El estilo de vida swinger, lifestyle o estilo de vida de intercambio de pareja, puede definirse como una filosofía sexual de pareja consistente en la aceptación de la diversidad y amplitud de los gustos y deseos sexuales de la pareja, como algo no solamente válido, sino posible en su realización y hasta beneficioso para la relación, que pasa por el conocimiento de las apetencias del(de la) otr@) hacia tercer@s y se materializa con la efectiva consumación de prácticas sexuales con otr@s personas. Esta materialización del deseo incluye prácticas como observar a otras parejas teniendo sexo, ser observados mientras se mantienen relaciones sexuales, acceder a que cada integrante de la pareja (o algún@ de l@s dos) bese, acaricie o tenga otros contactos sexuales con otra persona u otra pareja y finalmente que cada un@ o ambos tengan relaciones sexuales con otr@. Un rasgo característico del swinging es que si bien se admite sin reparos los gustos y prácticas sexuales varias con otr@s, es decir, se renuncia consensuada y sosegadamente a la exclusividad sexual, se mantiene y restringe para la pareja el ámbito afectivo, se conserva la fidelidad emocional. Se establece la apertura sexual hacia el exterior, pero se restringe lo amoroso para el interior de la pareja. Otra particularidad es que no se trata de la realización de intercambios de pareja por mera experimentación excepcional sino de algo establecido como política de relación y en relaciones estables.
El Swinging no es una práctica moderna ni mucho menos novedosa, existen referencias que indican que surgió entre los pilotos de las fuerzas aéreas durante la Segunda Guerra Mundial. Está apadrinado por la revolución sexual y es una de las tantas evidencias materiales de los debates en torno a lo erótico, al derrumbamiento de los prejuicios y tabúes sexuales, al machismo, y como no, al feminismo, a la búsqueda del reconocimiento y garantía de los derechos de las mujeres y en especial el derecho a vivir plena y satisfactoriamente su cuerpo y su sexualidad.
La posibilidad efectiva de tener una pareja estable y simultáneamente disfrutar eróticamente con otr@s es la parte visible del mundo swinger y por ello a la vez es el aspecto que más motiva o hace llamativa la opción de adoptarlo para la pareja. Pero detrás de lo corporal que es groso y salta a la vista, se encuentra el verdadero meollo de ser swinger, que trasciende lo físico aunque parta de ello. El desafío de esta apertura sexual en pareja atraviesa varios estadios que en principio pueden generarse con el simple deseo de experimentar otras vivencias eróticas en la relación o simplemente dar lugar a que se integre el deseo y placer con otr@s sin que se derrumbe la pareja como una construcción sólida de dos; sin embargo el fondo toca aspectos internos mucho más sensibles y enteramente ligados a las construcciones culturales y sociales sobre las relaciones y la valía humana, entre ellos, los prejuicios morales sobre el manejo que debe darse a la sexualidad; las ideologías religiosas que imprimen un sello pecaminoso a lo que difiera de sus formas establecidas y benditas; los roles de pertenencia y posesión del otr@ a nivel físico dentro de una pareja; la construcción y fortaleza de la autoestima y la autovalía individual desde afuera, desde el(la) otr@, desde la pareja y no, como debería ser, desde si mism@; el yugo que se pretende erigir entre lo físico y lo emocional en una relación que se pretenda sana y correcta. Ahora bien, también es un hecho que para evolucionar en cada uno de estos aspectos no es necesario ser swinger y que serlo tampoco es sinónimo de ser mejor, más evolucionado o de que se sea una mejor pareja.
Quienes dicen saber más de este tema afirman que el modo de vida swinger debe operar entre parejas heterosexuales, sólidas y con excelentes grados de comunicación. Afirman que de no cumplirse estos presupuestos la relación se verá seriamente afectada por carecer de la fortaleza que se requiere para asumir este estilo de vida, lo que puede conllevar a su ruptura. Por mi parte pienso que si bien la pareja que decide incursionar en el mundo swinger debe tener unas raíces fuertes que la sostengan, más allá de eso, cada uno de los miembros de la pareja deberán tener fuertes bases en cuanto a sus concepciones del amor, la libertad sexual, el placer corporal, su valía y la valía del otr@, el respeto propio, a la pareja y a l@s tercer@s, entre otras cosas. También estimo que ya es prejuicioso restringir lo swinger para la comunidad heterosexual y finalmente que el riesgo de que se acabe una relación estará presente hasta en las mejores relaciones de pareja sean del tipo que sean y no necesariamente por decidirse a experimentar otras cosas, sino sencillamente porque el hecho de que se tenga una pareja no implica que desaparezca la belleza intelectual, emocional y física de l@s otr@s, y que en consecuencia ese riesgo más que sujeto a las prácticas que se quieran tener, dependerá de las reflexiones y decisiones que cada cual asuma en tratándose de su relación. El nivel de peligro lo da el interior, no lo exterior.
Y pregunto: ¿Asumirías el desafío y riesgo de intercambiar tu pareja? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Este es mi espacio de reflexión acerca de los disparates que pasan en las relaciones humanas y las relaciones disparatadas. Escribo aquí mi voz disertando sobre las ideas no estáticas y en constante evaluación y evolución, que tengo sobre la vida, las relaciones, el amor, el erotismo, el sexo, el ser mujer, los hombres, los debates de género e igualdad y otros temas que van surgiendo de conformidad con mi devenir.
cundo una pareja decide pasar a este tipo de experiencias, pienso k es por un deterioro de la relaciòn y por una falta de creatividad en muchas actividades k pueden ser beneficiosas para los dos, las experiencias no deben ser netamente sexuales para encontrar placer, cuando se busca se encuentra y lo k se va encontrar con este tipo de actividades es un placer pasajero y un enorme vacio en el ser.lo comparo cuando el individuo busca estimulantes o se droga para evadir el infierno k es su vida.
ResponderEliminarNo lo comparto en absoluto, me parece una falta de identidad y carácter muy grande. La pareja que tenga que hacer ese tipo de cosas... sencillamente no es una "pareja". Además, no me cabe en la cabeza como ahora llaman "tabues" "mitos" "machismo"."feminismo" a un acto que no se resume solamente al caracter FORNICARIO. Las leyes de Dios no son un Juego; mucho menos en el matrimonio.
ResponderEliminarExcelente tema y escrito com inteligencia y sensatez. Aquí Verónyka expone diversas situaciones y condiciones, pero, yo tengo un punto de vista muy personal con relación a las “parejas Swingers”...
ResponderEliminarPara empezar, yo creo que va mucho de la cultura de cada país o región, porque repartir su compañera (o) con otra (o), es algo que está allende un placer físico erótico, pero, mucho más en el emocional y moral...
Es una situación de riesgo para ambos, porque durante este cambio sexual momentáneo, puede nacer un sentimiento de amor y cariño por su parcera (o) de aventura, y claramente el fin de un matrimonio estable y quien sabe, con hijos...
Realmente me parece, pero, nunca participé de la presente situación sexual, que debe de ser muy rico y excitante, como también muy preocupante y dudoso...
Yo pienso que, si hay un verdadero amor y respeto dentro de una relación en pareja, nunca quedará bien y placeroso permitir a nuestra parcera (o), tener sexo con terceros de la misma forma que nosotros, hasta porque puede ser muy excitante y agradable en el auge de la relación sexual, pero, pasadas las horas y los días, muchas cosas pueden pasar en nuestra cabeza, y todo terminar en una gran desconfianza de infidelidad mutua...