miércoles, 8 de junio de 2011

Separadas, No Desesperadas

Cuando una mujer se separa y/o divorcia posiblemente no tenga la certeza de como es la pareja que querrá encontrar a futuro, o, si tras la experiencia está dispuesta a ser reincidente y beberse dos veces la misma copa. Una vez que baja la marea dramática que trae consigo el divorcio, quedan en la arena buenas certezas, por ejemplo saber que desaparecido el ex, hay multitud de prospectos dispuestos a reemplazarlo, saber bien que hay hombres a la vuelta de la esquina y antes de que uno desocupe la plaza, ya hay varios haciendo fila para ocuparla. Ya no está esa angustia adolescente por gustarle a alguien y tener una relación, ambas cosas se saben perfectamente posibles y no indispensables. Otra certeza, y éste es quizá el capital asegurado más valioso, es saber, qué, no se quiere encontrar, que clase de sujetos no se volverían a admitir ni para cubrir una emergencia.

No obstante, como esos nuevos saberes ocupan el fuero interno, hacia afuera, el estigma de desgraciad@ permanece sobre quien se ha separado. Quizá a ello obedezca que las mujeres separadas se vean abocadas a lidiar con algunos especímenes masculinos que se presumen ideales para acompañarlas. Sapos de pantano que una renovada soltera inteligente no besará jamás. Desarmemos un par de estos subtipos.

En un polo están los viejos verdes que sienten ser el mesías esperado por una separada, y más aún, si ésta tiene hij@s de su pasada relación. Se acercan con una sonrisa que denota una mezcla fermentada de amabilidad y lujuria, casi convencidos de que su actitud urgida representará un halago. Si están a la vista l@s hij@s, estos fastidiosos galanes no ahorran en palabras lisonjeras y mimos tratando de conquistar a la madre. Convencidos de su innato sex-appeal, no tienen reparos en lanzar piropos y propuestas directas con la intención de parecer valientes y portadores de ofertas dignas de publicar. Empalagosos, asfixiantes, casi repulsivos. Éstos susodichos tienen la torpe idea de que una mujer separada por serlo estará casi agradecida de que alguien se fije en ella con un presunto fin serio que incluya un papá de repuesto para sus hij@s.

La segunda clase, son los chicos que vacilan sin decidirse a abandonar la adolescencia y pisar la adultez, a la que le huyen creyéndola sinónimo de vejez. Si la separada tiene hij@s querrán instalarse en la camada como un(a) pequeñ@ caprichos@ y mimad@ más. Éstos hombres-niños en algún lapsus imaginativo se convencieron que más que un novio, amante o pareja, lo que quiere o requiere una mujer separada es una especie de hijito con servicios eróticos y que una mujer por estar divorciada estará dispuesta a decirle, si, a cualquiera y que cualquier cosa le brindará satisfacción.

Nada hay en contra de un suculento cincuentón o de un precoz tiernito y bien preparado, siempre y cuando no se crean que una mujer al abandonar o perder el proyecto de pareja que tenía, perdió también la capacidad de mirar el menú y elegir exactamente lo que desea o que su cuerpo es una casa de puertas siempre abiertas.

No hace falta decir, que en efecto, existen mujeres divorciadas que están a la espera o búsqueda desesperada de ofertas como las previamente descritas, lo que no debería condenar a todas las demás. Unas que anhelan encontrarse con algún madurito que a cambio de afecto y sexo pueda retribuirles seguridad económica y un cuasi hogar paterno para sus hij@s, otras que le dicen sí a cualquier oferta amorosa y/o sexual, ya sea por que están sumidas en la angustia de haber pasado muchos años envueltas en una relación infructuosa y quieren recuperar el tiempo que sienten haber desperdiciado y las oportunidades perdidas; porque pretenden quemar los cartuchos que les quedan y disfrutar desenfrenadamente todo lo que sea posible para reivindicar su derecho a ser sexuales y evidenciarlo para sí o para terceros; o porque han descubierto una etapa y faceta distinta de su vidas donde experimentar, tener amplias dosis de libertad sexual y probar múltiples sabores es válido y definitivamente atractivo.

En todo caso, es bueno mantenerse en perspectiva y entender que una mujer divorciada, se separó de su ex pareja, más no se fraccionó. Está completa. Eventualmente dispuesta a compartir con otr@ pero no urgida. Sin un hombre plantado al lado, pero no por eso sumida en la soledad o la indefensión. Con sus pies allanando nuevos caminos, esquivando baches para no estrellarse.


Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!

1 comentario:

  1. Paulo Cesar Barbatti10 de junio de 2011 a las 6:26

    Como siempre y normalmente, artículos escritos con sensibilidad y conocimiento del importante y maravilloso relacionamiento humano y amoroso. Con certeza, la separación tiene dos faces, o sea, la buena para uno y mala para otro o entonces y definitivamente mejor para los dos. Como hombre les digo que, en la mayoría de las veces son los que más rapidamente van en búsqueda de una nueva relación, pero, las mujeres siempre más cautelosas y inteligentes, dan un tiempo para evitar caer en una misma situación, como por ejemplo aquellas casadas con alcohólicos y que sin querer quedan otra vez en las mismas manos. Por eso y sensatamente, las mujeres lo hacen sin precipitaciones y buscando conocer a fondo a su nuevo amor y parcero para seguir en la vida.

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