martes, 31 de mayo de 2011

Cara de Víctima

Uno de los papelones más aburridos de presenciar es el de alguien muy cómod@ en el rol de víctima, empeñad@ en maximizar el drama de su situación y/o condición, para hacer más que evidente su terrible e injusto sufrimiento. Una persona en esa tónica conmueve al principio, da lástima en una segunda instancia y genera fastidio y rechazo en adelante. Es desagradable una víctima insufrible, quejándose a cada instante y rememorando en cada frase los tantos golpes que la vida, las personas, el destino y todo le han propinado.

La posición de una víctima auténtica también tiene una imagen que es chocante a nivel social, pese a que el dolor y la injusticia para con los demás se tolera como una realidad lamentable pero inevitable frente a la que pocas veces se puede actuar de manera directa para modificarla. No es apetecible mirar de frente el dolor evidente del otro u otra, enfrentar el rostro de su pobreza, su soledad, la violencia que ha padecido, el hambre, etc. Son dramas que están pero que no se quieren ver en lo cotidiano, resulta perfecto que se limiten a las lejanas crónicas rojas de los diarios. Al dolor es más práctico darle la espalda.

Es diferente hacerse la víctima y ser víctima, aunque sea deseable dejar de ocupar cualquiera de esos dos escaños, en el primer caso abandonarlo está ligado con buscar otras formas de reconocimiento sujetas a la valía personal y no a la conmiseración externa. En el segundo caso, el dejar de ser víctima se inicia con profundizar en esa calidad que se ostenta. Es fundamental enfrentar el contexto que se vive, y registrar cuando se está padeciendo o se ha padecido un trato desafortunado. Está bien reconocerse como víctima de algo o alguien, este es el primer paso para dejar de serlo. El camino de liberación de una realidad nefasta se va construyendo al evidenciar para sí, el daño recibido, y se continúa su tránsito con la manifestación pública de inconformidad frente a ello; todo lo cual es benéfico, como una forma de protesta, de negación a resignarse con un presente hostil, y como un fundamento que motiva y propicia el cambio de esa actualidad desagradable. Ahí el dejar de ser víctima opera desde el reconocimiento de algo o alguien que victimiza, la condición antinatural de víctima en que fue puesta la persona y la inminente necesidad de alterar ese statu quo agreste para poner un alto a aquello que lastima. Inclusive cuando el evento nocivo que victimiza haya cesado, es imperioso aceptar que se fue víctima, para poder avanzar hacia la recuperación emocional y física del daño padecido. Pasar por alto el ser o haber sido víctima, o el silenciar esa vivencia no es sano y retrasa su superación.

Y pregunto: ¿Puedes reconocerte como víctima de una situación o persona? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

jueves, 19 de mayo de 2011

Soñar No Cuesta Nada

¡Soñar no cuesta nada! Esta frase es falsa de principio a fin. Soñar es un ejercicio que demanda un gran esfuerzo espiritual que sólo conocen aquellos seres que se han atrevido a trasgredir su realidad para imaginarla y ambicionarla diferente. Soñar implica en su génesis tener conciencia de la existencia vital, del aquí y el ahora, de las fortalezas y más aún de las debilidades, de las posesiones y de las carencias. Soñar está determinado por saberse en un punto y en una realidad limitada por lo que se ha construido, por lo que se ha destruido, por lo que las circunstancias han contribuido a dejar en pie o a derrumbar.

Soñar es esculcar el espíritu y el alma, escudriñar en el fondo que es lo que se quiere en la vida, que se pretende obtener, a donde se quiere llegar, que estandartes se quiere lanzar por tierra y cuales se quiere izar en algún momento. Soñar implica tener el valor de oponerse al presente con lo que se aspira alcanzar a futuro. Soñar tiene un gran precio de coraje y visión, lo que eventualmente puede no costar demasiado es abandonar los sueños, no esforzarse por hacerlos realidad y dejarlos sumidos en el abandono del olvido o en el baúl de las cobardes utopías, pero inclusive ésto, puede representar un alto costo, por que los sueños una vez concebidos siempre aparecerán una y otra vez como una vocecilla que demanda hacerlos ver la luz, hacerlos tangibles, materializarlos.

Much@s valientes que han traspasado sus presentes ideando el futuro a su medida, que han creído en sus proyectos, que han puesto sus fuerzas encaminadas a conseguir sus aspiraciones, terminan alcanzando el galardón que buscan; much@s otr@s, pese a todo el capital humano y físico invertido se encuentran de frente con el fracaso, con caminos sin salida, con obstáculos infranqueables, con sueños irrealizables o realizados pero desvanecidos inesperadamente. Ést@s últim@s se quedan con tres contundentes certezas, soñar cuesta, mutar sueños por realidades cuesta mucho más, recobrar el valor para volver a soñar pese a los sueños perdidos, cuesta más que todo lo anterior.

La vida gira vertiginosamente y como human@s es imposible saber a dónde conducirán cada uno de estos giros incontrolables. Es bueno recordar que el universo opera sobre reglas imperceptibles de equilibrio y armonía, y que aunque soñar es maravilloso, los sueños reflejan la percepción restringida que se tiene sobre que es lo bueno y que no, que se estima como fuente de felicidad o desasosiego; los sueños no solamente se encuentran alinderados por nuestra intima conciencia, sino que además pueden ser errados y no contener necesariamente una línea paralela con lo que realmente es benéfico para cada cual, lo que determina en algunas coyunturas que deban reestructurarse o renunciar a ellos para encontrar nuevos horizontes posibles.

Entender esta realidad hace más fácil aceptar la no realización de los sueños o su ruptura, hace comprender y confiar en que cuando las expectativas más ansiadas se ven truncadas, esto no necesariamente es malo, ya que si se van cerrando al paso todas las puertas que se golpean o todos los caminos que se quieren transitar, es posible que ocurra por que la vida en su sabiduría innata está obligando a continuar buscando, llamando, caminando, hasta avizorar en el momento justo lo que realmente se compagina con el mejor fin que el universo tiene para cada un@. Y entonces soñar tiene más sentido, puesto que se alcanzan las fuerzas para hacerlo y oponerse a cualquier barrera, inclusive a la de los sueños rotos.


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!