jueves, 31 de marzo de 2011

Just in Time

Vas en el paso “Te hago reír, mientras camino por tus costillas”
Aventuras de la Vaquita de San Antonio


Se preguntaba, ¿ciertamente, dónde estaba el centro de su tragedia?, ¿Si en su corazón, porque allí estaban sus ilusiones rotas?, o, ¿En sus entrañas, porque allí seguían danzando como locas las mariposas que el infeliz aquél no sintió el menor interés en ir a apaciguar? Se preguntó también, si el ausente ¿Sería homosexual o simplemente tarado? Con lo primero no tenía problema alguno, porque si ese cuerpo suculento era disfrutado por alguien, aunque no fuera ella, por lo menos no había desperdicio. Con lo segundo tenía los sentimientos encontrados, en muy bien medido equilibrio, de compasión, rabia y desprecio.

Meditaba el abandono, preguntándose ésto y aquello, ¿Por qué? y ¿Para qué? lanzaba, rebuscaba, inventaba respuestas de diversos calibres, respuestas pequeñas, medianas y grandes, pero ninguna se equiparaba con tacto preciso al dolor atravesado en su pecho, al ruego aprisionado en su garganta, a la pasión marchitándose en su pelvis. Arrullaba por toda la Avenida de Mayo su desasosiego, que estaba cumpliendo un mes de nacido, ese dolor monogámico de querer y entregarse plenamente a uno, pero resultarle insuficiente, casi defectuosa. El vidrio caliente de la ventana del colectivo golpeando su cabeza ilusa a cada salto en el asfalto. Una vez que la avenida se fundió en la calle Rivadavia un poco después de cruzar Paraná o Sáenz Peña, un golpe, un buen golpe de sucio ventanal le trajo la respuesta, no la perfecta para sus interrogantes, pero si la que necesitaba para los efectos colaterales de su endémico y persistente mal de amores. ¡Just in Time!

El niño, ese menor tres años que ella, ese que sabe formular por escrito propuestas indecorosas, con el decoro perfecto de un galeno. Marihuana, sexo, vino blanco y cerveza. No importa el orden, mientras se goce el desorden. ¡Just in time!. Claro que si, ella necesitaba un médico para su odiosa dolencia o por lo menos para darles un stop de ultimátum a la plaga de maripositas bailarinas de su panza y él una paciente para calmar su impaciencia y curarse mutuamente. ¿Cuándo? ¿Esta noche? ¡Espérame a las nueve! ¡Just in Time!.

Que elixir mágico el que se bebieron, ¿Cuál fue el ingrediente que le dio el toque secreto al remedio?, ¿La música alucinante?, ¿La hierba sagrada?, ¿La penumbra de esas velas que no eran románticas según él?, ¿Las manos luchando por mantener con ropa el cuerpo que se ansiaba desnudo?, ¿Qué querés tomar, vino o cerveza? Quiero tomar-te.

Vino, cerveza, un cóctel sin nombre pero delicioso, música telepática para viajar junt@s sin juntarse, manos, pies, caderas, pelos bailando frente al espejo, las horas brincando a toda prisa en el reloj y ella preguntándose just in time, ¿Terminará esta noche sin poder tomar-te? Ok., la noche ha estado plena y quedará genial en el recuerdo de esta nueva ausencia, aunque no haya broche de oro, aunque todos los broches queden inamovibles en su lugar. ¡Ah! que bueno, un revés cósmico y el sueño ayudó a manosear el deseo, un giro, dos, tres, una nota sobre esta cuerda, un toque más bajo en aquella, un esplendido acto final, que baje el telón. Ahora las mariposas están muertas de risa.

Oye linda, que quede claro, que no te invité a mi departamento para terminar acostándome con vos!. ¡Ah, sí! Si es el momento de las aclaraciones niño, que te quede bien claro, que vine a tu departamento con el único fin de acostarme contigo!. Hoy si te vi conectada, hoy si te vi de verdad!. Ella responde con una risa ligera en la superficie y en el fondo de su silencio ¿Podrías entonces ayudarme a descifrar si mi nombre aún es mi nombre o si esta noche mi nombre es “viaje” y mi apellido “orgásmico”? Gracias querido, la pasé muy bien, ponte un 10 o anota que te lo puse yo. ¡Just in time!.

Aquel día la ciencia avanzó un gran paso, el científico y su conejilla de indias descubrieron a dos cuerpos un novedoso y altamente efectivo remedio para las penas de amor: fumárselas suave, bebérselas frías y acompañarlas de orgasmos. ¡Just in Time!.


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

1 comentario:

  1. ey! buenisimo! algo de mi se identifico con el inicio de esta narracion.. me golpeo en el pecho y se apodero de mi.. algo de mi se exorcizo... buena escritura!

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