miércoles, 8 de diciembre de 2010

Historias Navideñas

Antonio
"El Que Planta Cara a sus Adversarios"

Cuantas cosas quedaron prendidas hasta dentro del fondo de mi alma...
Que Te Vaya Bonito / José Alfredo Jiménez

-Hola nenita, usted tan linda como siempre, toda elegante la universitaria. Venga le doy un abrazo...

La sonrisa tierna y picara de un chico dulce enfrentando la ruina de saberse un desposeído más en un mundo de pobres sin lugar para don nadies, infestado de don nadies por doquier, la sonrisa coqueta, el sueño silencioso de alcanzar en un abrazo lo que se aprecia inalcanzable. Un abrazo compartido para la novia de la noche y la novia que se quisiera tener aunque sea una noche. Una noche de cervezas baratas y reggae, el dinero escaso acomodado perfecto con el descaro de querer hacer vacas para comprar más chorro, reunir miserias entre tod@s para otra botella de Ron Jamaica. -Vamos a hacer la vaca, -Hágale parcero, yo voy con ustedes, -Hágale, pa' las que sea, cuanto pone?, -Yo le pongo $50*, -No me crea marica, respete. /Y ese respete acentuado con una patada en los glúteos. -Ya, todo bien, yo me abro, -Nada marica, respete. /Y esta vez más marcado a empujones. El borracho iniciador de la vaca, en el suelo tras un empujón somero en respuesta de su patada, su valiente empujón y varios hijueputazos de mero macho. -¿Qué le pasó a mi hermanito? ¿Quién le pegó? ¿Dónde está ese H.P. pa' darle?, ¿Fue usted?. Un par de puños y al suelo junto a su hermano, también gracias a sus tragos, -¿Qué se hizo el que le pegó a mi hermano, fue ese?”, -No peleen más, por favor, vámonos a bailar niños. El rival inicial fuera del escenario, más puños a un grupo cualquiera de los grupos diversos apostados en la plaza de la fiesta callejera de los fines de semana, punks, metaleros, artesanos hippies, grotescos ñeros y un@ que otr@ gomel@ paseando por el bajo mundo de la divertida y económica informalidad de beber en la plaza, fumar unos pases de marihuana, tararear y bailar canciones acompañadas con quena y guitarra y quizá después ligar con alguien en un bar también barato.

Golpes a los punk por parte de los dos hermanos y la ebria pareja al suelo. Golpes a los metaleros y la misma historia, las amigas del grupo rogando que cese la búsqueda de pelea pues los peores golpes se los están llevando ellos. Golpes a cualquier grupo que miró y que podría ser el de quien golpeo al hermano que empezó emocionado la vaca, ya que la embriaguez desdibujó el rostro del presunto agresor y lo encuentran en todos los presentes. Más golpes contra el suelo por la paliza que el trago ya venía dando a sus cuerpos. Un par de botellas de vino rotas contra el pavimento para reemplazar sus puños ineptos y enfrentar a otro grupo por si ahí estaba el que mandó primero al piso al inflamable hermano, esta vez un grupo de ñeros, chicos de clase cero, violencia diez y vida a mil, a sabiendas de que puede acabar en cualquier momento entre robos y riñas con el que quiera. El contrincante elegido para buscarle pelea decidió no resignarse a recibir puñitos de los hermanos borrachos, decidió darles una buena lección y sacó su pata de cabra (una navaja pequeña y bastante eficiente), con la mesura suficiente para no apuñalar a la chica interponiéndose en la riña y asestar preciso una punzada en la región escapular del hermano defensor. Gotas de sangre empezando a poblar la plaza que se despobló en segundos, gente desapareciendo a las carreras entre esos el hermano que no quería pasar por marica por aceptar sumas ínfimas para la vaca. La sana chica intelectual corriendo de tienda en tienda rogando que alguien llame una ambulancia, rejas cerrándose a toda prisa y la plaza precozmente vacía en esa temprana noche de viernes.

Ni ambulancia, ni amig@s, ni gente, ni hermanos, sí una ruta de gotas de sangre para seguir el rastro al herido y alcanzarlo cuatro cuadras abajo, sentado en un andén jadeando, abrazarlo, orar por él y tratar de conseguir un taxi para llevarlo a un hospital. Un par de policías de moto, como pocas veces, oportunos, para obligar a un taxista a trasladar al joven apuñalado y su combo de inadaptados. La universitaria sobria con él en el miserable centro asistencial, horas eternas de frío y súplicas para que lo atiendan así no tenga cobertura paga en salud, la suerte de encontrar un médico amigo que se hizo cargo de los gastos. El hermano más ebrio gritando en la calle que atiendan a su hermanito y este a su vez, desnudo en una silla de ruedas con el pecho vendado abrazado por las oraciones de la estudiante que por si acaso ora nuevamente por él y le dice al oído que se encomiende a Dios y que todo estará bien. Por fin lo trasladaron a un hospital donde sí podían operar su pulmón perforado. Él en el quirófano y su padre incrédulo a la desgracia, indignado esperando a que se recupere y que aparezca su otro hijo borracho en algún lugar de la ciudad para darles una buena reprimenda.

En la clínica inicial la cándida universitaria saliendo de prisa al despuntar el alba con una gran bolsa roja de material contaminado, conteniendo la ropa empapada en sangre de Antonio, "El Que Planta Cara a sus Adversarios", un trayecto en extremo peligroso por un barrio marginado hasta su casa y su bañera para lavar esa ropa y devolverla a su dueño cuando salga del hospital y le diga: -oeh nena, usted tiene mi ropa y mi manilla de cuero. Dos horas de agua sangre, una ducha para quitar el sueño y la angustia de esa noche terrible de dos de diciembre, cuando su amigo médico le contó para que nunca lo olvidara, que empezaba el mes más alegre y con él una gran ola de muertes violentas.

Una llamada justo al salir del baño. -Hola nena, habla el hermano de Antonio. Nena mi hermanito se murió, le dio un paro cardiaco en la sala de recuperación. ¿Nena qué pasó?, ¿Quién apuñaló a mi hermano?, ¿Cierto que fue porque un tipo le pidió $50* y él no tenía para regalarle?, ¿Yo no tuve la culpa nena, cierto?, -Si, no te preocupes, tu no tuviste la culpa.

*A la fecha el equivalente a la veinteava parte de un dolar américano.


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

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