Llena el corazón ver la capacidad de creer que tienen l@s niñ@s; aceptan las historias como ciertas sin poner en duda la existencia y los poderes mágicos de hadas y duendes; confían en promesas y acuerdos; temen males inverosímiles como que se los llevará el coco (diablo) o el cuco (personaje argentino para asustar a l@s más chic@s); cualquier cosa que se les diga como cierta, es naturalmente aceptada por ell@s sin recelos, sin análisis profundos, sin evaluaciones detalladas ni de la verdad, ni de su emisor. Creen con su bendita inocencia, con sus ojos transparentes, con sus oídos castos, con su piel nueva, con su espíritu puro y su alma intacta.
Lastima contemplar la incredulidad que va sepultando a cada infant@ y descubriendo al ser adult@, evolucionado a muchos niveles e involucionado, desdibujado en su facultad de creer, de asombrarse y emocionarse ante una promesa, ante un sueño, ante una esperanza. El gran hombre y la gran mujer asustad@s y con minúsculas creencias potenciales; aferrados con avaricia a lo seguro, temerosos de lo nuevo, de lo distinto, desechando lo ideal por lo tangible, lo bueno por conocer por lo malo conocido. Es triste ver a hombres y mujeres cautivos de un cuerpo miedoso y sujetos de un alma cobarde que a golpes mutó su naturaleza crédula en deforme boceto angustiado de lo cierto.
Pisar la cabeza de la tragedia inesperada, ahuyentar la voz estridente del engaño, borrar los colores del horror y enterrar el cadáver de los sueños destruidos, cuando no, resucitarlos; no es fácil. Cuando se ha sufrido menoscabos el ser se cierra al daño externo por acción del instinto de conservación, se bloquea el sonido promisorio, se expulsan desde la distancia las caricias, se matan los sueños al nacer o ni siquiera se conciben; el espacio que por antonomasia ocupaba la confianza, se colma con el hedor de la desconfianza y se congela en la eterna duda.
Es ahí cuando la valentía debe restaurar la integridad y aflorar el potencial personal para rehacer los caminos, para iniciar nuevamente el curso con un paso. Duele ver los sueños convertidos en pesadillas, pero duele más vivir sin soñar. Aterra perder el amor, pero es espantoso resignarse al desamor. Continuar con vida evidencia una fuerza mayor a la adversidad y esa fuerza es el sustrato necesario para insistir en ser felices, en alcanzar la victoria sin temor al fracaso, ya que éste es sólo una estación que puede atravesarse y dejarse atrás, es una valiosa parte de la vida que enseña, fortalece y prepara para encarar los triunfos, ser mejores seres human@s. Lo importante no es no equivocarse sino asumir los yerros, aprehender las lecciones y estructurarse cada vez mejor para encarar la vida y apreciar su mejor faceta; en gran medida esto no depende de cómo trate la vida a cada cual, sino de cómo se decide vivir; cómo víctimas o como conquistadoras(es), que música se decide danzar, una hecha de lamentos o una compuesta de notas alegres y vibrantes. El momento exacto para empezar o volver a creer es éste.
Y pregunto: ¿Estás dispuest@ a volver a creer en la vida?, ¿Estás dispuest@ a retomar la creencia en los demás y en ti mism@?. En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Este es mi espacio de reflexión acerca de los disparates que pasan en las relaciones humanas y las relaciones disparatadas. Escribo aquí mi voz disertando sobre las ideas no estáticas y en constante evaluación y evolución, que tengo sobre la vida, las relaciones, el amor, el erotismo, el sexo, el ser mujer, los hombres, los debates de género e igualdad y otros temas que van surgiendo de conformidad con mi devenir.
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