jueves, 22 de marzo de 2012

A Mr. Facebook No le Gustan Esas Cosas

CONOCÍ RECIENTEMENTE AL AUTOR DE MIS MÁS RECIENTES ORGASMOS. Escribió en su muro con la satisfacción en mayúsculas y un minúsculo deseo de causar escándalo. Quería compartir la noticia con sus 527 contactos, muchos de los cuales suponía amig@s, que la felicitaran, que le escribieran comentarios alegres y divertidos, quería también que el protagonista de sus gemidos se enterara de la magnitud de sus proezas y que se animara a replicarlas. Tenía tiempo sin una buena noche y por fin se había dado su noche buena.

Muchas noches había deslizado sus manos bajo el pijama meditando en cómo casi no podía recordar una nariz hundiéndose en su pubis. Había mirado solitaria mañana tras mañana la forma de sus pezones, que no eran grandes y a veces parecían demasiado pequeños, los tocaba con las puntas de los cinco dedos de sus manos e imaginaba qué serían para una boca, un fino aperitivo o una escasa degustación. Meditaba en su color achocolatado y lamentaba que esas redondas coronillas de sus senos no tuviesen un color más cercano al carmesí que las hiciese más apetecibles, pensaba que si tuviesen ese color frutal, los impregnaría de dulce almíbar antes de permitir que alguien los probara para que resultaran un bocado verdaderamente celestial, pero el chocolate ligero que tenían igual le parecía prometedor al paladar, aunque seguía imaginando si para una lengua serían ricos o no.

Desnuda frente al espejo antes de iniciar su jornada palpaba suavemente las curvas de su vientre y también ahí deslizaba sus dedos reconociendo la textura que su vida hasta el momento le había dejado, sus excesos, sus entregas, sus trabajos, sus largas horas ejercitándose para compensar la ingesta de un abundante pastel o para sentirse mejor enfundada en su ropa, medía día a día lo más o menos abultado de su abdomen, sin lograr adivinar la importancia de esas proporciones en un encuentro acucioso, será que en la premura de una respiración agitada, había lugar a cuestionar pormenorizadamente medidas y contornos? se cuestionaba si tal y como lo vendían los comerciantes de anhelos humanos, una textura firme era garantía de satisfacción o si en verdad una textura era lo de menos y un buen sabor era lo de más.

Le gustaba olerse a distintas horas del día, en la mañana el olor reposado de sus sudores, cuando su perfume del día anterior era tan sólo una estela de fragancia en medio de sus pechos, cuando de su cabello se desprendía el tibio aroma del champú sobre la grasa incipiente de su cuero cabelludo, cuando su entrepierna emanaba un elixir envolvente de leche tibia y almendras, miel y madera. Le gustaba olerse al salir de la ducha, cuando el agua había arrebatado sus secreciones y de cada fracción de su piel empezaban a surgir tímidos brotes de su esencia que se apoderaban nuevamente de toda ella, cubriéndola con un suave manto de su propio rocío.

Toda ella se sentía una fiesta de texturas, de colores, de sabores, de matices aromáticos. Una fiesta maravillosa para los sentidos, una fiesta grandilocuente pero solitaria. Y la víspera, había tenido después de un considerable tiempo, un comensal sentado a su mesa, y el festín había sido grande, hubo vino y música, tentempiés y pies tendidos. Quería notificar su gran evento social en la gran red social. Pasaron unas horas y nadie comentó nada. Pasaron unos días y nada pasó. Pasó una semana y la invitaron a buscar objetos perdidos en el tiempo, ganar puntos y superar niveles. El tema en cuestión, ni siquiera fue cuestionado. Nadie dijo nada. A Mr. Facebook, no le gustan esas cosas.

Su invitado también guardó silencio, Prefirió ser eco del viejo dicho, “Indio comido, indio ido”, desapareció con la mañana dejándole sobre la mesa, el excitante sabor de una verdad en su muro, pasajera pero cierta.




Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!