Me gusta escribir por muchas razones, una de ellas y quizá es la que da origen a mi blog, es que me facilita aclarar mis propias ideas sobre los diferentes temas de la vida, acercarme a lo que pienso y a partir de ello poder determinar caminos a seguir. Sucede que a veces ante una situación determinada en el cerebro se aglomeran una gran serie de ideas y al momento de decidir pareciera que todas salen en estampida y por más que se haya meditado en esa área una y otra vez, en ese instante ocurre un bloqueo y con ello la probabilidad de que se tome una vía no acorde con las verdaderas convicciones que se tienen. Esta simple reflexión motiva muchas veces la elección de mi tema del mes, encontrarme en alguna encrucijada y urgirme encontrar un trayecto posible; en esta ocasión la vida me ha puesto en frente la oportunidad o el desafío de confiar y lo primero que sentí fue una gran ola de pánico, deseo de correr sin mirar atrás o de regresar corriendo y abrazar esa oportunidad, miedo, alegría, tristeza, necesidad de escribir para acercarme a mi verdad.
Hace unos días escribí sobre la confianza y entre otras fuentes de inspiración tome lo que dice la Real Academia de la Lengua Española; en esta oportunidad para hablar de su opuesto, la desconfianza, quise hacer lo mismo y para mi sorpresa lo único que dice el magno diccionario es que la desconfianza, es la falta de confianza; En principio esto no me dijo mucho pero a la postre me ha dirigido a encontrar mi propia idea de la desconfianza.
Si la confianza consiste en entregar algo de si al otro atendiendo a una buena fe inicial y a la opinión que se ha construido y se continúa construyendo del tercero, o como lo esbocé yo, si es entregar una primera gran porción de un 50% de credibilidad e ir liberando gradualmente la otra mitad a medida que se avanza en la relación; la desconfianza entonces, denota una afectación de la capacidad de entregarse al (a la) otr@ o a lo desconocido, surgida como resultado de la poca confiabilidad que han demostrado l@s tercer@s; es decir que mientras que en la confianza el camino empieza desde cada cual, es un acto transparente de buena fe que se alimenta de la buena fe del (de la) otr@, en la desconfianza, el camino se invierte y empieza con la exigencia de que el otro u otra demuestre que es confiable, es decir que haga méritos para lograr su 50%, antes de empezar a recibir votos de confianza. En la primero se parte de la inocencia de creer en la bondad externa; en la segunda se parte del terror de que la confianza sea denigrada.
Cuando la confianza ha sido lastimada es difícil extender la buena fe propia, entregarse sin más y esperar lo mejor; contrario a esto, la desconfianza sepulta la buena fe, disminuye la capacidad de entrega y hace temer lo peor. Quienes traicionan quizá nunca dimensionan el gran daño espiritual que causan, si lo hicieran de seguro habría menos trasgresiones; eso me lleva a reflexionar en un segundo aspecto, y es que, muchas veces quien traiciona lo hace sin meditar en lo que está haciendo, lo hace y ya, y después ve con sorpresa la catástrofe que causó y en esos casos muchas veces termina siendo víctima de su propia traición, uno, por que pierde la confianza de la otra persona y dos, por que pierde la confianza en si mismo, en su valía como ser confiable, pienso que es posible que quien ha traicionado también quede marcado con un inmenso terror a buscar la confianza de alguien por el temor a traicionar nuevamente; puede estatuirse en sí una profunda auto desconfianza en la capacidad de corresponder a la confianza, por miedo a reincidir en la traición.
Lo dicho hasta aquí, me lleva a una tercera idea y es que siendo la traición algo tan nocivo, puede extraerse de ella importantes lecciones; para quien la recibe, en la medida en que pule su forma de confiar y entregarse, otorgándole mayor prudencia y astucia; para quien la ha cometido; siempre que quiera aprehenderlo; enseñándole a ser cauteloso y delicado con los sentimientos ajenos y detallista con los propios y con los pequeños actos que silenciosamente pueden conducir a una traición. A las dos partes puede enseñarles que es bueno y factible superar la traición sufrida o cometida, y que vale la pena volver a confiar y arriesgarse a ser feliz.
Y pregunto: ¿Quieres asumir el desafío de confiar en l@s demás y simultáneamente ser dign@ de confianza?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Este es mi espacio de reflexión acerca de los disparates que pasan en las relaciones humanas y las relaciones disparatadas. Escribo aquí mi voz disertando sobre las ideas no estáticas y en constante evaluación y evolución, que tengo sobre la vida, las relaciones, el amor, el erotismo, el sexo, el ser mujer, los hombres, los debates de género e igualdad y otros temas que van surgiendo de conformidad con mi devenir.
domingo, 17 de octubre de 2010
lunes, 11 de octubre de 2010
La Confianza
Reiteradamente sostenía una polémica ideológica y axiológica con una persona; que en adelante llamaré T (para no dar lugar a confusiones, pues no falta quien piense que T, significa tonto, o, testarudo, terco, tarado, trucho, timorato; aclaro desde ya, que al efecto sólo es Traidor), en cuanto a, qué era la confianza, cuál su contenido, su valía y su medida.
T, sostenía que la confianza era un valor universal cuyo 100% está naturalmente en manos de cada ser human@, siendo ilegítimo mirar con recelo a quien no se conoce, dado que al no existir indicios ni a favor ni en contra debía presumirse su total confiabilidad, bajo la plena convicción de buena fe, en su buena fe, valga la redundancia. En consonancia alegaba T, que inclusive era lógico casi deseable dejar sendos elementos facilitadores de la traición en manos del(a) otr@) bajo el convencimiento de que no habrá transgresión a la confianza ni menoscabo de ningún derecho; bajo este enunciado se invitaría a un propietario a dejar su negocio abierto al público durante la noche y sin ninguna vigilancia, bajo el entendido de que quienes ingresen mirarán la mercadería, tomaron lo deseado dejando eso si el dinero correspondiente y que nadie hurtará nada.
A mi vez, sostenía (y casi siempre ese “sostenía” culminaba en una discusión airada y sentimental, como cuando se habla de religión o política), que la confianza en verdad es un valor universal cuyo 100% está naturalmente repartido en mitades entre quien confía y quien busca ser reconocido como confiable. Argüía yo, que cuando dos seres human@s se encuentran, cada un@ tiene un 50% de confianza frente al (a la) otr@ y el resto lo tiene la otra persona y que es en la interrelación que gradualmente esa confianza va liberándose y depositándose en el tercero, hasta que se puede llegar a afirmar sin lugar a dudas que es@ ser human@ es 100% confiable. Entiendo la confianza como una manifestación directa de la buena fe, pero no de la buena fe simple, sino de la buena fe creadora de derechos (mis colegas abogad@s saben con precisión de que hablo), donde no se confía ciegamente sino a partir de verdaderos elementos de juicio que permiten inferir lógicamente que hay razones para hacerlo. En mi concepto de confianza queda bien el refrán popular “Más vale la seguridad, que la policía”.
Ahora bien, la Real Academia Española, define la palabra confiar como: “Depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa. // Esperar con firmeza y seguridad” y la confianza como la: “Esperanza firme que se tiene de alguien o algo. // Pacto o convenio hecho oculta y reservadamente entre dos o más personas, particularmente si son tratantes o del comercio.”. Estas acepciones de las palabras en cita, me tranquilizan respecto a la propia, ya que identifico que no es descabellada, ni paranoica. Encuentro entonces que un equilibrio razonable para la confianza y el confiar está dado por la proporcionalidad entre la buena fe y la percepción que se va construyendo acerca de la persona en quien se depositará el bien valiosísimo de la confianza.
Es necesario confiar y atesorar con esperanza e inteligencia la confianza. Es necesario e inminente ser sagaces y perceptivos. La biblia lo erige con maestría en el evangelio de Mateo en el capítulo 10, versículo 16, donde invoca “Sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas”.
Mis debates irreconciliables con T, no pudieron continuar, pues terminó nuestra amistad. Tras nuestra accidentada o más bien muerta relación saqué dos importantes conclusiones: la primera, que es prudente de mi parte depositar a priori en el otro un valioso 50% de confianza y esperar para ir ofreciendo más a medida que avance la relación y con ella la credibilidad en cada un@; la segunda, que entregar a T un 50% de mi confianza fue excesivamente ingenuo y generoso con alguien que a priori era indigno de toda confianza.
Y pregunto: ¿Tienes la capacidad de confiar prudentemente en los demás?, ¿Alguien ha vulnerado la confianza que le depositaste?, ¿Puede otr@ ser human@ confiar en ti sin riesgo de equivocarse?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
T, sostenía que la confianza era un valor universal cuyo 100% está naturalmente en manos de cada ser human@, siendo ilegítimo mirar con recelo a quien no se conoce, dado que al no existir indicios ni a favor ni en contra debía presumirse su total confiabilidad, bajo la plena convicción de buena fe, en su buena fe, valga la redundancia. En consonancia alegaba T, que inclusive era lógico casi deseable dejar sendos elementos facilitadores de la traición en manos del(a) otr@) bajo el convencimiento de que no habrá transgresión a la confianza ni menoscabo de ningún derecho; bajo este enunciado se invitaría a un propietario a dejar su negocio abierto al público durante la noche y sin ninguna vigilancia, bajo el entendido de que quienes ingresen mirarán la mercadería, tomaron lo deseado dejando eso si el dinero correspondiente y que nadie hurtará nada.
A mi vez, sostenía (y casi siempre ese “sostenía” culminaba en una discusión airada y sentimental, como cuando se habla de religión o política), que la confianza en verdad es un valor universal cuyo 100% está naturalmente repartido en mitades entre quien confía y quien busca ser reconocido como confiable. Argüía yo, que cuando dos seres human@s se encuentran, cada un@ tiene un 50% de confianza frente al (a la) otr@ y el resto lo tiene la otra persona y que es en la interrelación que gradualmente esa confianza va liberándose y depositándose en el tercero, hasta que se puede llegar a afirmar sin lugar a dudas que es@ ser human@ es 100% confiable. Entiendo la confianza como una manifestación directa de la buena fe, pero no de la buena fe simple, sino de la buena fe creadora de derechos (mis colegas abogad@s saben con precisión de que hablo), donde no se confía ciegamente sino a partir de verdaderos elementos de juicio que permiten inferir lógicamente que hay razones para hacerlo. En mi concepto de confianza queda bien el refrán popular “Más vale la seguridad, que la policía”.
Ahora bien, la Real Academia Española, define la palabra confiar como: “Depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa. // Esperar con firmeza y seguridad” y la confianza como la: “Esperanza firme que se tiene de alguien o algo. // Pacto o convenio hecho oculta y reservadamente entre dos o más personas, particularmente si son tratantes o del comercio.”. Estas acepciones de las palabras en cita, me tranquilizan respecto a la propia, ya que identifico que no es descabellada, ni paranoica. Encuentro entonces que un equilibrio razonable para la confianza y el confiar está dado por la proporcionalidad entre la buena fe y la percepción que se va construyendo acerca de la persona en quien se depositará el bien valiosísimo de la confianza.
Es necesario confiar y atesorar con esperanza e inteligencia la confianza. Es necesario e inminente ser sagaces y perceptivos. La biblia lo erige con maestría en el evangelio de Mateo en el capítulo 10, versículo 16, donde invoca “Sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas”.
Mis debates irreconciliables con T, no pudieron continuar, pues terminó nuestra amistad. Tras nuestra accidentada o más bien muerta relación saqué dos importantes conclusiones: la primera, que es prudente de mi parte depositar a priori en el otro un valioso 50% de confianza y esperar para ir ofreciendo más a medida que avance la relación y con ella la credibilidad en cada un@; la segunda, que entregar a T un 50% de mi confianza fue excesivamente ingenuo y generoso con alguien que a priori era indigno de toda confianza.
Y pregunto: ¿Tienes la capacidad de confiar prudentemente en los demás?, ¿Alguien ha vulnerado la confianza que le depositaste?, ¿Puede otr@ ser human@ confiar en ti sin riesgo de equivocarse?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
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