jueves, 30 de septiembre de 2010

Hoy Seré Más Bell@

Hablar de la belleza insisto puedo resultarle vano a muchas personas y a otras un poco pueril y tonto; es algo curioso si observamos que gran parte o toda nuestra existencia gira en torno de la belleza y que reconociéndolo o no, cada un@ estamos en continua persecución de alcanzarla y hasta poseerla como parte de nuestra vida y entorno.

¿Es posible incrementar la belleza, ser más bell@s?, ¿Es positivo perseguir ser más bell@s? yo pienso que si, pero debo volver a lo dicho al hablar de las mujeres bellas, para marcar nuevamente que la base fundamental en este tema tan personal y tan social simultáneamente, es primero, partir del hecho de que no existe una forma única de belleza, no son hermos@s los hombres y mujeres de X o Y características, sino que la belleza es plural, diversa, imposible de contener en estereotipos limitados y que en consecuencia el que es bell@ tiene una respuesta enorme e ilimitada circunscrita a los gustos de cada cual; y segundo, arriesgarse amorosamente a encontrar la propia belleza, avanzar en ese camino sinuoso que ha marcado nuestra sociedad y cultura de consumo, ir desvistiendo ese(a) ser human@ que somos y encontrar en la desnudez de nuestro ser, en esa ausencia de ornamentos la propia hermosura, con las limitaciones y fortalezas, con los detallitos que nos gustan y no, con esos aspectos que nos hacen deseables e indeseables, reencontrarnos como ese(a) ser bell@ que creo el universo, con sus características únicas y su gran capacidad de ser mejor día a día.

Antes de avanzar necesito complementar el tema de este mes refiriendo dos características que estimo intrínsecas a las personas bellas, éstas son, la entrega a l@s otr@s y la tolerancia. Una persona hermosa necesariamente se preocupa y ocupa de l@s otr@s seres human@s; se interesa y trabaja por mejorar el mundo en su vida cotidiana; ayuda desde su área particular a que l@s otr@s sean más felices. Es por supuesto también, una persona de mente amplia y abierta a las diferencias; con capacidad suficiente para amar y aceptarse a sí misma y a l@s demás con las virtudes y falencias que tengan; un ser human@ que se entrega y comparte con l@s otr@s superando las distancias reales o creadas, como las clases sociales, los niveles culturales, la raza, el género, el sexo, la edad, las religiones, las inclinaciones filosóficas y políticas, las cualidades y defectos que integran a cada persona en su condición humana.

Y retomando el tema de hoy, advierto que si se mira el interior de cada un@ con sinceridad se podrá encontrar permanentemente aspectos que son susceptibles de mejorar y que trabajando en ellos se construirá, potenciará y fortalecerá la belleza que se tiene. Estoy convencida de que es válido totalmente, perseguir y aspirar a poseer un grado mayor de hermosura cada día. Para ello es inminente dedicarse al autoconocimiento y el autocuidado; atender cada día el cuerpo que alberga nuestro espíritu, hacer deporte, comer bien, proporcionarle generosos placeres y diversiones; destinar tiempo a leer y formar el espíritu y el intelecto, no sólo con textos académicos, también con otros que se suponen fuera de esta categoría pero que arrancan risas y lágrimas, mientras forman sin necesidad de presentar pesadas teorías; tomar con conciencia tiempo para compartir con los otr@s, para enseñar y aprender en la interacción, para dar y recibir, prodigar y aceptar el amor. Es válido y necesario mirar quien se es y trabajar con entusiasmo y consagración en ser mejor, y salir cada día anunciando con confianza y certeza en cada paso: “Aquí va un(a) hermos@ ser human@, desfila plácidamente, luciendo su mejor versión de sí mism@”.


Concluyo invitándonos a disfrutar y potenciar la belleza. Pregunto: ¿Qué aspectos físicos y espirituales quieres y/o necesitas mejorar para ser más bell@?, y nos dejo el reto de dedicarnos cada día a trabajar en ello para ser más bell@s cada día.


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

martes, 28 de septiembre de 2010

La Belleza Masculina

He conocido un número indeterminado de hombres en mi vida, empezando por mi padre, pasando por mis maestros, mis amigos y otros que han fungido como pareja o simulacros de pareja. He conocido muchos hombres y poquísimos de ellos podrían ser calificados de bellos, o por que su belleza física no era especialmente sobresaliente o por que su espíritu y carácter eran minúsculos o por que no tenían ni lo uno, ni lo otro.

Un hombre bello, es bello desde su espíritu, es bello desde el alma y es bello en cada manifestación de su voluntad. Un hombre bello, es sin lugar a dudas un ser integral. Cuando un varón tiene la belleza en su esencia, la reflejará en cada momento de su vida, en cada acto público o privado, en cada palabra, en cada silencio, en su mirada, en sus decisiones, en su cuerpo, en sus triunfos y en sus derrotas, en su manera de amar y aún cuando no ame.

El hombre bello, como la mujer bella, es una construcción autodidacta y en permanente aprendizaje de su entorno, siempre inconclusa y dinámica, siempre en creación y recreación.

Un hombre pleno de belleza es aquel que se ama y que amándose ama a l@s demás. Es un hombre que cuida y respeta su cuerpo y su espíritu; es un hombre que cuida y respeta el cuerpo y espíritu de cada persona que atraviesa en su vida. Se ocupa con mesura de su imagen personal, no por ganarse el apelativo moderno de metrosexual, más bien sabiendo que ella refleja la integridad y entereza que posee como ser humano. Es una persona con oídos dispuestos para escuchar con tierno y dulce entendimiento, acaso con sincera inexperiencia e ingenuidad, con impotencia quizá, pero siempre con paciencia y loable entrega. Es generoso con sus palabras de amor, con las explicaciones, con las razones, con los consejos, el consuelo y la fortaleza. Es un soñador y un ingeniero construyendo maravillosas realidades. Un hombre bello, sabe proteger sin convertirse en padre eterno, sabe recibir protección sin acomodarse en carga ni en hijo perpetuo. Tiene a la verdad como su único idioma posible, no contamina sus labios con besos y promesas falsas, tampoco con mentiras convenientes. No despilfarra su cuerpo por aprovechar cualquier oportunidad tendida, no es víctima sujeta de su virilidad y también sabe negar su hombría. Sabe salir en silencio o por la puerta de atrás, no requiere ser protagonista siempre, le vasta con protagonizar con conciencia su propia historia. No necesita ser bendito entre las mujeres, le basta con llevar a la gloria a aquellas que ama. De igual manera valora a todas las mujeres, sabiéndolas humanas, iguales; por ello entiende, persigue y vive en su día a día la igualdad de género. Sabe compartir sus bienes sin convertirlos en instrumentos de sujeción o intercambio humano; tiene también la sabiduría precisa para identificar cuando lo que es apreciado en él es su poderío económico y por respeto a sí mismo y al otro u otra, no se vende a cambio de algunos favores eróticos o emocionales. Por demás está decir, que es leal, no traiciona, sabe agradecer y conoce perfectamente que los servicios y atenciones que recibe no son respuestas naturales a su existencia y que el mundo no gira en torno de sí; es cortés y gallardo aún cuando no persiga encuentros sexuales u otras dádivas y aún cuando las haya conseguido. Al hombre bello su belleza y su masculinidad no le cuelgan en medio de las piernas, están enraizadas en cada milímetro de su cuerpo y su ser entero. Y vuelvo por donde empecé, puesto que allí está la génesis de la belleza masculina, un hombre bello es aquel que se ama y que fruto de ello sabe amar a los otros hombres y a las mujeres.

Concluyo invitándonos de nuevo a reflexionar sobre las preferencias y gustos más íntimos y preguntando: si eres hombre, ¿Qué elementos físicos y espirituales integran tu belleza?, y si eres mujer, ¿Qué encuentras bello física y espiritualmente en un hombre?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Una Mujer Bella

Su cabello es negro, castaño oscuro para ser más precisa; un poco rizado como aquellos que no pueden ser catalogados ni de crespos ni de lacios, no cae en perfectos y definidos bucles, cae simplemente por efecto de la gravedad y el peso de su extensión, hasta la altura de su pecho; es hermoso, sedoso y brillante. Su piel es blanquísima, tan suave y delicada como la porcelana más exquisita. En vastas zonas de su anatomía se pueden encontrar tramos perfectamente cubiertos de largos bellos, en sus piernas, en sus brazos; no siempre se depila, uno, por que no es esclava del glamour y los preceptos estéticos que obligan a una mujer a limitar sus pelos a la cabeza, las pestañas y las cejas, y dos, por que así la moda diga que los vellos en las mujeres son feos, a ella silenciosamente no le disgustan, es más disfruta acariciarlos y sentir la suavidad en sus manos al recorrerlos. Su cuerpo se inclina a ser delgado, pero yo diría que es mediano, no tiene profundas curvas pronunciadas, ni nada en él que sea especialmente voluptuoso, y aunque he disfrutado contemplando su desnudez jamás la he visto lucir a la vista una prenda que resalte o insinúe siquiera algo sensual o sexual en su figura, más bien, siempre luce discreta, sin escotes, altos estiletes, ni telas ceñidas. Su rostro es de forma redondeada, su sonrisa y sus ojos oscuros tienen un brillo inocente aniñado que parece que estará en ellos indefinidamente pues persiste aunque ella ya no es una niña inocente. No tiene la nariz, ni la boca perfecta y usa lentes todo el tiempo, no por que sea fashion, los usa para sobrellevar sus deficiencias visuales. Su carácter es dulce y suave, no llama la atención en demasía, no habla en exceso, no dice los mejores chistes aunque si disfruta y ríe sin mesura con las ocurrencias de l@s otr@s. No es la mujer más brillante, ni la más sobresaliente, pero su inteligencia y sabiduría son sus grandes talentos intrínsecos, sin descontar esa natural capacidad que tiene de amar y acompañar a quienes ama. Esta es su descripción general, no me iré a esos detalles más íntimos como decir que posee unos bonitos pechos medianos con forma de pera, coronados por sublimes pezones rosados, y terminaré diciendo que es una maravillosa amiga, atesorada en mi país Colombia y que me hace extrañar esa tierra y desear de tanto en tanto regresar para dejar de perderme su invaluable y reconfortante amistad. Es una mujer bella, bella como pocas, bella más que muchas.

Cómo es una mujer bella? he estado meditando en esto desde la última entrada del blog y se agolpan en mi cabeza pedazos de respuesta que quieren quedar aquí plasmados, quiero ser imparcial al intentar definir la belleza femenina, pero de entrada debo admitir que mi entendimiento con seguridad está viciado por lo que cultural y socialmente me han vendido como parámetros de belleza y por lo que mi fuero interno encuentra atractivo.

En particular me causa repugnancia que los medios de comunicación sigan vendiendo la idea de que la mujer y el hombre bell@s son de una determinada forma y que den prevalencia a la raza blanca, los ojos claros, la estatura alta, los cuerpos delgados, la sonrisa clouse up y el look ultra moderno, siempre a la vanguardia de la moda. El hecho de que existan esos protocolos de belleza resulta absurdo cuando lo cierto es que l@s seres human@s somos tan divers@s; aunque lo más absurdo es que sigamos comprando estos figurines de la estética, no sólo por lo ilógico sino por que son devastadoras las consecuencias de tales falacias que se pretenden imponer como verdades.

Y en general y en contra sentido pienso que cada grupo racial tiene caracteres que lo hacen bello y singular, que lo hacen diferente y especial; y que por ende es un desatino pretender medir la belleza de cualquier mujer con los insanos estándares de calidad que impuso la industria de la moda y la cosmética, como puede juzgarse la belleza de una mujer indígena, o una oriental o una mestiza, si la tabla de medidas se diseñó pensando en la belleza de una mujer de raza blanca.

No iré más lejos en cuanto a lo físico, sólo les cuento que a partir de mucho lidiar y sufrir en carne propia los estándares de belleza, desde hace unos años he decidido ampliar mi mirada y para ello empecé por contemplar largamente mi imagen en el espejo procurando encontrar mi respuesta íntima sobre mi propia belleza, para responderme, si con mis centímetros de más y mis centímetros de menos soy hermosa o no, afortunadamente la respuesta poco a poco se ha ido alejando cada vez más de lo que se supone que yo debería ser para ser bella y en consecuencia gradualmente es más y más satisfactoria, antes le gustaba a muchos y muchas (por supuesto a otr@s no), pero ahora además de gustarle a otr@s, cada vez me gusto más, antes no me gustaba.

Simultáneamente me he dado a la tarea de contemplar a mujeres de diferentes características y me sorprende ver día a día a mujeres que antes ciegamente hubiese catalogado sin más de feas, mujeres morenas, gordas, flacas, nadadoras (nada por delante y nada por detrás), y muchas más, y me he dado cuenta por un lado, que en efecto la belleza es diversa por naturaleza así como los gustos son diversos y por otro, que es inminente la necesidad de que renunciemos y nos opongamos a la belleza de catálogo para que admiremos y disfrutemos la belleza en su espléndida pluralidad, esto lo digo por que sucede que la gente no sólo se niega a ver la belleza que no encaja en lo que se supone bello, sino que se siente avergonzada de no ser de esa manera o de gustar de otras cosas.

Para terminar, otro tema súper importante o más importante hablando de la belleza de las mujeres y que por supuesto en mi calidad de feminista no puedo dejar fuera es lo que se considera bello a nivel de género en una mujer. El ser hombre y el ser mujer se ha construido sobre una serie de preceptos también culturales que determinan como natural cosas que no siempre lo son. Hablando de mujeres a las chicas se les ha predeterminado una serie de cosas muy dulces, como la ternura, la delicadeza, la entrega, la bondad y otras cosas igualmente cándidas, así mismo otras de dudosa procedencia como la necesidad de protección, la indecisión, la tendencia al chisme o a los embustes, la vocación al sacrificio, el instinto maternal (que invento tan mal intencionado y cruel), entre otras.

Se supone que una mujer será más bella cuantas más y más marcadas tenga estas “cualidades” y lo será menos, entre menos tenga todos esos aditamentos que integran y construyen el ser femenina, el ser mujer; y esto lo que propicia es que muchas mujeres procuren llenar la medida que se espera de ellas y que se nieguen a ser simplemente la persona humana que son, con atributos desprovistos de género, y que al mismo tiempo sea juzgada erróneamente la belleza femenina, dándose por bello lo que simplemente es un estándar cultural y por desagradable lo que se sale de esos patrones.

Concluyo invitándonos a reflexionar sobre las preferencias y gustos más íntimos y preguntando: si eres mujer, ¿Qué elementos físicos y espirituales integran tu belleza?, y si eres hombre, ¿Qué encuentras bello física y espiritualmente en una mujer?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

jueves, 9 de septiembre de 2010

La Belleza

Qué es la belleza? Lo definiría simplemente como la característica que en esencia tienen algunas cosas, situaciones o personas, que hace que causen una impresión positiva en el espíritu de l@s otr@s. Es ese toque especial descriptible o indescriptible que determina que algo sea atrayente para la percepción externa.

Este intento por definir en pocas palabras la belleza deja una franca puerta abierta a muchas cosas para ser catalogadas de bellas y es precisamente en ese sentido que se dirige mi definición de dicho atributo. El qué es bello? Tiene de por si una respuesta inmensa, difícilmente podría darse una respuesta univoca que determine que lo es o que no lo es, puesto que pareciera de hecho existir una conexión estética, simbólica, intrínseca entre el objeto juzgado en su hermosura y quien juzga en particular, pero no siempre así respecto de otr@s observador@s, de tal suerte que lo que es bello para alguien, para otra persona puede no serlo.

Sin embargo aunque nadie puede ni podrá afirmar sin riesgo a equivocarse o sin encontrar al instante opositores que es exactamente la belleza, o qué cosas, situaciones o personas son bellas, este tema es uno de los que más sufrimientos y desazones puede causar a quienes quieren ser bell@s o encontrar una pareja bella.

Empero ser dicha cualidad tan etérea y volátil, tan ambigua e indeterminada, y por ende imposible de catalogar con valores cerrados, negada de por si a las categorías absolutas; en nuestra cultura que de hecho es impositiva y arbitraria, dada a establecer conceptos puntuales, indiscutibles y definitivos sobre cada tema por personal e íntimo que sea, se ha dado lugar a que algun@s se permitan “enseñarnos” que es bello y que es carente de belleza, a que un@s poc@s maestr@s de la estética nos impartan su visión limitadísima sobre el tema y que sin mayores razonamientos o argumentos lógicos nos indiquen cuales son los parámetros válidos para medir (si es que es posible medir) el valor estético de algo o alguien.

Es necesario advertir que detrás del tema de la belleza hay muchos más de marketing que de emociones humanas naturales y por regla general los prototipos que se difunden como contenedores de alto valor estético poseen por encima de ese valor, un altísimo poder comercial, donde lo que importa no es la buena impresión que algo o alguien puede causar en quien aprecia sino qué es lo que se quiere vender; es decir que el foco de atención silenciosa e imperceptiblemente deja de orientarse al contenido de belleza y se centra antinaturalmente en un producto o servicio que se quiere promocionar, frente al cual la pretendida definición de belleza se acomoda utilitariamente y al gusto del vendedor.

Corolario de lo anterior, vivimos en una sociedad donde quienes venden nos amaestran en cuanto a que es lo debe ser deseable, de acuerdo a lo que previamente sus estrategias comerciales nos han enseñado desde nuestra más tierna infancia como lo que es hermoso y apetecible; dándose por descontado cualquier intento emancipatorio de contravenir dichas categorías, al ver bello lo que ya deberíamos tener interiorizado como feo o simplemente desprovisto de hermosura; inocuo, cuando no ofensivo estéticamente.

Es lacerante ser concientes de que no son pocas las ocasiones en que nuestro ser palpita al encontrarse con algo o alguien, debido a la belleza innombrable que le encontramos, y que muchas veces eso que nos hace palpitar no coincide o simplemente no está inmerso en lo que se supone tod@s sabemos que es bello, y que frente a esta evidencia de que la belleza no es, o no se limita a ser lo que nos han dicho que es en exclusiva, antes que cuestionar dichas verdades ricas en torpeza, sigamos el juego y cuestionemos que será lo que le vimos a eso tan feo o que será lo que está pasando con nuestro sentido del gusto que empieza a ver hermosura donde sólo se encuentra su ausencia. Es tan fuerte el poder del mercado y sus agrandes aliados los medios de comunicación, que a diario y minuto a minuto, cuestionamos la belleza propia y ajena, nuestro autónomo y personal sentido de la estética, pero nunca a ellos que son quienes abusivamente se han permitido limitar y encarcelar estás categorías naturalmente ilimitadas.

Si se quiere tener claridad sobre que es lo universalmente considerado bello, se puede atender como borregos autómatas a la elocuente voz comercial de las programadoras de televisión, a las cadenas de radio, a la mayoría de diseñador@s y en general a tod@ aquel(la) que quiera vendernos cualquier cosa para lograr la belleza y la aceptación social, desde cremas antiarrugas, hasta autos y celulares de última generación, desde diseños de sonrisa, hasta cirugías de clítoris o penes.

Yo por mi parte, prefiero invitarnos a tener presente y vivir una frase cuyo autor o autora desconozco, que reza que “La Belleza está en los Ojos de Quien Mira”. Entender que la belleza es un valor que ante todo está entrañado en cada un@ y una de las formas en que se evidencia es en la forma en que se aprecia lo que hay fuera de sí. Entrenarnos día a día en ver lo bello desde la esencial percepción de cada un@. Permitirnos abrir la razón y el entendimiento a nosotr@s mism@s, a nuestros sentidos, escuchar que dice nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu respecto a que es y que no es hermoso, donde hay belleza y donde no la hay; que nos permitamos también sorprendernos con la particular visión estética que tenemos como seres singulares inmersos en la universalidad. Que nos atrevamos a cuestionar la belleza ideal que nos impone la cultura y sus difusor@s permanentes que conciente o inconcientemente somos tod@s. Y, que defendiendo nuestro derecho a la libertad nos permitamos descubrir para sí y para el mundo nuestra personal definición de la belleza, la que está en nosotr@s y la que está fuera.

Se que para much@s es en extremo superfluo dedicar una columna a hablar de algo relacionado con la estética y la belleza, sin embargo estoy convencida de que es un tema en demasía importante, ya que lo bello es algo que reconociéndolo o no, perseguimos y queremos ser siempre; por ello no le dedicaré una sola columna al tema, sino que me permito destinarle las cuatro de este mes de septiembre, para hablar de la belleza femenina, la belleza masculina y algunas claves para potenciar lo que cada un@ tiene en esa área.

Para empezar pregunto: Para tí, ¿Qué es la belleza?, ¿Qué es bello y qué no lo es?, ¿Cómo es un hombre o una mujer bella?, ¿Eres bell@)?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!