una relación algunas veces no es un asunto sencillo, para algunos su personalidad es un imán que atrae a los demás, pero inclusive teniendo un carácter agradable, en algunas circunstancias encontrar a alguien es complicado.
Es frecuente escuchar la proclama de los sabios de siempre “Eso no hay que buscarlo, entre más lo busque, menos va a encontrar, llega cuando tiene que llegar, cuando un@ menos se lo espera”. Verdaderamente una posibilidad de relación puede avistarse repentinamente en un momento inesperado, llegar y sorprender, en ese caso, esa oportunidad debe aprovecharse con buena actitud, pues la mala onda espanta hasta las moscas, pero y cuando no aparece nada y se quiere estar en algún tipo de relación amorosa o erótica, ¿Por qué sentarse a esperar?.
Si buscamos dinero, buscamos trabajo, buscamos donde vivir, alimentos, vestido y hasta cosas inútiles, ¿Por qué no buscar a alguien para compartir una relación de noviazgo o lo que se quiera? No hay ninguna razón que valide quedarse de brazos cruzados y resignarse a que alguna conjunción astronómica especial nos ponga justo frente a la persona indicada sin mover un dedo para ello. Por el contrario es absolutamente válido decidirse a encontrarla y hacer lo que sea preciso para lograrlo. Eso nada tiene que ver con salir en actitud desesperada a regalarse en una feria de variedades. Que se quiera encontrar, no significa que se ignore el propio valor y que paralelamente se busque llegar a alguien equiparable a quien se es.
No todos los momentos son buenos para estar acompañado, a veces estar a solas consigo mism@ es lo más prudente, darse tiempo para la reflexión, para aprender de las experiencias recientes, para conocerse, para disfrutar los grandes planes que se hacen cuando no hay lazos a la vista, y cuando no es ese el momento es excelente abrirse a nuevas posibilidades que llegan o generarlas cuando no llegan.
Ese es el tema de este mes, ¿Qué hacer para encontrar pareja?, aunque las reflexiones son aplicables también cuando se buscan otro tipo de encuentros. Y pregunto: ¿Qué haces para encontrar pareja o relaciones?, ¿Te gusta buscar o que te encuentren? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
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lunes, 14 de marzo de 2011
La Monogamia
La monogamia es la forma de relación de pareja basada en la exclusividad afectiva y sexual entre sus integrantes, de por vida o mientras dure el vínculo legal o material, momento en el que cada parte queda en libertad de iniciar otra relación amorosa (monogamia seriada). Es la forma de relación de pareja más difundida en la cultura occidental tanto desde lo religioso y moral como desde lo normativo, en lo primero en tanto se ha difundido como la manera idónea de conformar relaciones amorosas dentro de parámetros de decoro social y espiritual, y en lo segundo, en tanto es el tipo de relación que mayor desarrollo legal tiene en aspectos como su conformación, sostenimiento, disolución, y en puntos tan internos como lo concerniente a quienes la conforman, el manejo de bienes, la intimidad, etc.
El hecho de que se promueva sin lugar a cuestionamientos como la forma natural y correcta de relacionarse es lo que me lleva a mirarla críticamente, así como a quienes optan por seguirla, sin detenerse a meditar todo lo que comprende para sí y para tercer@s, desde el punto de vista social y más aún desde lo interno. Ahora bien, muchas son las críticas que se lanzan a la monogamia, por coaccionar el manejo del amor, de la sexualidad, de los bienes; por constituir una de las fuentes de mayor fracaso y frustración social y personal, entre otras cosas. Sin embargo, pese a todas las críticas sigue siendo la forma de unión amorosa abanderada en nuestra cultura y como es lógico, sus practicantes vienen de todas las corrientes filosóficas, políticas, religiosas, morales, económicas, intelectuales. En últimas, no es una forma seguida exclusivamente por personajes influenciables y proclives al lavado cerebral, hasta los más versados, pensantes e inteligentes siguen inclinándose por las virtudes de la monogamia. Tanto éxito tampoco debe ser gratuito.
Escudriñando las razones de quienes se pretenden practicantes convencidos de la monogamia, aparecen razones fuertes sobre las ventajas que representa cultivar una relación con una sola persona, en áreas como el compromiso, el cuidado mutuo, el conocimiento del otro u otra, el crecimiento emocional con y a través de la pareja, el placer, lo económico, la salud (o los menores riesgos para la salud), la profundidad emocional e intelectual en la relación, que se logra al decidirse a compartir con alguien en especial con quien se ocupa toda la energía vital de tipo afectivo-erótico, los fuertes cimientos que se estructuran al existir dos pilares verdaderamente sólidos y únicos, en cambio de múltiples bases débiles y fácilmente sustituibles, el soporte que representan el(la) un@ para el(la) otr@, el amor incondicional y auténtico que se construye con la otra persona, donde es precisamente esa persona y no otra la que hace maravillosa y única la unión.
Ahora bien, tal y como se ha sostenido en otras ocasiones, en este espacio no se pretende incitar a nadie a optar por un modo determinado de comportamiento, pero si se invita a que las elecciones y comportamientos que se ejecuten se correspondan con el análisis íntimo sobre las propias convicciones y ambiciones. Que las determinaciones que se asuman, lo sean gracias a lo que dicta el propio pensamiento y los propios criterios respecto a que es lo más adecuado para sí, a partir del autoanálisis concienzudo y serio, de tal suerte que lo que se decida vivir sea una exteriorización del propio ser y no un mediocre abandono a la fuerza de la corriente imperante. Lo más importante no es el tipo de relación que se elija poner en práctica, swinger, poliamorosa, monógama, polígama, u otras, lo crucial realmente es el grado de convicción con que se elija, la intensidad e integridad con que se viva y el grado de satisfacción personal que genere, caracteres que solamente son posibles desde una óptica de respeto y valoración de sí mismos y de cada ser human@ involucrad@ directa o indirectamente en la relación.
Y pregunto: ¿Cuál es el tipo de relación más acorde a tu cosmovisión?, ¿Estás dispuest@ a vivirlo intensamente con integridad, compromiso y responsabilidad? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
El hecho de que se promueva sin lugar a cuestionamientos como la forma natural y correcta de relacionarse es lo que me lleva a mirarla críticamente, así como a quienes optan por seguirla, sin detenerse a meditar todo lo que comprende para sí y para tercer@s, desde el punto de vista social y más aún desde lo interno. Ahora bien, muchas son las críticas que se lanzan a la monogamia, por coaccionar el manejo del amor, de la sexualidad, de los bienes; por constituir una de las fuentes de mayor fracaso y frustración social y personal, entre otras cosas. Sin embargo, pese a todas las críticas sigue siendo la forma de unión amorosa abanderada en nuestra cultura y como es lógico, sus practicantes vienen de todas las corrientes filosóficas, políticas, religiosas, morales, económicas, intelectuales. En últimas, no es una forma seguida exclusivamente por personajes influenciables y proclives al lavado cerebral, hasta los más versados, pensantes e inteligentes siguen inclinándose por las virtudes de la monogamia. Tanto éxito tampoco debe ser gratuito.
Escudriñando las razones de quienes se pretenden practicantes convencidos de la monogamia, aparecen razones fuertes sobre las ventajas que representa cultivar una relación con una sola persona, en áreas como el compromiso, el cuidado mutuo, el conocimiento del otro u otra, el crecimiento emocional con y a través de la pareja, el placer, lo económico, la salud (o los menores riesgos para la salud), la profundidad emocional e intelectual en la relación, que se logra al decidirse a compartir con alguien en especial con quien se ocupa toda la energía vital de tipo afectivo-erótico, los fuertes cimientos que se estructuran al existir dos pilares verdaderamente sólidos y únicos, en cambio de múltiples bases débiles y fácilmente sustituibles, el soporte que representan el(la) un@ para el(la) otr@, el amor incondicional y auténtico que se construye con la otra persona, donde es precisamente esa persona y no otra la que hace maravillosa y única la unión.
Ahora bien, tal y como se ha sostenido en otras ocasiones, en este espacio no se pretende incitar a nadie a optar por un modo determinado de comportamiento, pero si se invita a que las elecciones y comportamientos que se ejecuten se correspondan con el análisis íntimo sobre las propias convicciones y ambiciones. Que las determinaciones que se asuman, lo sean gracias a lo que dicta el propio pensamiento y los propios criterios respecto a que es lo más adecuado para sí, a partir del autoanálisis concienzudo y serio, de tal suerte que lo que se decida vivir sea una exteriorización del propio ser y no un mediocre abandono a la fuerza de la corriente imperante. Lo más importante no es el tipo de relación que se elija poner en práctica, swinger, poliamorosa, monógama, polígama, u otras, lo crucial realmente es el grado de convicción con que se elija, la intensidad e integridad con que se viva y el grado de satisfacción personal que genere, caracteres que solamente son posibles desde una óptica de respeto y valoración de sí mismos y de cada ser human@ involucrad@ directa o indirectamente en la relación.
Y pregunto: ¿Cuál es el tipo de relación más acorde a tu cosmovisión?, ¿Estás dispuest@ a vivirlo intensamente con integridad, compromiso y responsabilidad? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
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martes, 22 de febrero de 2011
El Poliamor
¿Cuál es la dimensión de la capacidad de amar del ser human@?, ¿Es posible amar a más de una persona simultáneamente? Muchas personas han enfrentado en algún momento de sus vidas el enorme dilema de sentir que aman a una persona (generalmente su pareja) y que al mismo tiempo aman a otra u otras. Algunas de estas personas optan por reprimir el segundo amor. Otras optan por sustituir el primer amor o el formalmente establecido, por el segundo o por el no formalizado. Otras a su vez se deciden por la infidelidad, aman aquí, allá y en donde sea, pero en secreto y sustentándose en mentiras. Y, otras, han encontrado una fórmula amplia, comprensiva, libre, responsable y sin engaños de ejercer dos, tres o los amores que sientan en un momento determinado: el poliamor.
El poliamor es la situación práctica de sostener relaciones amorosas responsables con varias personas, donde puede o no haber sexo, en un mismo periodo de tiempo, con conocimiento y consentimiento de cada un@ de l@s involucrad@s. Es una filosofía de vida basada en la libertad, la honestidad, la comprensión, la integridad y el respeto de la naturaleza humana, que aprecia el amor como una capacidad que no se agota por estar enamorad@s de una persona y que por el contrario puede ejercitarse en el amar a varias personas a la vez. Valora la amplia potencia para amar y relacionarse que tiene un ser human@, pero a su vez la limitación que entraña para satisfacer todas las necesidades que tiene otra persona, por ello renuncia a la aspiración ideal de que en una pareja cada un@ es perfecto para colmar al (a la) otr@ en todas sus necesidades y expectativas, y en cambio favorece la idea de que en las relaciones cada sujet@ entrega cosas valiosas y posiblemente únicas, pero que en otras personas se puede igualmente encontrar otras cosas también valiosas y únicas, y por eso mismo diferentes, deseables y necesarias. El poliamor no es equivalente al intercambio de parejas, los encuentros sexuales ocasionales con diferentes personas, el sexo grupal ocasional con desconocid@s o sin amor, u otras variantes donde hay libertad erótica pero no libertad y/o entrega sentimental.
Ese concepto básico es a su vez amplio, toda vez que cada relación poliamorosa adopta la forma particular que sus participantes decidan tomando como directriz principal el amor, el respeto, el diálogo, la comprensión, la honestidad, la lealtad y la adaptación de las pautas a seguir de acuerdo al camino que vaya cursando la conformación amorosa específica. Por ejemplo, la integración de grupos cerrados establecidos para vivir el poliamor; la permisión por parte de un(a) monógam@ hacía su pareja para que ésta tenga otras relaciones fuera; la permisión de una pareja para que cada un@ tenga otras relaciones extra pareja; la determinación de fidelidad entre l@s miembros del grupo amoroso; o lo contrario, la libertad para que cada un@ tenga relaciones abiertas con quienes deseen, conocid@s o no. Etcétera.
El poliamor proclama el amor y el sexo como dos grandes pilares del ser human@, que evidencian su capacidad de ser y que en su emancipación libre engrandecen a quien se permite disfrutarlos y practicarlos profusamente y con entereza, sin permitirse ceder a las coacciones propias de los mandatos sociales que persiguen difundir la idea del amor como un bien fungible (que se consume con el uso), que es perfecto cuando se destina a una sola persona y que por ende se pervierte al entregarse a más de una, pasando a ser de inferior calidad y valor. Los poliamorosos defienden su forma de amar y responden a sus críticos argumentando que el ejercicio tradicional del amor y el sexo están en permanente fracaso en la existencia y sostenimiento forzado socialmente de relaciones frustrantes, no satisfactorias y carentes o muy pobres en amor e integridad, que colapsan una y otra vez, en muchos casos debido precisamente a las prohibiciones y a sus quebrantos, un ejemplo de ello las altas cifras de infidelidad.
Y pregunto: ¿Será el poliamor la solución a las crisis recurrentes en el modelo tradicional de pareja?, ¿Amar a much@s simultáneamente nos engrandece o denigra nuestra capacidad de amar y ser amad@s? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
*Más sobre poliamor en este enlace: http://www.opcionbi.com/magazine.asp?id=209
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
El poliamor es la situación práctica de sostener relaciones amorosas responsables con varias personas, donde puede o no haber sexo, en un mismo periodo de tiempo, con conocimiento y consentimiento de cada un@ de l@s involucrad@s. Es una filosofía de vida basada en la libertad, la honestidad, la comprensión, la integridad y el respeto de la naturaleza humana, que aprecia el amor como una capacidad que no se agota por estar enamorad@s de una persona y que por el contrario puede ejercitarse en el amar a varias personas a la vez. Valora la amplia potencia para amar y relacionarse que tiene un ser human@, pero a su vez la limitación que entraña para satisfacer todas las necesidades que tiene otra persona, por ello renuncia a la aspiración ideal de que en una pareja cada un@ es perfecto para colmar al (a la) otr@ en todas sus necesidades y expectativas, y en cambio favorece la idea de que en las relaciones cada sujet@ entrega cosas valiosas y posiblemente únicas, pero que en otras personas se puede igualmente encontrar otras cosas también valiosas y únicas, y por eso mismo diferentes, deseables y necesarias. El poliamor no es equivalente al intercambio de parejas, los encuentros sexuales ocasionales con diferentes personas, el sexo grupal ocasional con desconocid@s o sin amor, u otras variantes donde hay libertad erótica pero no libertad y/o entrega sentimental.
Ese concepto básico es a su vez amplio, toda vez que cada relación poliamorosa adopta la forma particular que sus participantes decidan tomando como directriz principal el amor, el respeto, el diálogo, la comprensión, la honestidad, la lealtad y la adaptación de las pautas a seguir de acuerdo al camino que vaya cursando la conformación amorosa específica. Por ejemplo, la integración de grupos cerrados establecidos para vivir el poliamor; la permisión por parte de un(a) monógam@ hacía su pareja para que ésta tenga otras relaciones fuera; la permisión de una pareja para que cada un@ tenga otras relaciones extra pareja; la determinación de fidelidad entre l@s miembros del grupo amoroso; o lo contrario, la libertad para que cada un@ tenga relaciones abiertas con quienes deseen, conocid@s o no. Etcétera.
El poliamor proclama el amor y el sexo como dos grandes pilares del ser human@, que evidencian su capacidad de ser y que en su emancipación libre engrandecen a quien se permite disfrutarlos y practicarlos profusamente y con entereza, sin permitirse ceder a las coacciones propias de los mandatos sociales que persiguen difundir la idea del amor como un bien fungible (que se consume con el uso), que es perfecto cuando se destina a una sola persona y que por ende se pervierte al entregarse a más de una, pasando a ser de inferior calidad y valor. Los poliamorosos defienden su forma de amar y responden a sus críticos argumentando que el ejercicio tradicional del amor y el sexo están en permanente fracaso en la existencia y sostenimiento forzado socialmente de relaciones frustrantes, no satisfactorias y carentes o muy pobres en amor e integridad, que colapsan una y otra vez, en muchos casos debido precisamente a las prohibiciones y a sus quebrantos, un ejemplo de ello las altas cifras de infidelidad.
Y pregunto: ¿Será el poliamor la solución a las crisis recurrentes en el modelo tradicional de pareja?, ¿Amar a much@s simultáneamente nos engrandece o denigra nuestra capacidad de amar y ser amad@s? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
*Más sobre poliamor en este enlace: http://www.opcionbi.com/magazine.asp?id=209
Verónyka Santamaría
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martes, 15 de febrero de 2011
Parejas Swingers
El estilo de vida swinger, lifestyle o estilo de vida de intercambio de pareja, puede definirse como una filosofía sexual de pareja consistente en la aceptación de la diversidad y amplitud de los gustos y deseos sexuales de la pareja, como algo no solamente válido, sino posible en su realización y hasta beneficioso para la relación, que pasa por el conocimiento de las apetencias del(de la) otr@) hacia tercer@s y se materializa con la efectiva consumación de prácticas sexuales con otr@s personas. Esta materialización del deseo incluye prácticas como observar a otras parejas teniendo sexo, ser observados mientras se mantienen relaciones sexuales, acceder a que cada integrante de la pareja (o algún@ de l@s dos) bese, acaricie o tenga otros contactos sexuales con otra persona u otra pareja y finalmente que cada un@ o ambos tengan relaciones sexuales con otr@. Un rasgo característico del swinging es que si bien se admite sin reparos los gustos y prácticas sexuales varias con otr@s, es decir, se renuncia consensuada y sosegadamente a la exclusividad sexual, se mantiene y restringe para la pareja el ámbito afectivo, se conserva la fidelidad emocional. Se establece la apertura sexual hacia el exterior, pero se restringe lo amoroso para el interior de la pareja. Otra particularidad es que no se trata de la realización de intercambios de pareja por mera experimentación excepcional sino de algo establecido como política de relación y en relaciones estables.
El Swinging no es una práctica moderna ni mucho menos novedosa, existen referencias que indican que surgió entre los pilotos de las fuerzas aéreas durante la Segunda Guerra Mundial. Está apadrinado por la revolución sexual y es una de las tantas evidencias materiales de los debates en torno a lo erótico, al derrumbamiento de los prejuicios y tabúes sexuales, al machismo, y como no, al feminismo, a la búsqueda del reconocimiento y garantía de los derechos de las mujeres y en especial el derecho a vivir plena y satisfactoriamente su cuerpo y su sexualidad.
La posibilidad efectiva de tener una pareja estable y simultáneamente disfrutar eróticamente con otr@s es la parte visible del mundo swinger y por ello a la vez es el aspecto que más motiva o hace llamativa la opción de adoptarlo para la pareja. Pero detrás de lo corporal que es groso y salta a la vista, se encuentra el verdadero meollo de ser swinger, que trasciende lo físico aunque parta de ello. El desafío de esta apertura sexual en pareja atraviesa varios estadios que en principio pueden generarse con el simple deseo de experimentar otras vivencias eróticas en la relación o simplemente dar lugar a que se integre el deseo y placer con otr@s sin que se derrumbe la pareja como una construcción sólida de dos; sin embargo el fondo toca aspectos internos mucho más sensibles y enteramente ligados a las construcciones culturales y sociales sobre las relaciones y la valía humana, entre ellos, los prejuicios morales sobre el manejo que debe darse a la sexualidad; las ideologías religiosas que imprimen un sello pecaminoso a lo que difiera de sus formas establecidas y benditas; los roles de pertenencia y posesión del otr@ a nivel físico dentro de una pareja; la construcción y fortaleza de la autoestima y la autovalía individual desde afuera, desde el(la) otr@, desde la pareja y no, como debería ser, desde si mism@; el yugo que se pretende erigir entre lo físico y lo emocional en una relación que se pretenda sana y correcta. Ahora bien, también es un hecho que para evolucionar en cada uno de estos aspectos no es necesario ser swinger y que serlo tampoco es sinónimo de ser mejor, más evolucionado o de que se sea una mejor pareja.
Quienes dicen saber más de este tema afirman que el modo de vida swinger debe operar entre parejas heterosexuales, sólidas y con excelentes grados de comunicación. Afirman que de no cumplirse estos presupuestos la relación se verá seriamente afectada por carecer de la fortaleza que se requiere para asumir este estilo de vida, lo que puede conllevar a su ruptura. Por mi parte pienso que si bien la pareja que decide incursionar en el mundo swinger debe tener unas raíces fuertes que la sostengan, más allá de eso, cada uno de los miembros de la pareja deberán tener fuertes bases en cuanto a sus concepciones del amor, la libertad sexual, el placer corporal, su valía y la valía del otr@, el respeto propio, a la pareja y a l@s tercer@s, entre otras cosas. También estimo que ya es prejuicioso restringir lo swinger para la comunidad heterosexual y finalmente que el riesgo de que se acabe una relación estará presente hasta en las mejores relaciones de pareja sean del tipo que sean y no necesariamente por decidirse a experimentar otras cosas, sino sencillamente porque el hecho de que se tenga una pareja no implica que desaparezca la belleza intelectual, emocional y física de l@s otr@s, y que en consecuencia ese riesgo más que sujeto a las prácticas que se quieran tener, dependerá de las reflexiones y decisiones que cada cual asuma en tratándose de su relación. El nivel de peligro lo da el interior, no lo exterior.
Y pregunto: ¿Asumirías el desafío y riesgo de intercambiar tu pareja? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
El Swinging no es una práctica moderna ni mucho menos novedosa, existen referencias que indican que surgió entre los pilotos de las fuerzas aéreas durante la Segunda Guerra Mundial. Está apadrinado por la revolución sexual y es una de las tantas evidencias materiales de los debates en torno a lo erótico, al derrumbamiento de los prejuicios y tabúes sexuales, al machismo, y como no, al feminismo, a la búsqueda del reconocimiento y garantía de los derechos de las mujeres y en especial el derecho a vivir plena y satisfactoriamente su cuerpo y su sexualidad.
La posibilidad efectiva de tener una pareja estable y simultáneamente disfrutar eróticamente con otr@s es la parte visible del mundo swinger y por ello a la vez es el aspecto que más motiva o hace llamativa la opción de adoptarlo para la pareja. Pero detrás de lo corporal que es groso y salta a la vista, se encuentra el verdadero meollo de ser swinger, que trasciende lo físico aunque parta de ello. El desafío de esta apertura sexual en pareja atraviesa varios estadios que en principio pueden generarse con el simple deseo de experimentar otras vivencias eróticas en la relación o simplemente dar lugar a que se integre el deseo y placer con otr@s sin que se derrumbe la pareja como una construcción sólida de dos; sin embargo el fondo toca aspectos internos mucho más sensibles y enteramente ligados a las construcciones culturales y sociales sobre las relaciones y la valía humana, entre ellos, los prejuicios morales sobre el manejo que debe darse a la sexualidad; las ideologías religiosas que imprimen un sello pecaminoso a lo que difiera de sus formas establecidas y benditas; los roles de pertenencia y posesión del otr@ a nivel físico dentro de una pareja; la construcción y fortaleza de la autoestima y la autovalía individual desde afuera, desde el(la) otr@, desde la pareja y no, como debería ser, desde si mism@; el yugo que se pretende erigir entre lo físico y lo emocional en una relación que se pretenda sana y correcta. Ahora bien, también es un hecho que para evolucionar en cada uno de estos aspectos no es necesario ser swinger y que serlo tampoco es sinónimo de ser mejor, más evolucionado o de que se sea una mejor pareja.
Quienes dicen saber más de este tema afirman que el modo de vida swinger debe operar entre parejas heterosexuales, sólidas y con excelentes grados de comunicación. Afirman que de no cumplirse estos presupuestos la relación se verá seriamente afectada por carecer de la fortaleza que se requiere para asumir este estilo de vida, lo que puede conllevar a su ruptura. Por mi parte pienso que si bien la pareja que decide incursionar en el mundo swinger debe tener unas raíces fuertes que la sostengan, más allá de eso, cada uno de los miembros de la pareja deberán tener fuertes bases en cuanto a sus concepciones del amor, la libertad sexual, el placer corporal, su valía y la valía del otr@, el respeto propio, a la pareja y a l@s tercer@s, entre otras cosas. También estimo que ya es prejuicioso restringir lo swinger para la comunidad heterosexual y finalmente que el riesgo de que se acabe una relación estará presente hasta en las mejores relaciones de pareja sean del tipo que sean y no necesariamente por decidirse a experimentar otras cosas, sino sencillamente porque el hecho de que se tenga una pareja no implica que desaparezca la belleza intelectual, emocional y física de l@s otr@s, y que en consecuencia ese riesgo más que sujeto a las prácticas que se quieran tener, dependerá de las reflexiones y decisiones que cada cual asuma en tratándose de su relación. El nivel de peligro lo da el interior, no lo exterior.
Y pregunto: ¿Asumirías el desafío y riesgo de intercambiar tu pareja? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
lunes, 7 de febrero de 2011
Cuerpo Abierto en Mente Abierta
Ya en manos de mis lector@s la entrega anterior, fui cuestionada acerca de mi presunta animadversión con la monogamia; no es la primera vez que recibo está pregunta u otras afines relacionadas con la sospecha de que me inclino por la amplia liberalidad sexual, ésto a consecuencia de que en mis artículos pretenda generar reflexión y debate entre otros temas, sobre sexualidad. No peleo, ni me ofendo con estas indagaciones. No develo todas las incógnitas y por supuesto tampoco lo haré hoy. Uno, por que como dice el refrán al buen entendedor pocas palabras bastan. Y, dos, porque parte de esa información es reserva del sumario sólo abierta de primera mano para l@s directamente interesad@s.
Pero bien, algo que si quiero dejar planteado, es que no odio la monogamia. Lo que si me causa escozor definitivamente son los paradigmas que nos han impuesto respecto a este tema y a muchos aspectos de las relaciones humanas. Insisto a viva voz, la monogamia funciona, pero para algun@s, para el resto hay otras opciones diversas, y si se acepta y entiende esto la humanidad avanzará en la comprensión de las formas de relacionarnos por caminos más amplios, más cómodos, menos tortuosos, menos castrantes.
¿Por qué la monogamia?, ¿Por qué un(a) sol@ pareja sexual y/o sentimental?, ¿Por qué no dos, tres o l@s que quepan en la agenda? que hay respuestas múltiples que justifican la monogamia es un hecho, pero también lo es, como fuera planteado en una entrega anterior que el fuerte de estas justificaciones y el modelo monogámico mismo de nuestra sociedad son ante todo factores funcionales que se corresponden con la estructura social construida y reproducida a través de la cultura, con los cómos, qué y por qué que se imponen como verdades absolutas, universales, incuestionables.
Resulta más productivo y práctico para nuestro sistema capitalista que cada persona acepté sin cuestionar, que lo natural y adecuado es que tenga una pareja, que la encuentre y que culmine ahí el arduo tema de las relaciones amorosas y eróticas, de tal forma que su energía se destine mayoritariamente a la producción de bienes que si reditúan y no a lo intangible de las relaciones humanas que no representa renta alguna. Es más lucrativo que cada cual se ocupe al máximo de desarrollar su aporte al sistema económico y menos en pensar-se, en cuestionar-se, en auscultar las ideas propias y ajenas, en indagar otras opciones y en vivir otras experiencias. A eso se suma para completar una mano perfecta, lo religioso que en poder de personas expertas en decretarle la forma de vivir a los demás, es la herramienta idónea para castrar y coaccionar las voluntades y los cuerpos, bajo la premisa humillante de que Dios dice esto o aquello sobre lo que se debe hacer o no. Yo sugiero quedarnos con el sabio versículo aquel que dice “Amaos los unos a los otros” que es amplio, diverso, lúdico y divertido, aunque mejor si es con lenguaje incluyente “Amaos l@s un@s a l@s otr@s”.
No es este un espacio para promover los descalabros emocionales y sexuales. Pero si es un portal abierto para la reflexión y la invitación abierta a vivir el ser espiritual y físico. No es necesario, ni prudente probar todos los caminos en la vida, pero tampoco lo es, quedarse con las dudas respecto a opciones diferentes, por miedo a romper los esquemas en que se vive, por temor al ¿Qué dirán?, a ser diferentes, a descubrir las apetencias particulares, a conocer y elegir lo que no es usual. Es bueno, si, es bueno darse la oportunidad de degustar otros sabores, dulces, amargos, agridulces, picantes. Puede que no todos gusten y/o caigan bien, pero de repente puede pasar que tras probar se encuentre un@ con la barriga llena y el corazón contento, como diría otro refrán.
Y pregunto: ¿Estás dispuest@ a adicionar nuevos platillos en tu menú? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Pero bien, algo que si quiero dejar planteado, es que no odio la monogamia. Lo que si me causa escozor definitivamente son los paradigmas que nos han impuesto respecto a este tema y a muchos aspectos de las relaciones humanas. Insisto a viva voz, la monogamia funciona, pero para algun@s, para el resto hay otras opciones diversas, y si se acepta y entiende esto la humanidad avanzará en la comprensión de las formas de relacionarnos por caminos más amplios, más cómodos, menos tortuosos, menos castrantes.
¿Por qué la monogamia?, ¿Por qué un(a) sol@ pareja sexual y/o sentimental?, ¿Por qué no dos, tres o l@s que quepan en la agenda? que hay respuestas múltiples que justifican la monogamia es un hecho, pero también lo es, como fuera planteado en una entrega anterior que el fuerte de estas justificaciones y el modelo monogámico mismo de nuestra sociedad son ante todo factores funcionales que se corresponden con la estructura social construida y reproducida a través de la cultura, con los cómos, qué y por qué que se imponen como verdades absolutas, universales, incuestionables.
Resulta más productivo y práctico para nuestro sistema capitalista que cada persona acepté sin cuestionar, que lo natural y adecuado es que tenga una pareja, que la encuentre y que culmine ahí el arduo tema de las relaciones amorosas y eróticas, de tal forma que su energía se destine mayoritariamente a la producción de bienes que si reditúan y no a lo intangible de las relaciones humanas que no representa renta alguna. Es más lucrativo que cada cual se ocupe al máximo de desarrollar su aporte al sistema económico y menos en pensar-se, en cuestionar-se, en auscultar las ideas propias y ajenas, en indagar otras opciones y en vivir otras experiencias. A eso se suma para completar una mano perfecta, lo religioso que en poder de personas expertas en decretarle la forma de vivir a los demás, es la herramienta idónea para castrar y coaccionar las voluntades y los cuerpos, bajo la premisa humillante de que Dios dice esto o aquello sobre lo que se debe hacer o no. Yo sugiero quedarnos con el sabio versículo aquel que dice “Amaos los unos a los otros” que es amplio, diverso, lúdico y divertido, aunque mejor si es con lenguaje incluyente “Amaos l@s un@s a l@s otr@s”.
No es este un espacio para promover los descalabros emocionales y sexuales. Pero si es un portal abierto para la reflexión y la invitación abierta a vivir el ser espiritual y físico. No es necesario, ni prudente probar todos los caminos en la vida, pero tampoco lo es, quedarse con las dudas respecto a opciones diferentes, por miedo a romper los esquemas en que se vive, por temor al ¿Qué dirán?, a ser diferentes, a descubrir las apetencias particulares, a conocer y elegir lo que no es usual. Es bueno, si, es bueno darse la oportunidad de degustar otros sabores, dulces, amargos, agridulces, picantes. Puede que no todos gusten y/o caigan bien, pero de repente puede pasar que tras probar se encuentre un@ con la barriga llena y el corazón contento, como diría otro refrán.
Y pregunto: ¿Estás dispuest@ a adicionar nuevos platillos en tu menú? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
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lunes, 31 de enero de 2011
El Gran Misterio
Cuando por fin se toma la decisión o se intuye que en efecto se quiere estar en pareja y se consigue o encuentra por azar un buen prospecto que encaja en el plan, se inicia la carrera de obstáculos, ¿Cómo hacer para que lo que empezó con un besito (admitámoslo, ya casi están extintas esas románticas, tragi-cómicas, aterradoras escenas de declaración amorosa. ¡Por favor, que no se extingan, hay quienes seguimos disfrutando esos momentos de dulce tensión!) pase a ser una relación que nazca, crezca, se desarrolle y con muuucha suerte no muera, o por lo menos no tan prematuramente?. He ahí el gran misterio.
¿Qué se necesita para formar una pareja sólida que se extienda en el tiempo? le pregunté ésto a vari@s afortunad@s y desafortunad@s del amor y las respuestas a granel me hablaron de ingredientes diversos infaltables para la especial fórmula y que en términos generales se encuentran comprendidos aquí. Como lo habrán notado, estoy invadida desde la punta del pelo hasta la punta de mis pies de una alta dosis de romanticismo, así que me permití establecer como respuesta esencial y fundamental el AMOR. Ésto por supuesto no me lo inventé yo, vari@s coincidieron y la voz universal seguro iría en esa misma línea.
Ahora bien, el romanticismo debe aterrizar de golpe para dejar muy en claro, que el amor propuesto como ingrediente del elixir “pro pareja y larga vida para los tórtolos”, no es en exclusiva un sentimiento etéreo y casi impalpable, que llena de burbujas el abdomen bajo y hace brillar los ojos con un aire rayano entre lo sublime y lo chistoso. No, se trata además y por sobre todo, del amor que es decisión y conducta material, real, vívida y cierta. Un amor que elige, decide y ejecuta en consecuencia. Un amor que en efecto no le es afín a cualquiera, sino a algún@s cuyo carácter se apresta para contenerlo y en el momento indicado desbordarlo.
Si, lo primero es tener claro que así como no tod@s nacen para la monogamia, tampoco tod@s nacen para estar en pareja. Se requiere vocación, tal y como se requiere para ser sacerdote, ginecólog@, comediante, etc. Y si se cree tener tal inclinación (al sadomasoquismo dirían algún@s), pues no basta con ello, es necesario que la misma se acompañe de hechos que ejerciten permanente y conscientemente la capacidad y manera de amar. Ésto no cierra del todo la puerta a esos casos excepcionales de promiscu@s o picaflores irremediables que un día son fulminad@s por el amor y para sorpresa de tod@s forman grandiosas parejas.
Corolario de lo anterior tenemos que la habilidad para ser y tener pareja parte de la persona individualmente considerada, no en el momento de encontrar a otr@ sino desde antes, no como respuesta a un estímulo externo (aunque como fue dicho precedentemente, hay excepciones que confirman la regla), sino más bien, como el fruto de una semilla propia. Ahora bien, ya en terreno, identificad@s y entregad@s a la empresa de tener pareja y una vez con la panza llena de mariposas, con el amor a flor de piel, la tarea no depende de la suerte o el destino, de los sentimientos y las emociones. Depende de que ese amor se materialice en elecciones, decisiones y acciones destinadas a que la dupla tenga asidero espacial y temporal de largo alcance.
La fundamentación de una pareja estable parte del perfeccionamiento constante del carácter individual, pasa por la elección de alguien con y en quien desarrollar el amor, continua con la decisión de hacer todo lo que esté en las manos, así como de aunar los esfuerzos que se precisen para hacer posible ese caminar junt@s y prosigue sin que haya punto final, con la realización interminable de conductas y procesos que estructuren y pulan la relación. ¿Qué conductas y cuáles procesos? son respuestas que sólo pueden esgrimir cada pareja de conformidad con su singularidad. Las relaciones de pareja tienen naturalmente un toque místico, encontrar a alguien con quien compartir el camino y mirar en la misma dirección, pero es de humanos absolutamente, darles el toque especial para hacer de ellas, pequeñas historietas de leer y archivar (y eventualmente repasar), historias sin fin o pesadillas sin fin.
Y reitero la pregunta: ¿Qué se necesita para formar una pareja sólida que se extienda en el tiempo? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
¿Qué se necesita para formar una pareja sólida que se extienda en el tiempo? le pregunté ésto a vari@s afortunad@s y desafortunad@s del amor y las respuestas a granel me hablaron de ingredientes diversos infaltables para la especial fórmula y que en términos generales se encuentran comprendidos aquí. Como lo habrán notado, estoy invadida desde la punta del pelo hasta la punta de mis pies de una alta dosis de romanticismo, así que me permití establecer como respuesta esencial y fundamental el AMOR. Ésto por supuesto no me lo inventé yo, vari@s coincidieron y la voz universal seguro iría en esa misma línea.
Ahora bien, el romanticismo debe aterrizar de golpe para dejar muy en claro, que el amor propuesto como ingrediente del elixir “pro pareja y larga vida para los tórtolos”, no es en exclusiva un sentimiento etéreo y casi impalpable, que llena de burbujas el abdomen bajo y hace brillar los ojos con un aire rayano entre lo sublime y lo chistoso. No, se trata además y por sobre todo, del amor que es decisión y conducta material, real, vívida y cierta. Un amor que elige, decide y ejecuta en consecuencia. Un amor que en efecto no le es afín a cualquiera, sino a algún@s cuyo carácter se apresta para contenerlo y en el momento indicado desbordarlo.
Si, lo primero es tener claro que así como no tod@s nacen para la monogamia, tampoco tod@s nacen para estar en pareja. Se requiere vocación, tal y como se requiere para ser sacerdote, ginecólog@, comediante, etc. Y si se cree tener tal inclinación (al sadomasoquismo dirían algún@s), pues no basta con ello, es necesario que la misma se acompañe de hechos que ejerciten permanente y conscientemente la capacidad y manera de amar. Ésto no cierra del todo la puerta a esos casos excepcionales de promiscu@s o picaflores irremediables que un día son fulminad@s por el amor y para sorpresa de tod@s forman grandiosas parejas.
Corolario de lo anterior tenemos que la habilidad para ser y tener pareja parte de la persona individualmente considerada, no en el momento de encontrar a otr@ sino desde antes, no como respuesta a un estímulo externo (aunque como fue dicho precedentemente, hay excepciones que confirman la regla), sino más bien, como el fruto de una semilla propia. Ahora bien, ya en terreno, identificad@s y entregad@s a la empresa de tener pareja y una vez con la panza llena de mariposas, con el amor a flor de piel, la tarea no depende de la suerte o el destino, de los sentimientos y las emociones. Depende de que ese amor se materialice en elecciones, decisiones y acciones destinadas a que la dupla tenga asidero espacial y temporal de largo alcance.
La fundamentación de una pareja estable parte del perfeccionamiento constante del carácter individual, pasa por la elección de alguien con y en quien desarrollar el amor, continua con la decisión de hacer todo lo que esté en las manos, así como de aunar los esfuerzos que se precisen para hacer posible ese caminar junt@s y prosigue sin que haya punto final, con la realización interminable de conductas y procesos que estructuren y pulan la relación. ¿Qué conductas y cuáles procesos? son respuestas que sólo pueden esgrimir cada pareja de conformidad con su singularidad. Las relaciones de pareja tienen naturalmente un toque místico, encontrar a alguien con quien compartir el camino y mirar en la misma dirección, pero es de humanos absolutamente, darles el toque especial para hacer de ellas, pequeñas historietas de leer y archivar (y eventualmente repasar), historias sin fin o pesadillas sin fin.
Y reitero la pregunta: ¿Qué se necesita para formar una pareja sólida que se extienda en el tiempo? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
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jueves, 27 de enero de 2011
¿Pareja? No, Gracias
Tener pareja o estar en pareja puede ser una experiencia muy linda y edificante, estar sol@ a su vez, puede ser una magnífica situación. Ni lo primero ni lo segundo intrínsecamente es mejor, eso depende de los gustos de cada cual, para algun@s lo ideal será encontrar alguien permanente para acompañarse y para otr@s la plenitud se dará al disfrutar de la propia compañía mientras se evita tener la presencia constante de un(a) tercer@. Ahora bien, con independencia de las inclinaciones naturales que un@ tenga en este tema, lo que si estimo que es conveniente es darse la oportunidad de experimentar ambas situaciones, el estar sol@s y el estar en pareja, e inclusive en otras variantes de relación menos convencionales. Para saber si algo gusta o no, a veces (no siempre), es necesario probarlo.
Me sostengo en la afirmación que postulé al abrir el tema del mes, en cuanto a que en nuestra sociedad se privilegia la idea de pareja sobre el estar sol@s. No obstante cada vez son menos los solteros y solteras a quienes se cataloga de solteron@s, esto debido a que ha ido evolucionando la concepción de los fines últimos que debe tener una persona, otrora llegar a casarse o a establecerse con alguien era algo así como la gran aspiración en la vida, ahora en efecto mantiene un elevado nivel de importancia en el desarrollo personal, pero no se concibe como la única gran meta, se acompaña y en muchos casos es desplazada por otros ideales diversos. El estado de soltería ha dejado de ser un estado relacionado per se con la soledad y la incapacidad de encontrar compañía. Ha dejado de verse como un estado nefasto y a veces hasta se ve íntimamente relacionado con grandes niveles de desarrollo personal satisfactorio y pleno.
Sin embargo así como es lamentable encontrarse sumido en la desesperación y ansiedad constante por tener a alguien al lado, también lo es rechazar de contera la posibilidad de estar con una pareja estable como si se tratara de una asociación perjudicial para la salud. Meditando sobre los aspectos de la pareja que pueden restarle atractivo a la posibilidad de aventurarse a estar a dúo encuentro que pueden ser básicamente tres; uno, la restricción sexual que implica estar sólo con una persona, es decir, la monogamia; dos, el temor al apego afectivo de lado y lado, enamorarse de alguien y que alguien se enamore de un@; y tres, el rechazo al hecho de que una relación de dos vaya anulando progresivamente la individualidad en cuanto a espacios, preferencias, características propias, ideales, sueños y proyectos.
Sobre lo primero, persiste lo planteado en otras ocasiones, la monogamia es más una situación de conveniencia cultural y social que una condición natural. Pocas son las personas que pueden afirmar tener una vocación intrínseca a destinar su deseo hacia un solo ser human@, lo que si se puede encontrar son hombres y mujeres que reconociendo que su deseo es amplio y que no se limita a su pareja, deciden dirigirlo y emanciparlo con ella, restándole importancia y atracción a tercer@s. La monogamia no es la única forma de relacionarse erótica y afectivamente, y por ende si esta manera no satisface, es totalmente válido probar otras formas menos ortodoxas, tener pareja pero con otros parámetros; no tener pareja; tener varias parejas; tener parejas ocasionales. Sea cual fuere la opción escogida, permitirse disfrutar de relaciones plenas y satisfactorias donde tenga lugar lo corporal sin que ello signifique necesariamente expulsar los afectos. Lo importante es que lo que se decida y elija hacer se enmarque siempre en un cuadro de respeto por un@ mism@ y por l@s demás.
El segundo pero, suele llevar en el fondo el recuerdo de las experiencias dolorosas vividas, el miedo a ser lastimado, a amar y no ser correspondido de igual forma, la falta de confianza en si mism@ como ser dign@ de amor o en la propia capacidad de amar a otr@ plenamente y sin dañarle. Éste es un punto enorme, como profundas pueden ser las raíces que broten de una ilusión o una desilusión, así que mucho puede analizarse y decirse al respecto, para efectos de este tema lo que no puede quedar sin plasmarse aquí es que siendo el amor una experiencia maravillosa, siempre valdrá la pena continuar apostando por ella, es imperativo sobreponer al desánimo la esperanza y asumir que el dolor es parte del crecimiento humano, que las experiencias adversas nutren y ejercitan el espíritu para caminar cada vez con más seguridad. Difícilmente llegará un momento de certeza absoluta sobre ser inmune al sufrimiento surgido de una relación de pareja, pero siempre habrá lecciones geniales para aprender de las relaciones y es relacionándose que la persona ejercita y evoluciona (siempre y cuando se disponga y comprometa con ello) su manera de ser compañía y recibir compañía.
Y en cuanto al último aspecto, es un hecho que en nuestra cultural de corte patriarcal, machista, occidental, capitalista, se ha erigido un modelo de pareja que en muchos aspectos amenaza con castrar al ser human@ individual, los postulados de la media naranja, de la familia como núcleo de la sociedad, los roles que se atribuyen a hombre y mujer en general y en particular en la conformación de una relación y un “hogar”, entre otros, logran peligrosa y desfavorablemente que se inmiscuya en las relaciones la sensación de que es más importante conservar la unión con otr@ que mantener y desarrollar la propia entereza. Craso error, el ser human@ debe amarse a sí mism@ en primer lugar y en consecuencia su principal aspiración y compromiso es desarrollarse al más alto nivel y en todas las áreas de conformidad con las íntimas aspiraciones que posea. Sólo de esta manera podrá evolucionar a un estado de relaciones donde se comparta la mayor plenitud alcanzada a nivel individual y no las pobres falencias no solucionadas, de tal suerte que el estar en pareja signifique otra vertiente del desarrollo y no un desahogo de las frustraciones o incapacidades propias. La pareja como asociación no tiene un poder mágico para propiciar felicidad a sus integrantes, es un escenario donde se comparten los sentimientos y caracteres individuales agradables o no, donde acontecen eventos gratos y momentos de desafío. Y dependiendo como sean sus componentes constituye un factor que facilita o entorpece el crecimiento personal. En todo caso debería tenerse claro que entre más amplio sea el crecimiento individual mayor será la capacidad de desarrollo exitoso y sólido en una pareja.
Y pregunto: ¿Qué es mejor o qué prefieres, estar sólq o estar en pareja? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Me sostengo en la afirmación que postulé al abrir el tema del mes, en cuanto a que en nuestra sociedad se privilegia la idea de pareja sobre el estar sol@s. No obstante cada vez son menos los solteros y solteras a quienes se cataloga de solteron@s, esto debido a que ha ido evolucionando la concepción de los fines últimos que debe tener una persona, otrora llegar a casarse o a establecerse con alguien era algo así como la gran aspiración en la vida, ahora en efecto mantiene un elevado nivel de importancia en el desarrollo personal, pero no se concibe como la única gran meta, se acompaña y en muchos casos es desplazada por otros ideales diversos. El estado de soltería ha dejado de ser un estado relacionado per se con la soledad y la incapacidad de encontrar compañía. Ha dejado de verse como un estado nefasto y a veces hasta se ve íntimamente relacionado con grandes niveles de desarrollo personal satisfactorio y pleno.
Sin embargo así como es lamentable encontrarse sumido en la desesperación y ansiedad constante por tener a alguien al lado, también lo es rechazar de contera la posibilidad de estar con una pareja estable como si se tratara de una asociación perjudicial para la salud. Meditando sobre los aspectos de la pareja que pueden restarle atractivo a la posibilidad de aventurarse a estar a dúo encuentro que pueden ser básicamente tres; uno, la restricción sexual que implica estar sólo con una persona, es decir, la monogamia; dos, el temor al apego afectivo de lado y lado, enamorarse de alguien y que alguien se enamore de un@; y tres, el rechazo al hecho de que una relación de dos vaya anulando progresivamente la individualidad en cuanto a espacios, preferencias, características propias, ideales, sueños y proyectos.
Sobre lo primero, persiste lo planteado en otras ocasiones, la monogamia es más una situación de conveniencia cultural y social que una condición natural. Pocas son las personas que pueden afirmar tener una vocación intrínseca a destinar su deseo hacia un solo ser human@, lo que si se puede encontrar son hombres y mujeres que reconociendo que su deseo es amplio y que no se limita a su pareja, deciden dirigirlo y emanciparlo con ella, restándole importancia y atracción a tercer@s. La monogamia no es la única forma de relacionarse erótica y afectivamente, y por ende si esta manera no satisface, es totalmente válido probar otras formas menos ortodoxas, tener pareja pero con otros parámetros; no tener pareja; tener varias parejas; tener parejas ocasionales. Sea cual fuere la opción escogida, permitirse disfrutar de relaciones plenas y satisfactorias donde tenga lugar lo corporal sin que ello signifique necesariamente expulsar los afectos. Lo importante es que lo que se decida y elija hacer se enmarque siempre en un cuadro de respeto por un@ mism@ y por l@s demás.
El segundo pero, suele llevar en el fondo el recuerdo de las experiencias dolorosas vividas, el miedo a ser lastimado, a amar y no ser correspondido de igual forma, la falta de confianza en si mism@ como ser dign@ de amor o en la propia capacidad de amar a otr@ plenamente y sin dañarle. Éste es un punto enorme, como profundas pueden ser las raíces que broten de una ilusión o una desilusión, así que mucho puede analizarse y decirse al respecto, para efectos de este tema lo que no puede quedar sin plasmarse aquí es que siendo el amor una experiencia maravillosa, siempre valdrá la pena continuar apostando por ella, es imperativo sobreponer al desánimo la esperanza y asumir que el dolor es parte del crecimiento humano, que las experiencias adversas nutren y ejercitan el espíritu para caminar cada vez con más seguridad. Difícilmente llegará un momento de certeza absoluta sobre ser inmune al sufrimiento surgido de una relación de pareja, pero siempre habrá lecciones geniales para aprender de las relaciones y es relacionándose que la persona ejercita y evoluciona (siempre y cuando se disponga y comprometa con ello) su manera de ser compañía y recibir compañía.
Y en cuanto al último aspecto, es un hecho que en nuestra cultural de corte patriarcal, machista, occidental, capitalista, se ha erigido un modelo de pareja que en muchos aspectos amenaza con castrar al ser human@ individual, los postulados de la media naranja, de la familia como núcleo de la sociedad, los roles que se atribuyen a hombre y mujer en general y en particular en la conformación de una relación y un “hogar”, entre otros, logran peligrosa y desfavorablemente que se inmiscuya en las relaciones la sensación de que es más importante conservar la unión con otr@ que mantener y desarrollar la propia entereza. Craso error, el ser human@ debe amarse a sí mism@ en primer lugar y en consecuencia su principal aspiración y compromiso es desarrollarse al más alto nivel y en todas las áreas de conformidad con las íntimas aspiraciones que posea. Sólo de esta manera podrá evolucionar a un estado de relaciones donde se comparta la mayor plenitud alcanzada a nivel individual y no las pobres falencias no solucionadas, de tal suerte que el estar en pareja signifique otra vertiente del desarrollo y no un desahogo de las frustraciones o incapacidades propias. La pareja como asociación no tiene un poder mágico para propiciar felicidad a sus integrantes, es un escenario donde se comparten los sentimientos y caracteres individuales agradables o no, donde acontecen eventos gratos y momentos de desafío. Y dependiendo como sean sus componentes constituye un factor que facilita o entorpece el crecimiento personal. En todo caso debería tenerse claro que entre más amplio sea el crecimiento individual mayor será la capacidad de desarrollo exitoso y sólido en una pareja.
Y pregunto: ¿Qué es mejor o qué prefieres, estar sólq o estar en pareja? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
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lunes, 17 de enero de 2011
Parejas Disparejas
¿Existen por antonomasia mejores o peores clases de parejas? Pareciera que el sentido común orienta la búsqueda o elección de pareja en dirección de personas similares o medianamente equiparables a cada cual en aspectos como la formación académica e intelectual, el nivel socio-económico, la personalidad, la cultura, la religión, la experiencia y hasta lo físico. Sin embargo en la práctica a la hora de fijarse en alguien el sentido común puede dejar de serlo para convertirse en un sentido exótico. Es ahí cuando surgen parejas sui generis, un poco o muy especiales, fuera de serie: las parejas disparejas. Que pueden darse por disparidades de todo color y sabor: una persona profesional con una analfabeta o similar, una millonaria con una de escasos recursos, una gigante con una pigmea, una sobresaliente con una invisible, una de diez en todo, con una cero a la izquierda, una soñadora con una eterna durmiente y muchas otras más. Parejas que naciendo como condenadas pueden llegar a ser anti-sismos.
Proporcional a la clase de diferencia presente en la pareja es el grado de asombro y extrañeza que genera, y cuando la divergencia es de grueso calibre, mayor es la amenaza de que el dúo caiga fulminado. Reconózcase o no hay un rechazo subterráneo hacia lo diferente, lo que rompe esquemas y transgrede normas. Como si se tratara de una lucha por derrocar su anticipada condena a muerte y sobrevivir, dos son los grandes obstáculos que debe superar una pareja dispareja, en primer lugar el obstáculo que entrañan desde su propio raciocinio los integrantes del binomio y en segundo lugar la oposición externa.
Dicen que los polos opuestos se atraen y en verdad a veces la vida sorprende con sentimientos avasalladores de deseo y/o afecto hacia personas totalmente diferentes a lo que se es o a lo que se ha querido encontrar para compartir en pareja. El asunto no se resuelve de entrada con química o física pura, más bien empieza a disolverse al apaciguar el compuesto de sentimientos e ideas explosivas. Quienes primero se oponen a que nazca, crezca y se desarrolle una pareja dispareja son l@s propi@s flechad@s; como en los sismos, donde los movimientos potencialmente catastróficos se originan en las entrañas de la tierra; ello por cuanto quienes integran la pareja asimétrica son seres human@s inmers@s en un medio socio cultural que les dicta con o sin razón que están fuera de onda, out o simplemente un poco loc@s. Así que es a sus propias ideas, lógicas y prejuicios a los que deben enfrentarse primero, si es que encuentran lo suficientemente valiosa la opción de relación entre manos como para pretender darle continuidad y permanencia. Ésto atendiendo a que hay diferencias de diferencias, una cosa es enfrentar un tema de estatura y otra es pretender ignorar o restarle importancia a una enorme distancia intelectual. Hay disparidades que son superfluas, pero hay otras que pueden llegar a ser verdaderas piedras en el zapato. En ocasiones será interesante y enriquecedor romper las cuadrículas mentales que se tienen y abrir espacio a algo diverso, pero otras veces, la diversidad denotará de contera una alarma cierta de fracaso temprano o tardío.
Ahora bien, si l@s integrantes de un dueto disparejo, deciden que su singular experimento puede y debe tener futuro y se esmeran por construirlo pasando sobre los trazos culturales que soportan en sí mism@s, deben enfrentar la segunda oposición, la opinión y presión de tercer@s, siendo tales, la familia, l@s amig@s y cualquier fulano o fulana list@s a opinar y censurar. Sobre esto, es suficiente advertir, primero, que hágase lo que se haga en la vida y así se manifieste la mayor prudencia y buena fe al actuar, siempre habrá alguien dispuest@ a señalar, no es posible tener content@s a tod@s, y, segundo, que frente a las críticas ajenas, la entereza que conserve la pareja dependerá mayoritariamente de cómo hayan asimilado sus propios peros, toda vez que, si lograron persuadirse a sí mismos sobre la conveniencia y fortuna del proyecto, podrán enfrentar a quien sea y levantar su pareja dispareja con el plus de estar cimentada con profundas bases anti-sismos y por ende con un largo y sólido futuro avante.
Y pregunto: ¿Qué opinas de las parejas disparejas?, ¿Has conformado o conformarías una pareja dispareja? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Proporcional a la clase de diferencia presente en la pareja es el grado de asombro y extrañeza que genera, y cuando la divergencia es de grueso calibre, mayor es la amenaza de que el dúo caiga fulminado. Reconózcase o no hay un rechazo subterráneo hacia lo diferente, lo que rompe esquemas y transgrede normas. Como si se tratara de una lucha por derrocar su anticipada condena a muerte y sobrevivir, dos son los grandes obstáculos que debe superar una pareja dispareja, en primer lugar el obstáculo que entrañan desde su propio raciocinio los integrantes del binomio y en segundo lugar la oposición externa.
Dicen que los polos opuestos se atraen y en verdad a veces la vida sorprende con sentimientos avasalladores de deseo y/o afecto hacia personas totalmente diferentes a lo que se es o a lo que se ha querido encontrar para compartir en pareja. El asunto no se resuelve de entrada con química o física pura, más bien empieza a disolverse al apaciguar el compuesto de sentimientos e ideas explosivas. Quienes primero se oponen a que nazca, crezca y se desarrolle una pareja dispareja son l@s propi@s flechad@s; como en los sismos, donde los movimientos potencialmente catastróficos se originan en las entrañas de la tierra; ello por cuanto quienes integran la pareja asimétrica son seres human@s inmers@s en un medio socio cultural que les dicta con o sin razón que están fuera de onda, out o simplemente un poco loc@s. Así que es a sus propias ideas, lógicas y prejuicios a los que deben enfrentarse primero, si es que encuentran lo suficientemente valiosa la opción de relación entre manos como para pretender darle continuidad y permanencia. Ésto atendiendo a que hay diferencias de diferencias, una cosa es enfrentar un tema de estatura y otra es pretender ignorar o restarle importancia a una enorme distancia intelectual. Hay disparidades que son superfluas, pero hay otras que pueden llegar a ser verdaderas piedras en el zapato. En ocasiones será interesante y enriquecedor romper las cuadrículas mentales que se tienen y abrir espacio a algo diverso, pero otras veces, la diversidad denotará de contera una alarma cierta de fracaso temprano o tardío.
Ahora bien, si l@s integrantes de un dueto disparejo, deciden que su singular experimento puede y debe tener futuro y se esmeran por construirlo pasando sobre los trazos culturales que soportan en sí mism@s, deben enfrentar la segunda oposición, la opinión y presión de tercer@s, siendo tales, la familia, l@s amig@s y cualquier fulano o fulana list@s a opinar y censurar. Sobre esto, es suficiente advertir, primero, que hágase lo que se haga en la vida y así se manifieste la mayor prudencia y buena fe al actuar, siempre habrá alguien dispuest@ a señalar, no es posible tener content@s a tod@s, y, segundo, que frente a las críticas ajenas, la entereza que conserve la pareja dependerá mayoritariamente de cómo hayan asimilado sus propios peros, toda vez que, si lograron persuadirse a sí mismos sobre la conveniencia y fortuna del proyecto, podrán enfrentar a quien sea y levantar su pareja dispareja con el plus de estar cimentada con profundas bases anti-sismos y por ende con un largo y sólido futuro avante.
Y pregunto: ¿Qué opinas de las parejas disparejas?, ¿Has conformado o conformarías una pareja dispareja? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
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martes, 11 de enero de 2011
Parejas
No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.
La Biblia, Génesis 2:18
¡Año nuevo, vida nueva!, ¿Pareja nueva?, ¿Pareja? Celebré el 31 de diciembre al lado de unas amigas solteras como yo, separadas como yo, madres como yo. Una de las peticiones para el año naciente, que surgió con vigor a las 24 horas y casi al unísono rondó entre alguien a quien amar y que nos ame, y un árbol de pijas. Yo papel en mano iba hilvanando mis agradecimientos, propósitos y peticiones, pero dada la oportunidad empecé a bosquejar mi blog 2011, cuestionándome, ¿Por qué buscamos pareja? y, ¿Qué buscamos cuando buscamos pareja?
Nuestra sociedad parece estructurada para parejas. Si estás soltero siempre surge el tema de si te gusta alguien, hace cuánto estás solo, cuándo defines el asunto para empezar a disfrutar las mieles del amor. Casi sin excepciones las culturas ornamentan el estar en pareja como un estado ideal, desde la religión hasta lo simplemente lógico y necesario para el sostenimiento de la especie y por supuesto como siempre lo netamente comercial con sus imágenes promocionales de todo tipo de cosas que se sirven de las románticas poses de dos personas que “se aman” y son felices dándose todo lo que pueda adquirirse para el/la otr@, ya sea como entrega o como elemento para lograr alcanzarl@.
Pero, y ¿Por qué buscamos pareja?, me pregunto si será la naturaleza humana estar en grupos de a dos con fines erótico afectivos, más allá del hecho de ser sociables y requerir vivir inmersos en una comunidad, o, si sencillamente se trata de que esa es la idea más propicia que nos impusieron y seguimos perpetuando para el sostenimiento de nuestro tipo de sociedad construida con base en el modelo familiar de la bigamia. Yo me inclino por lo segundo, estimo que el concepto de bigamia es práctico y tiene una inexorable base cultural que no siempre se ve sustentada en lo natural y biológico del hombre y la mujer. A esto agrego que definitivamente aunque tener pareja, y en ese contexto, relaciones sentimentales y eróticas puede generar grandes placeres, lo cierto es que a muchas personas les cuesta y esto si por naturaleza, mantenerse restringidos a tener un(a) solo ejemplar de compañía, o un@ para el resto de la vida y hasta que la muerte los separe, y que estos dos últimos factores son causantes de terribles desencuentros para quienes se embarcan en la excitante experiencia de tener pareja. Y entonces me surge una pregunta más en la superficie, ¿Por qué nos empeñamos en seguir promocionando la pareja como el gran plus de la vida sin mirar toda la gran gama de posibilidades de relación que existen? Y en el fondo, ¿Por qué devaluamos la idea de estar solos?, ¿Por qué no se impulsa mejor la necesidad del crecimiento individual hacia la integridad como panacea del vivir y prerrequisito del compartir?
Y en la segunda pregunta principal, sobré qué es lo que se busca en una pareja, enfrento el hecho de que estamos bombardeados con ideas sospechosas y altamente peligrosas como la de la media naranja, donde dramáticamente se crea la certeza de in-completud y de la necesidad inminente de encontrar a alguien que complete. Si no es un voto a la desesperanza, por lo menos si es triste pensar que una persona intrínsecamente porte un faltante en sí, que sólo se satisface en otr@, ¿Qué pasa si no lo encuentra o si lo encuentra pero no llegan a ser pareja?, ¿Seguirá la vida armoniosamente ese todo con piezas faltantes? o, a penas, ¿Caminará cojeando su incompleta desgracia?
Muchas cosas se pueden hallar en el otro u otra, afecto, cariño, placer sexual, apoyo, sostén emocional, diversión, contención, polémicas para hacer interesante el vivir, contrariedades, infinidad de variantes, eso es una cosa, encontrar una relación que enriquezca el camino de la vida, otra totalmente diferente es buscar en otr@ los elementos que le hacen falta a cada cuál para estar bien consigo mism@ y en su carrera vital. Yo por mi parte no busco pareja, pero puedo dejarme encontrar. No busco que alguien llegue a completarme. Procuro día a día avanzar el camino que me hace ser cada vez la mujer con la que quiero vivir el resto de mi vida y que a la vez pueda ser idónea para compartir equilibradamente el trasegar de otro ser humano, que exijo sea tan completo como yo, me niego a ser la ficha que le falta a otro, me niego a ser una suplencia de carencias individuales. Soy una naranja completa y en proceso de maduración, espero encontrarme con otra naranja, o toronja o limón, pero completo, para vivir la fascinante aventura de enamorarnos.
Y pregunto: ¿Por qué buscas pareja?, ¿Qué buscas cuando buscas pareja? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
La Biblia, Génesis 2:18
¡Año nuevo, vida nueva!, ¿Pareja nueva?, ¿Pareja? Celebré el 31 de diciembre al lado de unas amigas solteras como yo, separadas como yo, madres como yo. Una de las peticiones para el año naciente, que surgió con vigor a las 24 horas y casi al unísono rondó entre alguien a quien amar y que nos ame, y un árbol de pijas. Yo papel en mano iba hilvanando mis agradecimientos, propósitos y peticiones, pero dada la oportunidad empecé a bosquejar mi blog 2011, cuestionándome, ¿Por qué buscamos pareja? y, ¿Qué buscamos cuando buscamos pareja?
Nuestra sociedad parece estructurada para parejas. Si estás soltero siempre surge el tema de si te gusta alguien, hace cuánto estás solo, cuándo defines el asunto para empezar a disfrutar las mieles del amor. Casi sin excepciones las culturas ornamentan el estar en pareja como un estado ideal, desde la religión hasta lo simplemente lógico y necesario para el sostenimiento de la especie y por supuesto como siempre lo netamente comercial con sus imágenes promocionales de todo tipo de cosas que se sirven de las románticas poses de dos personas que “se aman” y son felices dándose todo lo que pueda adquirirse para el/la otr@, ya sea como entrega o como elemento para lograr alcanzarl@.
Pero, y ¿Por qué buscamos pareja?, me pregunto si será la naturaleza humana estar en grupos de a dos con fines erótico afectivos, más allá del hecho de ser sociables y requerir vivir inmersos en una comunidad, o, si sencillamente se trata de que esa es la idea más propicia que nos impusieron y seguimos perpetuando para el sostenimiento de nuestro tipo de sociedad construida con base en el modelo familiar de la bigamia. Yo me inclino por lo segundo, estimo que el concepto de bigamia es práctico y tiene una inexorable base cultural que no siempre se ve sustentada en lo natural y biológico del hombre y la mujer. A esto agrego que definitivamente aunque tener pareja, y en ese contexto, relaciones sentimentales y eróticas puede generar grandes placeres, lo cierto es que a muchas personas les cuesta y esto si por naturaleza, mantenerse restringidos a tener un(a) solo ejemplar de compañía, o un@ para el resto de la vida y hasta que la muerte los separe, y que estos dos últimos factores son causantes de terribles desencuentros para quienes se embarcan en la excitante experiencia de tener pareja. Y entonces me surge una pregunta más en la superficie, ¿Por qué nos empeñamos en seguir promocionando la pareja como el gran plus de la vida sin mirar toda la gran gama de posibilidades de relación que existen? Y en el fondo, ¿Por qué devaluamos la idea de estar solos?, ¿Por qué no se impulsa mejor la necesidad del crecimiento individual hacia la integridad como panacea del vivir y prerrequisito del compartir?
Y en la segunda pregunta principal, sobré qué es lo que se busca en una pareja, enfrento el hecho de que estamos bombardeados con ideas sospechosas y altamente peligrosas como la de la media naranja, donde dramáticamente se crea la certeza de in-completud y de la necesidad inminente de encontrar a alguien que complete. Si no es un voto a la desesperanza, por lo menos si es triste pensar que una persona intrínsecamente porte un faltante en sí, que sólo se satisface en otr@, ¿Qué pasa si no lo encuentra o si lo encuentra pero no llegan a ser pareja?, ¿Seguirá la vida armoniosamente ese todo con piezas faltantes? o, a penas, ¿Caminará cojeando su incompleta desgracia?
Muchas cosas se pueden hallar en el otro u otra, afecto, cariño, placer sexual, apoyo, sostén emocional, diversión, contención, polémicas para hacer interesante el vivir, contrariedades, infinidad de variantes, eso es una cosa, encontrar una relación que enriquezca el camino de la vida, otra totalmente diferente es buscar en otr@ los elementos que le hacen falta a cada cuál para estar bien consigo mism@ y en su carrera vital. Yo por mi parte no busco pareja, pero puedo dejarme encontrar. No busco que alguien llegue a completarme. Procuro día a día avanzar el camino que me hace ser cada vez la mujer con la que quiero vivir el resto de mi vida y que a la vez pueda ser idónea para compartir equilibradamente el trasegar de otro ser humano, que exijo sea tan completo como yo, me niego a ser la ficha que le falta a otro, me niego a ser una suplencia de carencias individuales. Soy una naranja completa y en proceso de maduración, espero encontrarme con otra naranja, o toronja o limón, pero completo, para vivir la fascinante aventura de enamorarnos.
Y pregunto: ¿Por qué buscas pareja?, ¿Qué buscas cuando buscas pareja? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
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