Este tema lo tengo en la punta de la lengua desde hace mucho tiempo. Hay un asunto que casi para todos y todas representa un estado de suspenso, o congoja, o desespero, de miedo y de ansiedad, de evaluación, punto de partida o punto final; el momento en el que una pareja que interactúa con fines eróticos y/ o sentimentales da el paso a tener relaciones sexuales.
En las relaciones de pareja, mi experiencia me dicta que el grueso de los embustes y mentiras se lo llevan los hombres, a muchos de ellos les encanta o se sienten más familiarizados con las mentiras que inclusive con las relaciones; y a su vez, las mentiras olímpicas, esas “bien” hechas, (y el bien queda entre comillas por que mentir no me parece bueno), esas que no son fáciles de descubrir, ni descifrar, son diseñadas con maestría por las mujeres. Eso es fácil de explicar; a las mujeres nos seducen las frases hermosas, amorosas, y ellos se vuelven todos unos actores expertos en enunciar diálogos dignos de un Oscar; y ellos que dicen mentiras tan cotidianamente, las cuales descubrimos tarde o temprano, nos han ayudado a ser expertas en como identificarlas, descubrirlas y como crear laberintos imposibles para ocultar las nuestras o desdibujar una realidad.
Ese momento que se supone o se suponía debería ser especial en que una chica acepta (o un chico cada vez más) ir a la cama, sigue cobrando importancia en la actualidad, aunque para bien o para mal, (eso depende de quien y para que se quiere), el camino se ha vuelto cada vez más corto. Yo no se, cuál es el momento ideal, algunas personas ameritan el grato suspenso, la ardiente ansiedad de la espera, otras representan un paso a paso que embeleza lentamente y deja postrado el cuerpo y otras sólo incitan una rápida probadita o unas probaditas y ya.
Para llegar a ese primer encuentro sexual (muchas veces el gran desencuentro y/o el encuentro final) hay mentiras que son casi oficiales. En algún lugar de nuestra cultura existe la idea que aunque parezca extraño, ha dado en atribuir a ese primer acto el carácter de prueba de amor, en el imaginario ilusorio de que si una mujer acepta tener intimidad con un sujeto, ese hecho obedece a que su corazón está prendado de éste y por ello decide entregarle su humanidad carnal.
Y ahí empiezan a tejerse las mentiras comunes a hombres y mujeres; la primera, pensar que el deseo sexual en una mujer surge a partir del amor, claro que no, eso no es absoluto, a veces puede pasar, pero es mucho más común y natural que se desee así no se ame. A ésta se une otra pequeña mentirilla: que las mujeres sólo cederán en ese aspecto debido al amor; mentiras, mentiras; definitivamente más incitador que el amor son las ganas, y en las ganas, ganamos las mujeres, así social y culturalmente se quiera silenciar, doblegar y disminuir nuestro deseo y la manifestación libre de éste. Tener sexo, rara vez, puede representar un acto de sacrificio, más bien yo diría que es un delicioso acto lúdico.
Muchos hombres, creo que la mayoría (sólo he conocido a uno que no), se permiten inventar estar enamorados de una chica para que ella se decida a tener sexo con ellos, son poquísimos los que abierta y directamente se atreven a invitar a una noche de pasión por la pura y simple satisfacción de pasar una divertida noche, y no hablo aquí de los encuentros furtivos que cada vez están más de moda, de tener sexo con cualquiera en cualquier disco o fiesta, o de citarse a través de páginas de Internet sólo para tener sexo, pues en éstos encuentros pareciera que la importancia la tiene el órgano sexual y no su dueñ@; hablo de relaciones donde se ha profundizado en quien es el otro u otra; en éstas últimas, casi ninguno, (ni ninguna) se atreven a lanzar una propuesta directa y ellos prefieren deslizarla con frases amorosas o romanticonas, destinadas a que la fulana de turno crea que es única para él y que el gran amor del sujeto lo compele a hacer tan atrevida y solícita propuesta.
Y aquí va de la mano otra mentira que se enlaza con la falsa declaración de amor para conseguir sexo, pero que en este caso constituye la auto mentira que se infligen los pobres hombres. La mayoría de sujetos que quieren acceder a un encuentro carnal con la mujer que están flirteando, ansían un pronto sí desde su cuerpo, pero desde sus imaginarios morales, se ilusionan con un no. Creen ellos, que si tras presentar su seudo discurso amoroso en la primera o primeras citas, la mujer accede rápidamente a brindarle sus favores, es lo que se conoce como una “Mujer Fácil”, término que describe a una fémina que va a la cama con cualquiera, que no se ama, que no se valora, que cae facilito ante una petición sexual, que no vale la pena hacer en ella ninguna inversión emocional pues es una mala mujer de ligero acceso, y lo que fácil se consigue no vale la pena. En todo caso, yo doy por sentado que el mismo apelativo que merece ella, lo merece él; si ella es una fácil, él es un fácil; si él es un audaz generoso del amor, ella también lo es.
Queridos hombres, no les confesaré todas nuestras mentiras, pero si les diré unas cuantas de mis verdades:
1. Las mujeres no somos trofeos, ni juegos con niveles de dificultad, somos seres human@s y si quieren que seamos difíciles, despreocúpense, todas lo somos.
2. Las mujeres más buenas, amorosas y sensatas, pueden y cada vez más están dispuestas a acceder a tener sexo pronto, inclusive en la primera cita.
3. La ausencia de deseo o la negación de éste, no nos hace buenas mujeres, la integridad humana es una construcción permanente y nunca conclusa, que poco tiene que ver con lo fuerte que se cierren las piernas.
4. El hecho de que una persona se haga esperar un buen tiempo, no significa que esa espera y esa persona valgan la pena.
5. 5. No es necesario y si es muy cruel que nos mientan diciendo que nos aman para conseguir tener sexo.
6. Nosotras a veces también queremos tener sexo por el simple hecho de que es muy satisfactorio tener sexo. Atrévanse a pedir sexo amistoso, se sorprenderán de los buenos resultados que pueden obtener.
7. Por favor, que la mentira no sea su lenguaje cotidiano; los puede dejar bien “parados”, pero su integridad irá cada vez más por el suelo.
Concluyo con una solicitud de justicia para las mujeres concientes y sinceras con y en su deseo, que sin trabas, ni estrategias, tienen sexo con quien quieren y cuando quieren, respetando siempre su integridad y la integridad de l@s otr@s, su salud y la salud de l@s otr@s, sus sentimientos y los sentimientos de los demás, incluyendo a terceros a quienes puede afectar su libertad sexual. No las tachemos de malas mujeres, ni de mujeres fáciles, pues no es nada fácil decidirse y ser una libertaria de la propia sexualidad.
Ser deseantes es ser human@s, ser sexuales es ser human@s. ¡Que viva y goce nuestra humanidad sexual!
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Este es mi espacio de reflexión acerca de los disparates que pasan en las relaciones humanas y las relaciones disparatadas. Escribo aquí mi voz disertando sobre las ideas no estáticas y en constante evaluación y evolución, que tengo sobre la vida, las relaciones, el amor, el erotismo, el sexo, el ser mujer, los hombres, los debates de género e igualdad y otros temas que van surgiendo de conformidad con mi devenir.
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Muchas veces una mentira es mejor que una verdad.
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