¡Julio! ¿Donde estás?
El viento convulsivo, el barullo de las hojas cayendo, remolinos amarillos trazando diseños, el frío incipiente en los huesos y un estribillo de guitarra disolviendo en matices la escena. La soledad es una ligera molestia, insoportable molestia bajo el ombligo, un helaje repentino que obliga a autoabrazarse y frotarse los brazos, un beso, la caricia del propio aliento en las rodillas, una mirada perdida sobre los techos lejanos bajo el cielo grisáceo. Un té de jazmines inconcluso, una caminata bajo la tarde, unos pasos frágiles sobre el miedo. Un paseo escapando bajo la lluvia helada de la noche, unas lágrimas minúsculas acompañando las gotas cayendo del cielo sobre las mejillas, unos pies rozando permanentemente el suelo, una espalda luchando contra una joroba de agonía, unos ojos rehuyendo el suelo en su lucha por rescatar la dignidad con la mirada empecinada al frente, una decisión forzosa de no caer de boca contra el cemento y sucumbir por el fin.
Soledad es una amiga no grata, siempre perseverante, no celebra la compañía, prefiere examinarla al microscopio o repudiarla de plano para evitar la fatiga, ella no se marcha, se fuma un cigarro y lee el diario en el café de la esquina, sale a caminar y empieza una larga vuelta con Janis Joplin, continúa con Morrison y se estrella de risa con Mercury, mastica un chicle un rato para entretener la ausencia y retorna a casa cuando intuye que la fiesta fornicaria ha concluido, cuando se anticipa una cama revuelta pero vacía, un llanto fastidioso interrumpiendo la ducha, una sonrisa falsa.
Cuando soledad se marcha la vida es menos colorida, ella bebé su último sorbo de té, sale de casa, camina suave pero con gracia, compra chicles de menta o cardamomo y se sienta en una plaza a la caza de un intruso oportuno. El azar u otra soledad lo trae, entonces ella sagaz y oportunista con una sonrisa inquieta prostituye su compañía, él le vende un chiste estúpido, ella lo compra y paga con una sonrisa de tonta, él apuesta a una caminata lenta pisoteando las hojas, ella saca de su bolsa el viejo juego de mostrarse imprecisa y un poco torpe. Sonríen, sonríen, sonríen, se dicen mentiras, ríen con las bocas exacerbadas, a veces con calma, sin saber por qué y sin cuestionárselo. Ella insiste con su papel de idiota, él lo juega también sin quitarse sus etiquetas, sin parecer despreocupado pero sin preocuparse demasiado. Ambos quieren apresurar el paso, buscar el camino más breve a sus cuerpos, pero saben que su mediocre producto sólo pasa por bueno si se vende despacio. Soledad se restriega contra ese cuerpo extraño y mezcla el desasosiego de su piel con la urgencia desmedida del cuerpo extraño. La tragicomedia termina aceleradamente y soledad vuelve a casa, se marcha con sigilo, procura rescatar sus calcetines en medio de la avalancha de prendas, olores y sinsabores y se resigna ante la imposibilidad de encontrar sus aros. Ya en su guarida, abre la ducha, lava su vibrante entrepierna insatisfecha con jabón y agua abundante, arranca de sí el sudor ajeno que minutos antes le invadiera; con una esponja de fibra natural se frota entera con fuerza hasta teñir de rojo su piel, quiere arrancar el vacío, pero éste reposa sonriente, cínico, sádico bien en su fondo.
Soledad no siempre construye simulacros de compañía, de hecho prefiere las casualidades auténticas, le resultan afortunadas, prefiere elegir un buen vino, incluso aceptar uno malo pero preciso y beberlo sin falsos pudores acompañado de grandes bocanadas de humo dirigidas a un perfecto desconocido, a un extraño perfecto para la ocasión. Ya con los ojos brillando intensamente no compra ni vende falacias, rescata con exactitud sus deseos y va por ellos, ríe libre y sin medir la extensión de la apertura de su boca, se para y gira sobre sí, baila y se mueve en derredor espontáneamente, contonea provocativa sus caderas, avanza sus pechos con descaro y júbilo, mientras mira primero de reojo y luego directamente los ojos inquietos manoseándola, apuesta a provocar y seguir provocándose, baila, toca, canta en susurros roncos una canción divertida, moja su garganta con más vino y sus labios con la punta tibia de su lengua, se para y besa intensamente, hace bailar sus manos, convida con éxito a la danza y termina la fiesta con un beso en la mejilla de su camarada mientras le despide en la puerta y le sonríe pícara. Se hunde en su propia almohada, ríe unas cuantas veces más y bendice su osadía, respira profunda y plácidamente, acaricia su piel en calma, se entrega esta vez al sueño y despierta horas después con la sonrisa intacta, se toma un café negro, rememora, re celebra, retorna a su soledad.
Soledad duerme a veces y sueña con encontrarse otra soledad que le haga compañía para no sentirse tan sola. a veces examina su morada y la encuentra fría, un poco sin vida, un poco muerta, un poco sola. Hace un velorio largo, llora sola, siempre sola, echa de menos a no sabe quien, al gran yo soy que reina en un reino inalcanzable, a ese alguien que quiere estar con ella e invadir con astucia su soledad, que sabe amar sus excesos, sus falencias, que quiere, y se decide a acompañarla, que ama su soledad aunque no la entienda. Lo llora y canta canciones tristes, balbucea añoranzas, bebe te de boldo para expulsar la pena, camina por la casa, sube, baja, baja, sube, mira su soledad, siente su soledad, huele su soledad, llora más profundamente enterrándose en la noche, reuniendo apenas las fuerzas para empezar un nuevo día y sale de casa sola, profundamente sola, le duele la vida, le pesa la vida y quisiera quitarse ese peso de encima, acopia sus fuerzas y decide cargarla un trecho más, aunque sus pies a cada paso tengan más callosidades y ampollas, días después imagina un sueño nuevo y cree en él, retoma sus fuerzas, empieza un nuevo ciclo solitario y se tolera, decide no negarse su propio amor, confiando ingenua en que algún día encontrara un amor que le sea propio.
Soledad es una amiga no grata, siempre perseverante. Divierte su melancolía inventando historias, rememorando hazañas, inventando utopías.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Este es mi espacio de reflexión acerca de los disparates que pasan en las relaciones humanas y las relaciones disparatadas. Escribo aquí mi voz disertando sobre las ideas no estáticas y en constante evaluación y evolución, que tengo sobre la vida, las relaciones, el amor, el erotismo, el sexo, el ser mujer, los hombres, los debates de género e igualdad y otros temas que van surgiendo de conformidad con mi devenir.