jueves, 23 de junio de 2011

Nudos Desnudos

Está jugando con su vida. Y qué? Con algo hay que jugar.
La Vida en Rosa



Y de pronto sentía que mi mano era un pájaro tembloroso, agonizante, que requería plasmar su dolor, su caos, su angustia, su elixir vital, en el picotear del teclado. Los sentimientos refulgían en mi abdomen, en medio de mis pechos, en mi caja torácica, inquietaban mis nalgas y empezaba a moverme de aquí para allá sin levantarme de la silla, pensaba sin descanso en un cigarro, en un vaso de agua para apagar toda la violencia caliente de mi espíritu o una copa de frío champagne para brindar sola y pasarme mis tragos amargos, mis desazones, la soledad, la desesperanza, la inconformidad, el grito callado renegando de las realidades de los que no quieren golpes de fortuna sino reconocimiento como seres totales, los que no quieren misericordia sino sensibilidad a su ser, a su existencia, que no por accidentada es indigna, aunque todo alrededor quiera reducirlos a la indignidad. Y el absurdo orden de la vida se me atragantaba en la garganta, no podía pasarlo, sigo sin podérmelo pasar, es indigerible aceptar que las cosas tienen que ser como son y que el orden no deba subvertirse para diseñar visiones particulares del mundo, realidades alternativas, formas privadas, personales de concebirlo, de vivirlo, de reproducirlo, de gozarlo y sufrirlo.

La vida tiene que ser cuerda. Y por qué no tomar esa cuerda vida y amarrarla una y otra vez, enredarla, desenredarla, amarrarla de nuevo y permitirse en medio del enredo, enlazarse con otras locuras, la de l@s otr@s, la propia, la del laberinto existencial, hasta que el caos total amarre el espíritu y muestre otras formas de salir de la maraña en la que se está, porque ahí se llegó en suma parte porque hasta ahí impulsó la corriente su marea, en sumisa manera, porque hasta ahí se dejó adormecer la voluntad, imponiéndola tan sólo en pequeños virajes con los que se aspira imponer el sello personal, la protesta a lo establecido, a lo irreparable, a lo inoponible, a lo que es y que se logra corromper con gritos agudos en medio del silencio, gritos placenteros, gritos amargos, gemidos que confunden la alegría y el dolor más hondo, la cópula accidentada entre lo que se quiere ser, lo que se es, lo que ha tocado ser. Por qué ser cuerdos si es la locura la fuente creadora y recreadora de la vida? Por qué renunciar a la locura íntima y aceptar en cambio la tediosa locura manifiesta de quienes se han avocado el derecho a trazar los límites de la normalidad?

Y encontré en mi desnudez, la de mi cuerpo sin ropas, la de mi espíritu sin normas, la ausencia de prebendas, de diseños meticulosos, las curvas simples, exuberantes, ligeras, las curvas trasgresoras, ajenas a las proporciones adecuadas, inadecuadas todas ellas, irreverentes, exageradas en sus sonrisas, menesterosas en sus tristezas, demasiado grandes, demasiado pequeñas, pero felices en sus desproporciones. Encontré en mis rincones salidas y entradas hasta ahora desconocidas, para avistar mi esencia o por lo menos algunos de sus aromas, para olfatear los caminos trazados por otr@s seres, los caminos para llegar a nosotr@s y amarnos. Amarnos sin nombres, sin formas, sin reglas, sin tiempos, sin plenitudes ni ausencias, sin pagos ni contra pagos, sin deudas ni carencias, simplemente en libertad.


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

miércoles, 8 de junio de 2011

Separadas, No Desesperadas

Cuando una mujer se separa y/o divorcia posiblemente no tenga la certeza de como es la pareja que querrá encontrar a futuro, o, si tras la experiencia está dispuesta a ser reincidente y beberse dos veces la misma copa. Una vez que baja la marea dramática que trae consigo el divorcio, quedan en la arena buenas certezas, por ejemplo saber que desaparecido el ex, hay multitud de prospectos dispuestos a reemplazarlo, saber bien que hay hombres a la vuelta de la esquina y antes de que uno desocupe la plaza, ya hay varios haciendo fila para ocuparla. Ya no está esa angustia adolescente por gustarle a alguien y tener una relación, ambas cosas se saben perfectamente posibles y no indispensables. Otra certeza, y éste es quizá el capital asegurado más valioso, es saber, qué, no se quiere encontrar, que clase de sujetos no se volverían a admitir ni para cubrir una emergencia.

No obstante, como esos nuevos saberes ocupan el fuero interno, hacia afuera, el estigma de desgraciad@ permanece sobre quien se ha separado. Quizá a ello obedezca que las mujeres separadas se vean abocadas a lidiar con algunos especímenes masculinos que se presumen ideales para acompañarlas. Sapos de pantano que una renovada soltera inteligente no besará jamás. Desarmemos un par de estos subtipos.

En un polo están los viejos verdes que sienten ser el mesías esperado por una separada, y más aún, si ésta tiene hij@s de su pasada relación. Se acercan con una sonrisa que denota una mezcla fermentada de amabilidad y lujuria, casi convencidos de que su actitud urgida representará un halago. Si están a la vista l@s hij@s, estos fastidiosos galanes no ahorran en palabras lisonjeras y mimos tratando de conquistar a la madre. Convencidos de su innato sex-appeal, no tienen reparos en lanzar piropos y propuestas directas con la intención de parecer valientes y portadores de ofertas dignas de publicar. Empalagosos, asfixiantes, casi repulsivos. Éstos susodichos tienen la torpe idea de que una mujer separada por serlo estará casi agradecida de que alguien se fije en ella con un presunto fin serio que incluya un papá de repuesto para sus hij@s.

La segunda clase, son los chicos que vacilan sin decidirse a abandonar la adolescencia y pisar la adultez, a la que le huyen creyéndola sinónimo de vejez. Si la separada tiene hij@s querrán instalarse en la camada como un(a) pequeñ@ caprichos@ y mimad@ más. Éstos hombres-niños en algún lapsus imaginativo se convencieron que más que un novio, amante o pareja, lo que quiere o requiere una mujer separada es una especie de hijito con servicios eróticos y que una mujer por estar divorciada estará dispuesta a decirle, si, a cualquiera y que cualquier cosa le brindará satisfacción.

Nada hay en contra de un suculento cincuentón o de un precoz tiernito y bien preparado, siempre y cuando no se crean que una mujer al abandonar o perder el proyecto de pareja que tenía, perdió también la capacidad de mirar el menú y elegir exactamente lo que desea o que su cuerpo es una casa de puertas siempre abiertas.

No hace falta decir, que en efecto, existen mujeres divorciadas que están a la espera o búsqueda desesperada de ofertas como las previamente descritas, lo que no debería condenar a todas las demás. Unas que anhelan encontrarse con algún madurito que a cambio de afecto y sexo pueda retribuirles seguridad económica y un cuasi hogar paterno para sus hij@s, otras que le dicen sí a cualquier oferta amorosa y/o sexual, ya sea por que están sumidas en la angustia de haber pasado muchos años envueltas en una relación infructuosa y quieren recuperar el tiempo que sienten haber desperdiciado y las oportunidades perdidas; porque pretenden quemar los cartuchos que les quedan y disfrutar desenfrenadamente todo lo que sea posible para reivindicar su derecho a ser sexuales y evidenciarlo para sí o para terceros; o porque han descubierto una etapa y faceta distinta de su vidas donde experimentar, tener amplias dosis de libertad sexual y probar múltiples sabores es válido y definitivamente atractivo.

En todo caso, es bueno mantenerse en perspectiva y entender que una mujer divorciada, se separó de su ex pareja, más no se fraccionó. Está completa. Eventualmente dispuesta a compartir con otr@ pero no urgida. Sin un hombre plantado al lado, pero no por eso sumida en la soledad o la indefensión. Con sus pies allanando nuevos caminos, esquivando baches para no estrellarse.


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!