En una jornada histórica y ratificando su vocación por los derechos humanos, el miércoles 14 de julio La Argentina dio el sí al matrimonio para parejas del mismo sexo. Con ello avanza a la cabeza junto a los países del mundo y en especial de América Latina que verdaderamente propenden y consolidan día a día la democratización de la sociedad y la política, la igualdad, la inclusión y protección de las minorías y la libertad en todo el sentido de la palabra, que cobija por supuesto la libertad de pensamiento y de adherencias religiosas mediante la defensa de un estado y una educación laica.
Este grandioso paso tiene tras de sí dos fuertes polémicas, la primera, el hecho de que los homosexuales no se conformen con serlo sin prohibición alguna y a ejercerlo en parejas estables pero sumidas en la informalidad y que por el contrario pretendan ocupar un escaño en la formal y sublime institución matrimonial.
Sobre esta cuestión estimo que el debate ha sido convenientemente acomodado en la visión estética, la apariencia romántica y la exclusiva seriedad que se destina al matrimonio, en la ingenua, excluyente y discriminatoria suposición ideal de que quienes deciden casarse lo hacen ungidos por un amor verdadero y sólido que repugna la mediocre informalidad de la unión libre y que por ello les otorga el carácter suficiente para hacer las cosas bien, vivir en pareja como es debido, casados; y ello alineado con la creencia sobre absurda de que esa grandeza sentimental no les es propia a los homosexuales quienes se unen en parejas obedeciendo casi en exclusividad a sus incontrolables apetitos sexuales que poco tienen que ver con lo sentimental y menos con el amor puro, sustrato necesario para dar el sí y contraer nupcias; prejuicio bastante ligero y sin auténtico peso por la sencilla verdad de que los impulsos sexuales nos son comunes a hombres y mujeres independientemente de nuestra orientación sexual, además de que constituyen un pilar fundamental a la hora de optar por relacionarnos erótica y afectivamente con otr@s, convirtiéndose en muchos casos en el motor que impulsa la decisión de consolidar una pareja estable e inclusive casarse.
No soy la defensora más acérrima del matrimonio, pues además de la suprema estética fashion que se materializa el gran día, con el uso de un magnífico vestido de novia (mejor si es de diseñador), el suntuoso salón, las flores, l@s invitad@s bellamente ataviad@s, las fotos y demás pompa chic que acompaña el evento, poco encuentro de atractivo en dicha institución contractual, que en su génesis identifico patriarcal y machista, es más, siento que no son muchas las ventajas que entraña, y si muchos los problemas jurídicos y emocionales que puede acarrear para quienes se meten en soberana empresa y con el tiempo avizoran que el anillito sigue brillando como el primer día y que el amor brilla pero por su ausencia; pero no obstante ésto, y haciendo la salvedad de que respeto a quienes se deciden por este tipo de unión, obedeciendo a su amor y convicciones, y que por cosas paradójicas de la vida, algún día podría optar por casarme también, estoy convencida que la ley debe garantizar a todos aquell@s que quieren emprender dicho camino que puedan hacerlo y aventurarse al éxito o al fracaso, el matrimonio no está hecho para quienes se amen verdaderamente, esta hecho para quienes decidan por él, inclusive si la decisión obedece a la necesidad y/o gusto de legalizar el coito.
Volviendo al principio, advierto que el debate en torno al derecho al matrimonio para los homosexuales se ha restringido a lo moral y se ha dejado de lado lo más importante que son las implicaciones jurídicas que tiene el casarse, la protección y reconocimiento del estatus de pareja en lo relacionado con los derechos económicos de tipo prestacional por parte del estado y las instituciones privadas y los derechos conyugales, durante la permanencia del vínculo matrimonial y más aún cuando este culmina por separación o muerte de alguno de los contrayentes; ese si es el tema de fondo, no el hecho de si los homosexuales se enamoran verdaderamente y/o sólo quieren sexo.
La segunda gran polémica, es la posibilidad de que las parejas homosexuales adopten un hij@ y conformen del todo su particular tipo del modelo familiar que esta cultura diseñó. L@s oponentes esgrimen los argumentos más rebuscados y acomodados desde lo moral y lo religioso, ninguno desde las ciencias, se valen de sucias argucias para defender lo improbable.
Que el futuro de la sociedad está en la familia donde los niños y niñas son criad@s y formados por papá y mamá y donde por ende tienen la natural figura de macho y hembra como referentes, y yo me pregunto ¿Por qué ignoran a miles de estas familias que han deformado la inocencia e integridad de cientos de niñ@s?, ¿Por qué pasan por encima de la evidencia de que estas familias han formado por igual a personas adultas bien estructuradas y personas con alta problemática emocional?, ¿Por qué silencian los lamentables índices de madres solteras que engendraron con súper hombres que poco después se fueron con su virilidad a otra parte abandonando no sólo a la mujer sino también a los hijos, o lo contrario, el menos impresionante pero también existente grupo de varones que crían solos a sus hij@s ante la ausencia materna?, ¿Por qué nada dicen sobre muchos de estos loables hombres casados, que son también grandes maltratadores para sus mujeres y sus hij@s?.
Que los homosexuales podrían esgrimir sus insanas tendencias sexuales en contra de l@s desprotegid@s niñ@s, sometiéndolos quien sabe a que tipo de vejámenes sexuales y/o gestando en ellos la semilla contaminada de la homosexualidad; y de nuevo cuestiono, ¿Por qué esos argumentos dejan de lado las familias tipo donde los niños y las niñas son abusados por sus progenitores (la cifra grande la ponen los padres abusadores sexuales)?, ¿Por qué olvidan a esos padres y madres cuyos apetitos sexuales desenfrenados e inestabilidad emocional les llevan a traicionar los solemnes votos matrimoniales y salir a brincar de cama en cama o a brincar sin reparos en el sagrado lecho nupcial pero no con el consorte sino con amiguit@s de turno o permanentes?, ¿Cómo pueden explicar que la mayoría de homosexuales provienen de familias heterosexuales, donde su referente era el súper papá y la súper mamá, o será que nadie se dio cuenta pero además de eso eran también súper homosexuales de closet? Claro que no, la orientación sexual no se aprende.
La cuestión sobre quien debe adoptar a un niño o niña, debe evaluarse críticamente apuntando a que la pareja cuente con los recursos económicos, mentales y emocionales para garantizar los derechos del hijo o hija y su formación integral en un ambiente pleno de amor, sin que importe en ningún caso si a los futuros padre y madre, padres o madres, les gusten los hombres, las mujeres o ambos. En todo caso yo doy la bienvenida a tod@s l@s homosexuales del mundo que quieran rodear de amor y protección a los niños y niñas huérfanas o abandonados por los súper padres y madres tradicionales, por que la capacidad de amar no tiene orientación sexual y que se vayan al carajo los y las maltratadoras, los irresponsables, los incapaces para amar y formar un hij@, sean heterosexuales, homosexuales, bisexuales, célibes, transexuales…y un gran etcétera.
Y tú, ¿Si eres heterosexual y formas una familia tradicional, tienes garantizado con ello el bienestar, la integridad y la felicidad de tus hij@s?, ¿Garantizas que cómo tú, serán heterosexuales?, y para que pensemos y veamos varias vestiduras rasgadas, ¿Quién preferirías que adoptara o asumiera la crianza y cuidado de un hijo o hija tuya, una amorosa pareja de homosexuales o un par de santos curas pedofílicos? En el universo de las relaciones hay mucho dicho y mucho por decir, sean bienvenidas las diversas opiniones.
Verónyka Santamaría
¡El Placer de la Libertad!
¡La Libertad del Placer!
Este es mi espacio de reflexión acerca de los disparates que pasan en las relaciones humanas y las relaciones disparatadas. Escribo aquí mi voz disertando sobre las ideas no estáticas y en constante evaluación y evolución, que tengo sobre la vida, las relaciones, el amor, el erotismo, el sexo, el ser mujer, los hombres, los debates de género e igualdad y otros temas que van surgiendo de conformidad con mi devenir.
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Dios Mio cuanto de tanto que no sabia
ResponderEliminaradmiro tu prosa escritora. Alta prosa de tu alter ego.
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