viernes, 26 de noviembre de 2010

¡Milagro!

María está angustiada. María cree en milagros, pero hace mucho que el amor y sus milagros no ocurren en su vida.

Pudo reconocer el milagro a los pocos minutos, cuando enfrentó a ese nuevo prospecto de amigo que se le apareció en una tarde de chat. Cree en milagros pero no cree en el amor a primera vista, sabe bien que cuando la han amado a primera vista ese amor se ha esfumado tras la temprana primera o segunda desvestida.

Ese, su milagro, es casi un santo. Una luz tenue acompañándolo, la dulzura inocente en la mirada, un irresistible aire pueril brotando con su sonrisa, las manos inexpertas y una boca llena de placenteras promesas. Su voz la eleva hasta el regocijo cual brisa tibia de verano, la escasez de sus caricias la siembran de ilusión y júbilo, piensa que eso ya lo hace distinto y que él la ve distinta. No obstante sabe también aunque prefiere disimularlo, que gran parte de esos encantos han sido maquillados, pero no se inmuta, conserva la certeza sin perder la razón, se esperanza, se emociona, reconoce que sin los adornos extras sigue estando bien, maravillosamente bien.

María tiene miedo. Es que es tan perfecto. Sólo él, a quien ella sabe enloquecido de deseo, cuyas manos irracionales padecen su mesura, sólo él, ha sabido castigar el éxtasis de sus pensamientos, para encontrarla en la profundidad de sus curvas, husmear bajo la cadencia de sus aromas, espiar tras la pasión de sus ojos. Sólo él se ha permitido desvestir de sexo su cuerpo, encontrarla mujer sin carne, mujer humana.

Está aterrada. Teme que él descubra, si no descubrió ya, que lo único virginal y sacro en ella es el nombre, sustantivo que su padre decidió y su madre obedeció, el nombre de una mujer menos curiosa y lúdica que ella, ese nombre que ilustra en ella con perfecta equivalencia, un antónimo lírico – corpóreo.

No se arrepiente de sus credos, ni sus peregrinaciones nocturnas, ni de las muchas ocasiones en que se arrodilló ante sus pasados falsos santos, no quiere expiar sus culpas, ni redimir sus caídas que otros llaman “pecados”; pero siente taquicardia mientras mira ininterrumpidamente la pantalla de su notebook, presiente que él la mandó de golpe al infierno de la bandeja de spam, con todo y sus piernas vestidas de red, con el incienso aromático de sus pechos, con el cáliz de sus labios.

Han pasado 30 inmisericordes horas desde que él la dejó, sí, la dejó, con un suave, casi miserable “Chau”. Y él, quien ella sospecha tiene su habitación en todo el centro del ciberespacio, mantiene su ventana cerrada y figura eternamente desconectado.

El corazón virginal de María llora y ella imagina que está llorando lágrimas de sangre. Le duele terriblemente, parece que también en esta ocasión la coronaron, por primera vez primero de espinas.

Toma un trago de resignación y se lanza con todo a sus oraciones para purgar el abandono. Se cuestiona si pecó nuevamente por andar calificando de milagro a ese cretino, inmaduro, prejuicioso, cobarde, miserable que no le dio ni por limosna un beso…

Es arrancada de su rezo non sancto, por el tum tum de un mensaje instantáneo.

-Hola Divina! ¿Estás?

-……¡Dios Mío! ¡Milagro!



Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

jueves, 25 de noviembre de 2010

¿Qué Pasaría con los Detalles?

¿Qué pasaría si él y ella decidieran compartir una larga comunión?, larga como la espera del amante, de tal magnitud que abra una dimensión a la intimidad, esa intimidad que no está garantizada por un coito, pero que admite y casi presagia inagotables coitos.

Y ¿Qué pasaría si a ese candidato, o concursante, o aprendiz de compañero le gustara, tal y como gusta cualquier cosa, comer sus platos recargados de ajo?; y si, cómo respondiendo a los malos augurios, ¿A esa candidata, o concursante o aprendiz de compañera, le disgustara, tal y como disgusta cualquier cosa, el más mínimo asomo de aroma a ajo?.

¿Qué pasaría tras sus cenas picantes de ajo y sus cuerpos ardientes?; cuando él sintiéndose picado por el sazón de las texturas de ella, la buscara y en efecto la encontrara, como siempre, lista, provocativa y provocada. Y, ¿Qué pasaría si al condensarse su encuentro, esa cortina de ajo dejará heladas y sin tacto sus inminentes cenas?.

¿Qué pasaría?, ¿Terminarían por cesar sus suculentas comidas después de la cena?, ¿Serían sacrificados el ajo o sus besos y penetrantes caricias?, ¿Serían quizás esa nariz y paladar femeninos l@s sacrificad@s?, ¿Podría él, pasar sobre el ajo para satisfacción de ella?, ¿Podría ella, pasar sobre el peculiar aroma y casi olvidar su desazón, para satisfacción de él?, ¿Podrían ellos cocinar la receta amorosa precisa para no sacrificar a nada, ni a nadie y continuar disfrutándose?. Podría pasar cualquier cosa, todo depende de lo que esos estudiantes del amor íntimo eligieran cursar.

Los grandes amores eternos y hasta los efímeros amores de verano (que no siempre son efímeros), se ganan o echan a perder por los detalles, eso que se hace u omite hacer, lo que se dice, lo que se calla, lo que se mira, lo que se obvia, lo que se atiende, lo que se ignora, lo que se cuida, lo que se descuida, lo que se procura, lo que se da por hecho. Lo que siendo minúsculo es intrínsecamente garrafal.

Son los detalles los culpables o los salvadores, los que nos hacen ganar, perder o librarnos. Ni modo.



Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

martes, 23 de noviembre de 2010

El Flirteo "Cursos de Verano y Escuelas de Altos Estudios"

Entiendo como flirteo la etapa en que una pareja que se atrae sentimental y/o sexualmente van acercándose, conociéndose y comunicándose directa o indirectamente su mutuo agrado a través de sus comportamientos, detalles, miradas, elogios, entre otras muestras de cariño e interés, llamadas a ir abriendo camino para que el dúo se encuentre y termine concretando un encuentro permanente o transitorio, aunque no siempre se llegue a tal fin.

Desde hace varias décadas nuestra vida gira y se estructura cada vez más en torno a una cultura de lo inmediato, de lo instantáneo y de lo light; esto permea todas las áreas de la vida y se filtra en cada espacio que se habita, desde la cocina hasta la iglesia, comemos sopas que están listas en tres minutos y asistimos a misa en pijama desde el sofá de casa y al término de presionar el canal de T.V. correspondiente. Las relaciones por supuesto no están al margen de la feria ligera que transitamos y en consecuencia es muy fácil llegar a hacer parejas, tríos y hasta comunidades amorosas y eróticas sin mucho preámbulo, conocimiento de los participantes o inversiones de ningún tipo. “Hola, puedo darte un beso? Si; que tal si vamos a un sitio más íntimo?… Somos novios… Tengo pareja… Ahora somos cuatro: ella , nuestras sucursales, y yo… Terminamos… Volvimos… Estoy probando con otr@... Me enamoré otra vez…Ya me desenamoré…Quien sigue?”.

He estado meditando sobre que ha pasado con el flirteo, si ha variado en sus formas, se extinguió o sigue vigente aunque pasado de moda y operando como algo apto sólo para chapad@s a la antigua; y he concluido que dependiendo los involucrados cualquier respuesta es acertada, hay quienes flirtean con formas tradicionales, quienes obvian tal paso y van directo a una relación de pareja y quienes lo hacen con unas formas impensadas para generaciones pasadas.

No obstante pienso que se le ha restado trascendencia a la gran oportunidad que representa el conocimiento previo a una relación de pareja. No es común encontrar a alguien en quien se identifique a un buen prospecto de pareja sólida. Es sencillo encontrar seres humanos atractivos o interesantes, o virtuosos, etc., pero alguien íntegro, es menos común y cuando aparece o se cree que apareció tampoco es fácil controlar el impulso de dejar fluir los sentimientos y deseos para acceder cuanto antes a una relación; pero es útil y más que eso necesario permitirse encontrar más de es@ otr@ antes de decidirse por iniciar una relación.

No existe una manera correcta de cortejarse, pero si existen claramente muchas maneras incorrectas; estimo que el flirteo es la oportunidad de lanzarse a descubrir los bemoles del hallazgo de otr@ ser human@, de conocer quién es el (la) otr@ concentrando la atención o procurando concentrarla en su carácter y personalidad, sin el obstáculo de tener el cuerpo y la mente aplicados a lo sexual. En eso consiste la oportunidad de cortejarse, de coquetear, en poder descubrir quién es alguien, cómo reacciona, que piensa, que siente, cuáles son sus valores, sus criterios, cuál es su cosmovisión, sus preferencias, sus gustos y disgustos, aspectos que suelen pasar a un segundo plano o desplazarse hasta una oportunidad indeterminada cuando se ha pasado a conocer primero los talentos eróticos que tiene el o la candidata a pareja.
El flirteo es la clave para edificar una relación con cimientos sólidos o una miserable casita desechable; decidirse a vivirlo cómo una etapa tranquila que avanza sin carreras es entrenarse para mucho más que un cursito de verano que culmina con la estación, es comprometerse con un@ mism@ y con la otra persona a estar en permanente aprendizaje de su mundo y de la manera más propicia para construir un universo en común, en un estudio largo y maravillosamente sin fecha de graduación, un curso sin fin.

Y pregunto: ¿Cómo crees que funciona el flirteo hoy en día, existe tal cosa o es algo que quedó en el pasado?, ¿Cómo flirteas con alguien que despierta tu interés?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

viernes, 12 de noviembre de 2010

Volver a Creer

Llena el corazón ver la capacidad de creer que tienen l@s niñ@s; aceptan las historias como ciertas sin poner en duda la existencia y los poderes mágicos de hadas y duendes; confían en promesas y acuerdos; temen males inverosímiles como que se los llevará el coco (diablo) o el cuco (personaje argentino para asustar a l@s más chic@s); cualquier cosa que se les diga como cierta, es naturalmente aceptada por ell@s sin recelos, sin análisis profundos, sin evaluaciones detalladas ni de la verdad, ni de su emisor. Creen con su bendita inocencia, con sus ojos transparentes, con sus oídos castos, con su piel nueva, con su espíritu puro y su alma intacta.

Lastima contemplar la incredulidad que va sepultando a cada infant@ y descubriendo al ser adult@, evolucionado a muchos niveles e involucionado, desdibujado en su facultad de creer, de asombrarse y emocionarse ante una promesa, ante un sueño, ante una esperanza. El gran hombre y la gran mujer asustad@s y con minúsculas creencias potenciales; aferrados con avaricia a lo seguro, temerosos de lo nuevo, de lo distinto, desechando lo ideal por lo tangible, lo bueno por conocer por lo malo conocido. Es triste ver a hombres y mujeres cautivos de un cuerpo miedoso y sujetos de un alma cobarde que a golpes mutó su naturaleza crédula en deforme boceto angustiado de lo cierto.

Pisar la cabeza de la tragedia inesperada, ahuyentar la voz estridente del engaño, borrar los colores del horror y enterrar el cadáver de los sueños destruidos, cuando no, resucitarlos; no es fácil. Cuando se ha sufrido menoscabos el ser se cierra al daño externo por acción del instinto de conservación, se bloquea el sonido promisorio, se expulsan desde la distancia las caricias, se matan los sueños al nacer o ni siquiera se conciben; el espacio que por antonomasia ocupaba la confianza, se colma con el hedor de la desconfianza y se congela en la eterna duda.

Es ahí cuando la valentía debe restaurar la integridad y aflorar el potencial personal para rehacer los caminos, para iniciar nuevamente el curso con un paso. Duele ver los sueños convertidos en pesadillas, pero duele más vivir sin soñar. Aterra perder el amor, pero es espantoso resignarse al desamor. Continuar con vida evidencia una fuerza mayor a la adversidad y esa fuerza es el sustrato necesario para insistir en ser felices, en alcanzar la victoria sin temor al fracaso, ya que éste es sólo una estación que puede atravesarse y dejarse atrás, es una valiosa parte de la vida que enseña, fortalece y prepara para encarar los triunfos, ser mejores seres human@s. Lo importante no es no equivocarse sino asumir los yerros, aprehender las lecciones y estructurarse cada vez mejor para encarar la vida y apreciar su mejor faceta; en gran medida esto no depende de cómo trate la vida a cada cual, sino de cómo se decide vivir; cómo víctimas o como conquistadoras(es), que música se decide danzar, una hecha de lamentos o una compuesta de notas alegres y vibrantes. El momento exacto para empezar o volver a creer es éste.

Y pregunto: ¿Estás dispuest@ a volver a creer en la vida?, ¿Estás dispuest@ a retomar la creencia en los demás y en ti mism@?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.



Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

domingo, 7 de noviembre de 2010

La Incredulidad

Uno de los grandes obstáculos que presenta la religión y la capacidad humana para creer en Dios es la existencia del dolor como una realidad permanente en el mundo. Es difícil creer que exista un ser divino y todo poderoso que ame al ser human@ y que al mismo tiempo permita pese a su gran poder que existan condiciones injustas, trágicas y devastadoras. Sobran las explicaciones para esta realidad, desde el hecho de que Dios nos ha dado albedrío y que en consecuencia el dolor es un resultado de los hechos humanos, hasta que son pruebas que Dios permite que atraviese el ser human@ para moldear su carácter y perfeccionarlo, pasando por la simpleza de que Dios en su grandeza se ocupa de las cosas macro y deja el sufrimiento de cada cual en manos de cada cual como un hecho minúsculo que no ocupa su atención. Diversas respuestas y ninguna satisfactoria, menos aún para quien vive el dolor en carne propia, llámese desamor, enfermedad, abandono, muerte y un lastimero etcétera.

La vida de algunas personas pareciera estar marcada por la fatalidad. Hay quienes han nacido en condiciones extremas de marginalidad, recibidos en el mundo por el rechazo y la carencia de afecto, van transitando siempre entre tropiezos, luchando como modus operandi para subsistir, viviendo y menos que eso sobreviviendo, enfrentando fracasos, obstáculos como destinados de contera a la zozobra de cualquier mal inesperado, o peor aún esperando siempre un nuevo revés. Otras personas si bien no han visto sus vidas marcadas por las situaciones permanentes deplorables, de repente se ven sorprendidas por algún evento que les trastorna por completo, la pérdida de un ser querido por ejemplo. Ésto que menciono por supuesto no es exhaustivo en cuanto a lo que puede ser el dolor y lejos está de acercarse a la magnitud de ese sentimiento o de las situaciones que pueden desatarlo, sencillamente apunta al hecho de que el dolor es determinante en muchas ocasiones respecto a cómo se encara la vida y qué puede paralizar o aniquilar la esperanza en el porvenir.

Los hombres y mujeres cuyas vidas han sido pisoteadas por la tragedia y el sufrimiento a veces se soportan en ello para avanzar, para incrementar su valentía y fortaleza, y con coraje continúan caminando aferrándose a la creencia íntima de que como dice la canción "cuando más oscurece es por que va a amanecer", a pesar de que el infortunio les siga acompañando como perro faldero; estas personas, silenciosamente son testimonio y fuente de esperanza para otras, inclusive a veces con su forma optimista de caminar motivan a otras a creer y a esforzarse por lograr la bienaventuranza; otras veces, las personas heridas por la desventura se dejan caer en ella por inercia y antes que aferrarse a ninguna ilusión, deciden o aceptan dejarse llevar por lo catastrófico y en ese sentido anticipándose a que ninguna puerta se abre para ell@s o a que el éxito no les fue destinado, se llenan de malos sentimientos y permiten que éstos florezcan perjudicándoles aún más o convirtiéndose en fuentes de desaliento y hasta daño para su entorno. Seres human@s que en algunas culturas o inculturas son llamadas y tratadas como desechables, personas que no han tenido oportunidades y que gradualmente son más desafortunad@s, más lastimad@s, más víctimas, en algunos casos también más victimarios; y en lo más íntimo de su ser lo que requieren como salvación es amor, vertido en abrazos, en caricias, en sonrisas, en oportunidades, en palabras, en satisfacción de sus necesidades, en consecución de sus ideales; pero en este mundo materialista en el que vivimos, en el cual cada un@ lleva su paso acelerado y ajeno a las necesidades del (de la) otr@, no es fácil hallar respuestas, por el contrario se encuentra la negación y carencia de entrega a l@s demás, por ende el panorama tiene una gran faceta gris; aunque definitivamente hay esperanza y empieza por cada un@ de nosotr@s como responsables de ser amor para cada ser human@ que encontremos en la vida.

Cierro y procuro dar forma al título de esta entrada haciendo énfasis en que la desgracia afecta las raíces de la credulidad, pero no sólo en Dios o en lo divino, atenta contra la capacidad de creer en si mism@s, en l@s otr@s, en la fortuna, en el amor, en los sueños y en las bellas realidades, pero que el camino no termina ahí, hay nuevos horizontes de buenas promesas, de alegrías, y es nuestro deber humano retornar a la confianza, buscar esos escenarios, construirlos y contribuir para que otras personas puedan conocerlos y vivirlos, ya que la vida tiene sentido si somos bendición para nosotr@s mism@s y para quienes nos rodean.


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!