martes, 24 de agosto de 2010

Las Mentiras de Ellas: La Prueba de Amor

La entrega anterior estuvo dedicada a las mentirillas masculinas; vamos ahora con la otra cara de la moneda, las mentiras de ellas relacionadas con lo que nuestra cultura alguna vez llamó “La Prueba de Amor”.

Sin darle vueltas innecesarias al tema y sin eufemismos, diré que la mentira de muchas mujeres en este tema, consiste en negarse (y por ende cohibirse) de tener sexo pronto con el sujeto con quien salen, para que el susodicho quede convencido de que ella no es una chica fácil, que consecuentemente es una buena mujer, que es valiosa y que como resultado de ello decida quedarse a su lado mediando una relación sentimental formal.

No es un secreto, más bien es muy conocido que en nuestra sociedad es un importante parámetro para medir el valor de una mujer, el número de citas que antecedan a su primer encuentro sexual con quien está saliendo. Y partiendo de esta patética verdad, muchas mujeres son verdaderamente astutas en el manejo de estas cifras.

Pocos consejos son tan frecuentes entre amigas, como el llamado imperativo a “hacerse la difícil” para que el chico no piense mal de ella y la valore en verdad; así como la explicación más frecuente sobre el desinterés de un hombre cuando la pretendida relación termina recién iniciada, es que: “Se acostó muy rápido con él, él logró lo que quería y se escabulló pues ya no encuentra encanto alguno para pretender, además de que debe estar convencido de que la chica es una cualquiera”, en conclusión, la gran falla es de ella, que no supo seguir el guión preestablecido de hacerse rogar antes de dar un si sexual.

He conocido a un incontable número de mujeres que mintiendo respecto a su deseo se abstienen estratégicamente de acostarse con un hombre, con el único fin de que el sujeto se las tome en serio y lograr no una noche de intensa pasión, sino una relación de noviazgo ya que es mejor visto ser “la novia” que simplemente ser “la acompañante de una noche”; ser abandonada, tras una burla a su ingenuidad, que serlo, tras haber gozado franca y llanamente, sin prejuicios morales. Mujeres que dejan de tener sexo, no por falta de deseo, sino para lograr construir en el imaginario de su pareja la idea de que ella es una mujer virtuosa. Mujeres que se niegan a compartir el placer erótico, no por que estén esperando a que surja en sí mismas el amor por el otro, sino, por que quieren conseguirse una compañía permanente garantizada por la abnegación que puede lograr la imagen de una casta mujer.

Lo peor de esta tonta mentira, es que es una mentira con efecto dañino en múltiples sentidos; es una mentira que puede dar en el blanco esperado y simultáneamente o poco después sacar el tiro por la culata. Por un lado puede resultar bastante efectiva para que el candidato a novio se crea el cuento de que esa falsa inapetente sexual es digna de cortejo y muy llena de gracia (como la virgen maría) y dignidad como para ser novia; por otro lado y en contra sentido, muchas mujeres se auto engañan (igual que los hombres con su lado de la historia), creyendo que si se hacen rogar, o se hacen las difíciles, etc., el sujeto quedará prendado de ellas y no las dejará por lo menos en mucho tiempo, ya que no querrá quedarse sin tan santa mujer; en pocas palabras tenemos que muchas mujeres que usan esta estrategia, se creen que en verdad resultará efectivo el jueguito para retener a un varón y conseguir que se abstenga de sustituir a una chica por otra; y por otro lado también auto engañándose, están las chicas que tras haber decidido tener sexo con un sujeto y evidenciar que la relación no llegó a serlo, se lanzan a auto flagelarse y culparse por no haber hecho las cosas como se esperaba que las hicieran y por el contrario haber sido ligeritas.

Mentiras, mis amadas mujeres, podrán acostarse con alguien en la primera cita o en la número cien, y tengan por seguro que en verdad esa diferencia carecerá de peso al momento en que aparezca otra mujer que despierte el interés de un hombre y que este se deje llevar por una nueva pasión. Inicialmente es cierto que el caballero podrá comerse el cuento de que la chica es casta y eso podrá impulsarlo a querer estar con esa mujer como novia, pero el día que aparezca una tercera que le llame la atención, muchos de ellos olvidarán sin mucho problema a la novia pura y buena, y se irán tras las novedosas piernas, así su dueña carezca de pureza y bondad. Cuando un hombre quiere mandar a volar a una mujer, lo hace, así sea la viva imagen de su santa madre, así sea la madre de sus hij@s, así sea lo que sea. Así que renuncien de una vez por todas a convalidar la desfachatez de que midan nuestra valía personal con base en el manejo de nuestro deseo y nuestro cuerpo. Y si un hombre las desprecia por haberse acostado pronto con él, den gracias al cielo, que las ha librado de un minusválido mental que se presume normal.

En la entrada anterior afirmé no saber cuál es el momento indicado para tener sexo con alguien, ahora quiero reconsiderar esta afirmación para aclarar que si se cuál es ese momento ideal; el momento perfecto para ir a la cama (o al sofá, o a la alfombra, o a la cocina, o donde sea.) con alguien, es simple y llanamente el momento en que cada cuál se sienta comod@ haciéndolo; para algun@s será la primera cita, para otr@s la cita numero diez, para otr@s la número cien, y para otr@s nunca; con cada persona ese camino se podrá transitar con mayor o menor velocidad, sin reglas preestablecidas, sin libretos, sin estrategias. Pero por favor, que esa distancia temporal esté marcada por el respeto al ser human@ integr@, a los sentimientos, a la satisfacción y comodidad del cuerpo, el alma y el espíritu; por el encanto de crear una ardiente expectativa mutua, por la tranquilidad de conocer primero a ese otr@ con quien se compartirá la intimidad; pero no, para condicionar su pensamiento, no para demostrar pureza y menos aún falsa pureza, no para retener a alguien, pues una compañía forzada más que sosiego traerá angustia y permanente inminencia de pérdida.

Estimad@s amig@s, es imperativo que desmitifiquemos nuestro cuerpo, que rescatemos nuestro deseo per se, de calificativos positivos y negativos, que nos abstengamos de evaluarnos negativamente por ser libres deseantes, que le quitemos la exclusividad convalidante a determinados lugares y circunstancias para desear y dar libertad a nuestros deseos. Usemos nuestro cuerpo como instrumento de amor, gozo, felicidad, armonía, paz y emancipación, no como estrategia, ni como instrumento de mentira, no como un as bajo la manga, no lo convirtamos en arma, podemos herir y resultar heridos. ¡Respetémonos!, ¡Amémonos!

Ser deseantes es ser human@s, ser sexuales es ser human@s. ¡Que viva y goce nuestra humanidad sexual!


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

3 comentarios:

  1. Verónyka, me encanta tu escrito. Me encanta tu manera de expresarte y lo que dices. Es la primera vez que te leo y me gustaría mucho seguir leyéndote. Gracias por tu voz.

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  2. Hola!!!....
    Me gustó mucho lo que leí.
    Muchas gracias porompartirlo!!!....

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  3. Que tan bonito y bien escrito tema. Sí, es verdad, que las mujeres deben seguir los dichos de su corazón con confianza, auto-estima y respeto con su propio cuerpo. No hay que mentir para ganar la confianza masculina, pero, comportárse de una manera sensata y natural, buscando conquistar a su "amado', a través de una mirada, de un gesto, de una palabra, pero y jamás, exponiendo sus atributos sexuales como inicio de una nueva relación. Yo , como hombre y un eterno admirador de la belleza femenina, busco conocer y acercárme de una mujer a través de detalles sutiles, como su signo zodiacal, su manera de vestir, sus gestos, su dedito pequeño (la femenilidad de una mujer es clara en su dedo mínimo de sus manos), su comportamiento sentimental y su sonrisa. Todo eso es un conjunto que, hacen de una mujer maravillosa para un hombre, no necesitando mentir para tener su sincero amor... Hasta pienso, que el encuentro sexual es un complemento de todo, y que sucede naturalmente después que los dos ya se conocen muy bien... Y por supuesto, haciendo de este encuentro mucho más elegante, bonito y sensual...

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