lunes, 31 de octubre de 2011

Harry Putto

Conocí a Putto gracias a un puto Gato Gris que quería entregar en adopción. El maligno apego destinó que no diera en adopción al felino y terminara adoptando no otra mascota, pero si un perro traicionero que acompañaría mi vida durante varios años.

Putto fue dulce al principio, manejaba bien la palabra y mejor la lengua, talentos que fueron capital suficiente para conmoverme en muchas formas. No sobresalía por su inteligencia, tampoco era muy diestro para obedecer directrices, nunca logré amaestrarlo, aunque finalmente pude constatar que en sus tesoros clandestinos tenía importantes divisas, era bastante sagaz y meticuloso, calculador y frió. Un gran zorro, el perro aquel.

Cuando llegó a mi vida, justo otro can comía de mi plato, y él, muy astuto como ya dije que era, lo quitó hábilmente del medio para poder terminar con un trabajo impecable. Lo que Dios no debía unir, lo unieron un seminario desesperado, un gatito, una crisis depresiva y muchas hormonas. Pero así pasó y el pasado no puede cambiarse, si mirarse desde otros puntos y hasta reinventarse en una versión tragicómica.

Antes de que permitiera que Putto cruzara el umbral de mi existencia, él era un perro callejero, comía en cualquier basurero, cualquier hueso poroso que se dejará ruñir por sus muelas le venía bien, de tal suerte que al probar lo que se comía en mi casa quedó más que embelesado y fue esa la principal razón para que se acomodara y que luego a mí misma me resultara casi imposible echarlo. Por suerte para ambos un tiempo después él mismo tomó la iniciativa de ayudarme a abrirle la puerta. Las viejas costumbres son muy difíciles de olvidar y casi imposibles de abandonar aunque se quiera. Putto gradualmente empezó a echar de menos la basura que solía comer, la añoranza por sus perros amigos del basurero lo carcomía, ya no lo dejaba en paz la idea de que si todos esos chandosos y él mismo disfrutaban comiendo basura, era porque seguramente esa comida era mejor que la exclusiva que ahora comía habitualmente.

Empezó a saborear el recuerdo, a mirar a escondidas por la ventana el reflejo de los basureros cercanos, cuando estaba solo en casa maullaba en dirección a las canecas rebozadas de la esquina. Un buen día se preguntó ¿Qué de malo tenía acercarse y oler un poco los pútridos desperdicios?, y se respondió entregándose a la hazaña de rondar de nuevo por los muladares que en su vieja vida frecuentaba para entretener sus molares. Tras un primer éxito en su aventura clandestina, asumió como diversión continua ir a este basurero un día, luego a aquel, luego a otro y comer cuanta basura y desperdicio sobraba de las bolsas entreabiertas. Y le fascinaba, más quizá, que la comida que sin ninguna emoción en especial podía comer en casa, sin la zozobra de la noche, sin esquivar el moho de un costado en particular, sin restos de fluidos dejados por otros perros, sin ese sabor delicioso que él encontraba en comer la porquería que todos los perros miserables también comían.

Su inapetencia en casa me hizo dudar sobre lo bien que lo trataba, muchas veces contemplé durante largas horas su plato intacto y esperé en vano a que se decidiera a comerlo, me entristecía no poder satisfacer su apetito, no poder reconocerlo. Claro está, ahora sé que el cambio era suyo, mi comida era tan rica como siempre. Finalmente me atreví a aceptar que sencillamente Putto había regresado a su vida andariega y andrajosa. Pensé que un día cualquiera no volvería a casa, pero retornaba siempre, sucio, mal oliente y con cara de haber estado en una cloaca. Lo eché finalmente. Su amor enfermizo por las viandas inmundas era incompatible con el cariño que aún le destinaba.

Maulló a mi puerta durante varias noches hasta que comprendió desde su naturaleza animal que ya no había reverso. Tímido al principio, cauteloso después y al fin, como pulpo en su tinta retomó su vida de vertedero en vertedero. Come basura cada vez que puede y sin importar si otros cuantos perros ya la han mordido y hecho su desperdicio también, creo que cuando su presa ha sido presa de muchos él la encuentra más gustosa. Él ha vuelto a ser feliz. Yo también.


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

viernes, 14 de octubre de 2011

El Genio de la Manzana

El pasado 5 de octubre falleció Steve Jobs, creador de Apple Inc. Algunos medios de comunicación con su tradicional tonó cliché refirieron el suceso como su batalla perdida ante el cáncer. No obstante, el mismo no leía la muerte como una tragedia, mucho menos como una derrota, “…la muerte es posiblemente el mejor invento de la vida. Es el agente de cambio de la vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.” declaró al referirse al tema cinco años atrás en su célebre discurso en la Universidad de Stanford. Desde su aguda creatividad y visión artística la asumía como el incentivo preciso para vivir intensamente la propia vida y colmarla permanentemente de desafíos construidos a partir de los pensamientos y opiniones personales, con la conciencia plena de que la muerte llegará y que más que temer su llegada es preciso ejecutar la vida de la mejor manera posible hasta que al fin llegue el último día.

Steve Jobs fue y sigue siendo un personaje amado y odiado por much@s. Apple Inc. el fruto visible de su cosmovisión también es objeto de admiración, reproches, envidias y repudios. Al morir este visionario, millones de voces anónimas y de grandes personalidades aparecieron lamentando la gran pérdida para la humanidad. Sin superarse aún la conmoción que genera un fallecimiento, nítido aún el dolor de su desaparición física, se escucharon palabras contundentes en contra de la persona de Jobs y de su organización comercial y tecnológica. Se elogia desde innumerables espacios su entusiasmo laborioso e inagotable en la construcción de un nuevo lenguaje empresarial que amistaba la tecnología y el mundo cotidiano sin olvidar jamás el encanto de los sentidos mediante el arte. Se reprocha lo que para muchos es una visión netamente mercantilista, egoísta y deshumanizante, en la esencia de Apple Inc. y que constituiría su impronta categórica en el trato interno y externo de su empresa y de ella hacia la competencia y l@s usuari@s, ésto en particular por las características exactas de sus artículos que se han orientado desde siempre a que la compañía conserve indefinidamente el control total sobre cada producto fabricado, lo que impone a sus adquisidor@s la necesidad de fidelidad hacia la empresa, mientras descarta o aspira descartar la mezcla con/y los productos de otras.

Tanto los fanáticos de Steve Jobs y Apple Inc y sus detractores tienen un trozo de verdad. Jobs, supo acariciar una manzana con su mente maravillosa y hacer que de ella brotara un árbol fuertemente cimentado y prospero que cumplió más allá de la saciedad sus sueños y que aún en su ausencia seguirá produciendo sus preciados frutos indefinidamente. Fue capaz de soñar con realidades que aún las mentes más sofisticadas y potentes de los ingenier@s y empresari@s de su época no vislumbraron ni de lejos, descontando con innegables salvedades a Bill Gates y su emporio. Logró impregnar de arte las semillas de ciencia y riqueza que iba plantando en el garaje de su casa en el Valle del Silicio. Surcó la barrera que distanciaba a l@s no iniciad@s en tecnología, de los usos tecnológicos. Consiguió junto a los otros agentes del ramo, que una inabarcable porción de la riqueza de la humanidad llenara y continúe llenando sus cuentas insaciables. Facilitó y casi determinó la esclavitud que millones de personas tienen frente a sus aparatos, que comunican all time y aíslan del mundo, que acercan los puntos más distantes de la tierra en un segundo y estrangulan la capacidad de comunicación entre seres human@s de carne y hueso. Libero y esclavizó. Esta persona extraordinaria deja para siempre su ejemplo inspirador para soñar y realizar prodigios. Continuará despojando minuto a minuto a cada ser human@ rehén de sus tecnologías, de la invaluable facultad natural de “ser” con independencia de un dispositivo ajeno a su corporalidad.

Para algunos murió el genio de la manzana. Para algunos murió el genio de la manzana podrida. Murió un ser humano imperfecto, pero sin lugar a dudas un ser humano genial.


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!