¿Cuál es la dimensión de la capacidad de amar del ser human@?, ¿Es posible amar a más de una persona simultáneamente? Muchas personas han enfrentado en algún momento de sus vidas el enorme dilema de sentir que aman a una persona (generalmente su pareja) y que al mismo tiempo aman a otra u otras. Algunas de estas personas optan por reprimir el segundo amor. Otras optan por sustituir el primer amor o el formalmente establecido, por el segundo o por el no formalizado. Otras a su vez se deciden por la infidelidad, aman aquí, allá y en donde sea, pero en secreto y sustentándose en mentiras. Y, otras, han encontrado una fórmula amplia, comprensiva, libre, responsable y sin engaños de ejercer dos, tres o los amores que sientan en un momento determinado: el poliamor.
El poliamor es la situación práctica de sostener relaciones amorosas responsables con varias personas, donde puede o no haber sexo, en un mismo periodo de tiempo, con conocimiento y consentimiento de cada un@ de l@s involucrad@s. Es una filosofía de vida basada en la libertad, la honestidad, la comprensión, la integridad y el respeto de la naturaleza humana, que aprecia el amor como una capacidad que no se agota por estar enamorad@s de una persona y que por el contrario puede ejercitarse en el amar a varias personas a la vez. Valora la amplia potencia para amar y relacionarse que tiene un ser human@, pero a su vez la limitación que entraña para satisfacer todas las necesidades que tiene otra persona, por ello renuncia a la aspiración ideal de que en una pareja cada un@ es perfecto para colmar al (a la) otr@ en todas sus necesidades y expectativas, y en cambio favorece la idea de que en las relaciones cada sujet@ entrega cosas valiosas y posiblemente únicas, pero que en otras personas se puede igualmente encontrar otras cosas también valiosas y únicas, y por eso mismo diferentes, deseables y necesarias. El poliamor no es equivalente al intercambio de parejas, los encuentros sexuales ocasionales con diferentes personas, el sexo grupal ocasional con desconocid@s o sin amor, u otras variantes donde hay libertad erótica pero no libertad y/o entrega sentimental.
Ese concepto básico es a su vez amplio, toda vez que cada relación poliamorosa adopta la forma particular que sus participantes decidan tomando como directriz principal el amor, el respeto, el diálogo, la comprensión, la honestidad, la lealtad y la adaptación de las pautas a seguir de acuerdo al camino que vaya cursando la conformación amorosa específica. Por ejemplo, la integración de grupos cerrados establecidos para vivir el poliamor; la permisión por parte de un(a) monógam@ hacía su pareja para que ésta tenga otras relaciones fuera; la permisión de una pareja para que cada un@ tenga otras relaciones extra pareja; la determinación de fidelidad entre l@s miembros del grupo amoroso; o lo contrario, la libertad para que cada un@ tenga relaciones abiertas con quienes deseen, conocid@s o no. Etcétera.
El poliamor proclama el amor y el sexo como dos grandes pilares del ser human@, que evidencian su capacidad de ser y que en su emancipación libre engrandecen a quien se permite disfrutarlos y practicarlos profusamente y con entereza, sin permitirse ceder a las coacciones propias de los mandatos sociales que persiguen difundir la idea del amor como un bien fungible (que se consume con el uso), que es perfecto cuando se destina a una sola persona y que por ende se pervierte al entregarse a más de una, pasando a ser de inferior calidad y valor. Los poliamorosos defienden su forma de amar y responden a sus críticos argumentando que el ejercicio tradicional del amor y el sexo están en permanente fracaso en la existencia y sostenimiento forzado socialmente de relaciones frustrantes, no satisfactorias y carentes o muy pobres en amor e integridad, que colapsan una y otra vez, en muchos casos debido precisamente a las prohibiciones y a sus quebrantos, un ejemplo de ello las altas cifras de infidelidad.
Y pregunto: ¿Será el poliamor la solución a las crisis recurrentes en el modelo tradicional de pareja?, ¿Amar a much@s simultáneamente nos engrandece o denigra nuestra capacidad de amar y ser amad@s? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
*Más sobre poliamor en este enlace: http://www.opcionbi.com/magazine.asp?id=209
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Este es mi espacio de reflexión acerca de los disparates que pasan en las relaciones humanas y las relaciones disparatadas. Escribo aquí mi voz disertando sobre las ideas no estáticas y en constante evaluación y evolución, que tengo sobre la vida, las relaciones, el amor, el erotismo, el sexo, el ser mujer, los hombres, los debates de género e igualdad y otros temas que van surgiendo de conformidad con mi devenir.
martes, 22 de febrero de 2011
martes, 15 de febrero de 2011
Parejas Swingers
El estilo de vida swinger, lifestyle o estilo de vida de intercambio de pareja, puede definirse como una filosofía sexual de pareja consistente en la aceptación de la diversidad y amplitud de los gustos y deseos sexuales de la pareja, como algo no solamente válido, sino posible en su realización y hasta beneficioso para la relación, que pasa por el conocimiento de las apetencias del(de la) otr@) hacia tercer@s y se materializa con la efectiva consumación de prácticas sexuales con otr@s personas. Esta materialización del deseo incluye prácticas como observar a otras parejas teniendo sexo, ser observados mientras se mantienen relaciones sexuales, acceder a que cada integrante de la pareja (o algún@ de l@s dos) bese, acaricie o tenga otros contactos sexuales con otra persona u otra pareja y finalmente que cada un@ o ambos tengan relaciones sexuales con otr@. Un rasgo característico del swinging es que si bien se admite sin reparos los gustos y prácticas sexuales varias con otr@s, es decir, se renuncia consensuada y sosegadamente a la exclusividad sexual, se mantiene y restringe para la pareja el ámbito afectivo, se conserva la fidelidad emocional. Se establece la apertura sexual hacia el exterior, pero se restringe lo amoroso para el interior de la pareja. Otra particularidad es que no se trata de la realización de intercambios de pareja por mera experimentación excepcional sino de algo establecido como política de relación y en relaciones estables.
El Swinging no es una práctica moderna ni mucho menos novedosa, existen referencias que indican que surgió entre los pilotos de las fuerzas aéreas durante la Segunda Guerra Mundial. Está apadrinado por la revolución sexual y es una de las tantas evidencias materiales de los debates en torno a lo erótico, al derrumbamiento de los prejuicios y tabúes sexuales, al machismo, y como no, al feminismo, a la búsqueda del reconocimiento y garantía de los derechos de las mujeres y en especial el derecho a vivir plena y satisfactoriamente su cuerpo y su sexualidad.
La posibilidad efectiva de tener una pareja estable y simultáneamente disfrutar eróticamente con otr@s es la parte visible del mundo swinger y por ello a la vez es el aspecto que más motiva o hace llamativa la opción de adoptarlo para la pareja. Pero detrás de lo corporal que es groso y salta a la vista, se encuentra el verdadero meollo de ser swinger, que trasciende lo físico aunque parta de ello. El desafío de esta apertura sexual en pareja atraviesa varios estadios que en principio pueden generarse con el simple deseo de experimentar otras vivencias eróticas en la relación o simplemente dar lugar a que se integre el deseo y placer con otr@s sin que se derrumbe la pareja como una construcción sólida de dos; sin embargo el fondo toca aspectos internos mucho más sensibles y enteramente ligados a las construcciones culturales y sociales sobre las relaciones y la valía humana, entre ellos, los prejuicios morales sobre el manejo que debe darse a la sexualidad; las ideologías religiosas que imprimen un sello pecaminoso a lo que difiera de sus formas establecidas y benditas; los roles de pertenencia y posesión del otr@ a nivel físico dentro de una pareja; la construcción y fortaleza de la autoestima y la autovalía individual desde afuera, desde el(la) otr@, desde la pareja y no, como debería ser, desde si mism@; el yugo que se pretende erigir entre lo físico y lo emocional en una relación que se pretenda sana y correcta. Ahora bien, también es un hecho que para evolucionar en cada uno de estos aspectos no es necesario ser swinger y que serlo tampoco es sinónimo de ser mejor, más evolucionado o de que se sea una mejor pareja.
Quienes dicen saber más de este tema afirman que el modo de vida swinger debe operar entre parejas heterosexuales, sólidas y con excelentes grados de comunicación. Afirman que de no cumplirse estos presupuestos la relación se verá seriamente afectada por carecer de la fortaleza que se requiere para asumir este estilo de vida, lo que puede conllevar a su ruptura. Por mi parte pienso que si bien la pareja que decide incursionar en el mundo swinger debe tener unas raíces fuertes que la sostengan, más allá de eso, cada uno de los miembros de la pareja deberán tener fuertes bases en cuanto a sus concepciones del amor, la libertad sexual, el placer corporal, su valía y la valía del otr@, el respeto propio, a la pareja y a l@s tercer@s, entre otras cosas. También estimo que ya es prejuicioso restringir lo swinger para la comunidad heterosexual y finalmente que el riesgo de que se acabe una relación estará presente hasta en las mejores relaciones de pareja sean del tipo que sean y no necesariamente por decidirse a experimentar otras cosas, sino sencillamente porque el hecho de que se tenga una pareja no implica que desaparezca la belleza intelectual, emocional y física de l@s otr@s, y que en consecuencia ese riesgo más que sujeto a las prácticas que se quieran tener, dependerá de las reflexiones y decisiones que cada cual asuma en tratándose de su relación. El nivel de peligro lo da el interior, no lo exterior.
Y pregunto: ¿Asumirías el desafío y riesgo de intercambiar tu pareja? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
El Swinging no es una práctica moderna ni mucho menos novedosa, existen referencias que indican que surgió entre los pilotos de las fuerzas aéreas durante la Segunda Guerra Mundial. Está apadrinado por la revolución sexual y es una de las tantas evidencias materiales de los debates en torno a lo erótico, al derrumbamiento de los prejuicios y tabúes sexuales, al machismo, y como no, al feminismo, a la búsqueda del reconocimiento y garantía de los derechos de las mujeres y en especial el derecho a vivir plena y satisfactoriamente su cuerpo y su sexualidad.
La posibilidad efectiva de tener una pareja estable y simultáneamente disfrutar eróticamente con otr@s es la parte visible del mundo swinger y por ello a la vez es el aspecto que más motiva o hace llamativa la opción de adoptarlo para la pareja. Pero detrás de lo corporal que es groso y salta a la vista, se encuentra el verdadero meollo de ser swinger, que trasciende lo físico aunque parta de ello. El desafío de esta apertura sexual en pareja atraviesa varios estadios que en principio pueden generarse con el simple deseo de experimentar otras vivencias eróticas en la relación o simplemente dar lugar a que se integre el deseo y placer con otr@s sin que se derrumbe la pareja como una construcción sólida de dos; sin embargo el fondo toca aspectos internos mucho más sensibles y enteramente ligados a las construcciones culturales y sociales sobre las relaciones y la valía humana, entre ellos, los prejuicios morales sobre el manejo que debe darse a la sexualidad; las ideologías religiosas que imprimen un sello pecaminoso a lo que difiera de sus formas establecidas y benditas; los roles de pertenencia y posesión del otr@ a nivel físico dentro de una pareja; la construcción y fortaleza de la autoestima y la autovalía individual desde afuera, desde el(la) otr@, desde la pareja y no, como debería ser, desde si mism@; el yugo que se pretende erigir entre lo físico y lo emocional en una relación que se pretenda sana y correcta. Ahora bien, también es un hecho que para evolucionar en cada uno de estos aspectos no es necesario ser swinger y que serlo tampoco es sinónimo de ser mejor, más evolucionado o de que se sea una mejor pareja.
Quienes dicen saber más de este tema afirman que el modo de vida swinger debe operar entre parejas heterosexuales, sólidas y con excelentes grados de comunicación. Afirman que de no cumplirse estos presupuestos la relación se verá seriamente afectada por carecer de la fortaleza que se requiere para asumir este estilo de vida, lo que puede conllevar a su ruptura. Por mi parte pienso que si bien la pareja que decide incursionar en el mundo swinger debe tener unas raíces fuertes que la sostengan, más allá de eso, cada uno de los miembros de la pareja deberán tener fuertes bases en cuanto a sus concepciones del amor, la libertad sexual, el placer corporal, su valía y la valía del otr@, el respeto propio, a la pareja y a l@s tercer@s, entre otras cosas. También estimo que ya es prejuicioso restringir lo swinger para la comunidad heterosexual y finalmente que el riesgo de que se acabe una relación estará presente hasta en las mejores relaciones de pareja sean del tipo que sean y no necesariamente por decidirse a experimentar otras cosas, sino sencillamente porque el hecho de que se tenga una pareja no implica que desaparezca la belleza intelectual, emocional y física de l@s otr@s, y que en consecuencia ese riesgo más que sujeto a las prácticas que se quieran tener, dependerá de las reflexiones y decisiones que cada cual asuma en tratándose de su relación. El nivel de peligro lo da el interior, no lo exterior.
Y pregunto: ¿Asumirías el desafío y riesgo de intercambiar tu pareja? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
lunes, 7 de febrero de 2011
Cuerpo Abierto en Mente Abierta
Ya en manos de mis lector@s la entrega anterior, fui cuestionada acerca de mi presunta animadversión con la monogamia; no es la primera vez que recibo está pregunta u otras afines relacionadas con la sospecha de que me inclino por la amplia liberalidad sexual, ésto a consecuencia de que en mis artículos pretenda generar reflexión y debate entre otros temas, sobre sexualidad. No peleo, ni me ofendo con estas indagaciones. No develo todas las incógnitas y por supuesto tampoco lo haré hoy. Uno, por que como dice el refrán al buen entendedor pocas palabras bastan. Y, dos, porque parte de esa información es reserva del sumario sólo abierta de primera mano para l@s directamente interesad@s.
Pero bien, algo que si quiero dejar planteado, es que no odio la monogamia. Lo que si me causa escozor definitivamente son los paradigmas que nos han impuesto respecto a este tema y a muchos aspectos de las relaciones humanas. Insisto a viva voz, la monogamia funciona, pero para algun@s, para el resto hay otras opciones diversas, y si se acepta y entiende esto la humanidad avanzará en la comprensión de las formas de relacionarnos por caminos más amplios, más cómodos, menos tortuosos, menos castrantes.
¿Por qué la monogamia?, ¿Por qué un(a) sol@ pareja sexual y/o sentimental?, ¿Por qué no dos, tres o l@s que quepan en la agenda? que hay respuestas múltiples que justifican la monogamia es un hecho, pero también lo es, como fuera planteado en una entrega anterior que el fuerte de estas justificaciones y el modelo monogámico mismo de nuestra sociedad son ante todo factores funcionales que se corresponden con la estructura social construida y reproducida a través de la cultura, con los cómos, qué y por qué que se imponen como verdades absolutas, universales, incuestionables.
Resulta más productivo y práctico para nuestro sistema capitalista que cada persona acepté sin cuestionar, que lo natural y adecuado es que tenga una pareja, que la encuentre y que culmine ahí el arduo tema de las relaciones amorosas y eróticas, de tal forma que su energía se destine mayoritariamente a la producción de bienes que si reditúan y no a lo intangible de las relaciones humanas que no representa renta alguna. Es más lucrativo que cada cual se ocupe al máximo de desarrollar su aporte al sistema económico y menos en pensar-se, en cuestionar-se, en auscultar las ideas propias y ajenas, en indagar otras opciones y en vivir otras experiencias. A eso se suma para completar una mano perfecta, lo religioso que en poder de personas expertas en decretarle la forma de vivir a los demás, es la herramienta idónea para castrar y coaccionar las voluntades y los cuerpos, bajo la premisa humillante de que Dios dice esto o aquello sobre lo que se debe hacer o no. Yo sugiero quedarnos con el sabio versículo aquel que dice “Amaos los unos a los otros” que es amplio, diverso, lúdico y divertido, aunque mejor si es con lenguaje incluyente “Amaos l@s un@s a l@s otr@s”.
No es este un espacio para promover los descalabros emocionales y sexuales. Pero si es un portal abierto para la reflexión y la invitación abierta a vivir el ser espiritual y físico. No es necesario, ni prudente probar todos los caminos en la vida, pero tampoco lo es, quedarse con las dudas respecto a opciones diferentes, por miedo a romper los esquemas en que se vive, por temor al ¿Qué dirán?, a ser diferentes, a descubrir las apetencias particulares, a conocer y elegir lo que no es usual. Es bueno, si, es bueno darse la oportunidad de degustar otros sabores, dulces, amargos, agridulces, picantes. Puede que no todos gusten y/o caigan bien, pero de repente puede pasar que tras probar se encuentre un@ con la barriga llena y el corazón contento, como diría otro refrán.
Y pregunto: ¿Estás dispuest@ a adicionar nuevos platillos en tu menú? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Pero bien, algo que si quiero dejar planteado, es que no odio la monogamia. Lo que si me causa escozor definitivamente son los paradigmas que nos han impuesto respecto a este tema y a muchos aspectos de las relaciones humanas. Insisto a viva voz, la monogamia funciona, pero para algun@s, para el resto hay otras opciones diversas, y si se acepta y entiende esto la humanidad avanzará en la comprensión de las formas de relacionarnos por caminos más amplios, más cómodos, menos tortuosos, menos castrantes.
¿Por qué la monogamia?, ¿Por qué un(a) sol@ pareja sexual y/o sentimental?, ¿Por qué no dos, tres o l@s que quepan en la agenda? que hay respuestas múltiples que justifican la monogamia es un hecho, pero también lo es, como fuera planteado en una entrega anterior que el fuerte de estas justificaciones y el modelo monogámico mismo de nuestra sociedad son ante todo factores funcionales que se corresponden con la estructura social construida y reproducida a través de la cultura, con los cómos, qué y por qué que se imponen como verdades absolutas, universales, incuestionables.
Resulta más productivo y práctico para nuestro sistema capitalista que cada persona acepté sin cuestionar, que lo natural y adecuado es que tenga una pareja, que la encuentre y que culmine ahí el arduo tema de las relaciones amorosas y eróticas, de tal forma que su energía se destine mayoritariamente a la producción de bienes que si reditúan y no a lo intangible de las relaciones humanas que no representa renta alguna. Es más lucrativo que cada cual se ocupe al máximo de desarrollar su aporte al sistema económico y menos en pensar-se, en cuestionar-se, en auscultar las ideas propias y ajenas, en indagar otras opciones y en vivir otras experiencias. A eso se suma para completar una mano perfecta, lo religioso que en poder de personas expertas en decretarle la forma de vivir a los demás, es la herramienta idónea para castrar y coaccionar las voluntades y los cuerpos, bajo la premisa humillante de que Dios dice esto o aquello sobre lo que se debe hacer o no. Yo sugiero quedarnos con el sabio versículo aquel que dice “Amaos los unos a los otros” que es amplio, diverso, lúdico y divertido, aunque mejor si es con lenguaje incluyente “Amaos l@s un@s a l@s otr@s”.
No es este un espacio para promover los descalabros emocionales y sexuales. Pero si es un portal abierto para la reflexión y la invitación abierta a vivir el ser espiritual y físico. No es necesario, ni prudente probar todos los caminos en la vida, pero tampoco lo es, quedarse con las dudas respecto a opciones diferentes, por miedo a romper los esquemas en que se vive, por temor al ¿Qué dirán?, a ser diferentes, a descubrir las apetencias particulares, a conocer y elegir lo que no es usual. Es bueno, si, es bueno darse la oportunidad de degustar otros sabores, dulces, amargos, agridulces, picantes. Puede que no todos gusten y/o caigan bien, pero de repente puede pasar que tras probar se encuentre un@ con la barriga llena y el corazón contento, como diría otro refrán.
Y pregunto: ¿Estás dispuest@ a adicionar nuevos platillos en tu menú? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
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