martes, 31 de agosto de 2010

Las Mentiras Matemáticas: ¿Qué número ocupo en tu lista?

En toda relación llega el momento crucial de la rendición de cuentas sexuales y/o afectivas que anteceden a la misma. Muy posiblemente todos y todas nos hemos visto avocados a responder y dar cuentas sobre nuestro pasado erótico sentimental o a negarnos a darlas. Seguramente much@s de nosotr@s hemos solicitado con esperanza y angustia el pormenorizado informe. ¿Con cuantas personas estuviste antes de mí?.

Ya está, la gran pregunta; pero no hay que ilusionarse, el examen apenas empieza, ya que a esta primera cuestión le siguen otras no menos peligrosas, pues óigase bien, jamás son preguntas inocentes y desprevenidas: Y, ¿Te acostaste con tod@s ell@s?, ¿Con cuál has disfrutado más?, ¿Disfrutas más con el/ella o conmigo?, ¿Los has querido a tod@s?, ¿A cuál has querido más?, ¿Lo quieres más a el/ella o a mí?, ¿Todavía lo quieres?, ¿Te gustaría repetir?, ¿ah! Pero aún te acuerdas de él/ella?.

Y con cada pregunta que avanzan, l@s interlocutor@s se van adentrando más y más en un envolvente terreno de arenas movedizas. Quien pregunta, por que entre más respuestas obtiene más sorprendido y desilusionado se encuentra, o, más aturdido por la creciente duda respecto a la veracidad de sus recientes hallazgos; atención de nuevo, no existe una respuesta correcta, con todas se pierde, así quien escuche tenga dibujada una lánguida sonrisa en el rostro. Quien responde, a su vez, por que se encuentra enfrentando una interminable prueba numérica cuyas preguntas tienen única respuesta, respuestas de análisis de relación, múltiples respuestas, y/o todas a la vez; donde sabe, que muy probablemente (es más, casi con toda seguridad), reprobará.

Qué será mejor: Responder con la verdad al desnudo?, Responder con la verdad bien vestida y maquillada según la ocasión? Dejar a la verdad guardada en el closet y advertir que de allí no va a salir y punto?, o, En ejercicio del auténtico derecho a la defensa, mentir e inventar la versión que nos anticipamos quiere escuchar el juez ad hoc?; yo me decidí por dos respuestas que uso al gusto, como la sal: la primera es mi versión de una conocida frase “las damas y los caballeros no tenemos memoria, las damas y los caballeros no tenemos pasado” y un gran punto final; o, la segunda, “mira, la última vez que hice esa cuenta iba como en cien y me perdí, así que decidí dejar una cifra cerrada en 100, tu vienes a ser el 101…o el 102?...” y unos dubitativos puntos suspensivos al cierre.

Por qué, si existen formas tan interesantes y divertidas, es precisamente de esta manera que hacemos florecer nuestros apetitos sadomasoquistas?, no termino de entender por que nos gusta torturarnos preguntando lo que nuestra cultura nos ha enseñado a no aceptar, y en consecuencia lo que es mejor no saber, lo que no nos incumbe, lo que no traerá nada de edificante a la actual relación y lo que, insisto, gracias a las malas mañas que hemos recibido de nuestra lacerante cultura, se convertirá en el talón de Aquiles de la pareja.

Definitivamente si este tema nos resulta tan difícil de accesar es por la forma en que culturalmente se ha construido el deber ser de las relaciones de pareja. Lo ideal sería que pudiésemos asumir esta información con absoluta tranquilidad, que hasta sintiéramos gratitud con el enorme listado de parejas previas que tuvo nuestra pareja; por las cosas que le ayudaron a moldear, por los talentos que le contribuyeron a desarrollar, por tolerarle cosas que afortunadamente ya no tendremos que tolerar, por enseñarle a ser mejor amig@, mejor amante, mejor persona, por el amor y la dicha que le hayan propiciado, por haberle dejado libre para que tengamos la oportunidad de amarle; entendiendo que debemos amar en cualquier tipo de relación. A propósito, cada día pienso más, que el amor no siempre debe tener cajones exclusivos llamados relación X o Y (amig@s, novi@s, espos@s, etc.), otra opción puede ser que tod@s seamos amantes y nos amemos un@s a otr@s…como Dios manda; pero de eso escribiré otro día.

Retomando el camino, pienso que sería bueno que nos tomáramos con total tranquilidad la verdad más simple y lógica, que es el hecho de que tod@s tenemos un pasado que nos ha construido y formado (a algun@s los ha deformado…y/o, ya venían deformes de fábrica), que ese pasado está repleto de historias, vivencias y personas, de amores y desamores, de fuerzas y falencias, de pasiones y recuerdos; pero lo cierto, es que nuestra cultura nos ha inculcado el desvalor de la inseguridad, nos ha metido la falacia de que tenemos que ser únic@s (referido aquí, en el sentido de ser la única persona importante en la vida del otr@) y ocupar el primer lugar en su vida para que podamos sentirnos valios@s, lo que a la inversa se traduce, en que valemos menos o nada, si nuestra pareja a amado intensamente a otras personas, o, si antes de nosotr@s hay muchas más historias escritas, o, si estando con nosotr@s ama a alguien más; nuestra cultura nos dice que sólo vale realmente, quien llega a blanquear el terreno de raíz e implantarse sólo, en la vida de su pareja, quien logra arrasar con el pasado y empezar de cero una historia nueva con una vida, que de hecho nos es ajena, la vida del otr@. Todo ésto, imposible de contera.

Pienso que es necesario, replantearnos la concepción de pareja que tenemos, qué es lo que realmente nos hace valios@s como pareja de alguien, aprender a aceptar el pasado sin sufrir por el, no pretender anularlo, no desesperarnos por indagarlo; aceptar también que el amor es una fuerza que por su naturaleza no se concentra en una sola persona, que de repente puede adoptar variantes, facetas, pero inclusive a veces y más veces de las que públicamente se reconoce, puede destinarse con proporcional intensidad a varias personas; el amor no es excluyente, por el contrario es integrador, liberador, amplio y seguro; el amor verdadero no exige exclusividad (aunque puede pactarse, y de hacerse pactos de exclusividad deben cumplirse, o mejor, no hacerlos y aceptar que cosas como la fidelidad nos las inventamos por conveniencia), no arrasa, construye y edifica, siembra y cosecha alegrías. El amor no es un contrato, ni un sentimiento intangible, es un sentimiento materializado en conductas destinadas a hacer el bien a sí mism@ y al otr@.

Yo estoy comprometida en aprender una nueva forma de amar que transgreda la castrante manera que me enseñó esta cultura en la que nací. Quiero ser libre en y a través del amor. Sueño con un amor tranquilo y desprovisto de la ansiedad que genera el ánimo de posesión. Me esperanzo con un amor emancipador, que no sea más sinónimo de sufrimiento. Y tu, ¿Estás de acuerdo con la forma de amar que nos ha inculcado nuestro sistema de valores?, ¿Quisieras darle la opción a nuevas formas de amar y concebir la pareja?, ¿Estás dispuest@ a renunciar a los juicios sobre la vida de tu pareja antes de que lo fueran?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.

Ser deseantes es ser human@s, ser sexuales es ser human@s. ¡Que viva y goce nuestra humanidad sexual!


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

martes, 24 de agosto de 2010

Las Mentiras de Ellas: La Prueba de Amor

La entrega anterior estuvo dedicada a las mentirillas masculinas; vamos ahora con la otra cara de la moneda, las mentiras de ellas relacionadas con lo que nuestra cultura alguna vez llamó “La Prueba de Amor”.

Sin darle vueltas innecesarias al tema y sin eufemismos, diré que la mentira de muchas mujeres en este tema, consiste en negarse (y por ende cohibirse) de tener sexo pronto con el sujeto con quien salen, para que el susodicho quede convencido de que ella no es una chica fácil, que consecuentemente es una buena mujer, que es valiosa y que como resultado de ello decida quedarse a su lado mediando una relación sentimental formal.

No es un secreto, más bien es muy conocido que en nuestra sociedad es un importante parámetro para medir el valor de una mujer, el número de citas que antecedan a su primer encuentro sexual con quien está saliendo. Y partiendo de esta patética verdad, muchas mujeres son verdaderamente astutas en el manejo de estas cifras.

Pocos consejos son tan frecuentes entre amigas, como el llamado imperativo a “hacerse la difícil” para que el chico no piense mal de ella y la valore en verdad; así como la explicación más frecuente sobre el desinterés de un hombre cuando la pretendida relación termina recién iniciada, es que: “Se acostó muy rápido con él, él logró lo que quería y se escabulló pues ya no encuentra encanto alguno para pretender, además de que debe estar convencido de que la chica es una cualquiera”, en conclusión, la gran falla es de ella, que no supo seguir el guión preestablecido de hacerse rogar antes de dar un si sexual.

He conocido a un incontable número de mujeres que mintiendo respecto a su deseo se abstienen estratégicamente de acostarse con un hombre, con el único fin de que el sujeto se las tome en serio y lograr no una noche de intensa pasión, sino una relación de noviazgo ya que es mejor visto ser “la novia” que simplemente ser “la acompañante de una noche”; ser abandonada, tras una burla a su ingenuidad, que serlo, tras haber gozado franca y llanamente, sin prejuicios morales. Mujeres que dejan de tener sexo, no por falta de deseo, sino para lograr construir en el imaginario de su pareja la idea de que ella es una mujer virtuosa. Mujeres que se niegan a compartir el placer erótico, no por que estén esperando a que surja en sí mismas el amor por el otro, sino, por que quieren conseguirse una compañía permanente garantizada por la abnegación que puede lograr la imagen de una casta mujer.

Lo peor de esta tonta mentira, es que es una mentira con efecto dañino en múltiples sentidos; es una mentira que puede dar en el blanco esperado y simultáneamente o poco después sacar el tiro por la culata. Por un lado puede resultar bastante efectiva para que el candidato a novio se crea el cuento de que esa falsa inapetente sexual es digna de cortejo y muy llena de gracia (como la virgen maría) y dignidad como para ser novia; por otro lado y en contra sentido, muchas mujeres se auto engañan (igual que los hombres con su lado de la historia), creyendo que si se hacen rogar, o se hacen las difíciles, etc., el sujeto quedará prendado de ellas y no las dejará por lo menos en mucho tiempo, ya que no querrá quedarse sin tan santa mujer; en pocas palabras tenemos que muchas mujeres que usan esta estrategia, se creen que en verdad resultará efectivo el jueguito para retener a un varón y conseguir que se abstenga de sustituir a una chica por otra; y por otro lado también auto engañándose, están las chicas que tras haber decidido tener sexo con un sujeto y evidenciar que la relación no llegó a serlo, se lanzan a auto flagelarse y culparse por no haber hecho las cosas como se esperaba que las hicieran y por el contrario haber sido ligeritas.

Mentiras, mis amadas mujeres, podrán acostarse con alguien en la primera cita o en la número cien, y tengan por seguro que en verdad esa diferencia carecerá de peso al momento en que aparezca otra mujer que despierte el interés de un hombre y que este se deje llevar por una nueva pasión. Inicialmente es cierto que el caballero podrá comerse el cuento de que la chica es casta y eso podrá impulsarlo a querer estar con esa mujer como novia, pero el día que aparezca una tercera que le llame la atención, muchos de ellos olvidarán sin mucho problema a la novia pura y buena, y se irán tras las novedosas piernas, así su dueña carezca de pureza y bondad. Cuando un hombre quiere mandar a volar a una mujer, lo hace, así sea la viva imagen de su santa madre, así sea la madre de sus hij@s, así sea lo que sea. Así que renuncien de una vez por todas a convalidar la desfachatez de que midan nuestra valía personal con base en el manejo de nuestro deseo y nuestro cuerpo. Y si un hombre las desprecia por haberse acostado pronto con él, den gracias al cielo, que las ha librado de un minusválido mental que se presume normal.

En la entrada anterior afirmé no saber cuál es el momento indicado para tener sexo con alguien, ahora quiero reconsiderar esta afirmación para aclarar que si se cuál es ese momento ideal; el momento perfecto para ir a la cama (o al sofá, o a la alfombra, o a la cocina, o donde sea.) con alguien, es simple y llanamente el momento en que cada cuál se sienta comod@ haciéndolo; para algun@s será la primera cita, para otr@s la cita numero diez, para otr@s la número cien, y para otr@s nunca; con cada persona ese camino se podrá transitar con mayor o menor velocidad, sin reglas preestablecidas, sin libretos, sin estrategias. Pero por favor, que esa distancia temporal esté marcada por el respeto al ser human@ integr@, a los sentimientos, a la satisfacción y comodidad del cuerpo, el alma y el espíritu; por el encanto de crear una ardiente expectativa mutua, por la tranquilidad de conocer primero a ese otr@ con quien se compartirá la intimidad; pero no, para condicionar su pensamiento, no para demostrar pureza y menos aún falsa pureza, no para retener a alguien, pues una compañía forzada más que sosiego traerá angustia y permanente inminencia de pérdida.

Estimad@s amig@s, es imperativo que desmitifiquemos nuestro cuerpo, que rescatemos nuestro deseo per se, de calificativos positivos y negativos, que nos abstengamos de evaluarnos negativamente por ser libres deseantes, que le quitemos la exclusividad convalidante a determinados lugares y circunstancias para desear y dar libertad a nuestros deseos. Usemos nuestro cuerpo como instrumento de amor, gozo, felicidad, armonía, paz y emancipación, no como estrategia, ni como instrumento de mentira, no como un as bajo la manga, no lo convirtamos en arma, podemos herir y resultar heridos. ¡Respetémonos!, ¡Amémonos!

Ser deseantes es ser human@s, ser sexuales es ser human@s. ¡Que viva y goce nuestra humanidad sexual!


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

viernes, 13 de agosto de 2010

Las Mentiras de Ellos: La Prueba de Amor

Este tema lo tengo en la punta de la lengua desde hace mucho tiempo. Hay un asunto que casi para todos y todas representa un estado de suspenso, o congoja, o desespero, de miedo y de ansiedad, de evaluación, punto de partida o punto final; el momento en el que una pareja que interactúa con fines eróticos y/ o sentimentales da el paso a tener relaciones sexuales.

En las relaciones de pareja, mi experiencia me dicta que el grueso de los embustes y mentiras se lo llevan los hombres, a muchos de ellos les encanta o se sienten más familiarizados con las mentiras que inclusive con las relaciones; y a su vez, las mentiras olímpicas, esas “bien” hechas, (y el bien queda entre comillas por que mentir no me parece bueno), esas que no son fáciles de descubrir, ni descifrar, son diseñadas con maestría por las mujeres. Eso es fácil de explicar; a las mujeres nos seducen las frases hermosas, amorosas, y ellos se vuelven todos unos actores expertos en enunciar diálogos dignos de un Oscar; y ellos que dicen mentiras tan cotidianamente, las cuales descubrimos tarde o temprano, nos han ayudado a ser expertas en como identificarlas, descubrirlas y como crear laberintos imposibles para ocultar las nuestras o desdibujar una realidad.

Ese momento que se supone o se suponía debería ser especial en que una chica acepta (o un chico cada vez más) ir a la cama, sigue cobrando importancia en la actualidad, aunque para bien o para mal, (eso depende de quien y para que se quiere), el camino se ha vuelto cada vez más corto. Yo no se, cuál es el momento ideal, algunas personas ameritan el grato suspenso, la ardiente ansiedad de la espera, otras representan un paso a paso que embeleza lentamente y deja postrado el cuerpo y otras sólo incitan una rápida probadita o unas probaditas y ya.

Para llegar a ese primer encuentro sexual (muchas veces el gran desencuentro y/o el encuentro final) hay mentiras que son casi oficiales. En algún lugar de nuestra cultura existe la idea que aunque parezca extraño, ha dado en atribuir a ese primer acto el carácter de prueba de amor, en el imaginario ilusorio de que si una mujer acepta tener intimidad con un sujeto, ese hecho obedece a que su corazón está prendado de éste y por ello decide entregarle su humanidad carnal.

Y ahí empiezan a tejerse las mentiras comunes a hombres y mujeres; la primera, pensar que el deseo sexual en una mujer surge a partir del amor, claro que no, eso no es absoluto, a veces puede pasar, pero es mucho más común y natural que se desee así no se ame. A ésta se une otra pequeña mentirilla: que las mujeres sólo cederán en ese aspecto debido al amor; mentiras, mentiras; definitivamente más incitador que el amor son las ganas, y en las ganas, ganamos las mujeres, así social y culturalmente se quiera silenciar, doblegar y disminuir nuestro deseo y la manifestación libre de éste. Tener sexo, rara vez, puede representar un acto de sacrificio, más bien yo diría que es un delicioso acto lúdico.

Muchos hombres, creo que la mayoría (sólo he conocido a uno que no), se permiten inventar estar enamorados de una chica para que ella se decida a tener sexo con ellos, son poquísimos los que abierta y directamente se atreven a invitar a una noche de pasión por la pura y simple satisfacción de pasar una divertida noche, y no hablo aquí de los encuentros furtivos que cada vez están más de moda, de tener sexo con cualquiera en cualquier disco o fiesta, o de citarse a través de páginas de Internet sólo para tener sexo, pues en éstos encuentros pareciera que la importancia la tiene el órgano sexual y no su dueñ@; hablo de relaciones donde se ha profundizado en quien es el otro u otra; en éstas últimas, casi ninguno, (ni ninguna) se atreven a lanzar una propuesta directa y ellos prefieren deslizarla con frases amorosas o romanticonas, destinadas a que la fulana de turno crea que es única para él y que el gran amor del sujeto lo compele a hacer tan atrevida y solícita propuesta.

Y aquí va de la mano otra mentira que se enlaza con la falsa declaración de amor para conseguir sexo, pero que en este caso constituye la auto mentira que se infligen los pobres hombres. La mayoría de sujetos que quieren acceder a un encuentro carnal con la mujer que están flirteando, ansían un pronto sí desde su cuerpo, pero desde sus imaginarios morales, se ilusionan con un no. Creen ellos, que si tras presentar su seudo discurso amoroso en la primera o primeras citas, la mujer accede rápidamente a brindarle sus favores, es lo que se conoce como una “Mujer Fácil”, término que describe a una fémina que va a la cama con cualquiera, que no se ama, que no se valora, que cae facilito ante una petición sexual, que no vale la pena hacer en ella ninguna inversión emocional pues es una mala mujer de ligero acceso, y lo que fácil se consigue no vale la pena. En todo caso, yo doy por sentado que el mismo apelativo que merece ella, lo merece él; si ella es una fácil, él es un fácil; si él es un audaz generoso del amor, ella también lo es.

Queridos hombres, no les confesaré todas nuestras mentiras, pero si les diré unas cuantas de mis verdades:

1. Las mujeres no somos trofeos, ni juegos con niveles de dificultad, somos seres human@s y si quieren que seamos difíciles, despreocúpense, todas lo somos.
2. Las mujeres más buenas, amorosas y sensatas, pueden y cada vez más están dispuestas a acceder a tener sexo pronto, inclusive en la primera cita.
3. La ausencia de deseo o la negación de éste, no nos hace buenas mujeres, la integridad humana es una construcción permanente y nunca conclusa, que poco tiene que ver con lo fuerte que se cierren las piernas.
4. El hecho de que una persona se haga esperar un buen tiempo, no significa que esa espera y esa persona valgan la pena.
5. 5. No es necesario y si es muy cruel que nos mientan diciendo que nos aman para conseguir tener sexo.
6. Nosotras a veces también queremos tener sexo por el simple hecho de que es muy satisfactorio tener sexo. Atrévanse a pedir sexo amistoso, se sorprenderán de los buenos resultados que pueden obtener.
7. Por favor, que la mentira no sea su lenguaje cotidiano; los puede dejar bien “parados”, pero su integridad irá cada vez más por el suelo.

Concluyo con una solicitud de justicia para las mujeres concientes y sinceras con y en su deseo, que sin trabas, ni estrategias, tienen sexo con quien quieren y cuando quieren, respetando siempre su integridad y la integridad de l@s otr@s, su salud y la salud de l@s otr@s, sus sentimientos y los sentimientos de los demás, incluyendo a terceros a quienes puede afectar su libertad sexual. No las tachemos de malas mujeres, ni de mujeres fáciles, pues no es nada fácil decidirse y ser una libertaria de la propia sexualidad.

Ser deseantes es ser human@s, ser sexuales es ser human@s. ¡Que viva y goce nuestra humanidad sexual!


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

miércoles, 4 de agosto de 2010

Mentiras por Sexo

¡Tener sexo es delicioso! No lo digo yo, lo dicen entre voces, gritos y gemidos millones de practicantes a nivel mundial. Y siendo esta una verdad casi universal, y dejo el “casi”, en consideración a las personas que por una u otra condición no lo disfrutan, resulta abrumadora la actitud mojigata que impera frente al sexo y el deseo.

La sexualidad puede, aunque no necesariamente ir acompañada de sentimientos y emociones relacionados con el amor de pareja, como también puede tratarse simplemente de una manifestación material del deseo de nuestro cuerpo. Sucede que en nuestra sociedad el deseo se fue cubriendo de velos que podrían erotizarlo, pero que en muchos aspectos terminaron siendo pesadas frazadas que lo desdibujan y enturbian; el respeto de la intimidad se trastoca con el falso pudor y al mismo tiempo se vende sexo como pan caliente en los diferentes medios y mecanismos de comunicación, y con cada cosa susceptible de ser adquirida. Ésto evidentemente tiene una marca mucho más profunda en tratándose del deseo y la sexualidad femenina, la cual se promociona y vende inagotablemente, pero se pretende negar y silenciar de contera.

El deseo y el sexo en términos personales, no son temas bienvenidos en las charlas sociales, no cuando se pretende darles lugares centrales y ajenos a los sentimientos de afecto que se supone deberían acompañarlos, como si sólo fuera válido el deseo sexual como corolario del amor de pareja, no como objeto con un fin autónomo.

Lo dicho hasta aquí choca de entrada o a primera vista con la amplia difusión sexual que es común en la actualidad y con las nuevas formas de relacionarse que ha generado la Internet en la conexión extra rápida y súper Light de tod@s con tod@s; al respecto, veo que el asunto es que en estas formas de comunicaciones imperan las imágenes y las frases preconstituidas y uniformadas rodeando el erotismo, pero que poco se habla a fondo y con seriedad de la sexualidad y el deseo, muchas veces podrán manifestarse en un chat las cosas más obscenas que la imaginación pueda concebir, pero es poco común que se hable seria, tranquilamente y sin morbo del cuerpo, de lo erótico, de lo pasional y hasta de lo sentimental. Cada vez se exhibe más, con más tranquilidad y menos culpa, lo que puede ser positivo si se apunta a la naturalización del cuerpo y a que éste pueda verse sin miedos y morbos, que antes que guardarlo o sacralizarlo, lo exponen como el algo prohibido cuya adquisición amerita pagar cualquier precio; pero se continúa sin hablar del fondo del asunto, lo que nos gusta o no, nuestras preferencias, el deseo sin aditamentos morales, los aciertos y desaciertos, el placer y el displacer, los logros y las frustraciones, las prácticas y las fantasías.

Ese miedo que se ha enarbolado alrededor de las pulsiones sexuales, esos tabúes que las aprisionan, hacen que se niegue el deseo, que se evite reconocerlo o hablar de él seriamente, pero no han logrado que el ser human@ deje de ser ampliamente sexual y deseante. Insisto en la paradoja, se está prostituyendo la sexualidad en todos los medios de comunicación, pero causa pánico individualizarla y proponerla sin aditamentos y embellecedores.

Este segundo mes de mi blog, quiero dedicarlo a la búsqueda de mentiras sexuales, o mejor, a escudriñar las mentiras que de común rodean la búsqueda de sexo en procura de que su consecución suene más espiritual y menos carnal, así sea pagando el precio de disfrazar la piel con falsedades, argumentos y justificaciones que convalidan la aquiescencia al intercambio sexual dentro de los cerrados cánones morales que insistimos en mantener, pero que finalmente logran estragos emocionales, pues tanto quien miente, como quien consiente o es víctima de la mentira pueden salir lastimados.

Les entregaré mi versión de:

-Las Mentiras de Ellos: La Prueba de Amor.
-Las Mentiras de Ellas: La Prueba de Amor. Y,
-Las Mentiras Matemáticas (Qué número ocupo en tu lista?).

Por lo pronto, sólo me resta invitarnos a poner nuestro deseo sobre la mesa, hacerlo nuestro invitado de honor, hablar de él, jugar con él, erotizarlo, proponerlo y plantearlo sin mentiras, atrevernos a manifestarlo como parte de nuestra esencia, aprender a acceder a él sin estrategias insanas, sin rasgos histriónicos, determinarnos a respetar y valorar nuestro deseo y el de l@s otr@s, pero también a aceptar tranquilamente cuando nuestro deseo sexual no es correspondido. Y para empezar, pregunto ¿Qué mentiras has dicho, dices o dirías por sexo?.

Ser deseantes es ser human@s, ser sexuales es ser human@s. ¡Que viva y goce nuestra humanidad sexual!


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!